Chương 182: Capítulo 182 - Ecos en Casa
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~34 phút đọc · Tạo 01/09/2026
I. Reunión y Recelo El suave silbido de la puerta neumática al abrirse fue como una señal de partida. Althaea entró primero, sus movimientos rápidos y silenciosos, sus ojos ámbar buscando inmediatamente los de Martín, evaluando su estado con una intensidad que iba más allá de la simple preocupación médica. Thorian la siguió, su presencia robusta llenando el umbral, su mirada barriendo la habitación en busca de amenazas antes de fijarse en Martín.
Kora entró la última, arrastrando los pies con deliberada lentitud, aunque la tensión en sus hombros delataba su ansiedad. El pequeño Cero se asomó tímidamente desde detrás de las piernas de Althaea, aferrándose a su túnica.
"¿Martín? ¿Estás bien? ¿Qué ha dicho?" La voz de Althaea era baja pero urgente, la primera en romper el silencio expectante.
"¿Te ha amenazado? ¿Te ha hecho algo más ese trajeado estirado?" gruñó Thorian, su mano ya descansando sobre el mango de un martillo de aspecto sospechosamente tecnológico que colgaba de su cinturón. Kora resopló.
"Seguro que le ofreció un ascenso a 'Experimento Favorito del Mes'. ¿Qué quería el cabrón?" Martín levantó su mano izquierda en un gesto tranquilizador, aunque el esfuerzo le costó una mueca de dolor. Respiró hondo, reuniendo fuerzas.
"Quiere... hablar," dijo, su voz todavía ronca.
"Más tarde. Cuando me recupere." Procedió a resumirles la conversación, despacio, eligiendo las palabras con cuidado, consciente de su debilidad y de la incredulidad que sus propias palabras generarían. Les contó la confesión de Valerius sobre el Proyecto Quimera, su admisión de culpa respecto a Cero, la sorprendente revelación de que Cero recordaba fragmentos de su origen.
Y luego, la oferta: la promesa de una conversación sincera, la elección entre irse de Lumina con recursos o quedarse y colaborar como aliados estratégicos, no como peones. Mencionó también la confirmación de que Croko sería trasladado a la residencia y que Cero, en su estado actual, seguía bajo la responsabilidad del equipo. A medida que hablaba, observó las reacciones. Althaea escuchaba con una concentración feroz, su expresión pasando de la preocupación a una profunda desconfianza.
Thorian fruncía el ceño cada vez más, murmurando maldiciones enanas sobre políticos mentirosos y promesas vacías. Kora soltó una carcajada corta y amarga.
"¿Aliados estratégicos? ¿Libertad de elección?" espetó Kora en cuanto Martín terminó.
"Suena a la mierda más grande que he oído desde que un goblin intentó venderme un puente invisible. ¡Ese tipo nos quiere justo donde pueda vigilarnos!"
"Tiene razón la chica, por una vez," refunfuñó Thorian, cruzando los brazos sobre su pecho robusto.
"La sinceridad de Valerius dura lo que tarda en calcular el siguiente movimiento. No me fío de ese trajeado ni aunque jure por la barba de mis ancestros que el oro no brilla." Althaea asintió, sus ojos fijos en Martín.
"Es demasiado conveniente, Martín. Demasiado fácil después de todo lo que ha pasado. ¿Por qué ahora? ¿Por qué ofrecernos una salida o una alianza después de intentar controlarte y usarte?" Martín comprendía su escepticismo. Él mismo lo sentía, una corriente subterránea de cautela que enfriaba el leve optimismo que la oferta de Valerius había despertado. Pero también estaba agotado, herido, y la perspectiva de una confrontación directa inmediata era impensable.
"Lo sé," admitió, su voz apenas un susurro.
"Yo tampoco me fío. No del todo." Miró a cada uno de ellos.
"Pero sea cual sea su juego, nos ha dado algo que no teníamos: tiempo. Tiempo para recuperarme. Tiempo para que Cero... sea lo que sea que es ahora. Tiempo para analizar los datos de Elmsworth. Tiempo para pensar." Hizo una pausa, respirando con dificultad.
"Enfrentarlo ahora, acusarlo de mentir sin pruebas... no ganamos nada. Estamos en su ciudad, en su territorio. Por ahora," concluyó, su mirada endureciéndose un poco, "aceptamos su 'oferta'. Nos recuperamos, nos fortalecemos, averiguamos qué demonios está pasando realmente. Y luego decidimos." El pragmatismo forzado de sus palabras pareció calar. La tensión en los hombros de Althaea se relajó mínimamente. Thorian dejó escapar un largo suspiro resignado. Kora puso los ojos en blanco, pero no discutió.
"De acuerdo, chico," dijo Thorian finalmente.
"Tiempo. Pero mantendremos los ojos bien abiertos. Y mis martillos bien cerca."
"Y mis virotes listos," añadió Kora con una sonrisa torcida. Althaea simplemente asintió, su mirada volviendo a centrarse en el estado físico de Martín.
"Primero, necesitas descansar de verdad. Y nosotros necesitamos averiguar qué hacemos con... él." Su mirada se desvió hacia Cero, quien seguía observándolos en silencio desde la puerta, un enigma infantil en medio de la tormenta. El enfoque había cambiado.
La amenaza inmediata de Valerius se había pospuesto, reemplazada por la tarea más tangible y urgente de la recuperación y la gestión de la nueva y extraña dinámica familiar que incluía a un niño que solía ser un arma lógica y a un lagarto gigante esperando en un sótano. II.
Días de Quietud Forzada Los días siguientes se convirtieron en una rutina monótona y dolorosa para Martín, marcada por el pitido rítmico de los monitores, las visitas puntuales de sanadores impersonales del Gremio y la presencia constante, aunque silenciosa, de su equipo. El tiempo en la bahía médica se estiraba, cada hora pesando como plomo mientras su cuerpo luchaba por repararse.
Hubo días en que apenas podía moverse, el dolor una niebla espesa que ahogaba sus pensamientos, y Althaea se sentaba a su lado durante horas, a veces leyéndole en voz baja fragmentos de algún texto sobre flora local que había conseguido, otras simplemente estando allí, su presencia tranquila un ancla en la deriva. Otros días, la frustración lo consumía.
Recordaba la conversación técnica con Thorian, donde el enano, tras examinar los escaneos médicos con el ceño fruncido, había descrito la regeneración de su hombro como "una chapuza de ingeniería biológica que desafía tres principios fundamentales de la metalurgia rúnica y probablemente ofende a los ancestros". Martín había intentado reírse, pero el sonido se había convertido en una tos.
Incluso Kora había mostrado una forma retorcida de preocupación, apareciendo un día con una bandeja que contenía algo vagamente parecido a estofado y una botella de un líquido ambarino de olor sospechoso.
"¿El menú del hospital te está matando más rápido que tus propios poderes, programador?" había dicho, dejando la bandeja con un ruido sordo.
"Esto te pondrá pelo en el pecho. O te disolverá las tripas. Cincuenta-cincuenta." Martín no había probado el líquido, pero el gesto, a su manera, casi le había parecido amable. Y luego estaba Cero. El niño rara vez hablaba, y cuando lo hacía, era con monosílabos o preguntas simples y desconectadas.
Pasaba la mayor parte del tiempo sentado en su rincón, observando al equipo con esos ojos grises insondables, o dibujando patrones geométricos complejos en una tableta de datos que Thorian le había dado, quizás en un intento de estimular alguna respuesta familiar. Una tarde, mientras Martín flotaba en ese estado de duermevela inducido por los analgésicos, juraría haber sentido una pequeña mano rozando la suya, un contacto fugaz y vacilante que desapareció en cuanto movió ligeramente la cabeza.
Al abrir los ojos con esfuerzo, solo vio a Cero acurrucado en su silla habitual, aparentemente dormido, aunque la tensión en sus pequeños hombros sugería lo contrario. Finalmente, tras lo que pareció una eternidad pero que según el cronómetro de Thorian fueron exactamente doce días, un sanador jefe de rostro severo lo declaró "estable dentro de parámetros anómalos aceptables" y autorizó su traslado a la Residencia 7-Alfa para continuar la convalecencia.
El proceso de alta fue tan impersonal como el resto de su estancia: firmas digitales, protocolos de desconexión de monitores, instrucciones de cuidado post-tratamiento recitadas sin emoción. Fueron escoltados discretamente por un par de guardias del Gremio hasta un vehículo de transporte interno que los llevó de vuelta a través de los corredores funcionales de la Instalación 7 hasta el Distrito Erudito. La sensación de volver a la Residencia 7-Alfa fue extraña.
Por un lado, era un alivio dejar atrás la atmósfera estéril y opresiva de la unidad médica. Por otro, la residencia seguía sintiéndose como una jaula dorada, un espacio controlado por el Gremio. Kaelen los esperaba en el vestíbulo principal, su postura rígida y su expresión tan neutral como siempre.
"Consultor Vega, equipo C-734," saludó con una inclinación de cabeza mínima.
"Se han completado las modificaciones solicitadas según las directivas del Alto Consejero Veridian. Se ha habilitado una nueva habitación para la Unidad S-000..." Martín lo interrumpió antes de que pudiera continuar, su voz, aunque todavía algo débil, tenía un filo de acero.
"Se llama Cero." La corrección flotó en el aire. Kaelen hizo una pausa casi imperceptible, sus ojos parpadeando una vez mientras procesaba la orden implícita y la firmeza inesperada en la voz del consultor herido. El protocolo dictaba una designación numérica, pero la mirada de Martín no dejaba lugar a discusión.
"Entendido... Consultor," dijo Kaelen, el título sonando ligeramente forzado, como si recalculara una variable inesperada.
"Una habitación para... Cero. Ya está preparada." Continuó, volviendo a su guion mental.
"Adicionalmente, se ha construido y aclimatado un hábitat subterráneo en el nivel inferior para la contención segura de la criatura reptiliana referenciada como 'Croko'." Su mirada se desvió brevemente hacia el equipo de simulación que aún ocupaba parte de la sala común.
"¿Desean que se retire el equipamiento de análisis y simulación instalado previamente por la Unidad... por Cero?" Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site. Martín negó con la cabeza.
"No. Déjenlo. Podría ser útil."
"Como ordene," respondió Kaelen. Hizo otra inclinación formal.
"Si no requieren nada más, me retiro. Que tenga una recuperación... eficiente." Y con eso, giró sobre sus talones y se marchó con la misma rigidez protocolaria con la que había llegado. El equipo se quedó en silencio por un momento, el aire todavía vibrando con la tensión implícita de la interacción. Estaban de vuelta en su "hogar" asignado, pero las reglas del juego, y quizás incluso los jugadores, habían cambiado sutilmente. La verdadera prueba de esos "Nuevos Cimientos" apenas comenzaba. III.
Reencuentro Reptiliano y Humor Negro Interno A pesar del agotamiento que le pesaba como plomo en los huesos y del dolor constante que emanaba de su hombro vendado, lo primero que quiso hacer Martín al volver a la residencia no fue descansar.
"Quiero ver a Croko," anunció, su voz aún rasposa pero firme. Thorian bufó, probablemente pensando en la logística de bajar y subir escaleras en el estado de Martín, pero Althaea asintió comprensivamente.
"Por aquí," dijo, guiándolo hacia la sección de la residencia que daba acceso a los niveles inferiores. Kora los siguió con una curiosidad mal disimulada, mientras Cero se mantenía a una distancia prudente, observando todo con sus ojos grises y silenciosos. Descendieron por una rampa suave hasta lo que antes debió ser un almacén o un taller subterráneo. Ahora, el espacio había sido transformado. El aire era cálido y húmedo, con el olor terroso de la tierra mojada y la vegetación.
El Gremio, o más bien los contratistas de Valerius, habían hecho un trabajo sorprendentemente bueno: habían instalado paneles que imitaban la luz solar filtrada, creado una pequeña poza de agua limpia y esparcido tierra, rocas y plantas artificiales (aunque de aspecto muy realista) para simular un entorno de ciénaga domesticada. Y allí, en medio de todo, estaba Croko. El Lagarto Rey modificado era incluso más grande de lo que recordaba, una masa imponente de músculo y escamas descansando cerca de la poza.
Al principio, al oír sus pasos, levantó la cabeza con recelo, sus ojos reptilianos entrecerrados, un gruñido bajo vibrando en su pecho. El instinto territorial era fuerte. Pero entonces, algo cambió. Quizás fue el olor familiar, la presencia energética que asociaba con el fin de su dolor, o simplemente el recuerdo de la mano que le había ofrecido calma en lugar de tormento. La hostilidad en la mirada de Croko se desvaneció, reemplazada por algo parecido al reconocimiento.
Y luego, por una alegría pura y desbordante. Con una agilidad sorprendente para su tamaño, la criatura se puso en pie de un salto y cargó hacia Martín.
"¡Cuidado!" gritó Althaea, interponiéndose instintivamente. Pero fue demasiado tarde. Croko, en un despliegue de afecto reptiliano totalmente inapropiado para su tonelaje, se abalanzó sobre Martín. El impacto lo habría enviado volando si no fuera por Althaea, que logró absorber parte del golpe, aunque ambas figuras terminaron en el suelo en un revoltijo de extremidades, escamas y quejidos (principalmente de Martín).
Croko, ajeno al caos causado, procedió a lamerle la cara a Martín con su enorme lengua áspera, emitiendo sonidos guturales que podrían haber sido risas de lagarto.
"¡Quítate, bestia!" rugió Thorian, buscando algo con qué hacer palanca.
"¡Croko, abajo! ¡Le haces daño!" intentó ordenar Althaea, tratando de apartar la cabeza gigante. Martín, aplastado bajo el peso entusiasta del reptil y sintiendo cada una de sus costillas protestar violentamente, logró soltar una risa ahogada, que rápidamente se convirtió en una tos dolorosa.
"¡Déjalo, Althaea!" consiguió jadear.
"Está... contento de verme, creo." Mientras la masa escamosa de ¿trescientos kilos? lo inmovilizaba contra el suelo y su lengua como lija le raspaba la mejilla, Martín pensó con una mezcla de dolor y un absurdo casi histérico: <Genial. Me rompí el alma y perdí un brazo salvando una IA fracturada, y ahora me va a rematar un lagarto subnormal y sobredimensionado con problemas de control de impulsos. Qué puta ironía cósmica.
> Extendió su mano izquierda, la única funcional, y la apoyó con firmeza sobre el enorme hocico escamoso.
"Ya, chico, ya," dijo, su voz suave pero firme.
"Tranquilo. Me alegro de verte también. Pero te bajas. Ahora. Me estás... eh...
'recalibrando' las costillas." Sorprendentemente, Croko pareció entender el tono. Dejó de lamer, inclinó la cabeza y, con un último resoplido afectuoso, se retiró con cuidado, permitiendo que Althaea y Thorian ayudaran a un dolorido Martín a ponerse en pie. Una vez liberado, Martín se apoyó en Althaea, recuperando el aliento. Croko, ahora más calmado, se quedó a su lado, frotando ocasionalmente su cabeza contra su pierna como un gato descomunal.
Mientras comenzaban a subir la rampa de vuelta a la sala común, con el lagarto siguiéndolos pegado a sus talones, Martín miró a Thorian con una sonrisa torcida.
"Creo que tu sótano aclimatado se va a quedar un poco vacío, Thorian." El enano bufó.
"Mientras no intente dormir en mi cama..." Martín rió suavemente. <Aunque... se lo ganó, > pensó, mirando al reptil que ahora olisqueaba con curiosidad un panel de la pared. <Si alguien merece su rincón propio en este manicomio flotante, es este monstruo idiota y leal. > Althaea, sin embargo, parecía haber olvidado momentáneamente la conmoción.
"¿Crees que la humedad es la adecuada? Quizás necesite más variedad de plantas para esconderse," murmuró, ya considerando mejoras para el hábitat recién estrenado. La conexión de la mujer bestia con la criatura, incluso una modificada, era evidente. El equipo C-734 acababa de adoptar oficialmente una mascota. Una mascota muy, muy grande. IV.
La Habitación Vacía, la Fiesta Rota y la Sombra Silenciosa Tras la conmoción reptiliana, y una vez asegurado que Croko no intentaría reclamar más muebles (al menos de momento), la siguiente parada en el recorrido de la "nueva" residencia fue la habitación asignada a Cero. Estaba ubicada en un ala tranquila, alejada de las áreas comunes principales. Al entrar, la sensación fue inmediata: era funcional hasta la médula.
Una cama estándar, un escritorio vacío, un armario empotrado, un terminal de datos mural y las mismas paredes grises y neutras que el resto de la residencia. No había ni un solo objeto personal, ni un toque de color, ni nada que sugiriera una personalidad habitándola. Era el epítome de la esterilidad, un reflejo perfecto del Cero que habían conocido... hasta hace poco.
"Bueno, al menos es espaciosa," comentó Kora, asomando la cabeza.
"¿Crees que le gustarán los pósters de bandas de rock orco?" Thorian resopló.
"Dudo que esa... entidad tenga preferencias estéticas, chica. Probablemente catalogue los pósters como 'interferencia visual de baja eficiencia'." Martín recorrió la habitación con la mirada. Sentía que algo estaba mal. No era solo la impersonalidad; era el vacío. Era una habitación esperando a ser llenada, pero ¿por quién? ¿Por el niño asustado que habían dejado atrás en la sala médica? ¿O por la lógica fría que aún podría acechar bajo la superficie?
"Necesitará... algo," murmuró, más para sí mismo.
"Pero no ahora. Más tarde." Cerró la puerta suavemente. Había demasiadas incógnitas sobre Cero como para empezar a decorar. De vuelta en la sala común, el cansancio finalmente golpeó a Martín con toda su fuerza. Se dejó caer en una de las pocas sillas que Croko no había reclamado (el lagarto ahora roncaba suavemente en el sofá más grande, ocupándolo por completo). El silencio se instaló por un momento, pesado con el agotamiento colectivo y la incertidumbre. Fue Kora quien lo rompió, como de costumbre.
"¿Y bien?" dijo, aplaudiendo una vez.
"El programador lisiado ha vuelto, el lagarto gigante tiene nuevo sofá... ¡Creo que eso merece una celebración! O al menos, una excusa para beber algo que no sea agua reciclada del Gremio. Tengo una botella de algo fuerte que 'encontré' en el último almacén que revisamos." Martín dudó. La idea de celebrar se sentía extraña, casi inapropiada después de la brutalidad de los últimos días, del dolor, de la pérdida de su brazo, del estado de Cero.
Pero entonces, un recuerdo fugaz lo asaltó: la última vez que habían compartido algo parecido a una comida relajada... ¿había sido antes de Karak Dhur? ¿Antes de Morthos, de la Astracita, del colapso? Había pasado tanto tiempo sumido en crisis tras crisis que la simple idea de sentarse juntos sin una amenaza inminente parecía un lujo olvidado. Quizás... quizás Kora tenía razón. Quizás lo necesitaban.
"De acuerdo," asintió Martín, sorprendiendo un poco a los demás y quizás a sí mismo.
"Pero nada demasiado fuerte para mí. Y la comida la pides tú, Kora. Algo grasiento y probablemente malo para la salud." La sonrisa de Kora fue depredadora.
"¡A la orden, jefe!" La "fiesta" resultante fue exactamente eso: improvisada, caótica y ruidosa. Comida grasienta de algún local de dudosa reputación del distrito inferior llegó en cajas térmicas. Kora descorchó su botella de líquido ambarino, que olía sospechosamente a combustible de cohete diluido. Thorian sacó una jarra de hidromiel enana que guardaba para emergencias ("Y créanme," gruñó, "vivir con ustedes es una emergencia constante").
Incluso Althaea se permitió una pequeña copa, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y vigilancia. Se sentaron en el suelo, usando cajas como mesas improvisadas, mientras Croko roncaba en el sofá. Hablaron, discutieron sobre la comida (Thorian insistía en que era "nutricionalmente deficiente y probablemente tóxica"), Kora contó una historia muy exagerada sobre cómo consiguió el alcohol, y por un rato, casi pareció normal. Casi. En medio del ruido y la camaradería forzada, Martín notó a Cero.
El niño se había deslizado silenciosamente desde su habitación y se había sentado en el suelo, un poco apartado del grupo principal, cerca de donde estaba Martín. Abrazaba sus rodillas contra el pecho, observando la interacción con esos ojos grises ahora infantiles, pero sin participar. En un momento, quizás imitando los gestos de los demás, Cero extendió una mano vacilante hacia una jarra de hidromiel vacía que descansaba sobre una caja cercana.
Sus pequeños dedos rozaron el frío cristal por un instante antes de retirarla bruscamente, como si no supiera qué se suponía que debía hacer con ella, o como si el objeto mismo fuera extraño y desconocido. Luego, su mirada se posó en un trozo de carne seca que Kora había dejado en su plato improvisado, ladeando la cabeza con la misma expresión de curiosidad desconectada. Cuando Martín cruzó su mirada con la del niño, Cero no apartó la vista esta vez.
Simplemente lo miró fijamente, sus ojos un lienzo en blanco donde Martín intentó proyectar alguna emoción: ¿miedo residual, tristeza profunda, el vacío del reformateo, o simplemente la observación desapegada de una mente alienígena atrapada en un cuerpo infantil? No lo sabía. La presencia silenciosa y profundamente ambigua del niño en medio de la ruidosa celebración proyectó una sombra inevitable sobre el frágil intento de normalidad del equipo.
La fiesta continuó a su alrededor, pero para Martín, el eco silencioso de la mirada de Cero era más fuerte que cualquier risa o brindis.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
Nhập môn