Chương 158: Capítulo 158 - El Roommate Silencioso
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~41 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección I: La Llegada Discreta El nuevo ciclo amaneció en la Residencia 7-Alfa no con la promesa de un nuevo comienzo, sino con la certeza de una intrusión inminente. El mensaje en la consola del Gremio había sido tan escueto como una orden de ejecución: "Supervisor asignado, Maestro Cero, llegará a las 08: 00 horas estándar. Fin del comunicado." No había lugar a dudas, ni a retrasos. Los minutos previos a las 08: 00 se estiraron con una tensión palpable.
Martín, aunque externamente más calmado gracias al recién implementado Canal, sentía un nudo de ansiedad fría en el estómago. Althaea patrullaba la sala común con pasos silenciosos, sus orejas lobunas captando cada mínimo sonido del corredor exterior. Thorian estaba ostensiblemente revisando la calibración de un sensor rúnico, pero sus manos apretababan las herramientas con más fuerza de la necesaria.
Kora, por su parte, había adoptado una pose de estudiada indiferencia apoyada contra la pared, pero sus dedos tamborileaban un ritmo nervioso sobre el metal de su guantelete. Esperaban la llegada del Rango S como se espera la llegada de un inspector implacable o un carcelero silencioso. A las 08: 00 en punto, la llamada resonó en la puerta. Tres toques. Suaves, precisos, perfectamente espaciados. Sin vacilación, sin emoción. El sonido mismo parecía reflejar la naturaleza de quien llamaba.
Thorian soltó un gruñido y fue a abrir, su rostro una máscara de estoicismo enano que apenas ocultaba su disgusto por la situación. Kora se irguió un poco, su sonrisa burlona habitual reemplazada por una mueca de desafío expectante. Cero estaba allí, en el umbral. Exactamente como lo recordaban: ropas grises funcionales, rostro joven, ojos insondablemente viejos y tranquilos. No llevaba nada consigo. Ni una bolsa, ni una túnica extra, ni siquiera una tablilla de datos.
Su llegada fue tan anticlimática, tan desprovista de cualquier indicio de personalidad o intención, que resultó casi surrealista. Era como si el concepto abstracto de "supervisión del Gremio" hubiera tomado una forma física mínima y se hubiera materializado en su puerta.
"Maestro Cero," dijo Thorian, la formalidad forzada en su voz grave.
"Pase." Se hizo a un lado con rigidez. Cero entró con pasos medidos y silenciosos, apenas haciendo ruido sobre el suelo de la residencia. Sus ojos recorrieron la sala común: el desorden organizado de Thorian en una esquina, la enorme ballesta de Kora en otra, Althaea tensa cerca del sofá donde Martín estaba sentado, y finalmente, el propio Martín. La mirada de Cero se detuvo en él por un instante, no con escrutinio, sino con una especie de registro pasivo, como una cámara catalogando un objeto de interés.
Martín sintió un escalofrío recorrerle la espalda, y un débil eco de análisis lógico del Arquitecto susurró en su mente:"Sujeto Cero: Biometría estable. Patrón energético neutro. Intención inmediata: Indeterminada." Cerró el Canal con fuerza. Se produjo un silencio incómodo y denso. Todos esperaban que Cero dijera algo, que explicara su propósito, que estableciera alguna regla, que diera alguna indicación de cómo iba a funcionar esta "convivencia". Pero Cero no dijo nada.
Después de su barrido visual, caminó calmadamente hacia un rincón de la sala que estaba relativamente despejado, cerca de una estantería con textos que rara vez consultaban, y se sentó en el suelo. Cruzó las piernas, apoyó las manos en las rodillas y cerró los ojos por un instante, como si se estuviera calibrando o estableciendo una conexión con el entorno. Luego los abrió de nuevo y se quedó allí, perfectamente inmóvil, su mirada tranquila fija en un punto indefinido de la pared opuesta. Observando. Esperando.
El silencio se alargó. Uno. Dos. Cinco segundos. Diez. Se volvió pesado, tangible. Era Kora quien, incapaz de soportar la quietud antinatural, carraspeó ruidosamente. Althaea, sintiendo la necesidad de actuar como anfitriona, aunque fuera de un invitado no deseado, se aclaró la garganta.
"¿Necesita... algo, Maestro Cero?" ofreció con torpeza.
"¿Un asiento? ¿Un vaso de agua?" Cero giró la cabeza lentamente hacia ella, el movimiento fluido y económico. Sus ojos tranquilos se posaron en los de Althaea.
"Mi sistema fisiológico opera con máxima eficiencia y no requiere hidratación externa en este momento," respondió, su voz tan neutra y sin inflexiones como siempre.
"Y esta posición en el suelo minimiza mi huella espacial y optimiza el ángulo de observación del entorno principal de la residencia. Es adecuada. Gracias por su consideración." Volvió a mirar al frente, retomando su vigilancia silenciosa. La respuesta, tan lógica y tan desconectada de cualquier norma social, dejó a Althaea sin palabras. Fue entonces cuando Kora murmuró, lo suficientemente alto como para llenar el silencio renovado: "Bueno... eso no fue raro ni un poco." Nadie respondió al comentario.
El mensaje implícito de Cero era claro: estaba allí para observar, no para socializar. Su presencia era una constante que tendrían que aprender a ignorar, o a soportar. Martín vio cómo la mirada tranquila de Cero se detenía ahora en una pequeña taza de cerámica decorativa con intrincados motivos rúnicos enanos que colgaba de un clavo en la pared, un recuerdo que Thorian había traído de su hogar. Cero no mostró curiosidad, ni admiración, ni desdén. Simplemente la observaba, registrando su existencia.
La sala volvió a sumirse en el silencio, pero era diferente al silencio de antes. Ya no era solo la tensión de la espera. Era la certeza de la vigilancia. Cada movimiento, cada palabra susurrada, cada suspiro, ahora ocurría bajo la mirada tranquila e impasible del Rango S sentado en el rincón. Nada en esa residencia volvería a ser verdaderamente privado. La adaptación forzada acababa de comenzar.
Sección II: La Observación Constante Los primeros días con Cero en la residencia fueron una lección de incomodidad sostenida. Fiel a su aparente naturaleza, el Rango S era una presencia mayormente silenciosa, una sombra tranquila en la periferia de sus vidas. Pero era una sombra constante. Estaba allí cuando se despertaban, sentado en su rincón o a veces de pie junto a la ventana, observando el amanecer artificial de Lumina.
Estaba allí durante las comidas, comiendo (o no comiendo, nunca estaban seguros de si realmente necesitaba sustento) en silencio, sus ojos barriendo la mesa con la misma calma analítica con la que había examinado la taza enana. Estaba allí cuando intentaban trabajar. Martín lo encontró particularmente desgastante.
Intentar concentrarse en descifrar los fragmentos de Elmsworth o en discutir diseños de Magitek con Thorian bajo la mirada fija y tranquila de Cero era como intentar resolver ecuaciones complejas mientras un auditor te mira por encima del hombro esperando que cometas un error. La presión era sutil, pero incesante. «Error de sintaxis en la línea 14 del protocolo de contención rúnica, » intervino el Arquitecto en su mente mientras Martín luchaba con un diagrama complejo. «Corrección sugerida… » «¡Lo sé! ¡Cállate!
» replicó Martín mentalmente, frustrado. La presencia de Cero parecía exacerbar su propia lucha interna, haciéndole más propenso a errores estúpidos. Justo en ese momento, su estilete resbaló sobre la tablilla de datos, dejando una marca errónea. Maldijo en voz baja y levantó la vista instintivamente. Los ojos tranquilos de Cero estaban fijos en su mano, en el error. No había juicio en su mirada, solo observación. Pero eso, de alguna manera, era peor. La observación no era estática.
A veces, sin previo aviso, Cero simplemente cambiaba de posición. Una vez, mientras Martín estaba absorto en una simulación mental, calibrando el Canal, sintió una perturbación, como si el aire se hubiera desplazado. Abrió los ojos mentales y físicos. Cero, que había estado sentado en su rincón habitual, ahora estaba de pie junto a la estantería opuesta, observando un cristal de datos apagado con la misma concentración tranquila. El movimiento había sido completamente silencioso, casi instantáneo.
No lo había visto moverse, solo estaba… en otro lugar. Martín sintió un escalofrío. No era solo un observador; era una discontinuidad, algo que no se movía según las reglas normales del espacio y el tiempo. Kora, fiel a su naturaleza, intentó provocar una reacción más directa. Un día, exasperada por la mirada constante de Cero mientras ella desmontaba meticulosamente su ballesta, le espetó:"¿Querés una foto para que dure más, o te basta con escanearme el aura, rarito?"
Cero inclinó la cabeza mínimamente, procesando la pregunta.
"La captura de imágenes visuales estáticas ofrece una resolución de datos limitada," respondió con su calma habitual.
"Estoy almacenando los datos relevantes a través de la monitorización continua de sus patrones energéticos, biométricos y la cinética de sus interacciones con el dispositivo tecnomágico. Su 'aura', como usted la denomina, presenta fluctuaciones interesantes correlacionadas con sus estados de frustración e impaciencia." Kora se quedó mirándolo, boquiabierta por un instante, antes de soltar una carcajada incrédula y volver a su trabajo, murmurando algo sobre "robots espeluznantes".
Pero Martín notó que sus movimientos eran un poco más rígidos después de eso. Para probar un punto, o quizás por puro aburrimiento desafiante, Kora empezó a caminar en círculos lentos por la sala común, pasando repetidamente frente a Cero. Él no giró la cabeza. Su cuerpo permaneció perfectamente inmóvil, su mirada fija en el punto original.
Sin embargo, Martín, observando de reojo, tuvo la inquietante sensación de que la atención de Cero, sus ojos internos o su percepción, seguía cada paso de Kora sin necesidad de movimiento físico. Era como ser observado por algo que no necesitaba ojos. La paranoia leve comenzó a instalarse en el equipo. Se encontraban bajando la voz instintivamente, evitando ciertos temas de conversación, sintiéndose constantemente evaluados.
Incluso Thorian, normalmente imperturbable, parecía más tenso, sus gruñidos en Khazalid más frecuentes. El Guardián dentro de Martín estaba en un estado de alerta baja pero constante, desconfiando profundamente de esa calma antinatural, de ese "vacío" que Cero proyectaba. El Arquitecto, por otro lado, parecía fascinado, intentando constantemente recopilar datos sobre Cero, aunque sus análisis siempre volvían con el resultado de "ilegible" o "anómalo", lo cual solo aumentaba la frustración de Martín. Y Cero…
Cero simplemente observaba. Registrando. Procesando. Una presencia silenciosa y constante que estaba, poco a poco, alterando la propia atmósfera de su refugio, haciendo que la normalidad se sintiera como una actuación bajo un foco implacable. Y Martín no podía evitar preguntarse si Cero estaba cambiando solo por observar, o si ellos estaban cambiando por ser observados.
Sección III: Interacciones Fallidas Vivir bajo observación constante era una cosa; intentar interactuar con el observador era otra completamente distinta. A medida que los días se convertían en la primera semana, los intentos del equipo por tratar a Cero como a un compañero de cuarto –aunque fuera uno impuesto y de Rango S– chocaban repetidamente contra el muro de su lógica literal y su aparente desconexión de las normas sociales más básicas.
Kora, incapaz de resistir la tentación, probó con su arsenal habitual de sarcasmo y provocación. Un día, mientras Cero observaba a Martín intentar reparar un comunicador dañado, Kora se acercó y soltó, con una sonrisa maliciosa:"Cuidado, Cero, no te vayas a sobrecalentar de tanto pensar. O a lo mejor tú no necesitas refrigeración, ¿eres como esos golems de hielo que solo se derriten si les cuentas un chiste malo?" You could be reading stolen content. Head to Royal Road for the genuine story.
Cero giró su cabeza hacia ella, procesando la declaración.
"Mi sistema opera a una temperatura interna constante y autorregulada, independiente de la carga cognitiva. Y los constructos elementales de hielo presentan una vulnerabilidad térmica conocida, no una reacción a patrones auditivos humorísticos. Su analogía es… estructuralmente defectuosa." Kora parpadeó.
"Era… era un chiste, cerebro de metal."
"Comprendo la intención de generar una respuesta emocional mediante una incongruencia lógica," replicó Cero con calma.
"Sin embargo, la premisa es incorrecta y por lo tanto, el efecto deseado no se logra en mi sistema. ¿Desea intentar con otra estructura humorística?" Kora simplemente se dio la vuelta y se fue, murmurando algo sobre "hablarle a una pared con mejor conversación". Thorian tuvo su propio encuentro frustrante.
Intentando quizás encontrar un terreno común o simplemente llenar el silencio incómodo, empezó a explicarle a Cero el significado ancestral de ciertos patrones rúnicos en su martillo de guerra, hablando de la conexión con los antepasados, la bendición de la montaña y el espíritu del metal. Cero escuchó con atención impasible durante varios minutos.
Cuando Thorian terminó, esperando quizás un asentimiento de respeto o una pregunta relevante, Cero simplemente dijo:"Entiendo la función mnemotécnica y de cohesión cultural de la narrativa asociada a los artefactos. Sin embargo, desde una perspectiva puramente funcional, ¿ha considerado la aplicación de una aleación de tungsteno-adamantita micro-laminada con un núcleo de cristal de energía sintonizado? Incrementaría la transferencia de energía cinética en el impacto en un 32.
7% y reduciría la necesidad de mantenimiento rúnico en un 45%, independientemente de la fase lunar o el estado emocional de sus ancestros." Thorian se quedó mirando a Cero con la boca abierta, su rostro enrojeciendo lentamente bajo la barba. Balbuceó algo incoherente sobre la tradición y el alma de la forja antes de darse la vuelta y volver a su rincón de trabajo, golpeando el metal con una furia renovada y completamente inútil contra la lógica aplastante de Cero.
Martín, mientras tanto, sufría las interrupciones constantes. El Arquitecto dentro de él parecía haber encontrado un interlocutor lógico (aunque frustrante) en Cero, a veces intentando iniciar análisis comparativos a través de Martín. El Guardián seguía viendo a Cero como una amenaza silenciosa y vacía. Y Serena intentaba mediar en la creciente frustración de Martín.
Una tarde, después de un día particularmente agotador de interrupciones internas y la presencia silenciosa de Cero observándolo mientras intentaba calibrar el Canal, Martín no pudo más. Se giró hacia el Rango S, que estaba sentado en su habitual postura meditativa en el rincón.
"¿Planeas mirarme fijamente mientras duermo también, o tienes algún límite?" soltó Martín, el filo de la exasperación claro en su voz. Cero inclinó la cabeza, considerando la pregunta con seriedad literal.
"La observación durante los ciclos de descanso REM y no-REM podría proporcionar datos biométricos y energéticos valiosos sobre la actividad subconsciente, la interacción de las entidades residentes y la estabilidad general del sistema huésped. Si mejora la calidad del informe final solicitado por Lord Valerius," concluyó con calma, "es una opción logísticamente viable. Podría realizarse sin detección sensorial consciente por tu parte, utilizando sensores remotos de bajo nivel." Silencio.
La respuesta era tan aterradoramente lógica, tan desprovista de cualquier noción de privacidad o límites personales, que Martín sintió que se le helaba la sangre. Miró a Cero, a esa calma insondable, y comprendió la inutilidad de la confrontación directa en esos términos. Era como discutir con un algoritmo.
"... Olvídalo," murmuró finalmente, la voz vacía de emoción. Se dio la vuelta, derrotado no por la fuerza, sino por la absoluta alienación de esa perspectiva. Evitó mirar en dirección a Cero durante el resto del día, sintiendo una nueva capa de resignación instalarse sobre su agotamiento. Para colmo, esa misma noche, Thorian entró furioso a la sala común desde su pequeño taller improvisado.
"¡¿Quién ha tocado mis herramientas?! ¡Mi martillo de ajuste fino! ¡Mis cinceles de grabado rúnico! ¡Están… ordenados!" rugió, la última palabra pronunciada con el horror de quien descubre una profanación. Cero, desde su rincón, levantó la vista mínimamente.
"Detecté patrones de acceso subóptimos en la disposición de sus instrumentos," explicó con calma.
"Implementé una reorganización basada en frecuencia de uso, compatibilidad energética rúnica y principios de flujo de trabajo ergonómico. El análisis teórico predice una mejora del 21% en la eficiencia de ejecución para tareas de forja estándar y grabado fino." Thorian se quedó mirando sus herramientas perfectamente ordenadas, luego a Cero, luego de nuevo a las herramientas, su rostro pasando por una gama de emociones que iban desde la furia hasta la más absoluta estupefacción.
Finalmente, soltó un grito ahogado y se retiró de nuevo a su taller, cerrando la puerta con un golpe resonante. Martín suspiró. Era oficial. Vivir con Cero no era solo incómodo; era surrealista. Y profundamente agotador. Sección IV: El Ritual Nocturno Interrumpido La primera semana de convivencia forzada con Cero estaba llegando a su fin, pero la tensión en la Residencia 7-Alfa no había disminuido; al contrario, se había asentado como una niebla fría y persistente.
Las interacciones eran mínimas, forzadas, y la presencia constante del observador silencioso pesaba sobre todos. Esa noche, Martín se encontró incapaz de dormir. No era el ruido habitual de las entidades –había mantenido el Canal cerrado la mayor parte del tiempo desde su estallido contenido por la tarde–, sino una inquietud profunda, un residuo del estrés acumulado, de la sensación de ser un extraño en su propia piel y ahora también en su propio refugio.
Los dolores sordos en su cuerpo, ecos de viejas heridas y de la tensión constante, eran más agudos en la quietud de la noche. Finalmente, renunciando a encontrar descanso, se levantó en silencio y se dirigió a la cocina, buscando algo que lo calmara. Recordó una mezcla de hierbas que Althaea usaba a veces, con propiedades relajantes según la tradición de los Hombres Bestia.
Encontró el pequeño saco de tela en la alacena y puso agua a calentar en la tetera del Gremio, moviéndose en la penumbra iluminada solo por el brillo ambiental de Lumina que se filtraba por la ventana simulada. Mientras esperaba que el agua hirviera, se apoyó contra el mostrador, cerrando los ojos, tratando de encontrar un centro, un momento de paz en medio de la locura. El silencio mental era bienvenido, pero casi antinatural.
Escuchó el silbido suave de la tetera y preparó la infusión, el aroma herbal llenando el aire quieto. Vertió el líquido humeante en una taza –eligió deliberadamente una simple, sin las runas de Thorian– y la sostuvo entre las manos, sintiendo el calor filtrarse en su piel. Era un pequeño ritual, un intento de reconectar con algo simple, algo físico, algo suyo. Levantó la taza hacia sus labios, anticipando el calor calmante, el sabor terroso.
Su mano tembló ligeramente, un tic nervioso producto del agotamiento y la tensión acumulada. Casi se le derrama un poco. Un suspiro frustrado escapó de sus labios, un murmullo apenas audible en la quietud: "Ya basta..." Era un ruego dirigido a sí mismo, a las entidades, al universo en general. Un deseo desesperado por un momento de simple normalidad.
Fue en ese preciso instante de vulnerabilidad expuesta, con la taza a milímetros de sus labios, que la voz tranquila de Cero rompió el silencio nocturno desde el rincón oscuro donde aparentemente había estado observando todo el tiempo.
"Consultor Vega." Martín se sobresaltó violentamente, el té caliente derramándose ahora sí sobre su mano y el mostrador. Ahogó un siseo de dolor y sorpresa, girándose hacia la figura apenas visible de Cero, que seguía sentado, inmóvil, excepto por su cabeza ligeramente inclinada.
"¿Es este un ritual programado para la regulación de neurotransmisores asociados con la ansiedad y la privación de sueño?" continuó Cero, su voz tan plana y analítica como si estuviera comentando un informe meteorológico.
"He observado que lo realiza con una frecuencia del 67% durante los ciclos nocturnos en los que sus patrones de ondas cerebrales registradas remotamente indican estrés residual post-conflicto interno o externo." La interrupción fue brutal. El momento de calma buscada, destrozado. La vulnerabilidad silenciosa, diseccionada con precisión clínica. Martín se quedó helado, la taza olvidada en su mano, el dolor de la quemadura leve eclipsado por la sensación de absoluta invasión. «¡No ahora! ¡Déjalo en paz! ¡Él solo...
necesitaba un segundo... » Sintió la angustia desesperada de Serena gritar en su mente, pero la voz de ella no le llegó, bloqueada por el shock o por la misma presencia analítica de Cero que parecía absorber toda la atención. Era como si Serena estuviera golpeando un cristal blindado desde el otro lado, incapaz de alcanzarlo. Martín miró a Cero, a esa calma insondable que ahora le parecía monstruosa en su indiferencia. No había malicia en la pregunta de Cero, lo sabía.
Solo una lógica pura y descontextualizada, una curiosidad científica sin el más mínimo atisbo de empatía o comprensión de los límites humanos. Y eso, de alguna manera, era peor. «Ni siquiera sabe que duele... » pensó Martín con una amargura infinita, el calor del té derramado mezclándose con el frío de la realización. «O quizás sí lo sabe y simplemente... no es un dato relevante para su análisis. » Sin decir una palabra, Martín dejó la taza sobre el mostrador con un golpe seco. El té humeante quedó intacto.
Se dio media vuelta, ignorando la presencia de Cero, ignorando el dolor en su mano, y caminó rígidamente de regreso a su habitación, cerrando la puerta tras de sí. Necesitaba oscuridad. Necesitaba silencio. Aunque sabía que ya no encontraría ninguno de los dos. Se había ido de espaldas a Cero, pero la sensación de su mirada analítica seguía clavada en él. En la cocina ahora silenciosa, Cero permaneció inmóvil por un momento, observando la puerta cerrada y luego la taza abandonada.
Inclinó la cabeza mínimamente hacia el otro lado, procesando. Después de unos segundos, añadió a su registro mental, o quizás murmuró en voz muy baja y neutra:"Detectados temblores musculares involuntarios en las extremidades superiores del huésped. Incremento abrupto de la frecuencia cardíaca seguido de retirada del entorno. Indicadores de respuesta de estrés agudo a la interacción verbal. ¿Registrar este evento como... relevante para el informe de estabilidad?"
La pregunta quedó flotando en la cocina vacía, una constatación clínica de una herida invisible que acababa de ser infligida. Sección V: Epílogo - Interacción Anómala Registrada El silencio volvió a adueñarse de la cocina de la Residencia 7-Alfa. La puerta de la habitación de Martín permanecía cerrada.
El único sonido era el casi imperceptible zumbido de los sistemas de soporte vital de Lumina y el lento enfriamiento de la taza de té abandonada sobre el mostrador, su vapor ascendiendo en volutas perezosas hacia el techo.
Dentro de la conciencia fragmentada de Martín, ahora refugiado en la oscuridad autoimpuesta de su habitación mental (había cerrado el Canal con fuerza tras la interacción), la voz de Serena resonó, no dirigida a él directamente, sino más bien como un lamento silencioso, una reflexión cargada de tristeza y frustración que quizás solo el narrador omnisciente (o el lector) podía percibir plenamente. «No puede protegerte si ni siquiera entiende lo que está rompiendo…
» pensó, la luz empática de su esencia vibrando con impotencia ante la lógica fría y ciega de Cero. «Ve el temblor, pero no siente el miedo. Ve la retirada, pero no comprende la herida. Solo… datos. » Mientras tanto, en la cocina física, Cero permanecía exactamente en la misma posición, sentado en el suelo en su rincón oscuro. Su mirada tranquila seguía fija en la taza de té humeante que Martín había dejado. No había indicios de satisfacción, ni de confusión, ni de arrepentimiento.
Solo la calma procesadora de una inteligencia ajena observando los resultados de un experimento no planificado. Permaneció así, inmóvil, durante lo que parecieron varios minutos. Quizás estaba analizando los patrones de enfriamiento del líquido, o recalculando las probabilidades de estabilidad de Martín, o simplemente catalogando la reciente interacción dentro de sus vastos archivos mentales.
Finalmente, después de ese prolongado silencio, añadió una última entrada a su registro interno, o quizás la murmuró en voz tan baja que apenas movió el aire a su alrededor, una simple constatación de hechos desde su perspectiva:"Interacción anómala registrada." Y entonces, ocurrió algo completamente inesperado. Algo fuera de todos los parámetros observados hasta el momento. Cero parpadeó. Una vez. Un movimiento rápido y casi imperceptible de los párpados, un gesto reflejo fundamentalmente biológico, humano.
Tan incongruente en esa figura de calma lógica y eficiencia inhumana que resultó profundamente perturbador. ¿Fue un error en su sistema? ¿Una imitación inconsciente aprendida de observar a los demás? ¿Un indicio de algo más profundo y oculto tras esa fachada serena? ¿O simplemente… nada, un movimiento sin significado? Tan rápido como ocurrió, desapareció. Sus ojos volvieron a su quietud habitual, su postura no cambió. Pero por un instante fugaz, la máscara de lógica perfecta se había resquebrajado, revelando… algo.
O la posibilidad de algo. La cocina permaneció en silencio. La taza de té siguió enfriándose. Y la pregunta sobre quién o qué era realmente Cero, y cuál era su verdadero propósito en esa residencia, se volvió aún más profunda, más inquietante, resonando en la quietud vigilada de la noche subterránea de Lumina.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
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