Chương 137: Capítulo 137 - La Nueva Rutina
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~43 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección 1: La Nueva Rutina Los días que siguieron a la tensa confrontación y al acuerdo de ir a las Ciénagas se instalaron en una nueva y extraña rutina dentro de la Residencia 7-Alfa. La presencia de Kora era una constante fuente de energía caótica, pero tras el enfrentamiento inicial, parecía haber aceptado (a regañadientes) los límites básicos impuestos por Martín y la amenaza silenciosa de Althaea.
Sus pertenencias seguían confinadas a su rincón designado, y aunque sus comentarios seguían siendo afilados y sus modales inexistentes, había una ligera disminución en el desafío abierto. Era una tregua incómoda, una calma precaria antes de la inevitable próxima tormenta. Aprovechando la pausa forzada mientras esperaban noticias sobre Elmsworth y reunían información sobre defensas psíquicas, cada miembro del grupo se enfocó en sus propias formas de preparación o recuperación.
Martín intentaba establecer una disciplina interna. Cada mañana, antes de que el bullicio de Kora o los experimentos de Thorian llenaran la residencia, buscaba la quietud de su habitación para meditar. No era una meditación en busca de paz vacía, sino un intento activo y agotador de "aclimatarse" a la presencia del Guardián, como le había sugerido Serena.
Se sentaba en silencio, visualizando el cortafuegos, y permitía conscientemente que una pequeña fracción de la energía roja y furiosa del Guardián fluyera hacia su lado de la barrera. Era como intentar sostener un carbón al rojo vivo con la mente. Sentía la ira ancestral, el dolor profundo, la necesidad de proteger y destruir. Luchaba por observar esas sensaciones sin dejarse consumir, por entenderlas sin ceder a ellas.
Eran sesiones cortas, que lo dejaban sudoroso y con un dolor de cabeza persistente, pero sentía que era un paso necesario, aunque aterrador, hacia el control. Por las tardes, buscaba una salida más física. Convenció a Althaea para reanudar sus sesiones de sparring en uno de los patios interiores amurallados de la residencia. Althaea, aunque inicialmente reticente a entrenar en un entorno tan artificial, aceptó, quizás viendo la necesidad de Martín de canalizar su tensión.
Sus sesiones eran una danza de contrastes: la fuerza bruta y la agilidad instintiva de Althaea contra la defensa improvisada y el análisis táctico de Martín. Él usaba su visión de código para intentar anticipar sus movimientos, buscando patrones en su estilo de lucha, mientras ella lo presionaba constantemente, obligándolo a reaccionar, a adaptarse, a encontrar su equilibrio físico.
Kora a menudo los observaba desde el margen, sentada en el suelo con las piernas cruzadas, haciendo comentarios sarcásticos sobre la "danza de la garra y el palo" o gritando consejos no solicitados ("¡Pégale en las rodillas, Jefecito! ¡Siempre funciona!"). En una ocasión, intentó unirse, lanzándose al sparring con sus guanteletes chisporroteando, pero su estilo caótico y su falta de control casi terminan con Thorian (que pasaba por allí) recibiendo un golpe destinado a Althaea.
Tras una mirada gélida de la guerrera Beastman y una reprimenda cortante de Martín, Kora se retiró a observar, aunque con una nueva chispa de interés frustrado en sus ojos. Mientras tanto, Thorian se había atrincherado en su improvisado taller, rodeado de diagramas holográficos, herramientas de precisión y el olor penetrante del ozono rúnico.
Estaba inmerso en el análisis del implante recuperado, cruzando referencias con los datos del sensor y consultando los archivos de Magitek defensivo a los que ahora tenían acceso. Murmuraba constantemente sobre "matrices de inducción pervertidas" y "catalizadores de Astracita inestables", claramente fascinado y horrorizado a partes iguales por la tecnología de Elmsworth. Y Kora... Kora intentaba adaptarse a su manera.
Pasaba tiempo desmontando, limpiando y volviendo a montar sus armas con una habilidad sorprendente, tarareando melodías desafinadas. Intentaba interactuar con los demás a su estilo: ofreciéndole a Althaea un trago de su frasco (rechazado con un leve movimiento de cabeza), preguntándole a Thorian si podía "tomar prestado" un condensador de flujo ("¡Absolutamente no!"), o pinchando a Martín con preguntas incómodas sobre su pasado ("Entonces, ¿en tu mundo todos son enanos de jardín como tú?").
La rutina era funcional, pero la tensión subyacente era innegable. Eran cuatro individuos dispares, forzados a convivir y prepararse para un peligro desconocido, cada uno con sus propios demonios internos y externos. Las chispas eran inevitables. Y no tardarían en saltar en el lugar más predecible: el taller de Thorian. Sección 2: Chispas en el Taller La tregua tecnológica duró exactamente dos días y medio.
En la tarde del tercer día de preparativos, Martín y Althaea regresaban de una sesión de sparring particularmente intensa en el patio interior, ambos sudorosos y con la respiración agitada, cuando un grito ahogado de furia, inconfundiblemente enano y cargado de improperios técnicos en Khazalid, resonó desde el fondo del pasillo.
"¡BARBARIE! ¡IMPROVISACIÓN INACEPTABLE! ¡ESTO NO ES INGENIERÍA, ES VANDALISMO RÚNICO!" Intercambiaron una mirada. Problemas. Se dirigieron rápidamente hacia la habitación que Thorian había convertido en su taller improvisado. La puerta estaba abierta de par en par, revelando una escena de tenso enfrentamiento.
Thorian, con el rostro rojo como un tomate maduro y la barba casi vibrando de indignación, estaba de pie frente a una mesa de trabajo improvisada, señalando acusadoramente con una llave rúnica a uno de los guanteletes metálicos de Kora, que descansaba sobre la superficie rodeado de herramientas delicadas. Kora estaba apoyada contra la pared opuesta, brazos cruzados, con una expresión que era una mezcla de desafío y diversión maliciosa.
"¿Qué pasa aquí?" preguntó Martín, entrando en la habitación, seguido de cerca por Althaea. El aire olía fuertemente a ozono y a metal sobrecalentado.
"¡Lo que pasa, Consultor Vega," escupió Thorian, girándose bruscamente hacia él, "es que esta... esta afiliada insiste en utilizar protocolos de canalización energética que desafían las leyes fundamentales de la termodinámica rúnica! ¡Sus guanteletes no están 'modificados', están mutilados! ¡Los circuitos de seguridad están puenteados con alambre de cobre común! ¡Las matrices de enfoque son un desastre de soldaduras frías y runas incompatibles! ¡Es un milagro que no le hayan explotado en las manos cien veces ya!"
Señaló el guantelete sobre la mesa.
"¡Y ahora pretende 'mejorar' la salida de potencia sobrecargando el cristal de enfoque principal! ¡Ignorando mis advertencias sobre la resonancia armónica inversa y el riesgo de una detonación catastrófica!" Kora soltó una carcajada.
"¡Oh, vamos, Barbas! ¡Solo quería darle un poco más de 'chispa'! Funcionan, ¿no? Hacen ¡PUM! cuando golpeo cosas. ¿Qué más quieres? ¿Que sirvan té?"
"¡Quiero que no nos vuelen a todos en pedazos por tu negligencia técnica!" replicó Thorian, agitando la llave rúnica.
"¡Esto no es un juguete! ¡Es tecnología arcana inestable! ¡Requiere precisión, cálculo, respeto por los principios!"
"¡Principios!" se burló Kora.
"Mis 'principios' son: si funciona, no lo arregles. Y si no funciona, golpéalo hasta que funcione o explote. Generalmente funciona." Se encogió de hombros.
"Además, ¿quién te crees que eres para decirme cómo manejar mi propio equipo? Lo 'mutilé' yo misma, sé lo que aguanta."
"¡Claramente no lo sabes!" Thorian estaba a punto de replicar con otro torrente de jerga técnica cuando Martín intervino, colocándose físicamente entre los dos.
"Bueno, bueno, suficiente," dijo con calma, levantando las manos. Miró a Thorian.
"Entiendo tu preocupación, Thorian. Y probablemente tengas razón sobre los riesgos. Tu experiencia es invaluable." Luego miró a Kora.
"Y entiendo que es tu equipo y sabes cómo usarlo... a tu manera. Pero," su tono se volvió más firme, "la seguridad del equipo es responsabilidad de todos. Y si Thorian, nuestro experto en Magitek, dice que algo es peligrosamente inestable, tenemos que escucharlo." Vio la chispa de rebeldía en los ojos de Kora.
"No digo que tengas que rediseñarlo todo a su gusto," se apresuró a añadir, buscando un compromiso.
"Pero su inestabilidad es un riesgo. Para ti y para nosotros. ¿Y si falla en mitad de un combate? ¿Y si la 'chispa' extra que buscas provoca una reacción en cadena que nos deje vulnerables?" Kora frunció el ceño, masticando el argumento. Odiaba admitirlo, pero Martín tenía un punto. Había tenido fallos antes, momentos en que los guanteletes chisporrotearon o se apagaron en el peor momento.
"Entonces," continuó Martín, viendo la apertura, "¿qué tal esto? Una tregua. Dejamos que Thorian –y yo, con mi visión de código– analicemos a fondo los guanteletes y la ballesta. No para cambiarlos radicalmente, sino para identificar los puntos más críticos de inestabilidad. Y luego, juntos, buscamos formas de reforzarlos, de hacerlos más seguros, sin sacrificar necesariamente la potencia bruta que te gusta. ¿Qué dices?"
Kora miró a Thorian, que seguía bufando pero parecía intrigado a regañadientes por el desafío técnico. Luego miró a Martín, evaluando su sinceridad. Finalmente, soltó un suspiro exagerado.
"Tsk. Aguafiestas," murmuró.
"Le quitan toda la diversión a las explosiones accidentales." Pero luego encogió los hombros.
"Trato. Pero que quede claro: si mis guantes acaban sonando como campanillas de viento o disparando flores, te juro que te uso de saco de boxeo rúnico, Enano." Thorian resopló.
"La optimización de la seguridad no implica necesariamente una reducción de la eficiencia destructiva, simplemente una minimización del riesgo de auto-aniquilación. Un concepto que parece eludirte." Pero tomó el guantelete de la mesa con un nuevo interés.
"De acuerdo. Analicemos esta... abominación tecnológica." La crisis inmediata se había desactivado. Pero la tensión entre la ingeniería precisa de Thorian y el caos funcional de Kora seguía latente. Al menos ahora, tenían un objetivo común: hacer que el equipo de Kora fuera un poco menos propenso a explotarles en la cara. Sección 3: Tregua Tecnológica El taller improvisado de Thorian se convirtió en el epicentro de una tregua tensa y ruidosa durante los días siguientes.
La tarea de analizar y estabilizar el arsenal de Kora era como intentar desactivar una serie de bombas caseras construidas por un ingeniero loco con un sentido del humor muy negro. El aire olía permanentemente a metal caliente, solventes alquímicos y el ozono agudo de la magia rúnica forzada a sus límites. Thorian abordó el desafío con la seriedad de un maestro relojero al que le hubieran pedido reparar un reloj de cuco ensamblado con piezas de catapulta.
Con meticulosa precisión, desmontó los guanteletes y secciones clave de la ballesta pesada, extendiendo con cuidado cada componente sobre paños protectores en su mesa de trabajo. Cada pieza revelaba una nueva "herejía técnica", como él la llamaba. Runas de poder incompatibles soldadas juntas con estaño de baja calidad, cables de energía pelados y "aislados" con cinta adhesiva mugrienta, cristales de enfoque agrietados pero forzados a funcionar con derivaciones peligrosas.
En una de las primeras piezas que extrajo, Thorian alzó un condensador de flujo inverso chamuscado entre el pulgar y el índice, lo giró bajo la luz del taller y lo dejó sobre el paño con un gesto de quien acaba de encontrar un cadáver en el desagüe. Estaba enredado con una matriz de amplificación de tipo elemental; no hacía falta enumerar por qué, a simple vista, era una invitación a la implosión. Thorian no dijo nada durante tres segundos; solo miró a Kora por encima del metal.
Ella, que solía estar apoyada contra la pared o sentada en el suelo con las piernas cruzadas, no bromeó. Tenía la mandíbula tensa y los ojos fijos en la pieza, como si al apartar la vista fuera a admitir miedo. Aquel silencio valía más que otra ronda de improperios: hasta Martín contuvo el aliento.
"Funciona porque yo le digo que funcione, Barbas," murmuró al fin, sin el sarcasmo de costumbre.
"Se llama 'fuerza de voluntad'. Y quizás un poco de suerte." Pero Martín notaba la forma en que seguía cada movimiento de las herramientas de Thorian, la tensión en sus hombros cuando él manipulaba una conexión particularmente inestable. Era su equipo, por caótico y peligroso que fuera; era una extensión de sí misma, forjada en la necesidad y la supervivencia. Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere.
"La 'suerte' es una variable inaceptable en ingeniería rúnica, Afiliada Kora," refunfuñaba Thorian.
"La física arcana exige respeto, no bravuconería." El papel de Martín se volvió esencial. Mientras Thorian realizaba el diagnóstico físico y técnico, Martín cerraba los ojos y se sumergía en el código energético de las armas. Su visión única le permitía ver lo que los instrumentos de Thorian solo podían inferir: los flujos de energía erráticos, los "cortocircuitos" en el tejido rúnico, los puntos donde la energía se acumulaba peligrosamente antes de ser liberada de forma explosiva.
"Thorian, la runa de ignición del virote explosivo estándar," decía Martín, con los ojos aún cerrados, describiendo las líneas de código que veía.
"La secuencia de activación está... corrupta. Hay un bucle redundante que intenta extraer energía del estabilizador principal después de la ignición. Por eso a veces tienen menos potencia o fallan." O, "En el guantelete derecho, Kora, el canalizador principal tiene una fisura energética. No es física, es en el código rúnico. Filtra energía constantemente. Por eso se sobrecalienta tanto y a veces te da esas sacudidas."
Traducía la furia técnica de Thorian en problemas concretos y proponía soluciones que intentaban respetar la "filosofía" de diseño de Kora.
"¿Podríamos añadir un regulador de flujo secundario aquí, Thorian? Para manejar el exceso de energía del 'botón del pánico' de Kora sin necesidad de eliminarlo por completo." O, "¿Y si reforzamos el aislamiento de este cable con una capa de tejido de sombra infundido alquímicamente en lugar de reemplazarlo? Mantendría la flexibilidad que Kora necesita." Lentamente, dolorosamente, comenzaron a encontrar un terreno común.
Thorian, a pesar de sus constantes quejas, no podía negar la precisión de los análisis de Martín ni la extraña efectividad del enfoque de "fuerza bruta" de Kora en ciertas situaciones. Empezó a ver la estabilización no como una claudicación, sino como un desafío de ingeniería: cómo hacer que algo intrínsecamente peligroso fuera marginalmente menos suicida. Kora, por su parte, empezó a ver que no intentaban convertir sus armas en "pisapapeles brillantes".
Vio que Martín entendía la sensación de la energía que ella manejaba, y que Thorian, a pesar de sus insultos, era capaz de encontrar soluciones ingeniosas para reforzar los puntos débiles sin capar la potencia que ella tanto valoraba. Incluso llegó a ofrecer información útil, describiendo cómo "sentía" que la energía fluía, qué modificaciones improvisadas había hecho en el pasado y qué efectos secundarios extraños había notado.
Fue en uno de esos momentos de colaboración tensa pero funcional –Thorian ajustando una runa de disipación térmica en un guantelete mientras Martín guiaba el flujo de energía con su concentración y Kora observaba atentamente, casi olvidando su fachada cínica– que la curiosidad innata de Kora, o quizás algo más profundo, la impulsó a hacer algo imprudente. Mientras los otros dos estaban completamente absortos en la delicada operación rúnica, Kora activó discretamente la función de escaneo de su ojo modificado.
No era una exploración profunda ni agresiva, solo un pulso rápido, una "mirada" energética dirigida a Martín, intentando vislumbrar la fuente de esa extraña habilidad suya para "ver" la energía, para entender esa calma superficial que a veces parecía ocultar un océano turbulento debajo.
Sección 4: La Mirada Indiscreta En el instante en que Kora activó el pulso de escaneo de su ojo rúnico, enfocándolo sutilmente en Martín mientras él guiaba mentalmente a Thorian en la delicada calibración del guantelete, no estaba preparada para lo que encontró. Esperaba ver... algo. Un aura brillante, quizás. Líneas de código flotantes como las que Martín a veces describía. Una firma energética inusual. Lo que sintió fue como asomarse al borde de dos abismos contiguos, cada uno con su propia y aterradora gravedad.
Primero, un frío absoluto. Una sensación de vacío calculador, de lógica despojada de toda emoción, que pareció analizarla, desarmarla y catalogarla en una fracción de segundo. Sintió una inteligencia vasta y alienígena observándola con la misma curiosidad impersonal con la que Thorian examinaba un cristal defectuoso. Fue una sensación de ser reducida a meros datos, profundamente inquietante y extrañamente humillante. Era la presencia del Arquitecto.
Casi simultáneamente, como una ola de calor abrasador surgiendo para contrarrestar el frío, sintió lo otro. Una furia hirviente, primigenia, tan intensa que casi le quemó los sentidos psíquicos. Era una mezcla de dolor antiguo, posesividad territorial y una agresividad depredadora que la hizo sentir como un ratón bajo la mirada de un dragón hambriento. No era una furia dirigida hacia ella específicamente, sino una condición constante, una tormenta rugiendo detrás de una puerta apenas cerrada.
Era el poder latente del Guardián. Fue solo un instante, una impresión visceral captada por su ojo modificado antes de que sus propios instintos de supervivencia la obligaran a cortar el escaneo de golpe. Se quedó sin aliento, un sudor frío brotando en su frente, su corazón latiendo desbocado contra sus costillas. El color desapareció de su rostro, dejándola pálida y visiblemente temblorosa. ¿Qué diablos era eso?
¿Qué clase de infierno personal llevaba Martín Vega dentro de esa fachada tranquila y ligeramente exasperante? Martín, absorto en guiar el delicado flujo energético del guantelete ("Un poco más a la izquierda, Thorian, la matriz se está sobrecargando en el nodo delta..."), no notó la reacción física de Kora. Tampoco Thorian, concentrado en sus herramientas de precisión. Pero Martín sí sintió algo. Una perturbación repentina en su propio espacio mental.
Una "estática" breve pero intensa, como si alguien hubiera golpeado la puerta del cortafuegos desde fuera. Frunció el ceño por un instante, atribuyéndolo a la concentración o a la inestable energía del guantelete en el que trabajaban, y siguió con su tarea. El incidente pasó desapercibido en el taller.
Terminaron de estabilizar el guantelete unos minutos después, con Thorian declarando que era "marginalmente menos propenso a la detonación espontánea" y Kora asintiendo en silencio, todavía procesando las terroríficas sensaciones que había percibido. Fue más tarde ese día, cuando Martín finalmente encontró un momento para retirarse a su habitación e intentar su sesión de meditación y "aclimatación", que comprendió la causa de la perturbación anterior.
Apenas había comenzado a aquietar su mente cuando sintió la agitación de sus inquilinos internos. Eran como perros guardianes erizados ante un ruido sospechoso en la noche. El Guardián presionaba contra el cortafuegos con una furia renovada, y el Arquitecto emitía pulsos de análisis defensivo. «¿Qué ocurre? » proyectó Martín mentalmente, dirigiéndose a ambos. «¿Por qué están tan... agitados? » La respuesta del Guardián fue un rugido sordo de pura indignación territorial. «¡INTRUSIÓN! ¡MIRADA AJENA!
¡EL CAOS INTENTÓ VER DENTRO! ¡VIOLACIÓN DEL ESPACIO! » El Arquitecto fue, como siempre, más clínico pero igualmente alarmado. «Confirmado. Detectada firma energética externa coincidente con Sujeto Kora intentando un escaneo activo del contenedor hace 2. 7 ciclos estándar. Origen: Implante ocular modificado, protocolo de escaneo desconocido.
Intrusión superficial, sin brecha de datos confirmada, pero indica capacidad de sondeo psiónico/energético preocupante y una falta de respeto por los protocolos de privacidad establecidos. » Incluso en su voz sin emociones, Martín detectó un matiz de ofensa lógica. «¿Kora? » Martín sintió una mezcla de sorpresa y una creciente comprensión. «¿Me escaneó? ¿Mientras trabajábamos? » Recordó la breve "estática" que había sentido.
Fue la voz calmada de Serena la que puso las piezas en su lugar, filtrándose a través del ruido de las otras dos entidades. «Así es, corazón. Fue breve, casi un reflejo de curiosidad por parte de ella, creo. No creo que esperara sentir... la verdadera magnitud de tus compañeros de viaje. » Sintió la empatía de Serena extendiéndose hacia él, y también, sorprendentemente, hacia Kora. «Probablemente la asustó tanto como los enfureció a ellos. Son...
extraordinariamente territoriales respecto a este espacio que comparten contigo. » Martín procesó la información. Kora había intentado escanearlo. Y había sentido lo suficiente como para asustarla y para poner en alerta máxima a las otras dos entidades. No estaba enojado, extrañamente. Más bien... preocupado. Y consciente de que esto no podía quedar así. La desconfianza, ahora alimentada por el miedo y la intrusión, era veneno para un equipo que necesitaba funcionar bajo presión. Tendría que hablar con ella.
Sección 5: La Invitación Inesperada Martín terminó su sesión de meditación antes de lo previsto, la agitación de las entidades internas haciendo imposible cualquier intento de "aclimatación" tranquila. La revelación del escaneo de Kora y la reacción visceral que había provocado en el Guardián y el Arquitecto (y en la propia Kora, a juzgar por su comportamiento posterior) crearon una nueva urgencia. La desconfianza era una grieta que, si no se abordaba, podría fracturar al equipo en el peor momento posible.
Buscó a Kora. La encontró en el área común, sentada en "su" rincón del sofá, pero no estaba desmontando armas ni bebiendo de su frasco. Estaba inusualmente quieta, mirando fijamente la pared opuesta con una expresión perdida, casi ausente. Su ojo rúnico brillaba con una luz más tenue de lo habitual. Parecía genuinamente perturbada por lo que había sentido horas antes. Martín se acercó con calma, deteniéndose a una distancia respetuosa. Esperó a que ella notara su presencia.
Kora levantó la vista, sobresaltándose ligeramente, su expresión volviéndose instantáneamente defensiva, casi hostil.
"¿Ahora qué, Jefecito?" preguntó, su voz más rasposa de lo normal.
"¿Vienes a sermonearme por respirar demasiado fuerte?"
"Kora," dijo Martín, su tono tranquilo, sin acusaciones.
"Necesitamos hablar." Ella se tensó.
"¿Sobre qué? ¿Mis modales en la mesa? ¿Mi gusto musical cuestionable?" Intentaba desviar la conversación con su habitual sarcasmo, pero había un temblor subyacente en su voz.
"Sobre lo que pasó en el taller," dijo Martín directamente.
"Cuando trabajábamos en tu guantelete." Vio cómo ella desviaba la mirada, confirmando sus sospechas.
"Intentaste escanearme con tu ojo. Lo sé." Kora se puso rígida, su actitud defensiva volviéndose casi agresiva.
"¿Escanearte? ¡Estás loco! ¡Solo estaba... calibrando mi óptica! ¡Tu cara de concentración me daba migraña!"
"No mientas, Kora," replicó Martín, sin alzar la voz pero con una firmeza que la hizo callar.
"No estoy enojado." Hizo una pausa, observando la lucha interna en su rostro: el miedo, el orgullo, la confusión.
"De hecho... lo entiendo. Tienes curiosidad. Ves algo que no cuadra, sientes algo... extraño. Y tu instinto te dice que investigues." Se acercó un paso más.
"Pero sentiste algo cuando lo hiciste, ¿verdad? Algo... desagradable. Aterrador." La forma en que Kora apretó la mandíbula y evitó su mirada fue toda la respuesta que necesitó.
"Mira," continuó Martín, suavizando ligeramente su tono.
"No puedes simplemente... mirar dentro de mi cabeza cuando te apetezca. Hay... cosas ahí dentro. Presencias. Energías que reaccionan mal a las intrusiones. Lo que sentiste fue su advertencia. Tuviste suerte de que fuera breve." Hizo una pausa, reuniendo el valor para lo que iba a proponer.
"Pero tienes razón en una cosa: hay secretos. Hay cosas que no entiendes sobre mí, sobre por qué a veces actúo como lo hago, sobre por qué Valerius nos trata como lo hace. Y si vamos a ser un equipo de verdad, si vamos a cubrirnos las espaldas en esa ciénaga o en cualquier otro infierno al que nos manden, no podemos tener este muro de miedo y desconfianza entre nosotros." Kora lo miró ahora, sus ojos (el normal y el rúnico) llenos de suspicacia.
"¿Y qué propones, entonces? ¿Una charla con té y galletas donde me cuentas tus traumas infantiles? ¿O prefieres que te haga un diagrama?" Martín respiró hondo. Era una locura. Un riesgo monumental. Pero sentía, con una certeza visceral, que era el único camino.
"Propongo algo más... directo." La miró fijamente.
"Quiero que entres. De verdad. En mi mente. Pero esta vez, con mi permiso. Conmigo presente, consciente, guiándote. Te mostraré lo que hay. Te mostraré el cortafuegos, te mostraré a mis... inquilinos. Contenidos, pero reales." Kora se quedó literalmente boquiabierta. La incredulidad total reemplazó a la suspicacia.
"¿Qué?" tartamudeó.
"¿Quieres... quieres que voluntariamente me meta de nuevo en... en eso? ¿Estás completamente loco?" El recuerdo del frío cortante y la furia hirviente que había sentido la hizo estremecerse visiblemente.
"¡Casi me fríe el maldito cerebro solo con asomarme!"
"No te pasará nada," aseguró Martín, proyectando una calma que apenas sentía.
"Yo mantendré el control. Y no estarás sola. Serena estará allí." La mención de la tercera presencia, la que Kora no había sentido directamente durante el escaneo, pareció desconcertarla aún más.
"Ella es... diferente. Ella puede mediar. Puede explicar." Extendió una mano, no para tocarla, sino como un gesto de invitación abierta.
"Es la única forma, Kora. La única forma de que entiendas lo suficiente como para confiar en mí. Y la única forma de que yo pueda confiar en que no volverás a intentar mirar sin permiso, o que si lo haces, sepas el peligro real que corres." La oferta quedó flotando entre ellos, absurda, aterradora, pero extrañamente sincera. Kora lo miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza. La idea era demencial. Entrar voluntariamente en la mente de alguien que albergaba esas... cosas.
Pero la alternativa era seguir operando a ciegas, con miedo, con una tensión que probablemente los mataría más rápido que cualquier monstruo. Y había algo en la mirada de Martín, una honestidad cruda, una vulnerabilidad ofrecida, que la desarmó más que cualquier amenaza.
"Estás," dijo Kora lentamente, sacudiendo la cabeza, "completamente jodido de la cabeza, ¿lo sabes?"
"Probablemente," admitió Martín con una leve sonrisa triste. Ella soltó un largo suspiro tembloroso, cerrando los ojos por un instante. Luego los abrió, encontrando la mirada de Martín.
"Esta... Bien." Su voz era apenas un susurro.
"Más vale loco conocido que Gremio cabrón." Se enderezó, su expresión una mezcla de terror y determinación resignada.
"De acuerdo, Jefecito. Muéstrame tu casa de los horrores personal. Pero si algo sale mal y me quedo atrapada ahí dentro convertida en una calculadora parlante o en una alfombra de bienvenida furiosa, te juro que volveré como fantasma y te patearé el culo por toda la eternidad." Martín asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad que acababa de asumir.
"Trato hecho."

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
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