Chương 134: Capítulo 134 - Ecos en el Lodo
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~34 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección 1: La Calma de la Bestia El eco del último gruñido sometido del Lagarto Rey se disipó en el aire pesado de la ciénaga, dejando tras de sí un silencio preñado de respiraciones entrecortadas y el constante burbujeo del lodo. La criatura yacía inmóvil, atrapada en la maraña de redes y adhesivo rúnico, sus enormes ojos reptilianos parpadeando lentamente mientras observaba a sus captores.
El aura de pánico y dolor que Martín había percibido se había atenuado considerablemente, reemplazada por un profundo agotamiento y una cautela temerosa. Nadie se movió durante un largo momento. Contemplaban a la bestia modificada, la prueba viviente de la crueldad de Elmsworth, y la incómoda pregunta flotaba entre ellos: ¿Y ahora qué? Fue Kora, como era de esperar, quien rompió el tenso silencio, aunque su voz carecía de la habitual estridencia; había un matiz de nerviosismo bajo el sarcasmo.
"¿Y bien?" dijo, dando un golpecito a su ballesta.
"¿Lo hacemos barbacoa? ¿Le ponemos un collar con pinchos y le enseñamos a buscar el periódico? Porque dejarlo aquí atado para que se lo coman los bichos parece... bueno, cruel hasta para mis estándares, y eso ya es decir." Thorian, que ya estaba examinando las modificaciones visibles del lagarto con una fascinación científica que superaba cualquier miedo residual, resopló.
"¡Barbacoa! ¡Ridículo! ¡Es un espécimen biológico y rúnico único! ¡El potencial de estudio es inmenso! Deberíamos sedarlo adecuadamente –tengo un compuesto paralizante de acción rápida en mi kit–, asegurar su transporte y llevarlo a Lumina para un análisis exhaustivo en un entorno controlado." Su mirada brillaba con la perspectiva de datos.
"¡O, como mínimo, colocarle un rastreador rúnico discreto para monitorizar sus patrones de comportamiento post-traumáticos!"
"¿Estudiarlo?" La voz de Althaea era baja pero cortante. Se acercó lentamente al lagarto, moviéndose con una calma que contrastaba con la energía nerviosa de Kora y la excitación científica de Thorian. Se agachó, sus ojos ambarinos encontrando los de la criatura.
"Ya ha sido estudiado suficiente. Torturado suficiente." Se irguió y miró al grupo.
"Está calmado porque ya no sufre por ese aparato infernal. Pero sigue siendo una criatura alterada, arrancada del equilibrio natural de este lugar. Lo más... justo," eligió la palabra con cuidado, "sería liberarlo. Cortar sus ataduras y dejar que la ciénaga decida su destino." Martín observó el debate, sintiendo el peso de la decisión. La opción de Thorian era pragmática desde un punto de vista científico, pero moralmente repugnante después de lo que habían visto. La opción de Kora era una broma macabra.
La de Althaea resonaba con su propio deseo de no causar más daño, pero liberarlo sin más también tenía sus riesgos. Miró a Althaea, buscando confirmación en su juicio, en su conexión con el mundo natural que él apenas empezaba a comprender. Confiar en su instinto se sentía más correcto que confiar en la lógica fría o en el cinismo. Usó su visión emocional una última vez sobre el lagarto. Miedo residual, confusión, agotamiento... pero la agresividad enloquecida había desaparecido.
"Althaea tiene razón," dijo finalmente, su voz aún un poco ronca por el esfuerzo de canalizar al Guardián.
"No vamos a estudiarlo ni a matarlo. Lo liberamos." Vio la protesta formándose en el rostro de Thorian y levantó una mano.
"Pero con precaución. Thorian, ¿puedes identificar alguna de esas modificaciones externas que sea claramente dañina o que pueda causarle más problemas? Algo que podamos quitar sin una cirugía mayor." Thorian refunfuñó sobre "pérdida de datos valiosos", pero se acercó y examinó las placas metálicas y las runas grabadas.
"Esta placa en el flanco está suelta y parece irritarle la piel," señaló.
"Y algunas de estas runas de 'mejora' están mal calibradas, probablemente causándole espasmos o dolor residual. Podría intentar desactivarlas con un pulso neutralizador, pero es arriesgado." Decidieron quitar solo la placa suelta.
Mientras Thorian trabajaba con cuidado, usando herramientas finas para cortar los anclajes oxidados, Althaea se acercó de nuevo al lagarto, hablándole en murmullos bajos y guturales, no con palabras que Martín pudiera entender, sino con un tono tranquilizador, el mismo que usaría con un animal salvaje asustado. Kora observaba la escena desde la distancia, en silencio por una vez, una expresión extraña en su rostro. Una vez retirada la placa irritante, llegó el momento de cortar las ataduras.
Thorian desactivó las runas paralizantes de sus redes. Kora retrajo los anclajes de sus virotes adhesivos. Quedaban las cuerdas de Althaea. Ella se acercó con su cuchilla y, con movimientos rápidos y precisos, cortó la última atadura. El Lagarto Rey permaneció inmóvil por un instante, como si no creyera en su libertad. Luego, lentamente, con dificultad debido a su pata herida, comenzó a levantarse.
Se sacudió el lodo y miró al grupo, especialmente a Martín y Althaea, con sus ojos antiguos y ahora extrañamente lúcidos. No hubo agradecimiento, ni amenaza. Solo una larga mirada de reconocimiento. Althaea dio un paso atrás, dándole espacio. Mientras el lagarto comenzaba a cojear lentamente hacia la espesura de los árboles y la niebla que empezaba a levantarse, ella murmuró algo en voz tan baja que Martín apenas lo oyó, una mezcla de su lengua nativa y la común:"Ve en paz, entonces... hermano de barro y dolor.
Que la ciénaga te reclame o te perdone." Observaron en silencio cómo la enorme figura desaparecía entre las sombras verdes y grises. El dilema inmediato estaba resuelto. Pero la sensación de haber intervenido en algo antiguo y haber liberado algo desconocido persistía. Sección 2: Rastros del Científico Loco Con la imponente figura del Lagarto Rey desapareciendo en la bruma de la ciénaga, una quietud incómoda se instaló sobre el grupo.
Habían resuelto el problema inmediato de la criatura, pero la causa raíz de su sufrimiento seguía siendo un cabo suelto: Maestro Elmsworth.
"Bueno," dijo Kora, rompiendo el silencio con su habitual falta de tacto mientras limpiaba un poco de lodo de su pistola.
"¿Eso es todo? ¿Empacamos el cacharro brillante y nos largamos de este agujero apestoso? Porque mi cuota de heroísmo altruista por hoy está cubierta." Thorian consultó su datapad, su expresión volviéndose formal y ligeramente irritada.
"Protocolariamente," anunció, "la misión B-412 estipula 'Recuperación de Sensor Arcano y posible extracción del cliente'. Hemos cumplido el primer objetivo. El segundo sigue pendiente. Deberíamos, como mínimo, realizar una búsqueda perimetral para determinar el estado del Maestro Elmsworth."
"¿Buscar al viejo loco que creó a 'Croko'?" Kora soltó una carcajada incrédula.
"¡Estás de broma! Que se lo coman las sanguijuelas mutantes por lo que a mí respecta. ¡Casi nos mata su experimento fallido! Tenemos el sensor, cumplimos lo importante. ¡Vámonos antes de que otra de sus 'mascotas mejoradas' decida venir a saludar!" Pateó un trozo de lodo con disgusto. Martín miró hacia la dirección donde Althaea había indicado que vio huellas humanas alejándose. La idea de buscar activamente a Elmsworth le revolvía el estómago.
Las notas en el sensor eran una ventana a una mente fría y cruel, alguien que infligía dolor por "conocimiento". No sentía ninguna obligación moral de rescatarlo. Sin embargo, dejarlo morir (si es que aún estaba vivo) o simplemente ignorar su destino se sentía... incompleto. Era información, y quizás información útil sobre hasta dónde llegaban sus experimentos o quién más podría estar involucrado. Althaea, que había vuelto a examinar el área donde encontraron al Lagarto Rey, regresó junto a ellos.
"Fue atacado aquí," confirmó en voz baja, señalando unas manchas oscuras en el barro que no eran solo agua estancada.
"Hay sangre. No es de reptil. Y no es suficiente para indicar una herida mortal inmediata." Siguió con la mirada un rastro casi imperceptible.
"Las marcas de arrastre terminan aquí, como si hubiera luchado para liberarse. Y desde este punto," señaló hacia el norte, en dirección opuesta a donde se había ido el lagarto, "hay otras huellas. Humanas. Botas pesadas, como las que usan los eruditos del Gremio para trabajo de campo. Irregulares. Débiles. Se alejan hacia esa zona de manglares más densos." Hizo una pausa, su expresión indescifrable.
"Parece que escapó. Malherido, probablemente, pero por su propio pie." La información de Althaea cambió la ecuación. No necesitaban montar una búsqueda activa y peligrosa. Tenían pruebas razonables para suponer que Elmsworth había sobrevivido al ataque inicial y había huido.
"Entonces," dijo Martín lentamente, sopesando las palabras, "informaremos al Gremio que el objetivo secundario no pudo ser completado. El cliente no se encontraba en la última ubicación conocida y la evidencia sugiere que abandonó la zona después de un encuentro hostil con fauna local modificada." Era una verdad técnica, conveniente, que omitía su juicio moral sobre Elmsworth y minimizaba el riesgo para su propio equipo. Miró a los demás buscando acuerdo. Thorian asintió a regañadientes.
"Es una interpretación aceptable de los hechos basada en la evidencia disponible. Cumple con los requisitos mínimos del informe de misión sin incurrir en riesgos adicionales innecesarios." La perspectiva de no tener que buscar a un erudito herido en medio de la ciénaga parecía aliviarlo visiblemente. Help support creative writers by finding and reading their stories on the original site.
Althaea simplemente asintió, su expresión confirmando que no sentía ninguna necesidad de perseguir al hombre responsable de la tortura de la criatura que acababan de liberar. Kora sonrió abiertamente por primera vez desde la confrontación inicial.
"¡Me encanta! ¡Burocracia al rescate!
'No lo encontramos, qué pena, aquí está su cacharro, páguennos y adiós muy buenas'." Pateó otro trozo de barro, esta vez con más ánimo.
"Pero," añadió en voz baja, casi para sí misma, mirando hacia la dirección donde Althaea indicó que huyeron las huellas de Elmsworth, "si ese viejo hijo de puta aparece más adelante, igual lo remato yo. Por Croko." Sin embargo, su mirada se desvió por un instante hacia la espesura donde el Lagarto Rey había desaparecido, y una extraña quietud reemplazó su habitual bravuconería por un momento antes de volver a su máscara cínica.
"Decidido entonces," concluyó Martín.
"Salimos de esta zona. Ahora mismo." La idea de permanecer más tiempo cerca de las ruinas, con la energía residual de Elmsworth, el golem durmiente y los fantasmas de experimentos crueles, se le antojaba insoportable. Era hora de iniciar la retirada. Sección 3: Ecos Internos y Hierro Frío Mientras el grupo comenzaba a reunir sus cosas, preparándose para abandonar el claro de las ruinas y el eco de la reciente confrontación, Martín sintió las verdaderas secuelas de haber recurrido al poder del Guardián.
No era solo el agotamiento físico que le pesaba en los miembros o el dolor de cabeza sordo detrás de los ojos. Era algo más profundo, una resonancia interna que persistía mucho después de que el brillo rojizo hubiera desaparecido de su mirada. Sentía una irritabilidad latente vibrando justo bajo la superficie de su piel, una impaciencia con los movimientos lentos de Thorian mientras guardaba sus instrumentos, una necesidad casi física de seguir moviéndose, de alejarse de allí.
Notó un ligero temblor en sus manos mientras revisaba las correas de su mochila, un temblor que no provenía del frío húmedo de la ciénaga. Y en los bordes de su visión normal, a veces creía percibir fugaces destellos rojos, como ecos fantasmales de la energía que había canalizado. Se tomó un momento, apartándose ligeramente mientras los demás terminaban de prepararse, y cerró los ojos, intentando evaluar el estado de su paisaje mental. El cortafuegos seguía en pie, pero se sentía...
más delgado en algunos puntos, como si la intensidad de la energía del Guardián lo hubiera desgastado. La respuesta de las entidades a su acción no tardó en llegar. El Arquitecto, como siempre, fue el primero, con su evaluación clínica y desapasionada. «Análisis post-canalización Protocolo 'Guardián' completado. Advertencia: Niveles detectados de energía residual de tipo Caos/Dominación por encima del umbral de seguridad recomendado (Incremento del 17. 3% sobre línea base).
Riesgo incrementado de influencia emocional espontánea, toma de decisiones impulsiva y degradación progresiva de la integridad del cortafuegos mental si no se implementan contramedidas. Se recomienda periodo inmediato de inactividad energética y recalibración interna prioritaria. » Era el equivalente mental a una luz de advertencia parpadeando en un panel de control. Luego, la presencia de Serena se manifestó, no con la calidez habitual, sino con una seriedad teñida de preocupación.
«Sentiste el poder, corazón, » su voz mental era suave, pero llevaba un peso que antes no tenía. «La fuerza bruta para imponer orden sobre el caos, para doblegar otra voluntad con la tuya. Y lo controlaste, dirigiste la tormenta sin dejar que te arrasara... esta vez. » Hubo una pausa significativa. «Pero cada vez que abres esa puerta, aunque sea solo una rendija, el eco de su rugido persiste un poco más en tus silencios. El camino del dominio es seductor, Martín, pero rara vez conduce al equilibrio.
Recuerda el coste. Recuerda la fuente de esa furia. No es una herramienta para usar a la ligera. » Sintió su empatía, pero también una clara advertencia sobre la naturaleza adictiva y corrosiva de ese poder. «Busca el equilibrio, no solo el control. » Martín asintió mentalmente, aceptando las advertencias. Sabía que habían tenido razón.
El poder del Guardián era inmenso, útil en una situación desesperada, pero el precio de su uso era una deuda interna que tendría que pagar con vigilancia y esfuerzo constantes para no dejarse consumir. Mientras lidiaba con sus ecos internos, Thorian había terminado de examinar con sus herramientas el pequeño dispositivo cilíndrico que le habían extraído al Lagarto Rey. Sus habituales quejas fueron reemplazadas por una mezcla de fascinación técnica y horror contenido.
"¡Increíble! ¡Y abominable!" murmuró, acercando una lente de aumento al objeto.
"La matriz rúnica es una perversión deliberada de los principios de armonización empática. ¡Está diseñada para inducir dolor y pánico, no para controlar! ¡Es tecnología de tortura, no de manejo!" Limpió una sección del cilindro con un solvente suave.
"Y detecto trazas energéticas residuales... firmas que no deberían estar aquí..." Acercó un sensor más sensible, que emitió un pitido agudo y distintivo. Los ojos de Thorian se abrieron de par en par bajo sus pobladas cejas.
"¡No! ¡No puede ser...!" Volvió a pasar el sensor.
"¡Sí! ¡Sin duda! ¡Partículas ínfimas, casi indetectables, pero consistentes con... Astracita refinada!" Miró a Martín, su rostro pálido y serio.
"¡Utilizada como catalizador o fuente de energía para las runas de inducción de dolor! ¡Elmsworth no solo experimentaba con runas prohibidas, estaba usando Astracita!" La revelación golpeó a Martín con la fuerza de un golpe físico. Astracita. La misma sustancia ligada al Culto de la Sombra, a Morthos, a la corrupción de Karak Dhur, a la propia Marca que atormentaba al espíritu que llevaba dentro (aunque ahora contenido por Serena). ¿Estaba Elmsworth conectado al Culto?
¿O simplemente había encontrado y utilizado su tecnología o conocimiento de forma independiente? Fuera cual fuera la respuesta, la conexión era innegable y profundamente inquietante. Los experimentos de Elmsworth no eran solo crueles; estaban ligados al corazón mismo de la oscuridad que habían estado persiguiendo. Martín sintió un último eco en su mente, no de las entidades, sino una resonancia residual del dispositivo ahora inerte en la mano de Thorian.
Por un instante fugaz, sintió un fantasma del dolor agudo y el pánico ciego que había atormentado a Croko. Una conexión empática inesperada, un último lamento silencioso de la víctima de ese pequeño trozo de hierro frío y magia oscura. La sensación desapareció tan rápido como llegó, dejándolo con un sabor amargo en la boca y una nueva y sombría determinación. Tenían que salir de allí. Y tenían que averiguar hasta dónde llegaba la conexión de Elmsworth con la Astracita.
Sección 4: Retirada Tensa La revelación de Thorian sobre la presencia de Astracita en el implante de Elmsworth colgó en el aire viciado de la ciénaga como una sentencia. Astracita. La palabra misma traía consigo el peso de Karak Dhur, la sombra de Morthos, el frío toque del Culto. Ya no se trataba solo de un erudito loco jugando con la vida salvaje; estaban ante una conexión directa con la oscuridad que amenazaba al mundo.
"Tenemos que irnos," dijo Martín, su voz sonando más firme de lo que se sentía. La necesidad de alejarse de ese claro, de esas ruinas impregnadas de dolor y magia corrupta, era ahora abrumadora.
"Recojan todo. Nos movemos." No hubo discusiones. Incluso Kora pareció sentir la gravedad del descubrimiento, guardando sus herramientas y revisando la carga de su ballesta con una eficiencia silenciosa y poco característica. Thorian guardó el implante extraído en un contenedor de estasis rúnica, tratándolo como la peligrosa evidencia que era. Althaea ya estaba explorando el camino de regreso, asegurándose de que la ruta estuviera despejada. Comenzaron la retirada, dejando atrás el claro de las ruinas.
Mientras se alejaban, Martín echó una última mirada hacia la espesura donde el Lagarto Rey había desaparecido. Por un instante, creyó ver un movimiento entre los árboles, una forma masiva observándolos en silencio antes de desvanecerse en la niebla que comenzaba a levantarse del agua estancada. O quizás fue solo su imaginación, un eco persistente de la conexión forjada en el dolor. El viaje de regreso a través de la ciénaga fue tenso.
El conocimiento de la implicación de la Astracita añadía una nueva capa de peligro a cada sombra, a cada sonido extraño. ¿Estaba Elmsworth usando solo trazas, o había más de esa sustancia corruptora en algún lugar de este pantano? ¿Estaba actuando solo, o era una pieza en el juego del Culto? La dinámica del equipo había cambiado sutilmente. Thorian estaba absorto en sus pensamientos, sin duda analizando las implicaciones del descubrimiento de la Astracita, su mente científica trabajando a toda velocidad.
Althaea guiaba con una concentración aún mayor, su instinto de peligro agudizado. Kora seguía siendo Kora –soltó una maldición cuando tropezó con una raíz y casi cae de bruces en el lodo– pero estaba notablemente más callada que en el viaje de ida. Lanzaba miradas furtivas a Martín de vez en cuando, una mezcla de curiosidad, recelo y quizás un atisbo de respeto a regañadientes después de presenciar tanto la curación como la demostración de poder dominante.
La línea que Martín había trazado seguía ahí, y ella parecía, por ahora, no tener intención de cruzarla frontalmente. Martín, por su parte, luchaba por mantener la calma exterior mientras lidiaba con la fatiga residual y los ecos internos. La conexión de Elmsworth con la Astracita era una complicación enorme. Volver a Lumina ya no era solo cuestión de entregar un sensor y un informe.
Era volver con información peligrosa, información que implicaba a un Maestro Erudito del Gremio en el uso de materiales prohibidos y tecnología de tortura vinculada al Culto. ¿Cómo reaccionaría Valerius? ¿Intentaría ocultarlo? ¿O era Elmsworth un peón prescindible, quizás incluso una prueba diseñada por el propio Valerius para ver qué descubrían? Las preguntas se arremolinaban, sin respuestas claras.
Finalmente, tras horas que parecieron eternas, emergieron del borde de la ciénaga, dejando atrás el hedor y la opresión. El aire más limpio, aunque todavía húmedo, se sintió como una bendición. Se detuvieron un momento, mirando hacia atrás, hacia la extensión oscura y silenciosa que acababan de atravesar. Habían cumplido la misión, o al menos, la parte recuperable de ella. Habían sobrevivido a su primera prueba como equipo de cuatro.
Pero los descubrimientos realizados en el corazón de las Ciénagas Olvidadas planteaban amenazas mucho mayores que cualquier lagarto mutante. Martín intercambió una mirada con Althaea y Thorian. Kora se mantenía un poco apartada, limpiando su ballesta. El viaje de regreso a Lumina sería largo. Y la conversación que tendrían que tener al llegar, aún más difícil.
"Y ahora," murmuró Martín en voz baja, más para sí mismo que para los demás, mientras se giraban para empezar el camino de vuelta hacia la distante "luz" de la civilización, "ahora tenemos que contarle al Gremio... o decidir cuánto le contamos... que uno de los suyos creó esto." El croar lejano de alguna criatura de la ciénaga pareció una respuesta irónica y melancólica. La misión había terminado, pero los problemas apenas comenzaban.

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