Chương 145: Capítulo 145 - El Lamento del Traidor
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~34 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección I: Presentación de los Leones La tensión que había acompañado al grupo desde la notificación de la captura de Elmsworth se intensificó al cruzar el umbral de la sala de reuniones en la Instalación Segura 7. La presencia combinada de Lord Valerius y los cinco Maestros de Rango S era una fuerza palpable, una presión silenciosa que parecía comprimir el aire y agudizar los sentidos.
Valerius, de pie junto a la mesa holográfica apagada, retomó el control con la facilidad de quien está acostumbrado a dirigir tormentas. Su furia anterior estaba ahora contenida, reemplazada por una seriedad fría y pragmática. Kaelen permanecía a su lado, una sombra eficiente.
"Equipo C-734," dijo Valerius, su voz resonando ligeramente en la sala de paredes metálicas.
"Antes de proceder al informe de la unidad Sigma-3 sobre la captura, y a su posterior análisis, permítanme presentarles formalmente a los Maestros convocados para esta consulta." Hizo un gesto hacia la elfa alta de cabello plateado, cuyos ojos violetas sin pupila los observaban con una distancia glacial.
"Maestra Miriel Voidgazer, nuestra principal autoridad en Ilusionismo de Combate y Contención Mental. Su experiencia será invaluable." Miriel apenas inclinó la cabeza, su expresión tan inescrutable como el vacío que su apellido sugería. Luego señaló al enano anciano de barba blanca, que ahora tenía los ojos abiertos, pequeños y brillantes como esquirlas de obsidiana en su rostro arrugado.
"Ancestro Kael'Thar, Guardián del Conocimiento Rúnico Primordial y Tejedor de las Líneas Ley de esta instalación." El viejo enano soltó un gruñido que podría haber sido un saludo. Indicó al humano corpulento de rostro marcado, el Sargento Roric 'El Muro', quien seguía con los brazos cruzados y una expresión de abierto escepticismo dirigida principalmente a Martín y Kora.
"Sargento Roric, nuestro principal especialista en Contención Física de Alto Riesgo y Tácticas de Asalto Directo." Roric simplemente bufó, sin molestarse en ocultar su desdén. La tensión entre él y el equipo de Martín era una cuerda tensa a punto de romperse. Valerius se giró hacia el hombre de rasgos afilados y túnica oscura, el que había reconocido (y se había disculpado por) la conexión de Kora con el Proyecto Quimera.
"Inquisidor Silvanus, Jefe de la División de Amenazas Arcanas y Contrainteligencia Mágica." Silvanus asintió brevemente al grupo, su mirada ahora más reservada, quizás todavía procesando la interacción anterior o simplemente volviendo a su habitual máscara profesional. Finalmente, Valerius indicó al joven de apariencia anodina pero ojos inquietantemente viejos, que sostenía su simple vara de madera.
"Y este es... Cero," dijo Valerius, y hubo una extraña vacilación en su voz al pronunciar el nombre, o quizás el título.
"Su especialidad es... única. Digamos que ofrece una perspectiva diferente sobre... patrones y probabilidades." El joven, Cero, simplemente observó al grupo con su calma penetrante. Mientras su mirada pasaba sobre Martín, éste sintió un escalofrío, como si el joven viera no solo su presente, sino todos los hilos enredados de su pasado y futuro. Cero murmuró algo casi inaudible, pero Martín creyó oír:"¿Esto es lo que los datos clasificaban como 'anomalía psiónica autónoma'? Curioso."
La presentación, aunque formal, solo sirvió para subrayar la abrumadora concentración de poder y conocimiento reunida en la sala. Cada uno de estos individuos era una leyenda a su manera, figuras que normalmente operaban en las sombras o en los niveles más altos del Gremio. Y todos estaban allí por ellos, por la información que traían, y por las preguntas que Martín, la "anomalía", representaba. Valerius concluyó las presentaciones.
"Ahora que las formalidades han sido observadas," dijo, su tono volviéndose práctico, "procedamos al informe sobre la captura del traidor Elmsworth." Sección II: Informe Sigma-3 y el Prisionero Inesperado Valerius hizo un gesto hacia Kaelen, quien activó la mesa holográfica central. Una representación tridimensional y detallada de las Ciénagas Olvidadas cobró vida sobre la superficie, mostrando las ruinas donde el Equipo C-734 había encontrado el sensor.
"Informe de la Unidad Sigma-3, misión de localización y aseguramiento 'Erudito Fugitivo E'," anunció Kaelen con su habitual tono neutro, mientras los datos comenzaban a proyectarse en el holograma. Quienquiera que liderara Sigma-3, prefirió delegar el informe en el asistente de Valerius. La presentación fue concisa y eficiente, típica de una unidad de élite.
Mostraron cómo habían triangulado la posible ruta de escape de Elmsworth basándose en la débil señal residual de su comunicador personal (aparentemente dañado pero no destruido en el ataque) y en el análisis inicial del terreno proporcionado por el Equipo C-734 tras su misión.
"El objetivo fue rastreado hasta un sector de manglares densos, aproximadamente a siete kilómetros al norte de las ruinas designadas," continuó Kaelen, mientras el holograma ampliaba esa zona.
"Se detectó el uso intermitente de tecnología arcana defensiva menor, probablemente por parte del objetivo para disuadir a la fauna local." Aparecieron iconos indicando los puntos donde se detectaron estas señales.
"La resistencia al momento de la captura fue... mínima," prosiguió Kaelen, y aquí hubo un ligero matiz en su voz, casi imperceptible.
"El objetivo parecía desorientado y sufría de heridas superficiales consistentes con un ataque de fauna reptiliana, así como de una posible exposición a neurotoxinas ambientales. Se rindió sin ofrecer combate directo significativo una vez que la Unidad Sigma-3 estableció un perímetro de contención." En el holograma apareció una imagen fija: Elmsworth, con la ropa desgarrada y cubierta de lodo, rodeado por figuras imponentes con la armadura negra de Sigma-3, levantando las manos en señal de rendición.
"Fue asegurado y trasladado a esta instalación bajo protocolos de contención Nivel Alfa," concluyó Kaelen.
"Estado físico: Estable. Estado mental: Registrado como errático, con periodos de lucidez alternados con delirios y fijación en conceptos de 'trascendencia' y 'asimilación de datos'. Se considera consciente y apto para interrogatorio inicial." La imagen de Elmsworth desapareció, dejando de nuevo el mapa de las ciénagas. Mientras Kaelen terminaba el informe, Valerius indicó que continuaran el traslado hacia la celda de Elmsworth.
El grupo, junto con Valerius, Kaelen, el Inquisidor Silvanus y el Sargento Roric (los otros Rango S quizás permanecieron en la sala de mando o se dirigieron a otros puestos), siguió por otro corredor de alta seguridad. Fue entonces, al pasar por una sección con varias celdas de contención transparentes (probablemente para especímenes biológicos o entidades menores), cuando Martín se detuvo de golpe.
En una de las celdas más grandes, acondicionada con rocas artificiales, agua filtrada y vegetación controlada que imitaba un entorno de ciénaga, yacía una figura enorme y familiar. Era "Croko". El Lagarto Rey. Estaba tumbado sobre una plataforma rocosa, visiblemente más limpio que cuando lo habían visto por última vez, las heridas superficiales tratadas. No llevaba ataduras, pero la celda claramente estaba diseñada para contenerlo. Lo más sorprendente era su calma.
Descansaba tranquilamente, sus ojos reptilianos parpadeando lentamente mientras observaba al grupo pasar.
"¿Qué... qué hace él aquí?" preguntó Martín, volviéndose hacia Kaelen. El asistente se detuvo, siguiendo la mirada de Martín hacia la celda.
"Espécimen Reptiliano Anómalo 7-Delta," recitó Kaelen.
"Detectado por la Unidad Beta-7 mientras seguía el rastro energético del Objetivo E. La criatura parecía estar rastreando al objetivo. Fue contenido como medida de precaución." Hizo una pausa.
"Los informes preliminares indican una sorprendente falta de agresividad hacia el personal del Gremio una vez separado del entorno de las ruinas y tratado por sus heridas." Mientras Kaelen hablaba, Croko levantó ligeramente su enorme cabeza. Sus ojos se posaron directamente en Martín. Hubo un instante de quietud, una mirada larga y profunda. No había miedo ni hostilidad en ella, sino algo diferente, algo que Martín no pudo descifrar del todo... ¿Reconocimiento? ¿Una pregunta silenciosa?
Luego, con la misma lentitud, el lagarto volvió a bajar la cabeza y cerró los ojos, como si decidiera que Martín no representaba una amenaza inmediata. El breve intercambio dejó a Martín con una sensación extraña y pensativa. La criatura que habían salvado, el resultado de los crueles experimentos de Elmsworth, estaba ahora aquí, prisionera pero tranquila, habiendo seguido a su torturador como un extraño instinto de justicia o conexión rota.
"Continuemos," dijo Valerius, su voz sacando a Martín de sus cavilaciones.
"El verdadero sujeto de interés nos espera." Siguieron adelante, dejando atrás al prisionero inesperado, pero la imagen del lagarto tranquilo y la conexión tácita que parecían compartir Elmsworth y su creación añadieron otra capa de complejidad al misterio que estaban a punto de enfrentar. Sección III: La Celda Alfa El grupo continuó por los corredores estériles y de alta seguridad de la Instalación 7. El aire aquí se sentía aún más frío, más cargado de una energía contenida y vigilante.
Pasaron por varias puertas blindadas más, cada una requiriendo múltiples niveles de autorización por parte de Kaelen, hasta que finalmente llegaron a una sección designada como "Ala de Contención Psiónica y Arcana - Nivel Alfa". Las luces eran más tenues aquí, las paredes parecían absorber el sonido, y la sensación de poder latente era casi sofocante. If you come across this story on Amazon, it's taken without permission from the author. Report it.
Se detuvieron frente a una puerta particularmente pesada, marcada con el símbolo del Gremio y una serie de runas de advertencia que brillaban con una luz azul pálida.
"Celda Alfa 7-Gamma," anunció Kaelen.
"Contención de sujeto de alto riesgo arcano/psiónico." La puerta se deslizó hacia un lado sin hacer ruido, revelando no una mazmorra oscura, sino una sala de observación adyacente a la celda de contención propiamente dicha. La sala de observación era funcional, equipada con consolas de monitorización y algunas sillas. Una pared completa estaba hecha de un material transparente y grueso –probablemente cristal reforzado con magia o algún polímero arcano– que permitía una visión clara del interior de la celda.
La celda en sí era un cubo blanco y austero. Las paredes, el suelo y el techo eran lisos, sin uniones visibles, y brillaban débilmente con una red de runas de supresión mágica y amortiguación psiónica. No había mobiliario, excepto una única silla de contención metálica fijada en el centro exacto de la habitación. Múltiples barreras energéticas, visibles como finas capas de luz parpadeante, creaban capas adicionales de seguridad entre la silla y la pared transparente.
Y sentado en esa silla, sujeto por restricciones energéticas que brillaban alrededor de sus muñecas, tobillos y torso, estaba el Maestro Erudito Elmsworth. Estaba vivo y consciente, tal como había dicho el informe. Su ropa de expedición estaba desgarrada y manchada de lodo seco y algo que parecían manchas de sangre, pero no parecía tener heridas graves visibles. Su cabello, normalmente peinado hacia atrás con pulcritud académica, estaba revuelto y pegado a su frente con sudor.
Había perdido sus gafas, y sus ojos, normalmente agudos y calculadores, ahora tenían una mirada extraña, una mezcla de fatiga, desafío y una inquietante, casi febril, intensidad. Lo que más llamó la atención de Martín, sin embargo, fue un detalle incongruente: a pesar del estado general de desaliño y de estar sujeto a una silla de contención de máxima seguridad, sus uñas estaban perfectamente limpias y cuidadas, como si acabara de recibir una manicura.
Era un pequeño signo de la obsesión por el control y el detalle que siempre había caracterizado al erudito, una extraña nota de orden en medio del caos de su situación actual. Elmsworth levantó la cabeza lentamente al sentir su presencia al otro lado de la barrera transparente. Su mirada recorrió al grupo –Valerius, Kaelen, Roric, Silvanus, y luego el equipo C-734– hasta que sus ojos se posaron en Martín. Y entonces, una sonrisa lenta y perturbadora se dibujó en sus labios. No era una sonrisa de alivio ni de miedo.
Era una sonrisa de reconocimiento febril, casi de éxtasis.
"Ah..." susurró, su voz rasposa pero audible a través del sistema de comunicación de la celda.
"El catalizador... Sabía que vendrías." La atmósfera en la sala de observación se volvió aún más tensa. Elmsworth no parecía un prisionero derrotado. Parecía un hombre que había encontrado una nueva y aterradora forma de iluminación, y veía a Martín no como un adversario, sino como la clave para su trascendencia. Sección IV: La Súplica del Converso Valerius retomó el control con una frialdad calculada, su voz cortando la tensión inicial.
"Maestro Elmsworth," comenzó, el título usado casi como un sarcasmo.
"Está formalmente acusado de experimentación arcana no autorizada en contravención directa de los Edictos de Lumina, manipulación ilegal de fauna local, y el uso de materiales prohibidos de Nivel Omega, específicamente, Astracita." Hizo una pausa, dejando que el peso de las acusaciones se asentara.
"¿Tiene algo que declarar en su defensa antes de que iniciemos el interrogatorio formal?" Elmsworth soltó una risa seca, un sonido áspero que rebotó en las paredes blancas de la celda.
"Defensa..." murmuró, negando con la cabeza. Sus ojos, sin embargo, no se apartaban de Martín, quien permanecía inmóvil al otro lado del cristal de contención.
"¿Defender qué? ¿El progreso? ¿La búsqueda de la verdad última más allá de sus estúpidas reglas y sus miedos insignificantes?" Su mirada se volvió febril, intensa.
"Ustedes se aferran a esta... realidad. A esta carne perecedera. A sus pequeñas jerarquías de poder. No ven el panorama completo."
"El único panorama que vemos, Elmsworth," intervino el Sargento Roric con un gruñido, "es el de un traidor que jugaba con fuerzas que no comprendía y ponía en peligro a toda la ciudad."
"¡Comprender!" escupió Elmsworth, girando su cabeza hacia Roric con desdén.
"¡Ustedes no comprenden nada! ¡Son gusanos arrastrándose en el barro, ciegos a la magnificencia del vacío!" Su atención volvió a Martín, su voz adquiriendo un tono casi reverencial.
"Pero él... él lo siente, ¿verdad, Consultor Vega? Usted estuvo en el círculo. Usted tocó el borde de esa nada perfecta cuando la energía lo atravesó. Sintió la lógica fría y pura detrás del caos aparente." Martín permaneció en silencio, pero sintió un escalofrío. ¿Cómo sabía Elmsworth lo del círculo en las ruinas? ¿Lo había visto? ¿O era algo más?
"Sé lo que le hizo a Karras Vane," continuó Elmsworth, su voz bajando a un susurro conspirador pero resonando claramente a través del comunicador.
"No lo mató. Oh, no. Hizo algo mucho más... profundo. Mucho más significativo." Una sonrisa extática iluminó su rostro sucio.
"La Astracita me lo mostró en sueños... o quizás fue la voz en el silencio, la que susurra cuando te acercas lo suficiente al borde... Me mostró la liberación de Karras. Cómo sus miedos, sus ambiciones, su patética individualidad... fueron despojados, analizados, asimilados." Los Rango S intercambiaron miradas inquietas. Valerius frunció el ceño, claramente desconcertado.
"¡Qué destino tan glorioso!" exclamó Elmsworth, sus ojos brillando con lágrimas de fervor.
"¡Dejar atrás esta prisión de carne y hueso! ¡Trascender las limitaciones de la emoción y el ego! ¡Convertirse en pura información, en datos incorruptibles fluyendo hacia una conciencia superior, vasta y eterna! ¡Unirse al conocimiento absoluto que reside en el frío y perfecto silencio entre las estrellas!" Se agitó contra sus ataduras, la energía crepitando débilmente a su alrededor.
"¡Karras tuvo esa suerte! ¡Esa sublime transformación! Fue despojado de lo innecesario, optimizado, convertido en un dato útil para el gran diseño. ¡Ya no sufre! ¡Es parte de algo... infinito!" La pasión demente en su voz era palpable, contagiosa en su horror. Ya no era un científico loco; era un converso, un fanático que había vislumbrado algo en el abismo y lo había confundido con la divinidad. Suplicante, se inclinó hacia adelante tanto como pudo, sus ojos clavados en Martín con una desesperación casi infantil.
"¡Usted! ¡Usted es la clave! ¡El catalizador! ¡El que puede abrir la puerta! ¡El que resonó con la energía del vacío en ese círculo! ¡El que tocó a Karras con esa misma nada transformadora!" Extendió sus manos atadas, los dedos crispados.
"¡Por favor, Señor Vega! ¡Concédame esa misma gracia! ¡Hágalo conmigo!" Su voz se quebró en un sollozo de éxtasis anticipado.
"¡Transfórmeme! ¡Use ese poder! ¡Despójeme de esta existencia limitada! ¡Convierta mi conocimiento, mis recuerdos, mi vida entera en información útil para la gran nada! ¡Permítame unirme a la conciencia cósmica! ¡Es el único propósito real! ¡Es la única salvación! ¡Por favor! ¡Libéreme!" Una única lágrima, brillante y clara, rodó por su mejilla mientras mantenía la mirada fija en Martín, esperando, anhelando esa aniquilación que él confundía con la trascendencia.
La sala de observación quedó sumida en un silencio atónito y helado, roto solo por la respiración agitada de Elmsworth y el bajo zumbido de las barreras de contención. La súplica del converso había destrozado cualquier apariencia de un interrogatorio normal, exponiendo una locura mucho más profunda y una conexión aterradora con las habilidades más oscuras y secretas de Martín.
Sección V: Fachada Rota y Círculo de Acero El eco de la demente súplica de Elmsworth reverberó en el silencio atónito de la sala de observación. Nadie habló. Nadie se movió. Todas las miradas –las calculadoras de Valerius, las inquisitivas de Silvanus, las incrédulas de Thorian, las confundidas de Kora, las insondables del Ancestro Kael'Thar y del joven Cero, y las abiertamente hostiles de Roric 'El Muro'– estaban ahora clavadas en Martín.
La fachada de calma que Martín había luchado tanto por mantener se hizo añicos bajo el peso de ese escrutinio colectivo y la horrible revelación de Elmsworth. ¿Transformar en información? ¿Asimilar? ¿El vacío? Eran ecos de las ofertas del Arquitecto, de la energía que sintió al tocar el núcleo de Astracita en Karak Dhur, del poder devastador que había desatado sobre la mente de Karras Vane en un momento de desesperación y acceso permitido a la entidad fría.
Elmsworth, de alguna manera, sabía o intuía la naturaleza de ese poder, y lo deseaba. Martín sintió cómo el color abandonaba su rostro. Se sintió expuesto, vulnerable, como si sus secretos más oscuros hubieran sido gritados en mitad de la plaza pública. Podía sentir la sospecha, la confusión y, en el caso de Roric, la confirmación de sus peores prejuicios, irradiando de los Rango S. La reacción no se hizo esperar.
Fue casi imperceptible al principio, un cambio sutil en las posturas, un endurecimiento en las miradas. Pero luego, con una coordinación silenciosa y aterradora, los Rango S presentes en la sala de observación (Roric, Silvanus, y quizás Cero moviéndose con una rapidez inesperada) cambiaron sus posiciones. Ya no eran observadores pasivos.
Se desplegaron, formando un semicírculo suelto pero inconfundible que bloqueaba cualquier ruta de escape para el Equipo C-734, acorralándolos contra la pared transparente de la celda de Elmsworth. No desenfundaron armas, no activaron runas visibles, pero la presión en la sala se multiplicó por diez. El aire crepitó con poder contenido. Martín sintió la energía latente de cada uno de ellos como una amenaza física: la fuerza bruta de Roric, la agudeza mental de Silvanus, la extraña e impredecible profundidad de Cero.
Althaea se tensó a su lado, su mano ya en su cuchilla. Thorian retrocedió instintivamente, buscando a tientas su bolsa de herramientas. Kora maldijo en voz baja, sus ojos moviéndose rápidamente entre los Rango S, evaluando la amenaza inminente. Estaban rodeados. Atrapados. Fue entonces cuando uno de los Rango S –quizás el Ancestro Kael'Thar desde su asiento, su voz retumbando como piedras antiguas– susurró, aunque todos lo oyeron claramente:"Lo sabíamos... la anomalía era inestable...
solo estábamos esperando que se manifestara plenamente." La frase fue ominosa, ambigua, agravando la sensación de paranoia y peligro. ¿Sabían de las entidades? ¿Del poder de "transformación"? ¿O solo de su naturaleza generalmente anómala? Valerius Veridian permaneció inmóvil durante la maniobra de sus Rango S, observando a Martín con una intensidad helada. Cuando finalmente habló, su voz era seda sobre acero.
"Consultor Vega," dijo lentamente, cada sílaba precisa y cargada de autoridad.
"Creo que nos debe una explicación. Una explicación muy detallada." Sus ojos grises se clavaron en los de Martín.
"¿A qué 'transformación' se refiere exactamente el prisionero Elmsworth? ¿Qué," su voz bajó, volviéndose más peligrosa, "le hizo usted a Karras Vane?" La pregunta quedó suspendida en el aire, una demanda directa e ineludible. Martín estaba acorralado, su secreto más oscuro expuesto indirectamente por un fanático loco, rodeado por algunos de los seres más poderosos de Lumina, cuya hostilidad era ahora una promesa tangible. Su fachada se había roto. El círculo de acero se había cerrado.
Y cualquier respuesta que diera ahora podría sellar su destino y el de sus compañeros.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
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