Chương 203: Capítulo 203 - El Juego Roto
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~31 phút đọc · Tạo 01/09/2026
I. Activación del Escenario Hostil La puerta iris se cerró detrás de ellos con un chasquido neumático pesado y definitivo, sumiendo la vasta cámara de simulación Sigma-7 en un silencio expectante. La luz ambiental, antes blanca y clínica, cambió a un azul operativo tenue, proyectando largas sombras desde los pocos pilares estructurales visibles en el espacio vacío. El bajo zumbido de los sistemas mantenía una nota constante, como una bestia tecnológica conteniendo la respiración.
"Bien," murmuró Kora, ajustando el peso de la ballesta en su espalda.
"Que empiece la fiesta de la 'evaluación'. ¿Apuestas sobre cuánto tardan en intentar matarnos 'simuladamente'?" Antes de que nadie pudiera responder, el suelo bajo sus pies vibró. Los proyectores holográficos en el techo cobraron vida, no con la transición suave y controlada que uno esperaría de una tecnología tan avanzada, sino con una serie de parpadeos erráticos.
Imágenes de edificios derruidos y calles destrozadas comenzaron a materializarse a su alrededor, formando el escenario prometido de una "Zona Urbana Colapsada". Pero la simulación era... defectuosa. Las texturas parpadeaban, mostrando brevemente la pared metálica real detrás de la ilusión de ladrillos rotos. Edificios enteros parecían superponerse por un instante antes de encajar en su lugar con un desagradable efecto de solape visual.
Y en el cielo digital que se formaba sobre ellos, un cielo tormentoso y artificial, por una fracción de segundo aterradora, una forma colosal y oscura, vagamente humanoide pero con demasiados ángulos rotos, pareció dibujarse entre las nubes de tormenta antes de disolverse en una cascada de píxeles muertos y estática.
"¿Soy yo o esta mierda está más rota que mis guanteletes viejos?" soltó Kora, entrecerrando los ojos hacia el techo parpadeante.
"Los protocolos de inicio son inestables," confirmó Thorian, sus dedos ya volando sobre los sensores de su brazalete.
"Fluctuaciones energéticas anómalas en los proyectores del sector 3 al 7." Martín activó su visión de código, y lo que vio confirmó la sensación de error deliberado. El código del entorno era un desastre parcheado, lleno de comentarios eliminados y anulaciones forzadas. Y lo más inquietante: no había ninguna de las barreras de sistema habituales, ni los delimitadores de zona seguros que definían los límites de cualquier simulación controlada.
Era como si alguien hubiera desactivado todas las vallas de seguridad de un zoológico de depredadores. Antes de que pudieran procesar completamente la implicación de un entorno de simulación sin límites, la amenaza se materializó. No desde puntos de aparición designados. No con la fanfarria de una entrada programada. Simplemente... aparecieron. Figuras oscuras surgiendo de las sombras más profundas de las ruinas holográficas que aún no habían terminado de renderizarse por completo.
Se movían con una solidez inquietante, sus botas haciendo ruido sobre la rejilla metálica real bajo la fina capa de escombros proyectados. No eran siluetas vagas; vestían uniformes tácticos oscuros y ajustados, y las armas que levantaban no brillaban con la luz inocua de los simuladores de entrenamiento. Eran rifles de pulso compactos y pistolas de energía con cañones que parecían peligrosamente funcionales. El ataque fue instantáneo. No hubo advertencia verbal, ni postura de desafío.
Solo una andanada coordinada de disparos de energía azul blanquecino que cruzaron el espacio hacia ellos, el aire vibrando con el sonido agudo y penetrante de armas reales, no simuladas. La "evaluación" había comenzado. O más bien, la emboscada. Y la primera regla – "no letalidad simulada" – acababa de hacerse añicos junto con la ilusión de control. II.
Respuesta Potenciada El instinto, afilado por semanas de entrenamiento brutal y meses de supervivencia precaria, tomó el control antes de que el shock pudiera paralizarlos. El equipo C-734 reaccionó no como sujetos de evaluación, sino como veteranos acorralados.
"¡Contacto! ¡Fuego real!" gritó Martín, su voz resonando con una mezcla de alarma y confirmación sombría mientras se agachaba instintivamente detrás de un pilar holográfico que ofrecía una cobertura ilusoria pero vital contra los primeros disparos. La nueva armadura "Guardián Filtrado" absorbió la energía residual de un disparo que pasó rozando, un zumbido bajo recorriendo el metal. Kora fue la primera en devolver el fuego, no con su ballesta aún, sino con sus guanteletes MK-II.
Se lanzó hacia un lado, esquivando un pulso de energía, y levantó el antebrazo para bloquear otro. Sintió la nueva runa cinética absorber el impacto con una eficiencia asombrosa, una sensación de poder contenido en lugar de dolor reverberante. Con un gruñido de satisfacción salvaje, canalizó esa energía acumulada y la descargó con un golpe de palma abierta hacia el agente enmascarado más cercano. La explosión de fuerza cinética fue mucho más potente y enfocada que nada de lo que había logrado antes.
No fue una onda expansiva caótica, sino un ariete invisible. El agente salió despedido hacia atrás como una muñeca de trapo, golpeando una sección de pared holográfica que parpadeó y se desvaneció revelando el metal sólido detrás. El impacto fue brutal, acompañado por un nauseabundo crujido de huesos y un grito gutural que se cortó abruptamente. El cuerpo cayó al suelo en un ángulo antinatural, inmóvil.
Y donde su cabeza había golpeado el metal, una mancha húmeda y oscura comenzó a extenderse lentamente, inconfundiblemente escarlata bajo la luz de emergencia roja. Althaea se movía como una sombra alargada entre las ruinas parpadeantes. Activó el núcleo en su cinturón, y la lanza de energía cobró vida en su mano, su luz verdosa un contraste vibrante contra la penumbra roja. Esquivó un disparo agachándose y, usando el impulso, se lanzó hacia adelante, la punta de la lanza dirigida al pecho de otro atacante.
El golpe conectó. Sintió la armadura táctica ceder y, detrás, carne y hueso. Por una fracción de segundo, el núcleo del arma vibró con un rechazo extraño, una resistencia ética a convertirse en herramienta de asesinato. La sensación la desconcertó, pero no detuvo su movimiento. Retiró la lanza mientras el agente se desplomaba con un estertor húmedo. Martín, agachado, barrió a los caídos con su visión de código. Firmas biológicas. Signaturas de trajes y armas apagándose. Nada más.
"Confirmado," dijo por el comunicador interno, la voz tensa.
"Firmas biológicas. Cero datos de simulación." La primera oleada había caído. El aire ya no olía a ozono de proyectores. III. Confirmación Hostil y Jaula Tecnológica Apenas habían tenido tiempo de asimilar la sangrienta realidad de la primera oleada cuando la confirmación final de la trampa llegó de múltiples frentes.
"¡Lecturas vitales confirmadas en todos los caídos!" La voz de Thorian sonó tensa por el comunicador interno, sus dedos volando sobre los sensores de su brazalete. Estaba agachado detrás de una sección derrumbada de pared holográfica que ofrecía una cobertura precaria.
"Y su armamento... es Gremio estándar, sí, pero con modificaciones no autorizadas. Amplificadores de potencia, supresores de signatura... ¡Esto es equipo de operaciones encubiertas, no de simulación! ¡No son simulaciones! ¡Son agentes vivos, equipo letal!" Sus palabras resonaron en el silencio momentáneo que siguió a la caída del último atacante. En ese preciso instante, como si respondiera a una señal preestablecida, la instalación reaccionó.
Un zumbido agudo y penetrante llenó el aire, subiendo rápidamente de tono hasta volverse casi doloroso, como el chirrido de metal torturado a nivel molecular. Duró apenas un segundo, pero fue suficiente para ponerles los pelos de punta. Inmediatamente después, un pesado chasquido eléctrico resonó desde las paredes y el techo. Las luces principales de la cámara de simulación parpadearon violentamente y se apagaron.
La oscuridad fue total por un instante antes de que los sistemas de emergencia se activaran, bañando el vasto espacio en una inquietante y pulsante luz roja que hacía que las sombras danzaran y las manchas de sangre parecieran aún más oscuras.
"¡Comunicaciones externas cortadas!" anunció Thorian casi al mismo tiempo, golpeando su brazalete con frustración.
"Interferencia de amplio espectro. Estoy completamente aislado." Martín intentó acceder a la red del Gremio a través de su propia interfaz mental, buscando una conexión de emergencia, una señal de Valerius, cualquier cosa. Solo encontró estática, un muro de ruido blanco digital y arcano.
Pero entonces, por una fracción de segundo antes de que el bloqueo fuera total, un mensaje fragmentado parpadeó en su visor interno, superponiéndose a la estática: The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident. <ALERTA: Malfunción crítica sistema Sigma-7. Evaluación suspendida. EQUIPO DE RESPUE$@&>## en cam#^%. Permanezcan en área. PROTOCOLO GAMMA ANULADO. AUTORIZACIÓN OMEGA PARCIAL ACTI—> El mensaje se cortó abruptamente.
"¿Omega?" murmuró Martín, un escalofrío recorriéndole a pesar del calor residual de la lucha. <¡Martín! > La esencia de Serena llegó a través del Canal, tensa, alerta. <El bloqueo... la interferencia... es externa y total. Intento forzar un canal de emergencia... pero la señal... es extraña. Recibo... un eco fractal, muy distorsionado. > Hubo una pausa, y la sensación de Serena se tiñó de una profunda inquietud. <No es una interferencia tecnológica estándar del Gremio. La estructura...
la forma en que rompe la conexión... me resulta familiar. Recuerda a ciertas... disonancias cognitivas que percibí en Cero cuando estaba... alterado. Es como si algo estuviera imponiendo su propia lógica rota sobre la red. > Antes de que pudieran siquiera empezar a procesar esa nueva y aterradora implicación, el movimiento en las sombras recompuso su atención.
Desde múltiples puntos elevados en las ruinas holográficas – pasarelas que no estaban allí hacía un momento, ventanas rotas que ahora albergaban siluetas – y desde puertas de acceso que se abrían silenciosamente en las paredes reales de la cámara, emergieron más figuras. Más agentes enmascarados. Esta vez, se movían con una coordinación táctica evidente, formando un perímetro, cubriendo ángulos, claramente con la intención de rodearlos y neutralizarlos.
Algunos portaban rifles de pulso, pero otros desplegaban armas diferentes: lanzadores de redes energéticas, granadas de gas aturdidor, y lo que parecían ser rifles sónicos diseñados para incapacitar. La fachada de una evaluación fallida se había evaporado por completo. Ya no había duda. Estaban atrapados en una jaula tecnológica, aislados del exterior, y enfrentándose a un enemigo coordinado y bien equipado que operaba desde dentro del propio Gremio.
La verdadera prueba acababa de comenzar, y las reglas eran simples: sobrevivir. IV. Lucha por la Supervivencia La penumbra roja y las luces estroboscópicas de emergencia convertían la vasta cámara de simulación en un infierno caótico. Las ruinas holográficas parpadeantes ofrecían una cobertura poco fiable, sus texturas digitales luchando contra la realidad de los disparos de energía que las atravesaban o impactaban contra las paredes metálicas reales con chispas cegadoras.
"¡Formación defensiva Delta! ¡Thorian, cobertura de fuego sector norte! ¡Kora, flanco izquierdo, supresión! ¡Althaea, conmigo, móvil!" La voz de Martín, amplificada por el comunicador interno del equipo y anclada por la calma forzada que le había enseñado Varr, cortó el caos inicial. Ya no había tiempo para preguntas ni dudas, solo para la acción coordinada. La lucha fue brutal. Los agentes de la facción interna eran profesionales.
Se movían en escuadras, utilizando tácticas de asalto coordinadas, intentando flanquearlos, separarlos y abrumarlos con fuego cruzado y armas incapacitantes. Thorian se convirtió en un bastión enano.
Agachado tras un bloque de hormigón holográfico que, milagrosamente, parecía coincidir con una estructura real sólida debajo, usó un escudo de energía personal modificado que proyectaba desde su brazalete para absorber los disparos mientras respondía con ráfagas precisas de un rifle de energía compacto que siempre llevaba consigo. Sus gritos en Khazalid eran maldiciones y análisis tácticos a partes iguales, identificando puntos débiles en las formaciones enemigas. Kora era un torbellino de destrucción contenida.
Usando los pilares y escombros como cobertura intermitente, alternaba entre su ballesta pesada – disparando virotes sónicos que desorientaban a grupos enteros de enemigos – y sus guanteletes MK-II. Recibió un impacto directo de una red energética que la habría inmovilizado antes; ahora, sintió cómo las runas cinéticas absorbían la mayor parte del choque.
Con un rugido de furia, canalizó esa energía y la de un disparo de pulso que bloqueó un segundo después, y desató una onda de choque cinética que barrió a tres agentes cercanos, estrellándolos contra el suelo. Althaea era una danza letal en las sombras. Cambió el núcleo de su arma al modo espada/escudo por primera vez bajo fuego real. La transición fue más rápida, más instintiva que en las pruebas.
Una hoja corta y curva de energía verdosa crepitó en su mano derecha, mientras un escudo translúcido del mismo tono cubría su antebrazo izquierdo. Se movía con una agilidad felina increíble gracias a su nuevo equipo, apareciendo y desapareciendo entre las ruinas parpadeantes, desviando disparos con el escudo, realizando cortes rápidos y precisos con la espada de energía para incapacitar a los agentes que intentaban flanquear a Martín o Thorian.
Martín intentaba mantener la visión general, coordinando los movimientos del equipo mientras se defendía. Su armadura "Guardián Filtrado" demostró su valía, absorbiendo varios impactos directos que lo habrían herido gravemente. En un momento, un agente especialmente pesado lo embistió, golpeándolo con la culata de su rifle. El impacto fue brutal.
Martín sintió cómo las placas de refuerzo del modo overdrive parpadeaban y se desplegaban parcialmente por una fracción de segundo – una activación reactiva, tal como Thorian había descrito – antes de retraerse. El golpe lo dejó sin aliento, pero la armadura aguantó. Sin embargo, la activación momentánea vino con un coste: su visión se fragmentó por un instante, superponiéndose con estática visual, y oyó un susurro roto en su mente, una mezcla de voces o datos corruptos: <Consulta_Aceptada>... desfase temporal...
[RECONFIGURANDO PARÁMETROS VITALES]... <¿Cero... estás... respondiendo? > <[ERROR: Sujeto no identificado. No_es_Cero.]> La conexión se cortó tan rápido como había aparecido, dejándolo con un escalofrío y la inquietante sensación de que algo, o alguien, lo observaba desde esa "línea muerta" del sistema. Lograron neutralizar a una docena de atacantes, quizás más. Los cuerpos – reales, sangrantes – yacían esparcidos entre los escombros holográficos. Pero el enemigo no cejaba.
Parecían tener un conocimiento íntimo de la disposición de la cámara y utilizaban las propias proyecciones holográficas para ocultar sus movimientos. Uno de los agentes, quizás un líder de escuadra, cayó cerca de Kora tras un disparo bien colocado de Thorian que le perforó el blindaje del pecho. Mientras agonizaba, sus ojos encontraron los de Kora a través de la visera rota de su casco, y murmuró palabras entrecortadas, casi inaudibles por encima del ruido del combate: "Protocolo Zeta... comprometido...
C-734 inesperadamente... resistente... iniciar... re-síntesis... Ome–" Un último espasmo lo silenció.
"¿Re-síntesis Omega?" Kora repitió la palabra, una alarma sonando en su memoria fragmentada del Proyecto Quimera. Miró al agente muerto, luego a los otros que seguían presionando el ataque. La furia, siempre latente en ella, hervía. Se lanzó sobre otro agente que Althaea acababa de derribar con un barrido de su escudo de energía. Antes de que pudiera reaccionar, Kora le arrancó la máscara de la cara con un tirón violento. El rostro debajo la dejó helada.
No era un rostro endurecido de mercenario, ni la cara fanática de un cultista. Era un rostro humano, joven, casi imberbe, con los ojos abiertos por el shock y el dolor. Y en la piel tensa de su cuello, bajo la línea de la mandíbula, un pequeño tatuaje apenas visible pero inconfundible: el símbolo estilizado de un grifo dentro de un escudo hexagonal. La insignia de una de las unidades de Seguridad Interna de élite del Alto Gremio. Kora se quedó mirando el tatuaje, luego el rostro asustado del joven soldado.
La comprensión la golpeó con la fuerza de sus propios guanteletazos, fría y nauseabunda. Estos no eran enemigos externos que se habían infiltrado. No eran cultistas disfrazados. Eran ellos. Eran el Gremio. Se levantó lentamente, su mirada barriendo a los otros atacantes que seguían disparando, sus uniformes tácticos ahora revelando sutiles insignias del Gremio bajo la luz roja parpadeante. Miró a Martín, a Althaea, a Thorian, su voz cargada de una rabia helada y una amarga confirmación.
"¿Desde cuándo," escupió las palabras, el veneno goteando de cada sílaba, "el puto Gremio entrena asesinos para limpiar sus propios malditos archivos?" La pregunta quedó flotando en el aire viciado por el combate, mientras la terrible verdad se asentaba sobre ellos: no estaban luchando contra un enemigo desconocido. Estaban luchando contra sus propios carceleros. V. Cenizas en la Boca Las palabras de Kora colgaron en el aire cargado de ozono y sangre, más devastadoras que cualquier explosión.
La revelación – cruda, innegable, confirmada por el tatuaje del Gremio en el cuello del agente caído – golpeó al equipo con una fuerza sísmica. La lucha no se detuvo de inmediato. Los agentes restantes de la facción interna, quizás sin saber que su identidad había sido descubierta o simplemente siguiendo órdenes hasta el final, continuaron su asalto coordinado. Pero algo fundamental había cambiado en la forma en que el Equipo C-734 respondía. Ya no luchaban contra "hostiles" anónimos.
Ahora veían las insignias sutiles en los uniformes tácticos bajo la luz roja parpadeante, reconocían las tácticas estándar del Gremio pervertidas para un propósito asesino. Cada bloqueo que realizaba Thorian, cada esquiva ágil de Althaea, cada descarga cinética de Kora, cada análisis táctico de Martín, estaba ahora teñido con una amargura profunda y nauseabunda. Estaban luchando contra colegas. Contra la misma estructura que se suponía debía emplearlos, evaluarlos, quizás incluso protegerlos.
Estaban siendo cazados por sus propios guardianes. La eficiencia del equipo no disminuyó; si acaso, se agudizó con una nueva y sombría determinación. Pero la furia de Kora ahora era más fría, más precisa. La danza defensiva de Althaea tenía un filo más duro, sus golpes de espada de energía buscando incapacitar con una finalidad casi quirúrgica. Los gruñidos de Thorian mientras devolvía el fuego eran más profundos, cargados de un desprecio ancestral por la traición.
Y Martín, mientras coordinaba la defensa y sentía el zumbido protector de su armadura, luchaba contra una oleada de cinismo que amenazaba con ahogar su enfoque táctico. Todo por lo que habían luchado, todo el entrenamiento, todo el progreso... ¿era solo para volverse mejores herramientas para un sistema corrupto que ahora intentaba desecharlos? El combate continuó, brutal y sin cuartel, en la jaula tecnológica de Sigma-7.
Más agentes cayeron, sus cuerpos uniéndose a los de sus camaradas traidores en el suelo metálico. La sangre – sangre del Gremio derramada por manos afiliadas al Gremio – manchaba las impolutas baldosas holográficas y reales por igual, una parodia grotesca de la evaluación que se suponía debía tener lugar allí. Finalmente los disparos disminuyeron.
Los últimos agentes se desvanecieron en las sombras, y el equipo C-734 quedó de pie entre el olor a quemado y la sangre que empezaba a enfriarse sobre las baldosas de Sigma-7. El enemigo vestía su mismo uniforme. Y sabía sus nombres.

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