Chương 129: Capítulo 129 - Archivos y Ecos Rotos
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~33 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección 1: El Laberinto de la Información La semana de tregua autoimpuesta se evaporó como la escarcha bajo el sol artificial de Lumina. La rutina tranquila, aunque necesaria, no podía sofocar la urgencia que latía bajo la superficie. Tenían preguntas, preguntas fundamentales que carcomían la mente de Martín y alimentaban la pragmática curiosidad de Thorian y la paciente vigilancia de Althaea.
Ahora, armados con credenciales de Rango B y una residencia que era tanto refugio como recordatorio de su estatus ambiguo, era hora de buscar respuestas en el corazón del sistema que los contenía: los archivos del Alto Gremio. Comenzaron con el terminal de la residencia. Era un dispositivo elegante, integrado en la pared, con una interfaz de cristal que respondía al tacto y a comandos verbales básicos.
Thorian, en su elemento, manipuló los controles con una rapidez y precisión que contrastaban con sus habituales quejas sobre la "ineficiencia humana". Accedieron a la red de datos del Gremio, filtrada ahora por sus permisos de Rango B.
"Bien," murmuró Thorian, sus ojos verdes escudriñando los menús holográficos que flotaban ante él.
"Acceso a índices históricos generales, registros de afiliación de Rango C y B, archivos técnicos no clasificados sobre Magitek estándar, reportes públicos de incidentes fronterizos... Es más que antes, pero sigue siendo un océano de trivialidades." Martín se inclinó sobre el hombro del enano, su propia mente intentando encontrar patrones en la estructura de datos.
"Busca palabras clave," sugirió.
"Fuente... Astracita... Culto de la Sombra... llegadas anómalas... disco... Lente..." Probaron todas las combinaciones.
"Fuente" devolvió miles de entradas sobre manantiales, ríos y fuentes de energía convencionales.
"Astracita" arrojó los informes básicos sobre el incidente de Karak Dhur que ya conocían, pero cualquier análisis químico o espectral profundo estaba marcado como "Clasificación Alfa - Acceso Denegado".
"Culto de la Sombra" era una entrada genérica sobre grupos heréticos menores, sin mención específica a Morthos o al símbolo que Martín había visto.
"Llegadas anómalas" era un término inexistente en los índices públicos. El disco y la Lente, como era de esperar, no figuraban en absoluto. Intentaron buscar información sobre las entidades internas, usando términos velados como "simbiosis energética", "posesión espiritual controlada", "fusión arcana".
Los resultados fueron tratados médicos sobre enfermedades mentales, tratados filosóficos sobre la naturaleza del alma o, peor aún, alertas de seguridad marcadas automáticamente por algoritmos de vigilancia del Gremio que detectaban consultas "potencialmente peligrosas". Martín sintió un escalofrío al ver saltar una de esas alertas y rápidamente ordenó a Thorian cancelar la búsqueda.
"Piedra muerta y luz falsa," murmuró Althaea desde el rincón donde observaba, sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared, afilando una de sus cuchillas con movimientos lentos y precisos. Su voz era baja, pero cargada de un escepticismo que reflejaba la creciente frustración de Martín.
"Las respuestas importantes nunca se escriben donde cualquiera pueda leerlas." Decidieron probar suerte en persona. Las credenciales de Rango B les permitían el acceso a las Salas de Archivos Públicos Avanzados en la Torre del Sol. El lugar era tan imponente e impersonal como el resto del Gremio: vastas salas abovedadas, hileras interminables de estanterías flotantes con pergaminos y códices, y terminales de datos más sofisticados custodiados por archivistas de rostro inexpresivo.
Pasaron horas navegando por catálogos digitales y solicitando tomos físicos. Thorian se perdió en diagramas de ingeniería rúnica, encontrando información útil para sus propios proyectos pero nada relevante para sus preguntas centrales. Althaea permaneció cerca de Martín, una presencia silenciosa y vigilante que incomodaba visiblemente a los demás usuarios de la sala. Martín, con una tenacidad nacida de la desesperación, siguió cada pista, cada referencia cruzada.
Encontró menciones fragmentarias a "eventos celestiales anómalos" en crónicas antiguas que podrían relacionarse con la Astracita, leyendas sobre "viajeros de entre mundos" que eran descartadas como folklore, y tratados sobre simbiosis mágicas que hablaban de fusión, pero siempre en términos de criaturas o plantas, nunca de humanos y entidades conscientes.
Cada vez que una búsqueda parecía prometedora, chocaba contra un muro: "Autorización Insuficiente", "Archivo Sellado por Decreto del Consejo Interno", "Referencia Cruzada Clasificada". La frustración se acumuló, convirtiéndose en un peso sordo en el pecho de Martín. Era como estar en un laberinto diseñado por un burócrata sádico, lleno de puertas que prometían salidas pero que solo llevaban a más corredores vacíos.
El Gremio no solo controlaba su movimiento físico, controlaba el acceso al conocimiento de una manera mucho más eficaz y desalentadora. La esperanza inicial que había sentido al obtener el Rango B se desvaneció, reemplazada por la fría certeza de que las respuestas que buscaba estaban deliberadamente ocultas, enterradas bajo capas de clasificación y secreto que su nivel actual jamás podría penetrar. Ese entramado no tenía salida por este camino.
Sección 2: Fragmento de Corrupción Martín estaba de vuelta en la relativa privacidad de la Residencia 7-Alfa, sentado ante el terminal de datos. Habían abandonado las salas de archivos públicos, la frustración aún palpable en el aire tenso entre él y Thorian. Althaea se había retirado a su rincón verde, buscando consuelo en el débil pulso de vida que había logrado cultivar. Martín, sin embargo, no podía desconectar.
Seguía repasando mentalmente las búsquedas fallidas, los muros de clasificación, intentando encontrar una grieta lógica, una vía alternativa que hubiera pasado por alto. Estaba absorto, sus dedos trazando distraídamente patrones en la superficie oscura del terminal, cuando la intrusión llegó. No hubo advertencia. Ninguna de las señales sutiles que a veces precedían a la influencia del Guardián o a la guía de Serena.
Fue como si un interruptor se accionara en su mente: un frío repentino, una claridad analítica superpuesta a sus propios pensamientos, y la presencia inconfundible del Arquitecto. No se sentía como una conversación, sino como una notificación del sistema, impersonal y directa. «Procesamiento de datos residuales recuperados de la unidad neural Karras Vane completado, » resonó la voz sin inflexiones del Arquitecto en su conciencia. «Análisis limitado por interrupción prematura de la adquisición de datos.
» Martín apretó los dientes, la irritación surgiendo inmediatamente. La intrusión era una violación de su pacto interno, de las reglas que habían establecido tras la última confrontación. Y el recordatorio de su intervención para proteger a Karras de un análisis más profundo por parte de esta entidad fría le sentó como una patada.
"¿Y?" proyectó mentalmente, sin molestarse en ocultar su fastidio.
"¿Qué encontraste, aparte de una excusa para recordarme que te detuve antes de que le hicieras una lobotomía psíquica?" Hubo una pausa infinitesimal, como si el Arquitecto estuviera evaluando el nivel de hostilidad y calculando la respuesta óptima. «La interrupción comprometió la integridad del flujo de datos mnemónicos de alto nivel. Sin embargo, los fragmentos recuperados de bajo nivel son suficientes para una reconstrucción parcial del evento desencadenante. » Ignoró por completo el sarcasmo de Martín.
«Secuencia visual fragmentada reconstruida: Sujeto Karras Vane localizado en estructura ruinosa pre-identificada (Archivo Gremial: R-D-4). Entorno: Círculo de Comunión parcialmente activo. Presencia energética externa detectada, firmas coincidentes con Clasificación: Morthos-Primaria. Interacción verbal registrada fragmentariamente: Oferta de Morthos [Datos corruptos] "... conocimiento más allá de tus limitaciones... poder para remodelar la realidad a tu antojo..." Aceptación implícita del Sujeto Karras.
Transferencia de objeto físico: Esquirla de material anómalo consistente con Astracita (Clasificación Tipo III, Corrupción energética latente detectada). Fin del fragmento recuperado. » La información golpeó a Martín. Ahí estaba: la confirmación directa. Morthos, el líder del Culto que había conocido en Karak Dhur, el responsable indirecto de la masacre de Oakhaven, había estado en esas mismas ruinas.
Había sido él quien le dio a Karras la esquirla de Astracita, el cebo envenenado que lo había llevado a la locura y al ataque. La oferta era la misma promesa vacía de poder que probablemente usaba para atraer a todos sus seguidores. «Conclusión preliminar, » continuó el Arquitecto, imperturbable. «Morthos-Primaria utiliza artefactos de Astracita como vectores de reclutamiento e inducción de lealtad, explotando las debilidades psicológicas y ambiciones de individuos susceptibles.
La red operativa y motivaciones estratégicas completas requieren adquisición y análisis de datos adicionales. » El subtexto era claro: si me hubieras dejado terminar mi trabajo con Karras, sabríamos más. Martín sintió una oleada de frustración. El Arquitecto tenía razón, objetivamente. Interrumpir el análisis invasivo de Karras había salvado al hombre de un daño mental probablemente irreparable, pero también les había costado información potencialmente vital sobre Morthos, sus planes, la extensión de su culto.
Era otro recordatorio del precario equilibrio que intentaba mantener, de las decisiones imposibles que enfrentaba constantemente. Pero no le daría al Arquitecto la satisfacción de admitirlo.
"Anotado," respondió mentalmente, proyectando una frialdad que no sentía del todo.
"Gracias por el... informe incompleto. Ahora, vuelve a tu esquina designada." Con un esfuerzo de voluntad, reforzó el cortafuegos mental, sintiendo la presencia fría y calculadora del Arquitecto retirarse, no bloqueada por completo, pero sí contenida de nuevo. Unauthorized reproduction: this story has been taken without approval. Report sightings. Se quedó mirando el terminal oscuro, la información recién adquirida arremolinándose en su mente. Morthos había estado allí. Tan cerca.
Y estaba usando la Astracita para esparcir su influencia. Era una pieza más del puzzle, sí, pero una pieza inquietante que solo hacía que el cuadro general pareciera más grande y más oscuro. Y el hecho de que tuviera que confiar en una entidad como el Arquitecto para obtener incluso esos fragmentos... era una píldora amarga que tragar. Sección 3: El Muro Invisible Pasaron dos días más sumergidos en la frustrante tarea de exprimir información de los archivos de Rango B.
Cada intento era como golpear contra un muro invisible: sentían que las respuestas estaban cerca, al otro lado de una clasificación, detrás de un protocolo de acceso, pero eran inalcanzables. La vasta biblioteca de Lumina, elogiada como el mayor repositorio de conocimiento del continente, se sentía más como una red de corredores trazada para desorientar que como una fuente de iluminación.
Finalmente, una tarde, mientras la luz artificial del área común comenzaba a simular el atardecer, la tensión acumulada se hizo insostenible. Thorian cerró de golpe la tapa de un pesado códice encuadernado en cuero con un sonido que resonó en el silencio.
"¡Absurdo! ¡Completamente absurdo!" explotó el enano, su barba erizándose de indignación.
"He pasado las últimas seis horas descifrando protocolos de clasificación redundantes y contradictorios solo para descubrir que los análisis espectrales completos de la Astracita, ¡los mismos que realizamos nosotros en Karak Dhur bajo condiciones extremas!, requieren autorización de Nivel Alfa o un decreto personal de Valerius Veridian. ¡Es como si no quisieran saber la verdad!" Golpeó la mesa con un puño calloso.
"¡O peor, como si ya la supieran y la estuvieran ocultando!" Althaea, que había estado observando a Martín desde su lugar habitual cerca de la entrada, dejó escapar un suspiro que era casi un gruñido.
"Te lo dije, Martín," dijo, su voz tranquila pero firme. Se levantó y se acercó, sus pasos silenciosos sobre la piedra pulida.
"Las respuestas que buscas no están escritas en sus piedras muertas ni codificadas en su luz falsa. Están ahí fuera," señaló vagamente con la barbilla hacia las paredes exteriores de la residencia, "en el mundo real, donde la energía fluye libre y la verdad deja huellas que ellos no pueden borrar." Hizo una pausa, y su mirada ambarina se fijó en él con una intensidad significativa.
"O están más adentro." Su mirada indicó claramente que se refería a la compleja ecología interna de Martín. Martín asintió lentamente, sintiendo el peso del cansancio y la decepción. Había compartido con ellos la información fragmentaria que el Arquitecto le había dado sobre Karras y Morthos, omitiendo la fuente interna de la información y presentándola como una deducción basada en los eventos.
La confirmación de la implicación de Morthos solo hacía más urgente la necesidad de saber más, pero las puertas seguían cerradas.
"Lo sé, Althaea," admitió, pasándose una mano por la cara.
"Lo sé. Pero teníamos que intentarlo por su camino, usar las herramientas que nos dieron. Era... la opción lógica." Miró a Thorian, cuya frustración aún vibraba en el aire.
"Y tú tenías razón, Thorian. Es un muro. Un muro invisible construido con sellos, protocolos y clasificaciones. El Rango B nos permite ver el muro, quizás incluso tocarlo, pero no nos da la llave para atravesarlo." Compararon notas por última vez.
Habían encontrado referencias a Morthos en informes de inteligencia de bajo nivel, describiéndolo como un "hechicero renegado con habilidades psiónicas" y líder de un culto marginal llamado "La Sombra Que Se Retuerce", pero sin detalles sobre su verdadero poder, origen o la conexión con la Astracita. Nada sobre la "Fuente". Nada sobre llegadas interdimensionales que no fueran descartadas como leyendas. Nada que explicara el disco, la Lente, o las entidades que ahora compartían su cabeza.
Habían llegado a un callejón sin salida. La investigación directa a través de los archivos del Gremio, al menos con su nivel de acceso actual, era inútil. La información que necesitaban desesperadamente estaba guardada bajo llave, probablemente en los niveles más altos de clasificación, accesible solo para figuras como Valerius o quizás Elmsworth. Y ninguno de los dos iba a compartirla voluntariamente. Un silencio pesado se instaló entre ellos, el silencio de las opciones agotadas.
El callejón informativo de Lumina los había contenido eficazmente. Necesitaban otra ruta. Una forma de ganar la influencia, el prestigio o el acceso necesario para derribar ese muro invisible. O encontrar una forma de rodearlo por completo. Sección 4: El Camino Alternativo El silencio en el área común se prolongó, cargado de la frustración compartida. El muro invisible de la burocracia y el secretismo del Gremio se alzaba ante ellos, infranqueable por ahora.
Martín tamborileó con los dedos sobre la superficie fría de la mesa, su mente analítica buscando, como siempre, una solución alternativa, una puerta trasera lógica.
"Entonces," dijo finalmente, rompiendo la quietud.
"Si no podemos atravesar el muro directamente, tendremos que acumular la fuerza necesaria para derribarlo, o encontrar una forma de saltarlo." Miró a sus compañeros.
"Rango. Necesitamos subir de rango. Más prestigio, más acceso." Thorian resopló, cruzándose de brazos.
"El sistema de 'prestigio' es una farsa arbitraria diseñada para mantener el control. Pero," admitió a regañadientes, "es el único juego disponible en esta ciudad sobrevalorada. Las misiones son la vía más directa para acumular esos absurdos 'Puntos de Prestigio'." Althaea asintió lentamente, su aversión a la ciudad en conflicto con la necesidad pragmática.
"Misiones fuera de Lumina," especificó.
"Lejos de esta piedra muerta. Donde podamos respirar." Martín activó el terminal, proyectando el tablón de misiones de Rango B en el aire sobre la mesa. La lista era larga y variada: escoltas a caravanas, investigaciones de anomalías menores, recuperación de artefactos perdidos, eliminación de bestias problemáticas. Comenzaron a debatir, sus prioridades chocando y complementándose.
"Esta," señaló Thorian con un dedo calloso un holograma parpadeante.
"Investigación de fluctuaciones en un nodo ley cerca de las Marcas Grises. Alto potencial para recolección de datos energéticos puros. Podríamos correlacionarlos con las firmas del Sector 7B..."
"Está en medio de una llanura árida," replicó Althaea con el ceño fruncido.
"Sin cobertura, sin agua fresca. Prefiero esto: 'Contención de Crecimiento Fúngico Anómalo en el Bosque Susurrante'. Al menos habría árboles."
"Un hongo mágico suena... poco estimulante," intervino Martín, buscando un equilibrio.
"¿Y esta?
'Escolta y Recuperación en las Ciénagas Olvidadas'. Recuperar un 'sensor arcano' perdido por un erudito. Suena remoto, lejos de miradas indiscretas, y los Puntos de Prestigio son significativos. Aunque," añadió con una mueca, "las ciénagas no suenan precisamente agradables."
Estaban inmersos en la discusión, sopesando riesgos, recompensas y la simple preferencia personal por ciertos entornos, cuando un sonido inesperado los sobresaltó: el suave clic y el zumbido armonioso de la puerta principal de la residencia abriéndose. Los tres se giraron instintivamente, tensándose. ¿Maelor? ¿Guardias del Gremio? Pero la figura que apareció en el umbral no era ningún funcionario gris. Era baja, compacta, vestida con un caótico ensamblaje de cuero remendado, placas de metal y vendas sucias.
Su cabello, de un vibrante y antinatural verde óxido, estaba cortado de forma desigual y desafiaba la gravedad. Un ojo marrón brillante los evaluó con rapidez, mientras que el otro, una runa roja que ardía con luz propia, parecía mirar a través de ellos. Llevaba una ballesta tecnomágica absurdamente grande colgada a la espalda y unos guanteletes metálicos cubiertos de runas grabadas con rudeza. Detrás de ella, asomó brevemente la cabeza Maelor, el funcionario, con una expresión de pura resignación.
"Afiliada Kora," anunció con la monotonía de quien entrega malas noticias.
"Reasignada temporalmente al Equipo C-734 para cumplimiento de cuota de misión de Rango B. Protocolo 17-Delta. Aquí están los documentos de transferencia." Dejó caer un datapad sobre una consola cercana y prácticamente huyó antes de que la puerta terminara de cerrarse. La recién llegada, Kora, entró pavoneándose en el vestíbulo, mirando alrededor con un aire de desdén crítico y una sonrisa torcida que era a la vez burlona y desafiante.
"¿Así que este es el zoológico de lujo?" Su voz era rasposa, con un deje callejero.
"Bonito. Más limpio que mi última 'asignación'." Se detuvo frente al grupo reunido.
"Me llamo Kora. Me dijeron que los raritos de Rango B necesitaban una niñera con una ballesta demasiado grande para compensar... bueno, lo que sea que les falte." Su ojo rúnico parpadeó, fijándose en Martín.
"Tú debes ser el Consultor Roto, ¿eh? El que hace que las máquinas lloren." Luego su mirada barrió a Althaea, su sonrisa ampliándose.
"Y la gatita grande y silenciosa. Me gustan las silenciosas." Finalmente se posó en Thorian.
"Y un Enano Gruñón estándar. Colección completa." Thorian frunció el ceño tan profundamente que su nariz casi desapareció entre la barba.
"¿Protocolo 17-Delta? ¡Ese es el protocolo para asignaciones de emergencia a unidades con bajas tasas de éxito o alta peligrosidad! ¡Exijo una explicación!" Althaea simplemente observaba a Kora, su postura tensa, evaluando cada movimiento, cada palabra, como si midiera a un depredador desconocido. La energía caótica y volátil que emanaba de la recién llegada era casi palpable. Martín parpadeó, tratando de procesar la repentina y discordante adición al grupo. La intrusión, la actitud, el lenguaje...
todo en Kora gritaba problemas. Pero también había algo en su mirada desafiante, en la forma en que ocupaba el espacio como si le perteneciera, que resonaba con su propia sensación de ser un extraño forzado a jugar según las reglas de otros. Intentó recuperar algo de control.
"Somos... el equipo C-734," dijo, forzando un tono neutral.
"Yo soy Martín Vega. Ella es Althaea. Y él es Thorian Ironfist. Estábamos... revisando misiones."
"¡Perfecto!" exclamó Kora, aplaudiendo con sus guanteletes metálicos, el sonido resonando en la quietud.
"Menos cháchara, más acción. ¿Qué desastre elegimos hoy? ¿Algo con buenas explosiones? ¿O prefieren algo más... íntimo y aburrido como contar esporas de hongos?" Su ojo normal brilló con malicia.
"Vi una cosa en las Ciénagas Olvidadas. Recuperar un cacharro para un sabelotodo. Suena asqueroso, húmedo y probablemente lleno de bichos que pican. ¡Me apunto!" La discusión sobre las misiones se reanudó, pero la dinámica había cambiado irrevocablemente. Kora interrumpía constantemente con comentarios sarcásticos, sugerencias que implicaban una cantidad alarmante de daño colateral y una insistencia pragmática en maximizar los puntos de prestigio y el pago.
"Necesitan puntos para jugar a ser importantes, yo necesito créditos para mantener mis juguetes funcionando," declaró encogiéndose de hombros.
"Las ciénagas pagan bien. Caso cerrado." Aunque la tensión era palpable, y Thorian parecía a punto de sufrir una apoplejía rúnica, el pragmatismo brutal de Kora tenía un efecto inesperado: cortaba la indecisión. La misión de las Ciénagas, que Martín había considerado con cautela, ahora parecía la opción más directa, impulsada por la extraña nueva variable que el Gremio les había impuesto.
La decisión final sobre cuál misión tomar aún flotaba en el aire, pero una cosa era segura: el Equipo C-734 acababa de volverse mucho más impredecible. Y, posiblemente, mucho más peligroso, tanto para sus enemigos como para ellos mismos.

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