Chương 186: Capítulo 186 - Una Hora Afuera
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~39 phút đọc · Tạo 01/09/2026
I. La Calma Antes de la Petición Las semanas posteriores al tenso acuerdo sellado con Valerius se deslizaron en una cadencia inesperada de relativa normalidad, o lo más parecido a la normalidad que el Equipo C-734 podía experimentar. La Residencia 7-Alfa, antes escenario de supervisión y crisis, se había convertido en un hervidero de actividad contenida: recuperación, análisis y una convivencia forzada que empezaba a adquirir los extraños contornos de una rutina funcional.
Martín sentía la diferencia en cada músculo, en cada respiración. El agotamiento profundo que siguió a la confrontación con Roric y la posterior regeneración de su brazo derecho había ido remitiendo gradualmente. El brazo nuevo ya no se sentía tan ajeno; la piel había perdido parte de su aspecto translúcido y ganaba una tonalidad más natural, aunque las cicatrices finas donde se había unido al hombro seguían siendo visibles si se miraba de cerca.
La fuerza y la sensibilidad volvían poco a poco, un proceso lento que requería ejercicios constantes y dolorosos supervisados por una Althaea implacable pero atenta. El coste energético de la regeneración había sido brutal, dejándolo débil por días, pero ahora sentía cómo sus reservas se reponían, alimentadas quizás por la nueva estabilidad interna o simplemente por el tiempo y el descanso.
Ya no lo ocultaba; usar ambos brazos de nuevo era una necesidad práctica y un símbolo silencioso del cambio de poder que había forzado. Mentalmente, el "Canal" era su refugio y su herramienta. Había perfeccionado su uso, abriendo y cerrando la comunicación con las entidades según la necesidad. Podía silenciar el flujo constante de análisis del Arquitecto para pensar con claridad, o ignorar los gruñidos territoriales del Guardián cuando necesitaba paz.
Serena era su compañera constante en ese espacio, una presencia que ofrecía calma y perspectiva. Era un equilibrio delicado, que requería una vigilancia constante, pero le permitía funcionar, pensar, planificar. Esta nueva estabilidad, aunque frágil, repercutía en el equipo.
Thorian, con acceso a más datos y la promesa de recursos del Gremio, trabajaba febrilmente en los planos de la armadura "Guardián Filtrado", enfrascándose en discusiones técnicas con Martín que ahora involucraban simulaciones holográficas complejas y debates sobre la conductividad rúnica de aleaciones exóticas. La presencia de dos brazos funcionales en Martín facilitaba enormemente la colaboración en el taller improvisado.
Althaea, además de dirigir el entrenamiento físico del equipo (ahora más enfocado en la coordinación y la resistencia que en la simple supervivencia), pasaba tiempo estudiando los informes sobre el Culto y la Astracita que Valerius había empezado a filtrarles, buscando patrones, debilidades, conexiones con antiguas leyendas de su pueblo. Su balcón era un pequeño santuario verde, y su interacción con Cero seguía siendo paciente y observadora.
Kora, impredecible como siempre, parecía haber canalizado parte de su energía caótica en "optimizar" su propio equipo, a menudo "tomando prestadas" herramientas del taller de Thorian (lo que generaba las habituales discusiones llenas de insultos creativos) pero devolviéndolas (sorprendentemente) en buen estado. Su actitud hacia Martín había cambiado; el sarcasmo seguía ahí, pero había perdido el filo hostil, reemplazado por una especie de curiosidad burlona y una camaradería ruda.
Cero seguía siendo el elemento más silencioso y enigmático. Hablaba un poco más, construyendo frases simples, a menudo haciendo preguntas directas y lógicas que descolocaban a todos por su falta de contexto emocional. Su conexión con Croko se había profundizado; a veces se sentaban juntos en el sótano durante horas, el niño dibujando en su tableta mientras el lagarto dormitaba a su lado.
Ya no buscaba la proximidad constante de Martín, pero sus ojos grises seguían cada uno de sus movimientos cuando estaban en la misma habitación, una observación intensa pero ahora más curiosa que temerosa. Era una calma extraña, una calma de trabajo, de preparación. Sabían que la tregua con Valerius era pragmática, que las amenazas del Culto y Morthos seguían ahí fuera, creciendo en las sombras. Pero por primera vez, tenían espacio para respirar, para planificar, para fortalecerse.
Y fue en medio de esa calma laboriosa, una noche mientras meditaba antes de intentar dormir (una práctica que se había vuelto esencial para mantener el equilibrio interno), que Martín decidió que había llegado el momento. Su cuerpo estaba funcional. Su mente, estable. Había un pacto pendiente, una deuda que saldar con la fuerza primigenia que residía en él. Era hora de hablar con el Guardián y averiguar, finalmente, cuál era su precio. II.
La Deuda del Guardián El paisaje mental lo recibió con esa quietud ahora familiar, la ciudad devastada bajo un cielo tranquilo y grisáceo. Serena se manifestó casi de inmediato, su luz cálida una presencia reconfortante. Martín le dedicó un asentimiento mental de agradecimiento antes de enfocar su intención. Esta vez, no buscó al Guardián con provocación, sino con una calma deliberada, la misma que usaría para iniciar una negociación tensa pero necesaria.
Proyectó su voluntad hacia el núcleo de energía roja que ahora ardía con una intensidad contenida en su lugar habitual, ya no un rescoldo, sino una llama constante y vigilante. <Guardián. > La llamada fue clara, sin hostilidad, pero con una autoridad implícita. <Estoy recuperado. El brazo está funcional. > Flexionó mentalmente el brazo recién formado, una demostración silenciosa. <Cumplí mi parte del trato implícito en la cámara. Sobreviví. Me recuperé. Ahora te toca a ti.
Hablamos de tu precio, de lo que quieres a cambio de tu cooperación, de tu contención. > La energía roja del Guardián pulsó con fuerza, una oleada de poder primigenio recorrió el espacio mental. Pero no hubo rugido de furia, sino una respuesta directa, casi... impaciente, transmitida no en palabras, sino en conceptos puros y viscerales que Serena ayudó a Martín a traducir. <¡Afuera! > La demanda era simple, brutalmente directa. <¡Sentir! ¡Tocar! ¡Oler! ¡No solo ver a través de tus ojos débiles, humano!
¡No solo sentir el eco de tus emociones filtradas! ¡Quiero... interactuar! ¡Agarrar! ¡Romper... no, sentir la textura! ¡El viento! ¡El sol! ¡La tierra bajo los pies! > La oleada de sensaciones proyectadas era abrumadora: el deseo crudo de experimentar el mundo físico de forma directa, sin intermediarios. <Quiero... controlar. Por un tiempo. Sentir lo que tú sientes, pero... directamente. > Martín se quedó mentalmente paralizado por un instante, la petición era tan inesperada, tan... extraña. <¿Controlar?
> repitió, la alarma comenzando a sonar en su interior. <¿Quieres... poseerme de nuevo? ¿Como en Tarnak? ¿Olvidaste cómo terminó eso? > La idea de ceder el control voluntariamente a esa fuerza de furia primigenia era impensable. Antes de que el Guardián pudiera responder –quizás con un rugido de frustración o una aclaración–, otra presencia se interpuso, fría y precisa. El Arquitecto.
<Análisis de la propuesta de la Entidad Guardián: Solicitud de acceso temporal a la interfaz motora y sensorial primaria del contenedor para adquisición de datos experienciales directos, > intervino el Arquitecto, su "voz" tan desapasionada como siempre. <Objetivo declarado: Correlación de estímulos externos con respuestas internas no mediadas por la percepción subjetiva del contenedor. Se propone un protocolo de transferencia de control supervisado y limitado en tiempo para mitigar riesgos.
> Martín sintió que la cabeza le daba vueltas. ¿Ahora el Arquitecto también? <¿Propuesta de optimización sensorial directa? ¿Estás de acuerdo con esto? > <La adquisición de datos directos del entorno físico a través de la interfaz del contenedor presenta una oportunidad única para validar y expandir modelos teóricos sobre la interacción entre conciencia energética y realidad material, > respondió el Arquitecto con su lógica implacable. <Un experimento controlado con parámetros definidos.
> Y entonces, la luz cálida de Serena se intensificó, uniéndose a la conversación. <Martín, > su esencia era suave, comprensiva, pero con una nota de... ¿expectación? <Es algo que hemos... discutido internamente, las tres presencias. Una forma de... entendernos mejor. De comprender tu mundo, tu realidad física, las sensaciones que te definen como ser vivo, de una manera que la simple observación a través de ti no permite.
Y quizás, > añadió con delicadeza, <al experimentar directamente, podamos encontrar una mejor forma de coexistir contigo, de alinear nuestros... impulsos con tu bienestar. > La revelación lo golpeó con fuerza. No era solo el Guardián queriendo "sentir el viento". Era una petición colectiva. El instinto primario, la lógica fría y la empatía creadora, las tres facetas de su ser fracturado, querían lo mismo: salir. Experimentar el mundo a través de sus manos, de sus ojos, de su cuerpo.
La idea era a la vez fascinante y aterradora hasta la médula. ¿Podía confiarles su cuerpo, aunque fuera por un instante? ¿Qué pasaría si el Guardián perdía el control? ¿Qué "datos" querría adquirir el Arquitecto? ¿Y qué buscaba realmente Serena en esa experiencia? III. Negociación Interna y Externa Un torbellino de pensamientos y emociones contradictorias asaltó a Martín. La petición era una locura. Ceder el control de su cuerpo, voluntariamente, a las entidades que apenas lograba contener...
era invitar al desastre. Recordó el terror ciego de la posesión en Tarnak, la sensación de ser un pasajero impotente en su propia piel mientras el Guardián desataba su furia. Y el Arquitecto... ¿qué "experimento" realizaría si tuviera acceso directo a sus nervios, a sus músculos? La idea de esa inteligencia fría y alienígena manipulando su forma física era profundamente perturbadora. Incluso Serena... aunque confiaba en ella más que en los otros dos, ¿qué significaría para ella "experimentar" a través de él?
<Están locos, > proyectó Martín, la incredulidad tiñendo su tono mental. <¿Tienen idea del riesgo? ¿Guardián, de verdad crees que puedes 'sentir la textura' sin pulverizar lo que toques? ¿Arquitecto, tu 'adquisición de datos' no terminará conmigo diseccionado en una mesa invisible mientras analizas mi sistema nervioso? > Se volvió hacia Serena. <¿Y tú, Serena? ¿Entiendes lo que piden? Es... es mi cuerpo. Mi vida. > <Los riesgos son calculados y mitigables, > intervino el Arquitecto con frialdad.
<El protocolo propuesto incluye limitadores de potencia para la Entidad Guardián y restricciones éticas autoimpuestas para la adquisición de datos. Además, la capacidad del contenedor para interrumpir la conexión en cualquier momento actúa como salvaguarda principal. > <¡No romperé... mucho! > gruñó el Guardián, la promesa sonando poco convincente incluso en el plano mental. <Solo quiero... sentir. El sol. La lluvia. La fuerza en estos músculos. > Hubo una extraña nota de anhelo en su furia habitual.
<Martín, > la esencia de Serena era seria, empática. <Comprendo tu miedo. Es válido. Pero también veo una oportunidad. Una oportunidad para que ellos te entiendan a un nivel fundamental. Para que comprendan las limitaciones y las alegrías de la existencia física que tú experimentas cada día. Quizás, solo quizás, esta experiencia podría ser la clave para una coexistencia más armoniosa, menos conflictiva. Podría enseñarles el valor de lo que tú proteges. > Martín sopesó sus palabras. ¿Armonía? ¿Entendimiento?
¿O era una ilusión, una justificación para un deseo peligroso? Miró las presencias a su alrededor: la llama roja contenida, la estructura lógica y fría, la luz cálida y empática. Tres partes de un todo fracturado, pidiéndole las llaves del coche. Unauthorized use of content: if you find this story on Amazon, report the violation. Suspiró mentalmente, una sensación de agotamiento profundo invadiéndolo. Esta carga era demasiado pesada para llevarla solo. Había aprendido esa lección de la manera más difícil.
<Esto es... demasiado grande, > proyectó finalmente, su decisión tomando forma. <Demasiado arriesgado. No puedo decidir esto solo. Mi equipo... Althaea, Thorian, Kora... ellos también viven aquí. Sus vidas estarían en peligro si algo sale mal, si pierdo el control o si alguno de ustedes decide 'improvisar'. > Las protestas internas fueron inmediatas. <¡Inaceptable! > rugió el Guardián. <¡Consultar a unidades biológicas secundarias sobre protocolos internos del contenedor! ¡Debilidad!
> <Análisis de riesgo indica que la introducción de variables emocionales externas y opiniones no calificadas aumentará la probabilidad de rechazo del protocolo de adquisición de datos en un 73. 4%. No es eficiente, > declaró el Arquitecto. <Martín, ellos confían en ti. Tu decisión... > empezó Serena, pero Martín la interrumpió. <No. Mi decisión es que ellos también tienen voz en esto, > afirmó con una firmeza que silenció las protestas.
<Si ellos no están de acuerdo, si no confían en que esto es seguro o necesario, entonces no hay trato. Punto. > Sintió la resistencia de las entidades, la incredulidad ante su insistencia en involucrar a los "externos". <Pero, > añadió, ofreciendo una concesión, <les daré la oportunidad de argumentar su caso. Abriré el Canal durante la conversación. Podrán escuchar sus preocupaciones y responder directamente. Demuéstrenles a ellos que se puede confiar en ustedes.
> Hubo un silencio cargado mientras las entidades procesaban la condición innegociable. Finalmente, sintió una aceptación renuente: el Guardián con un gruñido de frustración, el Arquitecto con un pulso lógico de "parámetro aceptado bajo protesta", y Serena con una oleada de aprobación cautelosa. <Bien, > dijo Martín. <Entonces, prepárense. Vamos a tener una reunión familiar muy, muy extraña.
> Se preparó para salir de la meditación, llevando consigo el peso de la increíble petición y la certeza de que la conversación que estaba a punto de tener con su equipo sería, como mínimo, explosiva. IV. Debate y Condiciones Martín salió de la meditación con la sensación de haber estado negociando con tres fuerzas de la naturaleza distintas, cada una con sus propios deseos y lógicas incomprensibles. Se sentía mentalmente agotado, pero la decisión estaba tomada.
Reunió al equipo en la sala común, la misma donde días atrás habían celebrado su regreso con dulces y alcohol barato. La atmósfera ahora era diferente, tensa por la convocatoria inesperada. Althaea, Thorian y Kora lo miraban expectantes. Incluso Cero, sentado en el suelo dibujando en su tableta, levantó la vista con silenciosa curiosidad. Croko roncaba plácidamente en su rincón habitual, ajeno al drama inminente. Martín respiró hondo. No había forma fácil de decir esto.
"Bien," empezó, tratando de mantener un tono calmado y neutral.
"Acabo de tener una... conversación. Con las otras partes de mí. Con el Guardián, el Arquitecto y Serena." Vio cómo se tensaban Althaea y Thorian. Kora arqueó una ceja con interés morboso.
"Resulta," continuó Martín, "que tienen una petición. Colectiva." Hizo una pausa, buscando las palabras.
"Quieren... experimentar el mundo exterior. Directamente. A través de mí." El silencio que siguió fue tan denso que Martín casi pudo oír los engranajes girando en la cabeza de Thorian y las alarmas sonando en la de Althaea. Fue Kora, como era de esperar, quien rompió el hielo con una explosión.
"¿¡QUÉ!?" gritó, poniéndose en pie de un salto.
"¿Pero tú estás completamente loco, programador!? ¿Acabas de salir del taller de reparaciones y ya quieres dejar que Hulk Rojo y el Doctor Frankenstein jueguen a las marionetas con tu cuerpo? ¿¡Has perdido el juicio!?"
"¡Kora, cálmate!" intervino Althaea, aunque su propia expresión era de profunda alarma. Miró a Martín.
"¿Estás hablando en serio? ¿Quieren... tomar el control?"
"Temporalmente," matizó Martín rápidamente.
"Bajo supervisión. Con límites. Es... complicado."
"¡Complicado es un eufemismo!" espetó Thorian, golpeando la mesa con el puño.
"¡Es tácticamente demencial! ¡Ingenierilmente inviable! ¡El riesgo de daño estructural al contenedor –¡tú! – o a la propiedad circundante es inaceptable! ¡Ni hablar de la posible pérdida de control permanente o la corrupción de tus sistemas neuronales!"
"Entiendo sus preocupaciones," dijo Martín, levantando una mano para pedir calma.
"Son las mismas que yo tengo. Por eso les dije que no aceptaría nada sin su acuerdo." Miró a cada uno de ellos.
"Pero también quieren que escuchen sus argumentos. Les ofrecí... abrir el Canal para que puedan hablar directamente." La idea fue recibida con miradas de horror e incredulidad.
"¿Abrir... tu cabeza... a ellos... para que discutan con nosotros?" Kora parecía dividida entre el pánico y una fascinación malsana.
"Es la única forma de que esto sea transparente," insistió Martín.
"Prepárense." Cerró los ojos por un instante, concentrándose. Abrió el Canal, no completamente, sino como una línea de conferencia mental, permitiendo que las esencias de las entidades se proyectaran débilmente hacia el exterior, perceptibles para aquellos sensibles a la energía (como Althaea y quizás Kora con su ojo rúnico) y audibles como voces mentales superpuestas para todos en la proximidad de Martín. La atmósfera cambió al instante.
Una oleada de frío calculador (Arquitecto), una vibración de poder rojo contenido (Guardián) y un resplandor de empatía cálida (Serena) llenaron sutilmente la habitación. <Unidades biológicas C-734 Alfa, Bravo y Delta, > empezó la voz mental y sin inflexiones del Arquitecto. <La propuesta de adquisición de datos sensoriales directos ha sido evaluada con un factor de riesgo aceptable bajo los protocolos de seguridad establecidos por el contenedor primario.
La eficiencia del sistema contenedor-entidad aumentará mediante la comprensión empírica del entorno operativo. >"¡Eficiencia mis barbas!" replicó Thorian.
"¡Lo que aumentará es la probabilidad de que provoques un cortocircuito mágico que nos fría a todos!" <¡Silencio, enano herrero! > rugió la presencia mental del Guardián, una oleada de impaciencia roja. <¡Solo queremos sentir! ¡Un poco! ¡Prometo no romper... demasiado! ¡Es necesario para entender la debilidad de este mundo! >"¿'No romper demasiado'?" Kora bufó.
"¡Eso viniendo del tipo que probablemente usa montañas como saco de boxeo! ¡No me jodas!" <Kora, Thorian, por favor, > intervino la esencia calmante de Serena, tratando de suavizar las asperezas. <Comprendemos sus miedos. Son legítimos. Pero piensen en el potencial. Si podemos entender mejor el mundo de Martín, sus sensaciones, sus límites... quizás podamos colaborar de forma más segura, más controlada. Podríamos anticipar mejor sus necesidades, ofrecer apoyo en lugar de solo reaccionar a las crisis.
> Se dirigió a Althaea directamente. <Althaea, tú que entiendes el equilibrio, ¿no ves el valor en que todas las partes de un ser comprendan la totalidad de su existencia? > Althaea la miró fijamente, su rostro una máscara de concentración.
"Entiendo el valor del equilibrio, Serena. Pero también entiendo el peligro del caos desatado. Hemos visto lo que el Guardián puede hacer. Hemos sentido la frialdad del Arquitecto. Confío en Martín para contenerlos, pero ¿confío en ellos si tienen las riendas, aunque sea por una hora?" Su mirada se posó en Martín.
"El riesgo es demasiado alto." El debate continuó, tenso y caótico. Argumentos lógicos contra preocupaciones de seguridad. Promesas instintivas contra desconfianza arraigada. Apelaciones empáticas contra pragmatismo protector. Martín dejó que fluyera, sintiendo las emociones encontradas de su equipo y la frustración creciente de las entidades al no poder convencerlos fácilmente. Finalmente, cuando pareció que el debate entraba en un bucle sin salida, Martín levantó la mano de nuevo.
Cerró el Canal momentáneamente, cortando la conexión directa con las entidades. El silencio que cayó fue un alivio.
"Basta," dijo, su voz tranquila pero firme. Miró a su equipo.
"Entiendo sus miedos. Los comparto. Son válidos." Hizo una pausa, reuniendo su resolución.
"Pero también creo... que necesito hacer esto. Necesito entenderlos mejor. Y quizás, solo quizás, ellos necesitan entenderme a mí, entender esto," hizo un gesto hacia el mundo que los rodeaba, "para que podamos dejar de luchar entre nosotros y empezar a luchar juntos contra lo que sea que venga." Volvió a abrir el Canal, esta vez solo para transmitir su decisión final. <He tomado una decisión. Acepto la propuesta. Pero será bajo mis términos. Mis condiciones. Estrictas e innegociables.
> Proyectó las condiciones con claridad mental: <Cero daño. A nadie. Ni a mí mismo, ni a mi equipo, ni a ningún inocente. Ni siquiera a una silla, Guardián, si puedes evitarlo. > <Nada de energía arcana. Sin demostraciones de poder, sin fluctuaciones detectables. Serán simples pasajeros sensoriales. > <Yo permanezco consciente. En segundo plano, observando. Con capacidad de veto instantáneo. Si siento la más mínima desviación, el más mínimo intento de violar las reglas o perder el control, corto la conexión.
Inmediatamente. Sin aviso. > <Tiempo limitado. Una hora por entidad. Ni un segundo más. Una vez al mes, como máximo. Y solo, repito, SOLO, cuando tengamos tiempo libre confirmado, sin misiones pendientes, sin estrés ambiental. Nada de 'sentir el fragor de la batalla'. > Esperó la respuesta, sintiendo la tensión de las tres entidades procesando las estrictas limitaciones. <¿Trato? > preguntó finalmente, su voluntad un muro inamovible. V.
Aceptación Renuente y Futuro Inmediato El silencio mental que siguió a la exposición de las condiciones de Martín fue pesado, cargado con la deliberación de tres conciencias muy diferentes. Podía sentir sus reacciones individuales como corrientes subterráneas. El Guardián fue el primero en estallar, aunque la furia estaba teñida de una frustración casi infantil. <¡Restricciones! ¡Limitaciones! ¡Una hora! ¡Una vez al mes! ¡Y sin romper nada! ¡Es ridículo! ¡Condiciones de cachorro enjaulado!
¿Qué se supone que 'sienta' en una hora sin poder usar la fuerza?! ¡Aburrido! > Martín proyectó una imagen mental: la suya, mirándolo fijamente con una ceja levantada y su brazo recién regenerado cruzado sobre el pecho. El mensaje era claro: 'Estas son las reglas. Tómalas o déjalas'. El Guardián pareció captarlo, su energía roja fluctuando antes de retirarse a un estado de protesta silenciosa y resentida.
Luego vino el Arquitecto, su respuesta tan clínica como siempre, pero con un matiz de análisis de costo-beneficio. <Evaluación de los parámetros impuestos por el contenedor: Protocolo altamente restrictivo. La ventana de adquisición de datos se reduce en un estimado del 68. 7% respecto a la propuesta inicial. La prohibición de manifestación energética limita severamente la capacidad de análisis interactivo del entorno. > Hizo una pausa lógica.
<Sin embargo, el riesgo proyectado para la integridad estructural y cognitiva del contenedor se minimiza a niveles aceptables (inferiores al 3%). La capacidad de veto del contenedor añade una capa de seguridad redundante. Conclusión: Protocolo subóptimo para la adquisición de datos, pero aceptable como iteración inicial dentro de los parámetros de riesgo establecidos por el contenedor. > Era su forma encriptada de decir "No me gusta, pero me sirve más que nada". Finalmente, Serena.
Su presencia cálida envolvió la de Martín. <Acepto tus condiciones, corazón. Comprendo tus miedos y los de tu equipo. La confianza debe construirse paso a paso. Una hora será... suficiente para empezar a entender. Gracias por esta oportunidad. > Con Serena a bordo y el Arquitecto aceptando lógicamente, la presión recayó sobre el Guardián. Tras un último pulso de energía resentida, Martín sintió su aceptación hosca y a regañadientes. El trato estaba hecho.
Martín sintió una extraña mezcla de triunfo precario y una profunda, casi nauseabunda, aprensión. Acababa de aceptar voluntariamente ceder el control de su cuerpo, su única posesión real en este universo, a las fuerzas caóticas que apenas lograba contener. Cerró los ojos mentales por un instante, una punzada de duda recorriéndolo. <Sé que estoy entregando las llaves de la jaula, aunque sea por una hora y con mil cerraduras puestas.
Solo espero, por todos los dioses que no existen, que no olviden quién sigue teniendo la maldita llave maestra. > Abrió los ojos físicos, encontrándose con las miradas tensas y expectantes de Althaea, Thorian y Kora. Respiró hondo. <Bien, > proyectó hacia las entidades. <Entonces, está decidido. Empezaremos mañana. Tendrán una hora cada uno. Decidan ustedes el orden, no me importa. Pero las reglas se cumplen al pie de la letra. Al primer indicio de problemas, se acabó.
> Cerró el Canal definitivamente, sintiendo el clic mental que lo aislaba de nuevo. El agotamiento de la negociación interna lo golpeó con fuerza. Se apoyó en el respaldo de su silla, mirando a su equipo. Sus rostros eran un estudio de preocupación (Althaea), desaprobación técnica (Thorian) e incredulidad temerosa (Kora). Levantó su mano izquierda en un gesto cansado.
"Bueno," dijo, intentando una sonrisa que probablemente parecía más una mueca.
"Trato hecho. Mañana... tendremos visita." Hizo una pausa, el humor negro volviendo a él.
"¿Qué es lo peor que podría pasar?" Nadie respondió. El silencio en la sala estaba cargado con la respuesta implícita a esa pregunta retórica. Lo peor que podía pasar era, francamente, inimaginable. Y estaba a punto de ocurrir al día siguiente.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
Nhập môn