Chương 215: Capítulo 215 - Tres Preguntas y Una Paliza
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~44 phút đọc · Tạo 01/09/2026
I. Reflexiones al Alba La luz que se filtraba a través del dosel viviente había cambiado de los tonos suaves del alba a un blanco dorado más intenso cuando Lyra Vistaluna se detuvo en su meditación matutina. Había pasado la primera noche de supervisión constante sobre Martín Vega, y aunque el mortal había dormido –profunda y agitadamente, según sus discretos sensores energéticos–, la mente de la elfa había estado trabajando sin descanso, procesando las revelaciones del día anterior. Era un espécimen desconcertante.
Por un lado, mostraba una vulnerabilidad casi infantil, un anhelo por las comodidades más básicas: una cama mullida, comida con sabor, incluso la tosca bebida fermentada de los enanos. Había una simplicidad en sus deseos que contrastaba agudamente con la complejidad aterradora de su ser interior. Había visto su dolor crudo al recordar a la entidad 'Serena', una conexión emocional profunda que trascendía la lógica de los pactos y los contratos. Por otro lado, estaba su resistencia.
Física, sí –la regeneración acelerada era notable, aunque costosa–, pero sobre todo, mental y energética. Soportar dos horas de Tejido Anímico intensivo, un proceso que dejaba exhaustos a tres Tejedores élficos experimentados, y salir de ello con poco más que fatiga... era inaudito. Y su mente... ese laberinto caótico y defensivo que había explorado brevemente, la forma en que él había mantenido el control, incluso atrapándola a ella momentáneamente...
eso hablaba de una fuerza de voluntad forjada en un fuego inimaginable. Y luego estaba su percepción. La visión del 'código'. Ver la estructura misma de la magia, la intención tejida en las runas. Era el sueño de cualquier erudito arcano, una habilidad que podría revolucionar la comprensión de la Urdimbre. Pero en manos de un ser tan inestable, tan corto de vida y propenso a emociones volátiles... era también un peligro aterrador. Lyra suspiró suavemente, apartando las reflexiones por el momento.
El sol seguía su curso, y la rutina establecida debía cumplirse. Se levantó con su gracia habitual y se acercó a la alcoba donde Martín dormía. A pesar de la agitación registrada, ahora parecía en paz, su rostro relajado en el sueño, casi juvenil. Por un instante, Lyra sintió una punzada de algo parecido a la compasión. Este mortal había sufrido mucho. Pero rápidamente apartó la emoción. Era un sujeto de estudio, una anomalía a comprender, un riesgo a contener. La compasión era una variable ineficiente.
—Viajero —dijo suavemente, pero con la firmeza suficiente para penetrar el sueño—. El nuevo día ha comenzado. Es hora de continuar con tu... reparación. Martín se movió perezosamente, gruñendo en voz baja antes de abrir los ojos lentamente. Parpadeó un par de veces, enfocando el rostro sereno de Lyra. La confusión inicial dio paso rápidamente al recuerdo de dónde estaba y a la resignación ante la rutina que le esperaba. —Ya...
ya voy —murmuró, sentándose con un esfuerzo visible, los músculos aún doloridos por el esfuerzo del día anterior. Otro día en la jaula de seda. Otro día de pruebas, dolor y preguntas sin respuesta. Pero también, otro día más cerca de esos tres meses. Otro día más cerca de volver. Se aferró a ese pensamiento mientras Lyra le ofrecía de nuevo la copa con la infusión matutina. II.
Lecciones Matutinas Tras el desayuno –otra comida sorprendentemente agradable que Martín devoró con rapidez, ante la mirada analítica de Lyra–, se dirigieron de nuevo a la zona de estudio. Las tablillas de práctica y el delgado volumen sobre Eldarin rúnico esperaban sobre la mesa baja. Martín se sentó, sintiendo una anticipación que contrastaba con el resto de la agotadora rutina. Aprender. Era algo que siempre había disfrutado, la adquisición de conocimiento, la resolución de problemas. Y esto...
esto era el rompecabezas definitivo. El lenguaje de la realidad misma. —Hoy profundizaremos en las Runas de Modificación y las de Vínculo —anunció Lyra, abriendo el volumen en una página llena de símbolos intrincados—. Ayer establecimos tu inusual capacidad para percibir la función intrínseca. Ahora veremos si puedes empezar a comprender la sintaxis, las reglas que gobiernan cómo interactúan estas funciones.
Comenzó a explicar la estructura de las frases rúnicas, cómo ciertas runas actuaban como verbos, otras como sujetos u objetos, y cómo las Runas de Vínculo conectaban conceptos o dirigían el flujo de intención mágica. Usó ejemplos simples, dibujando secuencias en la tablilla luminosa. Para Lyra, era una lección estándar que impartiría a un iniciado durante meses, esperando una comprensión gradual y laboriosa. Para Martín, era como aprender un nuevo lenguaje de programación, pero uno con consecuencias mucho más...
interesantes si cometía un error de sintaxis. Enfocó la percepción hasta que la estructura se le superpuso mientras Lyra explicaba. Vio las runas no solo como símbolos, sino como bloques de código interconectados. La explicación de Lyra sobre la gramática élfica le dio el contexto que necesitaba. Empezó a ver los patrones. —Espera —interrumpió Martín, señalando una secuencia que Lyra había dibujado: Runa de Fuego (Naúr) + Runa de Dirección (Menel - Cielo) + Runa de Intensidad (Yén - Año/Largo Tiempo)—.
Según lo que dices, esto no solo significaría "Fuego hacia el cielo por mucho tiempo", ¿verdad? La forma en que Yén modifica a Naúr a través de Menel... esto crearía un pilar de fuego sostenido. La dirección actúa como un vector constante y la intensidad como un bucle de duración. ¿Correcto? Lyra lo miró fijamente, sus ojos violetas brillando con esa mezcla de asombro e incredulidad que Martín empezaba a encontrar familiar. —Correcto —dijo lentamente—. Has comprendido la interacción funcional de tercer orden.
Eso... eso normalmente requiere semanas de meditación sobre la naturaleza de las runas implicadas. Tú lo... ¿lo dedujiste de la estructura? —Veo el flujo lógico —explicó Martín, encogiéndose de hombros—. CreateFirePillar(TargetDirection: Sky, Duration: Long). La sintaxis es diferente, pero la lógica de programación es... similar en concepto. Lyra negó con la cabeza, murmurando algo en Eldarin sobre "anomalías conceptuales".
Continuaron la lección, adentrándose en modificadores más complejos y estructuras condicionales. Martín seguía absorbiendo la información a una velocidad pasmosa, haciendo preguntas que demostraban una comprensión conceptual muy por delante de lo que Lyra esperaba, aunque su pronunciación de los nombres élficos seguía siendo atroz. El entusiasmo de Martín era palpable; por primera vez desde su llegada, se sentía genuinamente comprometido, usando su mente de una manera que le resultaba familiar y estimulante.
Después de la lección de runas, pasaron de nuevo a los ejercicios de flujo energético. —Ayer demostraste un control rudimentario pero presente sobre tu energía vital interna —dijo Lyra, adoptando una postura de instrucción—. Hoy intentaremos refinarlo. La clave no es solo mover la energía, sino hacerlo con precisión, con intención, y sin... fugas innecesarias.
Guió a Martín a través de ejercicios más complejos: mover la energía en espirales dentro de su cuerpo, dividir la corriente en múltiples hilos finos, mantener una concentración constante en un punto específico sin que la energía se disipara. Martín se encontró con que estos ejercicios también le resultaban más fáciles de lo esperado.
La lucha constante por mantener el Canal, por dirigir o contener las energías del Guardián, el Arquitecto y Serena, había sido un entrenamiento brutal e involuntario en el control del flujo interno. Ahora, manejar su propia energía, más débil pero mucho más... dócil, se sentía casi como un juego de niños en comparación. Logró mantener el flujo constante, dividir la corriente e incluso dirigirla para hacer que varias hojas de una planta cercana brillaran simultáneamente con una luz pálida.
Lyra observaba en silencio, su expresión cada vez más pensativa. —Tu control es... desconcertante, Martín Vega —admitió finalmente—. La precisión que muestras, la capacidad para mantener el flujo sin fluctuaciones significativas a pesar del daño en tu matriz... —Suspiró—. Refuerza mi teoría. No solo albergabas a esas entidades. Estabas, de alguna manera fundamental, gestionándolas. Adaptándote constantemente. Eso ha forjado una disciplina interna que pocos seres en este mundo poseen.
Una disciplina nacida del caos constante. Martín no supo cómo responder a eso. ¿Disciplina? Él solo lo llamaba "intentar no volverse loco o explotar". Pero quizás Lyra tenía razón. Quizás la constante batalla interna lo había preparado, sin que él lo supiera, para este nuevo tipo de desafío. La idea era extrañamente... esperanzadora. III.
Acero Élfico, Voluntad Mortal —La teoría y el control interno son valiosos —dijo Lyra, guiando a Martín de vuelta a la zona de práctica abierta—, pero la aplicación bajo presión es una prueba diferente. Es hora de la actividad física controlada. Martín se preparó mentalmente para otra sesión de ser un saco de boxeo glorificado contra la impecable defensa cinética de Lyra.
Sin embargo, en lugar de adoptar una postura de combate ella misma, Lyra hizo un gesto hacia una sombra en la entrada de la cámara que Martín no había notado antes. De la penumbra emergió otra elfa. Era notablemente diferente a Lyra. Más baja, aunque aún alta para los estándares humanos, con una constitución compacta y musculosa que hablaba de entrenamiento físico riguroso.
Su cabello era de un negro azabache, corto y práctico, recogido hacia atrás de una cara angulosa con pómulos marcados y ojos de un gris acerado y penetrante. Vestía una armadura ligera y funcional de cuero endurecido y placas metálicas finas, grabadas con runas defensivas. Su porte no tenía nada de la serenidad erudita de Lyra; era pura eficiencia marcial, una depredadora contenida. Emanaba un aura de peligro silencioso. —Martín Vega, te presento a la Maestra Voronwë —dijo Lyra con calma—.
Es una de las principales instructoras de nuestras fuerzas especiales, una especialista en combate cuerpo a cuerpo y neutralización de amenazas... energéticas. Consideré que un sparring contigo podría ser más... instructivo para ambos que mis propias defensas pasivas. Ella evaluará tu capacidad física real. Martín miró a Voronwë, sintiendo una clara hostilidad emanando de la guerrera elfa. Sus ojos grises lo recorrieron de arriba abajo con una expresión de apenas disimulado desdén.
—Lyra —dijo Martín en voz baja, sin apartar la vista de Voronwë—. ¿Es normal que tu instructora invitada parezca que preferiría arrancarme la cabeza a darme una lección? —Voronwë es... pragmática —respondió Lyra con un eufemismo—. No estaba... entusiasmada con la idea de entrenar a un humano, especialmente a uno con tu... historial energético. Digamos que tuve que insistir. —Sonrió levemente—. No te matará. Ni te herirá gravemente. Se lo he ordenado explícitamente.
Pero sospecho que disfrutará haciéndote sentir el dolor. Considera esto parte de tu... acondicionamiento acelerado. Voronwë dio un paso adelante, sus movimientos silenciosos y precisos. No hubo saludo, ni palabras. Simplemente adoptó una postura de combate baja y equilibrada, esperando. Martín suspiró. Genial. Otra paliza. Recordó las lecciones de Varr: postura, equilibrio, respiración. Se preparó lo mejor que pudo. El combate comenzó. Y terminó. Varias veces. Voronwë era increíblemente rápida.
No con la velocidad explosiva de Kora o la fuerza bruta de Althaea, sino con una eficiencia fluida y depredadora. Cada movimiento tenía un propósito. Cada golpe era preciso, dirigido a puntos débiles, a desequilibrarlo. Martín intentó aplicar las técnicas de Varr, las fintas, los bloqueos, pero Voronwë parecía anticipar cada uno de sus movimientos. Sus bloqueos eran como golpear acero élfico.
Sus golpes, aunque claramente contenidos para no causar daño grave, eran como picaduras de avispa, rápidos, dolorosos, desorientadores. Apenas pudo esquivar la mayoría. Los pocos bloqueos que logró le dejaron los brazos doloridos. No conectó un solo golpe. Ni uno. Voronwë se movía a su alrededor como una sombra gris, golpeando, barriendo sus pies, aplicando llaves dolorosas que lo dejaban sin aliento en el suelo antes de soltarlo y esperar a que se levantara de nuevo.
If you come across this story on Amazon, it's taken without permission from the author. Report it. No hubo comentarios, ni burlas. Solo la fría y eficiente deconstrucción de sus habilidades de combate. Era humillante. Era agotador. Pero también era... instructivo. Cada caída, cada golpe fallido, le enseñaba algo sobre sus propias limitaciones, sobre la diferencia entre la fuerza bruta que a veces canalizaba y la verdadera habilidad técnica.
Finalmente, tras lo que pareció una eternidad pero probablemente fueron solo diez o quince minutos, Voronwë detuvo el "sparring". Se enderezó, su expresión tan impasible como al principio. Miró a Martín, que estaba en el suelo tratando de recuperar el aliento, magullado y dolorido. —Suficiente —dijo Voronwë, su voz tan afilada como sus movimientos. Fue lo único que dijo. Hizo una breve y casi imperceptible inclinación de cabeza hacia Lyra y desapareció por donde había venido tan silenciosamente como había llegado.
Martín se quedó en el suelo, mirando el espacio vacío donde había estado la guerrera elfa. Se sentía como si lo hubiera atropellado un carro de carga élfico. —Bueno —dijo finalmente, con una mueca de dolor al intentar incorporarse—. Eso fue... educativo. Lyra se acercó, observándolo con su habitual curiosidad analítica. —¿Sobreviviste? —Por los pelos —jadeó Martín—. Sigo sosteniendo que quería matarme. —No dijo nada al irse —comentó Lyra, pensativa—. Ni una sola crítica.
Ni un comentario sobre tu falta de técnica o tu resistencia mortal. Eso... eso es interesante. Voronwë odia la debilidad, tanto física como mental. Si te hubiera considerado un caso perdido, te lo habría dicho. O te habría escupido en el suelo antes de irse. El hecho de que se fuera en silencio... significa que algo le interesó. O que al menos, reconoció tu... terquedad para levantarte una y otra vez. Un pequeño triunfo, supongo.
Martín solo pudo gemir mientras se ponía en pie con dificultad, cada músculo protestando. Un triunfo silencioso a cambio de una paliza. Genial. Definitivamente, el entrenamiento élfico iba a ser largo. IV. Tres Preguntas por un Postre Después de la brutal sesión de sparring con Voronwë, Martín sentía que cada centímetro de su cuerpo era un moretón esperando florecer. Lyra le ofreció una pasta reparadora de aplicación tópica que alivió parte del dolor muscular, pero el agotamiento era profundo.
Ahora le correspondía su hora de "tiempo libre supervisado". —Necesito... aire —dijo Martín, todavía recuperando el aliento—. Aire de verdad. ¿Hay algún lugar aquí donde pueda... simplemente sentarme? Afuera. Lejos de... bueno, de todo esto. Lyra consideró la petición por un momento. —Hay un pequeño jardín interior cerca de aquí. Tranquilo. Con árboles centinela y un arroyo. Puedo llevarte allí. Pero permaneceré contigo, por supuesto. La supervisión es constante. —Lo que sea —aceptó Martín—. Solo necesito... verde.
Y silencio. Lyra lo guio por otro sendero orgánico hasta una abertura que daba a un espacio inesperadamente abierto bajo el dosel principal del santuario. Era un jardín de una belleza serena: árboles altos de corteza plateada se alzaban hacia la luz filtrada, un arroyo de aguas cristalinas serpenteaba entre rocas cubiertas de musgo, y flores luminosas de colores suaves florecían en parterres naturales. El aire era fresco y olía a tierra húmeda y polen dulce.
Martín encontró un lugar bajo uno de los árboles más grandes, donde las raíces formaban un asiento natural, y simplemente se dejó caer allí, cerrando los ojos y respirando profundamente el aire limpio. El silencio, roto solo por el murmullo del arroyo y el lejano canto de pájaros invisibles, era un bálsamo para sus nervios desgastados. Por un momento, casi podía olvidar dónde estaba, casi podía sentirse en paz. Lyra se mantuvo a una distancia discreta, sentada sobre una roca cercana, observándolo en silencio.
Pasaron varios minutos así, Martín simplemente respirando, Lyra observando. Pero la quietud parecía poner nerviosa a la elfa erudita. Su mente, acostumbrada al análisis constante, no parecía cómoda con la simple contemplación. —Viajero —dijo finalmente Lyra, rompiendo la tranquilidad—. Este periodo de descanso... es ineficiente. Tu mente está receptiva ahora, tras el esfuerzo físico y la concentración arcana. Podríamos aprovecharlo para... una sesión de intercambio de datos adicional. Tengo... preguntas.
Martín abrió un ojo y la miró con cansancio. —¿Preguntas? Lyra, esto se supone que es mi hora libre. Libre de entrenamiento, libre de tejido anímico, libre de tus análisis. Solo quiero... no hacer nada. —La inacción es una forma de entropía —replicó Lyra—. El conocimiento, en cambio, es estructura. Orden. Tengo preguntas sobre tu origen, tus compañeros, la naturaleza exacta de tu interacción con las entidades antes de la separación... —No —la cortó Martín—. Es mi hora. Negociamos una rutina. Y esta hora es mía.
Sin preguntas. Lyra frunció el ceño, claramente contrariada. —Pero los datos serían... —¡No! —insistió Martín, sentándose un poco más erguido—. A menos que... —una idea repentina, nacida de su agotamiento y un antojo persistente, cruzó su mente—... a menos que estés dispuesta a negociar de nuevo. Lyra enarcó una ceja. —¿Negociar? ¿Negociar por tu tiempo libre asignado? ¿Qué podrías ofrecerme tú a mí? —No, al revés —aclaró Martín, una sonrisa cansada apareciendo—. Yo te respondo. Pero tú me das algo a cambio.
—¿Y qué podría desear un mortal en tu posición, más allá de la curación y la eventual libertad? —preguntó Lyra, con genuina curiosidad. —Postre —dijo Martín simplemente—. Esta noche. Después de la cena. Algo dulce. De verdad. No fruta élfica saludable. Pastel, tarta, flan... lo que sea que hagan ustedes que se parezca a un postre humano decente. Y quizás... otra copa de ese hidromiel. Lyra lo miró fijamente, procesando la petición.
Su expresión pasó de la confusión a una leve diversión y finalmente a un cálculo pragmático. —¿Tres preguntas? —negoció ella—. Tres preguntas directas, respondidas con sinceridad, a cambio de un postre de mi elección personal (que intentaré que se ajuste a tu concepto de 'dulce') y una copa de hidromiel esta noche. Martín lo consideró. Tres preguntas. Podían ser invasivas, difíciles. Pero el postre... y la cerveza que aún no había conseguido... La perspectiva era tentadora.
Y quizás, responder algunas preguntas le daría una pequeña sensación de control, de estar participando activamente en su "estudio". —Tres preguntas —aceptó—. Pero yo elijo si la respuesta requiere detalles extensos o no. Y nada de trucos mentales mientras respondo. Solo palabras. —Aceptado —asintió Lyra—. Primera pregunta: Mencionaste venir de 'otro mundo'. ¿Qué clase de mundo? ¿Cuál es tu origen exacto? Martín suspiró. La pregunta del millón. —No es un mundo mágico como este. Es... tecnológico.
Metal, plástico, electricidad. Viajamos en máquinas, hablamos a través de cables y ondas invisibles. No hay elfos, ni enanos, ni magia... o al menos, no que yo supiera. —Se encogió de hombros—. No sé cómo llegué aquí. Un día estaba... trabajando, supongo. Al siguiente, desperté herido y solo en un bosque de Thyralia, sin recuerdos claros de cómo llegué. He ido recuperando fragmentos desde entonces. Encontré... hostilidad al principio. Miedo. Pero también gente buena. Y finalmente... encontré a mis compañeros.
Althaea, Thorian, Kora... ellos son mi gente ahora. Mi única conexión real en este lugar. Lyra escuchó atentamente, absorbiendo la información. Un mundo sin magia... fascinante y aterrador a la vez. La llegada traumática, la amnesia... explicaba parte de su comportamiento errático inicial. —Segunda pregunta —continuó Lyra, su tono volviéndose más clínico—. Las entidades. Antes de la separación. Describiste negociación, contención. ¿Cuál fue el acto más... atrevido que te solicitaron?
¿El límite más extremo al que te empujaron en su coexistencia? Martín soltó una carcajada corta y amarga ante el recuerdo. —Buena pregunta. Hubo muchas...
'sugerencias' interesantes. Pero la más rara... fue cuando pidieron colectivamente una 'hora afuera'. Procedió a describirle a una Lyra cada vez más atónita el incidente de la "Hora Afuera": cómo el Guardián había experimentado el mundo físico con asombro torpe, rompiendo cosas accidentalmente; cómo el Arquitecto había analizado todo con frialdad clínica; y cómo Serena había llorado de pura alegría empática al interactuar con sus amigos.
Lyra escuchaba con la boca ligeramente abierta, una expresión de incredulidad casi cómica en su rostro élfico. —¿Permitiste que... que tres entidades primordiales condujeran tu cuerpo físico para... experimentar sensaciones? ¡Por los Nueve Coros de la Creación, viajero! ¡La imprudencia! ¡El riesgo! ¡Podrían haberte destruido, haber causado estragos! —Lo sé —admitió Martín—. Pero... estaban desesperadas por sentir algo más allá de mi cabeza. Y establecimos reglas. Y funcionó. Más o menos. Fue... raro.
Pero necesario, creo. Para mantener el equilibrio. Lyra negó con la cabeza, claramente superada por la lógica (o falta de ella) de la situación. —Tu existencia es una violación constante de todos los protocolos de seguridad arcana... —murmuró—. Tercera y última pregunta, entonces. Has respondido con... sorprendente sinceridad hasta ahora. Sin evasivas obvias, más allá de tu 'amnesia'. ¿Por qué? Podrías mentir, inventar. ¿Por qué la verdad? Martín la miró, cansado pero directo. —Porque sería inútil, Lyra.
Puedo sentir tu escrutinio. Probablemente detectarías una mentira antes de que saliera de mi boca. Y porque... —hizo una pausa, buscando la palabra correcta—... porque tú, a tu manera extraña y clínica, has cumplido tu parte del trato hasta ahora. Me dijiste la verdad sobre las entidades, aceptaste negociar las comodidades, aceptaste intentar enviar el mensaje. Me parece... correcto responder con la misma moneda. Aunque no me guste estar aquí, aunque desconfíe de tus motivos finales...
el intercambio, por ahora, es honesto. Lyra lo observó en silencio, procesando su respuesta. Una expresión indescifrable cruzó su rostro. Quizás respeto. Quizás simple cálculo. —Una lógica... honorable, supongo. Aunque ineficiente en términos estratégicos. —Se puso en pie—. Bien, Martín Vega. Has respondido mis tres preguntas. Tendrás tu postre y tu hidromiel esta noche. Ahora, la hora libre ha terminado. Prepárate. El lago te espera. Y hoy... no seré tan gentil como ayer al iniciar la conexión.
Necesitamos avanzar. V. Orquesta Arcana y Arrogancia Psíquica La calma relativa del jardín interior se disipó rápidamente mientras seguían a Lyra de vuelta a través de los senderos orgánicos hacia la caverna del Estanque de las Raíces Profundas. La anticipación de la sesión de "reparación" pesaba sobre Martín como una nube de tormenta, y la promesa de Lyra de "no ser tan gentil" al iniciar la conexión no ayudaba a calmar sus nervios.
Cuando llegaron a la entrada de la vasta caverna, Martín notó de inmediato la diferencia. La energía ambiental era más intensa, más concentrada, casi vibrante. Y no estaban solos. Además de los dos Maestros Tejedores del día anterior (Elrondil y Galadrielis, aunque Martín no recordaba sus nombres), había cinco elfos más esperando al borde del lago luminoso. Vestían túnicas similares de color azul profundo, sus rostros serenos pero sus ojos llenos de una concentración palpable.
Siete Tejedores en total, además de Lyra. Y había uno más. Un elfo que se destacaba del grupo. Era más joven que los Tejedores, quizás de la edad aparente de Lyra, pero su porte era diferente. Llevaba túnicas grises ajustadas, sin adornos, y sus ojos, de un color gris tormentoso muy inusual para un elfo, brillaban con una inteligencia fría y una arrogancia apenas disimulada. No observaba el lago ni a Martín; observaba a Lyra con una expresión que mezclaba respeto formal y una pizca de rivalidad.
—Ya estamos todos —anunció Lyra, deteniéndose frente al grupo—. Martín Vega, estos son los Maestros Tejedores adicionales que asistirán en tu reparación acelerada. Y este —hizo un gesto hacia el elfo de ojos grises— es Faelar, un especialista Psiónico de nuestro Enclave. Su función será... facilitar la navegación dentro de tu complejo paisaje mental y asegurar una conexión más estable y eficiente con el núcleo. Martín miró al grupo. Ocho elfos. Ocho mentes arcanas poderosas preparándose para hurgar en su alma rota.
Se sintió como un paciente a punto de entrar en un quirófano experimental. —Vaya —murmuró Martín con humor negro—. ¿Seguro que esto es una reparación y no una especie de... orgía arcana? Espero que al menos traigan vino después. Lyra le lanzó una mirada reprobatoria, aunque un fugaz destello de diversión cruzó sus ojos. Los Tejedores permanecieron impasibles. Faelar, el Psiónico, sin embargo, sonrió con condescendencia. —Tu humor es... primitivo, mortal —dijo Faelar, su voz suave pero con un filo arrogante—.
Pero no te preocupes. Con mi guía, la intrusión será mínimamente... traumática. Para nosotros, claro. Tú solo necesitas permanecer pasivo. No interfieras. Déjanos trabajar. Ya has demostrado ser bastante... problemático. La hostilidad y el desdén eran evidentes. Este tipo claramente no estaba contento de estar allí y consideraba a Martín poco más que un espécimen defectuoso. —Mira, "Faelar" —replicó Martín, encontrando su mirada gris tormenta, el cansancio reemplazado por una fría advertencia—.
Aprecio la ayuda, supongo. Pero te daré el mismo consejo que le di a tu colega: mi cabeza no es un parque de atracciones. Hay rincones oscuros ahí dentro. Cosas rotas. Ecos peligrosos. Si te pones a hurgar donde no te llaman, si ignoras las señales de 'No Pasar'... puede que no te guste lo que encuentres. Y no me haré responsable si sales con algo más que un dolor de cabeza élfico. No es una amenaza —añadió, viendo la mirada de Lyra sobre él—, es... una advertencia amistosa.
De una anomalía a un psíquico demasiado confiado. Faelar bufó, claramente ofendido por la advertencia del "mortal". —Tu caótica mente no es rival para una disciplina psiónica entrenada durante siglos. Simplemente... no estorbes. —De acuerdo —dijo Martín, encogiéndose de hombros—. Tú lo has querido. Se volvió hacia Lyra. —¿Empezamos ya con la fiesta de sondeo mental o hay más presentaciones incómodas? Lyra suspiró, lanzando una mirada de advertencia a Faelar antes de indicarle a Martín que se preparara.
De nuevo, el incómodo proceso de desvestirse bajo la mirada (ahora múltiple y aún más clínica) de los elfos. De nuevo, la extraña sensación de sumergirse en el agua energética del lago. Esta vez, sin embargo, la energía ambiental se sentía aún más potente, casi eléctrica, probablemente amplificada por la presencia concentrada de tantos practicantes arcanos. Se posicionó en el centro del círculo ahora más amplio de elfos. Ocho pares de ojos antiguos o arrogantes fijos en él.
Sintió la presión familiar comenzar a construirse en su mente mientras comenzaban el canto armonioso, esta vez un coro complejo y poderoso que hacía vibrar el agua a su alrededor. La conexión fue más rápida, más forzada, menos "gentil" que el día anterior, tal como Lyra había advertido. La oscuridad lo reclamó de nuevo, pero esta vez, sabía que no estaría solo en el laberinto. Y no estaba seguro de si eso era bueno o malo.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
Nhập môn