Chương 198: Capítulo 198 - La Forja de Tau
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~41 phút đọc · Tạo 01/09/2026
I. Saturación Entrópica y Cambio de Enfoque El zumbido constante de los Laboratorios Tau era una sinfonía de poder controlado para la mayoría de sus ocupantes, pero para Thorian Ironfist, en los últimos días, había empezado a sonar ominosamente parecido al chirrido de dientes de algo oscuro y hambriento.
Llevaba casi una semana sumergido hasta el cuello trenzado de su barba en los datos de la Astracita, rodeado de hologramas que mostraban espectros energéticos que desafiaban toda ley conocida y patrones que parecían retorcerse y observarlo desde el corazón mismo de la corrupción.
La sensación de ser vigilado por el fragmento de metal inerte en la cámara de contención no había disminuido; al contrario, parecía intensificarse con cada nuevo análisis, con cada intento de Thorian por desentrañar su estructura fundamental. Dormía poco, comía de pie junto a la consola, y su legendaria paciencia enana se estaba desgastando contra la naturaleza esquiva y activamente hostil (o eso le parecía a él) de la Astracita.
Había confirmado el patrón recurrente, esa especie de latido estructurado dentro del caos, pero interpretarlo, entender su significado o propósito, se le escapaba como agua entre los dedos. Era como intentar leer un texto escrito en pura entropía.
"¡Análisis de resonancia armónica negativa completado, Especialista Ironfist!" La voz chirriante de Grizelda Cogspinner lo sacó de su abstracción, haciéndolo dar un respingo. La gnoma apareció a su lado, haciendo levitar una pequeña pantalla holográfica que mostraba una serie de gráficos complejos.
"¡Los resultados confirman una disrupción coherente en el tejido sub-arcano local consistente con la signatura entrópica del espécimen Z-47b, pero con una desviación estándar del 12. 7% en los picos de decaimiento! ¡Sugiero recalibrar los filtros de éter e iniciar un protocolo de descanso cognitivo inmediato con estimulación sónica de baja frecuencia para optimizar la neuroplasticidad y evitar la saturación sináptica!" Thorian la miró con ojos enrojecidos por el cansancio y la concentración.
La mitad de las palabras de Grizelda le sonaban a ruido blanco tecnomántico, pero captó la esencia: estaba saturado. Su cerebro, acostumbrado a la lógica sólida de la piedra y el metal, estaba empezando a resentirse por la exposición prolongada a la energía antinatural de la Astracita. La sensación de ser observado ya no era solo inquietante; empezaba a ser físicamente agotadora.
"Un descanso..." gruñó, frotándose la cara con sus manos callosas. La idea era atractiva. Necesitaba apartarse de esa energía malsana, limpiar su mente antes de que empezara a ver patrones entrópicos en su taza de café. Pero el descanso ocioso no era propio de un enano con trabajo por hacer. Necesitaba... redirigir su energía. Algo productivo. Algo tangible. Algo que no lo mirara de vuelta.
"No necesito estimulación sónica, Sub-artífice," dijo finalmente, su voz áspera por el cansancio.
"Necesito... trabajar con metal real. Con runas que obedecen las leyes, no que las retuercen." Miró hacia las herramientas de precisión y las forjas controladas que lo rodeaban. Tenía acceso a los mejores recursos del Gremio. Tenía un equipo que necesitaba desesperadamente mejoras si querían sobrevivir a lo que sea que estuviera estudiando. La decisión se tomó con la solidez de un martillo golpeando el yunque.
"Voy a poner en pausa el análisis directo de la muestra Z-47b," anunció, cerrando los hologramas espectrales con un gesto brusco.
"Me concentraré en aplicar los conocimientos adquiridos y los recursos de este laboratorio a la optimización del equipamiento táctico del equipo C-734." Grizelda parpadeó, sus múltiples lentes girando.
"¿Cambio de prioridad operativa? ¡Pero estamos tan cerca de aislar el sub-armónico negativo-tau! ¡La eficiencia dicta continuar el análisis hasta..."
"La eficiencia dicta que un artesano con el cerebro frito por energía corrupta no es eficiente en absoluto," la interrumpió Thorian con una firmeza que no admitía discusión.
"Necesito un cambio de enfoque. Algo... constructivo. Volveré a la Astracita cuando mi mente esté clara y mis manos hayan recordado la sensación del acero bien templado." Grizelda abrió la boca para protestar, probablemente citando algún reglamento sobre la continuidad de la investigación prioritaria, pero algo en la mirada agotada pero decidida del enano la hizo callar. Asintió rápidamente.
"¡Entendido! ¡Redirección de enfoque operativo aprobada! ¿Requiere acceso a aleaciones específicas? ¿Bases de datos de diseño de armaduras adaptativas? ¿Protocolos de integración rúnica inter-especie?" Su energía volvió a dispararse ante la perspectiva de un nuevo proyecto técnico. Thorian casi sonrió.
"Sí, Sub-artífice. Voy a necesitar todo eso. Y probablemente más café." Se levantó, sintiendo cómo sus músculos protestaban, pero con una nueva determinación asentándose en su interior. Dejaría la oscuridad de la Astracita por un tiempo y volvería a la luz de la forja. Era hora de empezar a construir las defensas de su equipo, línea por línea, runa por runa. Era hora de forjar. II.
Rediseñando al Guardián Con la decisión tomada, Thorian sintió cómo una parte de la tensión acumulada se disipaba, reemplazada por la concentración familiar y reconfortante del artesano frente a un nuevo desafío. Dejó atrás los espectrómetros y las cámaras de contención, dirigiéndose a una de las estaciones de diseño holográfico avanzado que Grizelda le había asignado.
Accedió a los archivos que Martín le había compartido semanas atrás: los escaneos iniciales de la esfera fusionada (el artefacto que contenía a Serena), los datos fragmentados sobre su interacción con las otras entidades, y los propios planos rudimentarios que habían esbozado juntos para la armadura "Guardián Filtrado".
El concepto original era sólido pero limitado por los recursos y el conocimiento que tenían entonces: una armadura que actuara como un disipador de calor y un filtro pasivo para la energía caótica que a veces se desbordaba de Martín. Pero ahora, con acceso a los recursos de Tau, las posibilidades eran mucho mayores. Primero, los materiales. Descartó las aleaciones estándar. Accedió a las bases de datos de Nivel Beta, buscando metales ligeros pero con alta capacidad de absorción y dispersión energética.
Encontró referencias a una aleación experimental desarrollada por los gnomos, basada en mithril tejido con filamentos de cristal lunar élfico –increíblemente cara y difícil de trabajar, pero con propiedades de conductividad y resistencia casi perfectas.
"Grizelda," llamó por el comunicador interno, "necesito una requisa de aleación código G-M-7b. Y acceso a los protocolos de forja de baja temperatura para filamento élfico." Mientras Grizelda procesaba la (probablemente exorbitante) petición con su eficiencia habitual, Thorian se centró en el diseño rúnico. El concepto de filtro pasivo era bueno, pero insuficiente.
Necesitaba algo más, algo que pudiera manejar los picos de energía del Guardián, especialmente ahora que Martín parecía estar intentando una coexistencia más... activa. Recordó la descripción de Martín sobre el "Canal", sobre cómo abría o cerraba la conexión con las entidades. ¿Y si la armadura pudiera hacer algo similar? ¿Y si pudiera reaccionar activamente a un flujo masivo de energía, no solo filtrándola, sino canalizándola, usándola? La idea del "modo overdrive" comenzó a tomar forma en su mente.
No sería un estado permanente, sino una activación de emergencia. Cuando Martín abriera el Canal y dejara fluir una cantidad significativa de la energía roja del Guardián (filtrada primero a través de la esfera de Serena para evitar la corrupción pura), un sistema secundario de runas en la armadura se activaría. Comenzó a dibujar en el holograma, sus dedos gruesos moviéndose con una precisión sorprendente. Runas de absorción conectadas a capacitores temporales.
Circuitos de redirección que llevarían la energía excedente no solo a disipadores, sino a proyectores de campo de fuerza integrados en las placas principales.
Y lo más complejo: una matriz de transformación rúnica que, al activarse, haría que placas protectoras adicionales (quizás hechas de energía sólida o segmentos de la propia aleación reconfigurándose) se desplegaran desde compartimentos ocultos, cubriendo puntos débiles, reforzando las articulaciones, convirtiendo la armadura ligera en un caparazón mucho más pesado y resistente. Era ingeniería rúnica de altísimo nivel. Requeriría un equilibrio perfecto entre absorción, almacenamiento, canalización y proyección.
Demasiada energía contenida y la armadura podría sobrecargarse. Demasiado poca y el modo overdrive sería inútil. Y estaba el coste inevitable: la masa y la rigidez añadidas reducirían drásticamente la movilidad y la velocidad de Martín. Sería un "modo tanque", una opción desesperada para aguantar un castigo brutal o desatar un poder contenido, pero a costa de convertirse en un blanco más lento. Un dilema táctico, como le gustaba a Valerius.
Consultó brevemente con Martín a través de un enlace seguro, mostrando los esquemas básicos del modo overdrive. Martín, tras un momento de análisis (y probablemente una consulta interna con Serena y quizás incluso el Arquitecto), dio su aprobación cautelosa, confiando en el juicio de Thorian pero consciente del riesgo inherente. Thorian asintió para sí mismo, satisfecho con el concepto. Era ambicioso, era peligroso, pero era... elegante, a su manera enana y funcional.
Mientras trabajaba en la intrincada disposición de las runas en la coraza holográfica, una imagen fugaz de Martín, pálido y agotado tras la regeneración del brazo, cruzó su mente. <Este muchacho... > pensó, su ceño frunciéndose con una mezcla de exasperación y una profunda, aunque no admitida, preocupación. <Nunca pidió esta carga. Nunca pidió protección. Pero por mis ancestros que la necesita más que ninguno.
> Con un gruñido bajo, añadió una intrincada runa de estabilidad estructural y coherencia energética justo sobre el punto donde iría el corazón, un pequeño refuerzo extra que no estaba en los planos originales. Un seguro personal del artesano. Ahora solo quedaba el desafío de forjarlo, de grabar esas complejas secuencias en la aleación experimental sin cometer un solo error.
El trabajo sería largo y meticuloso, pero Thorian sintió que la niebla de la Astracita comenzaba a disiparse de su mente, reemplazada por el fuego claro y enfocado de la forja. III. Estabilizando el Caos Una vez que los planos conceptuales de la armadura de Martín estuvieron definidos y los materiales solicitados, Thorian dirigió su atención al siguiente desafío en la lista de "optimización" del equipo: el arsenal personal de Kora, específicamente, sus infames guanteletes arcanizados.
Había conseguido que Kora se los prestara bajo la promesa (o amenaza) de "ver si podía evitar que le volaran las manos la próxima vez que intentara golpear algo más duro que una puerta de madera podrida". Los guanteletes descansaban ahora sobre el banco de trabajo de la estación 7-B, y Thorian los contemplaba con la misma expresión que un maestro cervecero podría dedicar a una jarra de agua de pantano fermentada. Eran una abominación de la ingeniería Magitek.
Una base de placas de metal pesado, abolladas y rayadas, unidas con remaches toscos y correas de cuero desgastado. Sobre esta base, una maraña caótica de cables rúnicos de diferentes grosores y colores, algunos claramente improvisados, conectados a una serie de cristales de energía agrietados y de baja calidad.
Las runas grabadas directamente sobre el metal eran una mezcla blasfema de símbolos de potencia enanos mal copiados, glifos de descarga rápida gnomos (probablemente robados) y lo que parecían ser marcas tribales orcas que Thorian no reconoció pero que sospechaba que no tenían nada que ver con la canalización segura de energía. You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story.
"Por la barba de Grimnir..." murmuró Thorian, pasando un escáner de diagnóstico sobre la superficie. Los hologramas que aparecieron confirmaron sus peores temores: fluctuaciones de energía erráticas, fugas de maná por todas partes, puntos calientes donde los circuitos improvisados amenazaban con fundirse, y una eficiencia general que apenas llegaba al 30%.
"¡¿Quién conectó un capacitor arcano de fase inversa directamente a un estabilizador de flujo iónico con soldadura de goblin?!" exclamó en voz alta al vacío del laboratorio, horrorizado.
"¡Es un milagro que la chica no se haya desintegrado espontáneamente la primera vez que intentó usarlos en serio! ¡O que no haya abierto una brecha dimensional accidental!" Sacudió la cabeza, una mezcla de exasperación y una retorcida fascinación técnica. Era un desastre, sí, pero un desastre que, de alguna manera, funcionaba... más o menos. Canalizaba la energía caótica de Kora y la liberaba en impactos brutales. El desafío no era solo repararlo, era estabilizarlo sin quitarle esa...
"personalidad" explosiva que definía el estilo de combate de Kora. Empezó por lo básico: la estabilización. Con la precisión de un cirujano (un cirujano muy fuerte y con herramientas rúnicas), comenzó a reemplazar los componentes más defectuosos y peligrosos con piezas de calidad del Gremio. Reemplazó los cristales agrietados por unos de grado militar, capaces de manejar picos de energía más altos.
Rediseñó los circuitos rúnicos internos, eliminando las conexiones improvisadas y creando un flujo de energía más lógico y, sobre todo, más seguro, con múltiples disipadores de calor y válvulas de seguridad rúnicas. Una vez que la estructura básica fue segura (o al menos, significativamente menos propensa a la detonación espontánea), pasó a la mejora funcional que había estado considerando.
Quería darle a Kora una forma de canalizar su agresividad de manera más táctica, algo que recompensara la interacción en combate en lugar de solo la descarga inicial. Con un estilete rúnico de precisión, comenzó a grabar nuevos glifos en las placas exteriores de los guanteletes, sobre las viejas marcas y cicatrices. Eran runas cinéticas de diseño enano modificado, inspiradas en los principios de absorción de impacto usados en escudos de asedio.
Estas runas estaban conectadas a una serie de pequeños pero potentes capacitores rúnicos integrados en la estructura del guantelete. La idea era simple en concepto, pero compleja en ejecución: las runas absorberían una porción de la energía de cada impacto –tanto los golpes que Kora diera con los guanteletes como los golpes que recibiera en ellos al bloquear– y la almacenarían temporalmente en los capacitores. El mecanismo de descarga sería controlado por Kora (con suerte).
Podría liberar la energía acumulada de golpe, en un pulso de fuerza conmocionante mucho más potente que el habitual, ideal para romper defensas o rematar a un enemigo. O, alternativamente, podría canalizarla de forma más sostenida para potenciar brevemente sus propios golpes físicos, dándoles un "extra" de impacto durante unos segundos.
Se aseguró de incluir un sistema de disipación de sobrecarga, una serie de runas de ventilación que liberarían automáticamente el exceso de energía si los capacitores alcanzaban un nivel crítico. Era una salvaguarda necesaria, aunque sabía que Kora probablemente intentaría llevarlo al límite. Mientras trabajaba en el complejo entramado de las runas de descarga, Thorian murmuró para sí, con un gruñido resignado: <Esto va a estallar si no aprende a contenerse. Igual que ella.
Pero al menos, quizás la explosión sea hacia afuera esta vez, y no se lleve sus propios dedos por delante. > Era un diseño arriesgado, que requería que Kora aprendiera a gestionar activamente la carga y descarga de energía en medio del combate. Pero encajaba con ella. Le daba más poder, sí, pero también la obligaba (en teoría) a ser más consciente de sus acciones, a pensar tácticamente en cuándo acumular y cuándo liberar.
Era lo más parecido al autocontrol que Thorian podía intentar inculcarle a través de la ingeniería. Ahora solo quedaba esperar que Kora no encontrara la manera de sobrecargar el sistema en los primeros cinco minutos de prueba. IV. Versatilidad para la Cazadora Tras dedicar horas a estabilizar la locura inherente de los guanteletes de Kora, Thorian sintió la necesidad de trabajar en algo con una base más... sensata.
Dirigió su atención al equipamiento de Althaea, recuperando de los archivos del equipo los diseños y las notas que Martín había compilado durante su estancia en Karak Dhur para los guantes y botas que le había fabricado. Thorian desplegó los hologramas, estudiando el trabajo del umgi con ojo crítico. Tenía que admitirlo, aunque fuera a regañadientes: para ser obra de un aficionado sin formación formal, usando herramientas enanas prestadas y materiales conseguidos a duras penas, el diseño era ingenioso.
Martín había captado bien la esencia de Althaea, buscando potenciar su agilidad y sigilo naturales en lugar de imponerle una solución pesada. <El umgi tiene intuición para los sistemas, > pensó Thorian con un gruñido casi inaudible. <Una comprensión innata del flujo, ya sea de datos o de energía. Rudimentario, sí, limitado por su conocimiento, pero el concepto... el concepto no está mal.
> Decidió no desechar el trabajo original, sino mejorarlo, potenciarlo, llevarlo al nivel que los recursos de los Laboratorios Tau permitían. Conservó la base de cuero de grünt oscuro, pero la trató con compuestos alquímicos para aumentar su flexibilidad y resistencia. Reemplazó las placas de refuerzo originales con unas finas láminas de acero lunar, una aleación increíblemente ligera pero con una dureza sorprendente, grabadas con micro-runas de dispersión de impacto.
El verdadero trabajo estuvo en la mejora rúnica. Desactivó con cuidado los cristales cinéticos y de flujo vital originales (los guardaría, quizás como curiosidad técnica) y los sustituyó por versiones de grado Beta, mucho más eficientes y con mayor capacidad.
Luego, con paciencia meticulosa, comenzó a grabar nuevas secuencias sobre las líneas originales de Martín, entrelazando runas enanas de conexión a tierra y estabilidad con elegantes glifos élficos de silencio y movimiento fluido (extraídos de las bases de datos de Tau, tras una breve y eficiente consulta con Grizelda sobre protocolos de resonancia armónica inter-tradición).
El objetivo era claro: que Althaea pudiera moverse por cualquier terreno con un sigilo casi absoluto, que sus saltos fueran más altos y controlados, que su agarre fuera inquebrantable, y añadirle una capa de resistencia básica contra energías hostiles. Cuando terminó, los guantes y botas seguían pareciendo funcionales y orgánicos, pero ahora vibraban con una energía contenida mucho más potente y refinada. Satisfecho con la mejora del equipo base, Thorian abordó el desafío principal: la lanza.
La que Althaea usaba era una buena pieza de artesanía, sólida y fiable, pero terriblemente limitada tácticamente. Althaea necesitaba versatilidad, la capacidad de adaptarse al flujo cambiante del combate, algo que complementara tanto su instinto de cazadora como la nueva disciplina técnica que estaba aprendiendo con Vor'chek. La idea del arma cambiaformas volvió a él, audaz y compleja. Desechó la lanza existente y comenzó a diseñar desde cero.
El corazón del arma sería un núcleo de adamantita pura, envuelto en filamentos de plata rúnica para una conductividad óptima. Dentro de este núcleo, Thorian comenzó a trazar la matriz de transformación, un intrincado tapiz de runas de energía, forma y función interconectadas, un verdadero testamento a la maestría enana en ingeniería arcana.
Definió los tres modos principales, asegurándose de que la transición entre ellos pudiera ser activada por un pulso de la energía natural de Althaea, canalizada a través del núcleo, o por una palabra clave específica en Silvano antiguo que ella pudiera aprender. Modo Lanza: La configuración por defecto. Proyectaría un asta sólida pero ligera (quizás de energía condensada o madera rúnicamente reforzada) y una punta de lanza de energía pura, afilada y letal, ideal para mantener la distancia y estocadas rápidas.
Modo Arco: Al activarse, el núcleo reconfiguraría el flujo energético, creando un arco tenso de luz lunar o energía forestal. Las flechas serían proyectiles de energía pura, formados instantáneamente al tensar el arco imaginario, ofreciendo un potente ataque a distancia. Modo Defensivo: La energía se dividiría. Una parte formaría la hoja corta y ancha de una espada de energía, rápida y manejable para el combate cercano.
La otra parte se expandiría desde el núcleo o un brazalete conectado (que tendría que diseñar también) para formar un escudo de energía sólida, capaz de desviar golpes físicos y absorber ataques mágicos menores. La complejidad residía en equilibrar el consumo de energía de cada modo y asegurar que las transformaciones fueran rápidas y fiables en pleno combate. Requeriría una sintonización perfecta con la propia energía de Althaea.
Mientras grababa con el estilete rúnico las últimas y más delicadas líneas de la matriz de transformación en el holograma del núcleo, Thorian pensó en la mujer bestia que empuñaría esta creación. Recordó su agilidad felina, su mirada fiera y protectora, su silenciosa determinación ante las lecciones de Vor'chek. <Ella busca el viento, la libertad del bosque en sus movimientos, > pensó, sus dedos trazando una runa que simbolizaba el flujo del aire. <Martín le dio unas raíces firmes con esas botas y guantes. Yo...
yo le daré la herramienta para seguir ese viento, para cazar en la jungla de acero de esta ciudad o en los bosques oscuros que nos esperan. > Añadió una última runa, una de resistencia, casi una bendición silenciosa. <Y quizás, también, para que el viento no la rompa cuando lleguen las verdaderas tormentas. > El diseño estaba listo. Ambicioso, sí. Complejo, sin duda. Pero sentía que era un arma digna de la guerrera que Althaea estaba destinada a ser. Ahora, solo quedaba la forja. V.
La Forja Encendida El diseño holográfico de la lanza cambiaformas flotaba frente a Thorian, completo en su intrincada complejidad. Los planos de la armadura mejorada de Martín y los guanteletes estabilizados de Kora esperaban en archivos adyacentes. La fase de planificación, análisis y diseño había terminado. Ahora comenzaba el verdadero trabajo del artesano: dar forma al metal, grabar la runa, imbuir la materia inerte con propósito y poder.
Se levantó de la consola de diseño, estirando los músculos de su espalda con un gruñido. A pesar del agotamiento mental por la investigación de la Astracita y las horas dedicadas a estos nuevos diseños, sintió una oleada de energía renovada, la vieja llamada de la forja resonando en su sangre enana. Este era su verdadero elemento, su verdadero lenguaje.
Con una eficiencia decidida, reunió los materiales que Grizelda ya había conseguido entregarle tras sus requisiciones: lingotes brillantes de la aleación gnómica G-M-7b, barras de adamantita pura, carretes de finísimo hilo de plata rúnica, cuero de sombra tratado y los cristales de grado Beta cuidadosamente almacenados en cajas de estasis. Se dirigió a una de las forjas de precisión designadas dentro del Laboratorio Tau. No era la forja abierta y rugiente de Karak Dhur, alimentada por el corazón de la montaña.
Era una cámara más pequeña, controlada, donde el calor era generado por inductores arcanos y la atmósfera era purgada de impurezas por campos de energía. Diferente, pero innegablemente poderosa. Activó la forja, y un resplandor anaranjado y limpio llenó la cámara, proyectando la silueta robusta de Thorian contra las paredes del laboratorio. Seleccionó la primera pieza en la que trabajaría: la coraza rediseñada para la armadura de Martín.
Colocó el lingote base de G-M-7b en el campo de calor, observando con ojo experto cómo el metal comenzaba a ablandarse, listo para ser moldeado. A su alrededor, los hologramas de los planos seguían flotando, mostrando cada curva, cada ángulo, cada intrincada línea rúnica que debía ser grabada.
Tomó su martillo rúnico personal –una herencia ancestral, su mango de madera petrificada pulido por generaciones de manos Ironfist, su cabeza de acero meteórico grabada con runas de poder y precisión– y las herramientas de grabado fino que había traído consigo, aumentadas ahora por algunos instrumentos de precisión gnómicos que Grizelda le había "prestado" (insistido en que usara). El primer golpe del martillo contra el metal incandescente resonó en la quietud del laboratorio, un sonido limpio y lleno de propósito.
Chispas de energía pura saltaron mientras comenzaba a dar forma a la aleación, sus movimientos económicos, precisos, fruto de décadas de experiencia. Estaba absorto en su trabajo, perdido en el ritmo de la forja, en el diálogo entre el metal, el fuego y la runa. La frustración por la Astracita, la tensión de los entrenamientos del equipo, las intrigas del Gremio... todo eso se desvaneció por un momento, reemplazado por la concentración absoluta del creador.
Grizelda se asomó por la entrada de la cámara de forja, atraída por el sonido del martillo. Observó en silencio por un momento, sus ojos brillantes detrás de las lentes de aumento siguiendo los movimientos expertos del enano. Quizás vio algo en esa concentración, en esa dedicación, que trascendía sus habituales pullas sobre métodos anticuados. Simplemente asintió para sí misma y se retiró sin interrumpir. Thorian no la notó. Estaba en su santuario.
Con cada golpe del martillo, con cada línea grabada por el estilete rúnico, no solo estaba forjando metal; estaba forjando defensas. Estaba imbuyendo cada pieza con su habilidad, su conocimiento y su silenciosa y terca determinación de proteger a su extraña y fracturada nueva familia. La forja de Tau estaba encendida, y en su corazón ardiente, Thorian Ironfist había encontrado de nuevo su propósito. El trabajo apenas comenzaba.

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