Chương 192: Capítulo 192 - Primeras Lecciones
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~41 phút đọc · Tạo 01/09/2026
I. La Mañana Siguiente La luz artificial que simulaba el amanecer sobre Lumina bañaba la lujosa austeridad de la oficina del Alto Consejero, pero no lograba disipar las sombras que se habían acumulado en la mirada de Lord Valerius Veridian. La noche anterior, tras la partida de Martín Vega, el descubrimiento en su terminal privado lo había dejado con una sensación helada que persistía, una grieta en la fachada de control absoluto que rara vez permitía que se formara. Protocolo Omega: Ejecución Completada.
Sujeto 'Niño del Vacío': Liberado de Contención Primaria. Fase de Observación Activa Iniciada. Nuevos Parámetros: Cargados. Las palabras seguían flotando en su mente, ominosas, crípticas. Alguien había movido ficha en el juego más peligroso, usando protocolos que él creía controlar, activando una fase desconocida para una entidad cuyo origen y potencial seguían siendo un enigma aterrador. Y lo habían hecho a sus espaldas.
Se había pasado la mayor parte de la noche en vela, no durmiendo, sino sumergido en las profundidades de sus redes de datos personales, aquellas que existían fuera de los servidores centrales del Gremio, protegidas por capas de encriptación rúnica y cortafuegos arcanos que él mismo había diseñado.
Con una discreción que bordeaba la paranoia, había iniciado una búsqueda sigilosa, rastreando cualquier acceso anómalo, cualquier consulta sospechosa a los directorios relacionados con Quimera, Omega o la Unidad 0 en los últimos meses, semanas, incluso años. Los resultados eran frustrantemente limpios. Demasiado limpios. Quienquiera que hubiera purgado los archivos y activado Omega lo había hecho con una habilidad y un nivel de acceso que borraba casi por completo sus huellas digitales o energéticas.
Era obra de un profesional, o de alguien con una autoridad equivalente a la suya. La sospecha, fría y venenosa, se deslizaba en sus pensamientos. ¿Kaelen? Su asistente más leal y eficiente, siempre presente, siempre discreto... quizás demasiado discreto. ¿Podría su lealtad ser una máscara? ¿O podría haber sido comprometido, utilizado como un peón sin saberlo?
Decidió asignarle una serie de tareas administrativas complejas pero irrelevantes para esa mañana, una forma de mantenerlo ocupado y alejado de sus comunicaciones mientras él seguía investigando. ¿Y los Rango S? Miriel, con su dominio de las ilusiones y la mente, podría ocultar cualquier cosa. Kael'Thar, el anciano tejedor rúnico, tenía un conocimiento de las redes arcanas antiguas que rivalizaba con el suyo propio.
Silvanus, el inquisidor, operaba constantemente en las sombras, acostumbrado a secretos y métodos encubiertos. E incluso Roric... su resentimiento hacia Martín y su posible frustración con las directivas de Valerius podrían haberlo hecho susceptible a la manipulación o a actuar por su cuenta si creía que la "contención" era necesaria. Un pensamiento aún más oscuro lo asaltó, frío y perturbador. <¿Y si fui yo? ¿Una directiva antigua olvidada? ¿Una autorización firmada bajo coacción mental o ilusión que no detecté?
¿Una contingencia automática que se activó y cuyo registro fue borrado? > La posibilidad de un fallo en su propio control, en su propia memoria o juicio, era casi más aterradora que la traición externa. Sacudió la cabeza, desechando la idea por ahora. La paranoia no era útil. Necesitaba datos, pruebas. Se enderezó, recomponiendo su máscara de Alto Consejero. La fachada de normalidad era esencial. Debía seguir adelante con el acuerdo con Vega, proporcionar los recursos, observar al equipo.
Necesitaba a Martín y su extraña habilidad ahora más que nunca, no solo para la Astracita, sino como un posible detector de esta amenaza interna. Y necesitaba entender qué significaba realmente que Cero estuviera en "Fase de Observación Activa" y qué "parámetros" le habían sido "cargados". La partida se había vuelto infinitamente más compleja. Ya no solo jugaba contra Morthos y el Culto. Ahora jugaba contra una sombra dentro de su propia casa, y quizás, contra los fantasmas de sus propios errores pasados.
Y en medio de todo, un consultor anómalo con entidades en su cabeza y un niño-IA liberado de su jaula eran sus piezas más impredecibles y, potencialmente, las más importantes. II. Presentación de Instructores Más tarde esa mañana, Kaelen convocó al Equipo C-734 a la sala de reuniones principal de la residencia. Llegó puntual, como siempre, con una tableta de datos en mano y esa aura de eficiencia burocrática que lograba ser a la vez tranquilizadora e irritante.
El equipo se reunió alrededor de la mesa, la tensión de la misión anterior aún flotando en el aire, pero ahora mezclada con la expectación por ver si Valerius cumpliría su parte del trato. Cero se sentó en una silla un poco apartada, observando en silencio.
"Equipo C-734," comenzó Kaelen sin preámbulos, su voz plana barriendo la sala.
"Siguiendo las directivas del Alto Consejero Veridian y en virtud del acuerdo de colaboración estratégica recientemente establecido, procedo a informarles de los recursos asignados para la optimización de sus capacidades operativas." Consultó la tableta con un movimiento preciso.
"Especialista Thorian Ironfist," dijo, dirigiéndose al enano.
"Se le concede acceso prioritario y sin restricciones horarias a los Laboratorios de Análisis Rúnico y Metalúrgico del Sector Tau, Nivel Gamma. Incluye acceso a espectrómetros arcanos, forjas de calibración y bancos de datos de aleaciones clasificadas hasta Nivel Beta." Martín vio un brillo de genuino interés en los ojos de Thorian ante la mención de los laboratorios Tau, conocidos por su equipamiento avanzado.
"Se le asignará un enlace técnico permanente, la Sub-artífice Grizelda Cogspinner, del Gremio de Tecnomantes Gnomos, para facilitar la requisa de materiales y la consulta de bases de datos técnicas inter-gremiales. Su solicitud de acceso a materiales confiscados de los casos Elmsworth y Vorlag está siendo procesada bajo clasificación Beta y se espera una resolución en breve." Thorian asintió con un gruñido gutural. Era más de lo que esperaba. Acceso irrestricto a Tau y una gnoma como enlace...
eso significaba recursos serios. Por una vez, Valerius parecía cumplir. Kaelen continuó, dirigiéndose a Althaea.
"Especialista Althaea Brumak. Se le autoriza el uso ilimitado de los simuladores de combate holográfico del Nivel Épsilon, con acceso prioritario a escenarios tácticos complejos, incluyendo módulos de adaptación a entornos hostiles y enfrentamiento contra múltiples tipos de adversarios arcanos, hasta Nivel Beta-Alto." Althaea asintió, sus ojos ya calculando las posibilidades de entrenamiento.
"Adicionalmente," añadió Kaelen, "se han programado sesiones intensivas de sparring y entrenamiento técnico avanzado tres veces por semana con la Maestra de Armas Ilyana Vor'chek." Hizo una pausa, como para enfatizar.
"La Maestra Vor'chek es la principal instructora de combate cuerpo a cuerpo de la Guardia de Élite del Gremio, especialista en neutralización de habilidades anómalas y combate en desventaja numérica. Su... reputación es considerable." Althaea simplemente inclinó la cabeza, un gesto de respeto profesional. Enfrentarse a la instructora de la Guardia de Élite sería un desafío brutal, pero exactamente lo que necesitaba para llevar sus habilidades al siguiente nivel. Kaelen fijó su mirada en Martín.
"Consultor Vega. Dada la... naturaleza atípica de sus capacidades energéticas y su documentada falta de entrenamiento formal en combate convencional," –Martín apretó los dientes ante la elegante forma de llamarlo inútil en una pelea– "el Alto Consejero ha ejercido su prerrogativa para contratar a un especialista externo fuera de la estructura habitual del Gremio." Levantó la vista de la tableta.
"Maestro Silas Varr. Un nombre que quizás no les suene, ya que opera con extrema discreción, pero cuya reputación en círculos muy específicos por obtener resultados en casos... singularmente complejos, es legendaria. Se pondrá en contacto con usted directamente para establecer su... peculiar régimen de entrenamiento." Martín sintió una mezcla de intriga y profunda aprensión.
'Externo'.
'Discreción'.
'Casos complejos'. Sonaba a todo menos a un entrenamiento estándar. ¿Qué clase de "maestro" le habría asignado Valerius? Finalmente, Kaelen llegó a la última asignación. Hubo una pausa casi imperceptible, un microajuste en su postura, y Martín juraría que vio, solo por una fracción de segundo, una casi imperceptible, casi inhumana, curva elevarse en la comisura de los labios de Kaelen antes de desaparecer en su habitual neutralidad.
"Y para la Especialista Kora," dijo, su tono quizás un ápice más lento, casi saboreando las palabras, "considerando sus habilidades documentadas en el manejo de armamento pesado no estándar y su... potencial para el fuego de supresión y las tácticas de contención en entornos caóticos..." Hizo otra pausa dramática.
"... el Alto Consejero Veridian ha considerado, tras una exhaustiva evaluación de los perfiles de instructores de Rango S disponibles, que la experiencia acumulada en combate de primera línea, la pericia en protocolos de contención de alto riesgo y la... férrea disciplina del Sargento Roric 'El Muro' serían las más... adecuadas para maximizar su potencial operativo." El silencio que siguió fue tan absoluto que el zumbido de los sistemas de la residencia pareció amplificarse.
Martín vio cómo Kora, que había estado escuchando con creciente aburrimiento, se quedaba petrificada, la granada desactivada olvidada en su mano. Kora levantó la cabeza lentamente, su ojo natural desorbitado, el ojo rúnico brillando con una luz azul eléctrica frenética. Miró a Kaelen fijamente, su rostro pasando del shock a la incredulidad y luego a una furia que empezaba a teñir sus mejillas.
"¿Me estás... sonriendo?" susurró, la voz tensa como la cuerda de su ballesta.
"KAELEN, ¿¡ME ESTÁS SONRIENDO!? ¡Eso es peor que la maldita asignación! ¡Lo estás disfrutando, maldito robot burócrata!" Kaelen mantuvo su expresión neutral, aunque quizás sus ojos brillaron con una gélida satisfacción protocolaria al ver la reacción.
"Simplemente transmito las directivas y las evaluaciones de compatibilidad realizadas por la oficina del Alto Consejero, Especialista Kora. Se considera la opción óptima para su desarrollo." Óptima. La palabra flotó en el aire mientras la tormenta Kora se preparaba para estallar. La calma relativa había terminado de forma espectacular. III.
"¡Antes Muerta que Entrenar con Ese Saco de Músculos!" El nombre "Sargento Roric 'El Muro'" resonó en la sala de reuniones como el golpe de un martillo de guerra contra un yunque. Por un instante, Kora se quedó completamente inmóvil, procesando la información, su rostro pasando por una gama de emociones que iban desde la incredulidad más absoluta hasta el pánico puro, culminando finalmente en una furia volcánica.
El color desapareció de su rostro, reemplazado por una palidez lívida, y luego volvió con fuerza, tiñendo sus mejillas de un rojo intenso. La granada de humo desactivada cayó de sus dedos con un ruido sordo sobre la mesa. Su ojo rúnico brillaba ahora con una intensidad azul eléctrica casi dolorosa de mirar.
"¡¿QUÉ?!" El grito fue tan agudo y cargado de rabia que hizo que incluso Thorian diera un respingo. Kora se puso en pie de un salto, golpeando la mesa con ambos puños enguantados.
"¡¿CON RORIC?! ¡¿ESTÁS DE BROMA, LATA CON PATAS?!" espetó, señalando a Kaelen con un dedo tembloroso.
"¡¿CON ESE MONUMENTO A LA HOSTILIDAD TÁCTICA?! ¡ESE GOLEM DE TESTOSTERONA SIN SENTIDO DEL HUMOR QUE ME LLAMÓ 'SUJETO DESMANTELADO' Y CASI ME APLASTA EL CRÁNEO PORQUE RESPIRÉ DEMASIADO CERCA DE SU PRECIOSO ESPACIO VITAL?!" Support the creativity of authors by visiting the original site for this novel and more. Su voz subió de volumen con cada palabra, resonando en la sala.
"¡NI EN SUS SUEÑOS MÁS HÚMEDOS Y LLENOS DE REGLAMENTOS MILITARES! ¡ANTES ME COMO MIS PROPIOS GUANTELETES, TORNILLO A TORNILLO! ¡ME ENCIERRO EN MI HABITACIÓN Y SUELDO LA PUERTA! ¡DESERTO! ¡ME UNO AL CULTO SI HACE FALTA! ¡O FALSIFICO MI CARTA DE RENUNCIA AL MALDITO GREMIO CON CRAYONES DE CERA Y SE LA MANDO A VALERIUS POR CORREO URGENTE CON UNA RATA MUERTA ADJUNTA!" Gesticulaba salvajemente, su cuerpo vibrando de indignación y un miedo apenas disimulado.
La idea de estar bajo la "férrea disciplina" de Roric claramente la aterraba más que cualquier misión suicida.
"Kora, cálmate," intentó intervenir Martín, levantando una mano apaciguadora, aunque una parte de él comprendía perfectamente su reacción.
"¡No me calmo una mierda, programador!" replicó ella, girándose hacia él.
"¿No lo entiendes? ¡Ese tipo me odia! ¡Me ve como un error, como una abominación! ¡Me va a usar de saco de boxeo para liberar sus frustraciones! ¡O peor! ¡Me va a meter en una de sus celdas de 'contención' y va a experimentar conmigo para 'optimizarme'! ¡Lo sé!" Su voz se quebró ligeramente al final, la bravuconería dejando entrever el pánico real que sentía. Althaea se acercó a ella, tratando de poner una mano tranquilizadora en su hombro, pero Kora la apartó de un manotazo.
"¡No me toques! ¡Esto es inaceptable!" Thorian, que había estado observando la escena con una mezcla de exasperación y diversión mal disimulada, decidió intervenir a su manera.
"Técnicamente, Especialista Kora," dijo con calma, "el Sargento Roric posee una de las tasas de éxito más altas en la integración de activos de combate no convencionales y en la corrección de... desviaciones tácticas. Sus métodos son... directos, pero efectivos."
"¡'Directos' significa que te rompe los huesos hasta que aprendes a saludar como él quiere!" gritó Kora.
"¡No pienso ir! ¡Me niego!" Se cruzó de brazos, desafiante, aunque sus ojos delataban su miedo. Kaelen, que había permanecido impasible durante todo el estallido, consultó su tableta como si buscara un protocolo para manejar berrinches de afiliados de Rango B.
"La asignación ha sido aprobada por el Alto Consejero Veridian," declaró con su monotonía habitual.
"Se considera una directiva operativa. Su asistencia es obligatoria. El incumplimiento conllevará sanciones disciplinarias según el Código del Gremio, sección 14, subsección Gamma." La mención del Código del Gremio y las sanciones pareció quitarle un poco de viento a las velas de Kora. Se quedó allí, furiosa, asustada y atrapada, respirando agitadamente. La perspectiva de entrenar con Roric era una pesadilla hecha realidad. IV.
La Llegada del Maestro Externo Justo cuando la indignación de Kora alcanzaba su punto álgido y amenazaba con convertirse en algo más que gritos –quizás el lanzamiento de objetos contundentes o un intento desesperado de hackear el comunicador de Kaelen para enviar un mensaje muy ofensivo a Roric–, la puerta de la sala de reuniones se deslizó para abrirse de nuevo.
Un guardia del Gremio, con el rostro impasible de quien ha visto demasiados dramas internos, asomó la cabeza e hizo un gesto discreto a Kaelen, quien asintió brevemente.
"Consultor Vega," anunció Kaelen, su voz cortando la tensión como un cuchillo frío.
"Su instructor asignado ha llegado." Un silencio expectante cayó sobre la sala. Incluso Kora se calló abruptamente, su furia momentáneamente eclipsada por la curiosidad. Todos los ojos se volvieron hacia la puerta. Martín contuvo la respiración, preguntándose qué clase de figura enviada por Valerius para manejar "casos atípicos" estaría a punto de conocer. El hombre que entró no decepcionó en cuanto a generar intriga, aunque de una manera muy diferente a la esperada.
No había ninguna ostentación de poder, ninguna armadura reluciente ni túnicas bordadas con runas. Era mayor, de esa edad indeterminada donde la piel se ha curtido como cuero viejo y las arrugas cuentan historias que los labios callan. Podría haber sido humano, o quizás semielfo por la ligera punta de sus orejas apenas visible bajo el cabello grisáceo y ralo, recogido en una coleta corta y funcional.
Era delgado, casi demacrado, pero había una solidez en su estructura ósea, una forma de moverse con una economía de movimientos precisa y silenciosa que hablaba de una vida de disciplina y combate. Las cicatrices eran un mapa en su rostro curtido: una línea blanca y fina que partía una ceja y se perdía en la línea del cabello, otra más ancha y dentada que tiraba permanentemente de la comisura izquierda de sus labios, dándole una expresión perpetuamente seria, casi severa.
Sus manos, nudosas y marcadas por viejas quemaduras y cortes, descansaban tranquilamente a sus costados, pero parecían capaces de una velocidad y una fuerza inesperadas. Vestía ropas de viaje sencillas pero resistentes, de cuero oscuro y tela gruesa, gastadas por incontables jornadas pero impecablemente limpias. No llevaba armas a la vista, ni insignias, ni nada que lo identificara con el Gremio o cualquier otra facción conocida.
Ignoró por completo el residuo humeante de la furia de Kora, su mirada pasando sobre ella sin detenerse, como si fuera un elemento irrelevante del paisaje. Sus ojos –de un gris pálido, casi transparente, pero increíblemente penetrantes y llenos de un cansancio profundo, la mirada de alguien que ha contemplado abismos y ha sobrevivido para contarlo (o, más probablemente, para no contarlo)– barrieron brevemente a Althaea y Thorian antes de fijarse en Martín con una intensidad tranquila pero absoluta.
Avanzó con pasos silenciosos hasta detenerse a un par de metros de Martín, su presencia llenando la sala no con poder arcano o fuerza bruta, sino con el peso de la experiencia pura y dura.
"Soy Varr," dijo simplemente, su voz rasposa, baja, como piedras rodando en el lecho de un río seco. No dio más explicaciones, ni títulos.
"Enviado por el Consejero." Sus ojos grises recorrieron a Martín de arriba abajo, sin disimulo, una evaluación rápida y exhaustiva. Se detuvieron un instante en el brazo derecho regenerado, y Martín vio un destello de interés puramente profesional, la curiosidad de un artesano examinando un material inusual, antes de que la mirada volviera a su rostro.
"Así que tú eres el que se remienda solo," comentó Varr, el tono neutro, una simple constatación de hechos. Observó a Martín moverse ligeramente, quizás reajustando su postura tras la tensión con Kora. Varr asintió lentamente, como confirmando una lectura interna.
"Interesante," murmuró. Luego, su mirada se volvió más aguda, más crítica, como la de un escultor evaluando un bloque de mármol defectuoso.
"Tienes el poder latente de una tormenta atrapada en una botella..." Su voz se detuvo, sus ojos barriendo la forma en que Martín se mantenía en pie, la tensión residual en sus hombros, la ligera vacilación en su equilibrio.
"... y la postura de una silla rota a punto de ceder." La evaluación fue directa, sin anestesia, brutalmente honesta.
"Vamos a tener que empezar desde cero. Olvida tus trucos de código por un tiempo. Aquí aprenderás a mantenerte en pie antes de intentar volar." Antes de que Martín pudiera siquiera empezar a procesar el insulto velado o la perspectiva de un entrenamiento tan básico, Varr añadió algo más, su mirada perdiéndose por un instante, enfocándose en algo más allá de las paredes de la sala, quizás en la propia energía de Martín.
"Tu energía..." dijo en voz baja, casi un susurro para sí mismo.
"... tiene un eco extraño. Disonante. Me recuerda a algo que no he sentido en mucho, mucho tiempo." Su voz se volvió aún más queda, cargada de una resonancia sombría.
"Me recuerda a otra época. A otra guerra. A... otra cosa." La última palabra quedó flotando en el aire, preñada de implicaciones desconocidas y peligrosas. Este hombre, Varr, no era solo un instructor. Parecía portar secretos tan profundos como sus cicatrices, y por alguna razón, veía un reflejo de ellos en Martín. La intriga de Martín se disparó, mezclada ahora con una dosis considerable de inquietud. Este entrenamiento iba a ser mucho más que aprender a pelear.
Iba a ser una inmersión en aguas muy profundas y posiblemente muy oscuras. V. Decisiones, Desconfianzas y Disciplina Inminente La llegada y las crípticas palabras de Varr dejaron un silencio tenso en la sala. Kora, aunque todavía visiblemente alterada por la asignación de Roric, se había callado, observando al recién llegado con una mezcla de recelo y curiosidad. Thorian y Althaea intercambiaron una mirada cargada de preguntas no formuladas.
Martín, por su parte, todavía estaba procesando la evaluación brutal ("postura de silla rota") y la intrigante mención de Varr sobre el "eco extraño" en su energía. Antes de que pudiera preguntar más, Kaelen, siempre eficiente, intervino para devolver la reunión a su cauce.
"Maestro Varr, gracias por su pronta llegada," dijo Kaelen con su habitual formalidad.
"Consultor Vega, Especialistas, las asignaciones han sido comunicadas. Se espera que la coordinación de horarios y recursos comience de inmediato a través de los enlaces designados." Esto devolvió a Kora a la realidad de su situación.
"¡Un momento!" exclamó, volviéndose hacia Martín.
"¡Todavía no he dicho que acepte entrenar con ese troglodita de Roric!" Martín suspiró. Sabía que tenía que abordar esto antes de que Kaelen se fuera o Varr decidiera que el caos era demasiado para él. Se acercó a Kora.
"Escucha, Kora," dijo en voz baja pero firme.
"Sé que no te gusta. Sé que Roric es... difícil." (Era el eufemismo del siglo).
"Pero esta es la oferta de Valerius. Rechazarla ahora nos pone en una posición muy débil. Además," añadió, intentando apelar a su pragmatismo, "¿no quieres aprender a controlar mejor esa fuerza bruta tuya? ¿A canalizarla para que tus explosiones sean más... precisas y menos... propensas a volarnos a todos por los aires?" Vio una chispa de interés en sus ojos.
"Y," añadió el golpe final, "si Roric se pasa de la raya, si intenta algo más que entrenamiento duro... estaré allí. Estaremos todos allí. No estás sola en esto." Quizás era una promesa difícil de cumplir, pero necesitaba que Kora aceptara, al menos por ahora. Kora lo miró fijamente, sopesando sus palabras, su conflicto interno visible en su rostro. Finalmente, soltó un bufido explosivo.
"¡Mierda! De acuerdo, programador. Lo haré. Pero si ese saco de músculos me rompe algo importante, ¡te juro que usaré sus propios dientes para arreglarlo!" Martín asintió, aliviado.
"Trato hecho." Se volvió hacia Kaelen.
"Aceptamos las asignaciones, Kaelen. Puede proceder." Kaelen asintió una vez, registrando la información en su tableta.
"Entendido. Maestro Varr, sus credenciales de acceso temporal a las instalaciones Gamma serán activadas. Equipo C-734, recibirán comunicaciones individuales de sus respectivos instructores o enlaces para coordinar las primeras sesiones. Con eso concluye esta sesión informativa." Hizo una inclinación rígida y se retiró, tan eficiente y desapasionado como siempre. Varr se acercó a Martín.
"Mañana al alba," dijo con su voz rasposa.
"Nivel de entrenamiento Gamma, foso 7. No llegues tarde. Odio esperar." No esperó respuesta, simplemente se dio la vuelta y salió de la sala con sus pasos silenciosos, dejando tras de sí una estela de misterio y la promesa de un entrenamiento brutal. El equipo se quedó solo en la sala, el silencio ahora lleno de una tensión diferente: la de la anticipación y la aprensión por lo que vendría.
"Bueno," dijo Thorian, rompiendo el silencio.
"Parece que tenemos trabajo por delante. Laboratorios Tau..." Una rara chispa de entusiasmo brilló en sus ojos.
"Maestra Vor'chek," murmuró Althaea, pensativa.
"He oído hablar de ella. Será... instructivo."
"Instructivo o suicida," replicó Kora amargamente, mirando la puerta por donde había salido Kaelen como si esperara que Roric apareciera de repente. Justo en ese momento, el comunicador personal de Kora, un modelo robusto y lleno de modificaciones de dudosa legalidad, emitió un pitido corto y agudo. Un mensaje entrante. Kora lo miró con recelo, luego abrió el mensaje en la pantalla holográfica de su guantelete. Sus ojos se abrieron como platos y su rostro palideció visiblemente bajo el tinte verdoso de su cabello.
Leyó el mensaje en voz alta, su voz temblando ligeramente a pesar de sus esfuerzos por parecer desafiante:"Asignación C-734-Delta. Campo de Entrenamiento Táctico Delta. Mañana, 0600 Horas. Tolerancia cero para la debilidad inherente y la insubordinación." Hizo una pausa, tragando saliva.
"Su actitud es una debilidad estructural primaria. Vamos a aplastarla. Luego, si queda algo funcional, trabajaremos con las otras. - Sargento Roric 'El Muro'." Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo. El mensaje era tan brutalmente directo, tan típicamente Roric, que era casi cómico en su absoluta falta de tacto. Kora miró a los demás con los ojos desorbitados.
"¿Y si...?" susurró, su voz apenas un hilo.
"¿Y si le disparo primero? Antes de que empiece. Solo un virote tranquilizante... o quizás uno explosivo..." Thorian, sin levantar la vista de un esquema que ya estaba proyectando, respondió secamente: "Tendrás que acertarle en un punto vital y a la primera. Es un muro, ¿recuerdas? Probablemente use virotes explosivos como palillos de dientes."
Martín suspiró, sintiendo el peso del día siguiente y la certeza de que su propio entrenamiento con el enigmático Varr sería un paseo por el parque comparado con lo que le esperaba a Kora. Se frotó la cara con cansancio.
"A las seis," dijo con resignación, mirando a Kora con una mezcla de compasión y fatalismo.
"Sin retrasos." La nueva alianza con el Gremio había comenzado. Y las primeras lecciones prometían ser infernales.

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