Chương 147: Capítulo 147 - El Vacío en Cinco Segundos
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~39 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección I: El Cálculo del Riesgo El tenso acuerdo con Valerius quedó sellado en el aire cargado de la sala de observación. Las miradas de los Rango S seguían siendo una mezcla de hostilidad contenida, curiosidad científica y una nueva capa de aprensión. Elmsworth, en su celda, mantenía esa inquietante sonrisa de esperanza demente, esperando su "trascendencia". Y Martín... Martín se enfrentaba a la ejecución de un plan nacido de la desesperación y el pragmatismo más oscuro.
Sabía que una simple "lectura" mental o emocional de Elmsworth no sería suficiente. El hombre estaba claramente consumido por su fanatismo, sus defensas mentales probablemente retorcidas por la influencia de la Astracita o lo que fuera que lo había corrompido. Engañarlo o extraer información sutilmente sería difícil, llevaría tiempo y, lo más importante, podría no satisfacer la exigencia de Valerius de obtener resultados completos y rápidos.
Además, prolongar cualquier tipo de conexión mental con Elmsworth se sentía inherentemente peligroso, como sumergir la mano en ácido. Solo quedaba la otra opción. La eficiente. La terrible. Usar al Arquitecto no como una fuente de energía para pruebas, sino como un instrumento de extracción directa. Un desmantelamiento consciente. Se tomó un último instante, cerrando los ojos brevemente, buscando un centro en el torbellino de su mente.
Necesitaba hablar con el Arquitecto, establecer los parámetros de esa aterradora colaboración. «Arquitecto, » proyectó mentalmente, su 'voz' interna firme, sin dejar espacio para la negociación. «El plan ha cambiado. Necesito una extracción de datos completa y priorizada del sujeto Elmsworth. Foco: Información relativa a Astracita, contacto con entidad 'Vorlag', afiliación o conocimiento del 'Culto de la Sombra Eterna', y cualquier dato sobre sus redes de suministro o colaboradores dentro del Gremio.
Método: Protocolo de Desmantelamiento Consciente Parcial. » La respuesta fue inmediata, fría y precisa. «Protocolo de Desmantelamiento Consciente Parcial confirmado. Objetivo: Sujeto Elmsworth. Prioridad de datos: Establecida. Tiempo estimado para procesamiento completo de nodos relevantes: 10. 3 segundos estándar. » «Negativo, » replicó Martín con dureza. «El riesgo para el contenedor es inaceptable. Límite de tiempo: Cinco segundos estándar.
Extraerás la información más crítica y de mayor prioridad dentro de ese marco temporal. Ni un nanosegundo más. Después, cesarás la operación inmediatamente, cooperes o no. » Hubo una pausa casi imperceptible, el equivalente a un cálculo rápido en la mente del Arquitecto. «Parámetros de tiempo modificados. Límite: 5. 0 segundos estándar. Eficiencia estimada de extracción de datos prioritarios: 48. 2%. Riesgo para la integridad del contenedor (colapso temporal probable): Incrementado al 35.
7% debido a la interrupción forzada del proceso. » Otra pausa. «Parámetros aceptados. La adquisición de datos fragmentarios sigue siendo lógicamente preferible a la no adquisición. Esperando su comando de inicio. » Mientras el frío acuerdo se sellaba con el Arquitecto, Martín sintió la presencia cálida y preocupada de Serena a su lado en el espacio mental. «Martín... corazón... ¿estás seguro? » Su voz era un susurro lleno de inquietud. «Esto es... diferente a la prueba. Es cruzar un umbral.
Desmantelar una mente, aunque sea la de él... » «No tengo elección, Serena, » respondió él mentalmente, sintiendo el peso amargo de su decisión. «Es la forma más rápida, la más segura para obtener lo que Valerius necesita antes de que cambie de opinión o encuentre otra excusa para encerrarme. Es... pragmático. » «El pragmatismo del Arquitecto es un veneno lento, » advirtió ella suavemente. «Haz lo que debas, corazón. Pero recuerda: cada vez que abres esa puerta al vacío, un poco de él se queda contigo.
Y un poco de ti... se pierde para siempre. » La advertencia resonó, helada y verdadera, pero no lo detuvo. Abrió los ojos, la decisión tomada, el pacto con el hielo sellado. Se enfrentaba a una elección terrible, pero en el tablero de ajedrez de Valerius, a veces solo quedaban movimientos oscuros.
Sección II: Órdenes de Contingencia Con el escalofriante pacto sellado en el silencio de su propia mente, Martín volvió su atención al presente inmediato, a la realidad tangible de la sala de contención y a las caras tensas de sus compañeros. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era jugar con un poder que apenas comprendía, un poder que podría consumirlo o descontrolarse de formas impredecibles.
Necesitaba que su equipo estuviera preparado, no solo para observar, sino para actuar como su red de seguridad, su interruptor de emergencia si la oscuridad que iba a invocar amenazaba con desbordarse. Se acercó a ellos, bajando la voz para que solo ellos pudieran oír claramente, aunque era consciente de que los agudos sentidos de los Rango S y la atención de Valerius probablemente no perderían detalle.
"Escuchen con atención," comenzó, su tono bajo pero imbuido de una seriedad que silenció cualquier pensamiento ajeno.
"El análisis de Elmsworth... voy a usar un método directo para extraer la información que necesitamos sobre la Astracita y sus conexiones. Será rápido," hizo una pausa, "pero increíblemente intensivo. Voy a canalizar una energía... que no es del todo mía. Y va a tener un coste." Miró directamente a Thorian, cuyos dedos ya jugueteaban nerviosamente con un medidor en su cinturón.
"Thorian, necesito que seas mis ojos externos y mi ancla a la realidad técnica. Monitoriza mis constantes vitales, mi firma energética, todo. Voy a intentar mantener el proceso contenido dentro de un marco temporal muy estricto: cinco segundos." Enfatizó el número, viendo la alarma crecer en los ojos del enano.
"Ni uno más. Si ves que mis constantes vitales caen en picado antes de tiempo, si detectas una fluctuación energética masiva que amenace con descontrolarse –cualquier cosa que se salga de una descarga controlada y enfocada–, o si simplemente llego a los cinco segundos y no me detengo, tienes que intervenir." La voz de Martín se endureció.
"No dudes, Thorian. No esperes a ver qué pasa. Usa el disruptor sónico de emergencia que llevas. O si eso no funciona, un golpe físico directo y contundente. Lo que sea necesario para romper mi concentración y cortar la conexión que voy a establecer. Tu juicio técnico es mi única red de seguridad aquí. ¿Comprendes la orden?" Thorian tragó saliva, su rostro normalmente rubicundo ahora pálido bajo la iluminación de la sala. Miró la figura tensa de Martín, luego a Althaea, luego de nuevo a Martín.
La magnitud de la responsabilidad era evidente.
"Cinco segundos," repitió, su voz ronca.
"Interrupción de emergencia bajo condiciones especificadas. Entendido, Martín." Su mano se cerró sobre el pequeño disruptor sónico en su cinturón. Luego, Martín se giró hacia Althaea y Kora. Ambas lo miraban con una intensidad feroz, la preocupación mezclada con la determinación.
"Ustedes dos," dijo, "son la línea de defensa. Necesito que estén alerta a todo lo que suceda fuera de mí. A la reacción de Elmsworth, sí, pero sobre todo," su mirada se desvió sutilmente hacia Valerius y los Rango S, "a la reacción de nuestros anfitriones. Si algo sale mal conmigo, si colapso o... me pierdo," la palabra flotó ominosamente, "su prioridad absoluta es sacar a Thorian y mi cuerpo de esta sala y de esta instalación, usando como base el acuerdo que acabo de cerrar con Valerius." Miró a Althaea.
"Tú lideras la retirada si es necesario. Confío en tu instinto para saber cuándo luchar y cuándo desaparecer." Ella asintió una vez, su mano nunca abandonando la empuñadura de su cuchilla. Miró a Kora.
"Tú cubres la retaguardia. Necesitaré tu... estilo particular... para crear una distracción si intentan detenernos o romper el acuerdo." Vio un brillo peligroso en el ojo normal de Kora, una sonrisa fugaz.
"Pero solo si ellos atacan primero, Kora. No provoques nada a menos que sea nuestra única salida."
"Entendido, Jefecito," dijo Kora, su voz inusualmente seria.
"Nadie toca a los raritos del equipo sin pasar por encima de mi ballesta... o lo que quede de ella."
"Bien," dijo Martín, sintiendo una oleada de gratitud por su lealtad incondicional, incluso ante un plan tan demencial. Sabía que les estaba pidiendo mucho, que los estaba poniendo en un peligro inmenso. Pero no veía otra opción.
"Prepárense." Respiró hondo una última vez, sintiendo la calma tensa de su equipo detrás de él. Se giró para enfrentar la barrera transparente de la celda. Al otro lado, Elmsworth lo observaba con su mirada febril, esperando su "liberación". Al fondo, Valerius y los Rango S observaban, esperando respuestas, esperando presenciar el poder de la anomalía. La presión era inmensa. Era hora de cumplir su parte del trato. Hora de sumergirse en el vacío.
Sección III: Cinco Segundos de Hielo Martín se plantó frente a la barrera transparente que lo separaba de Elmsworth. El aire en la sala de observación pareció espesarse aún más, cargado de una expectación casi eléctrica. Podía sentir las miradas de todos sobre él: la preocupación tensa de su equipo, la curiosidad clínica de los Rango S, la intensidad calculadora de Valerius, y la esperanza demente y febril de Elmsworth al otro lado del cristal.
Cerró los ojos, aislándose del mundo exterior, sumergiéndose en el laberinto de su propia mente. Reforzó el cortafuegos azul con un esfuerzo de voluntad, sintiendo la resistencia furiosa del Guardián y la fría observación del Arquitecto. Buscó la calma de Serena, encontrándola como una estrella distante pero constante, un ancla en la tormenta que estaba a punto de desatar. «Arquitecto, » proyectó el pensamiento, firme, preciso. «Protocolo de Desmantelamiento Consciente Parcial. Objetivo: Elmsworth.
Prioridad: Astracita, Vorlag, Culto. Límite: Cinco segundos. Inicia... ¡Ahora! » En el instante en que dio la orden mental, sintió como si una compuerta helada se abriera dentro de él. La energía del Arquitecto, ese vacío frío y ordenado, surgió, pero esta vez no fue una filtración sutil o una presencia analítica.
Fue un torrente controlado, una lanza de hielo cósmico que Martín dirigió con toda su concentración a través de la barrera invisible de su voluntad, proyectándola hacia la mente de Elmsworth al otro lado del cristal de contención. La conexión fue instantánea y brutal. Martín sintió como si su propia conciencia se expandiera y se enfriara, conectándose a la red neuronal y energética del erudito. Vio la mente de Elmsworth no como un paisaje, sino como una vasta biblioteca caótica y corrupta.
Estanterías llenas de conocimiento arcano legítimo se mezclaban con tomos prohibidos sobre la Astracita y diagramas blasfemos de experimentación rúnica. Y en el centro, vio el núcleo de la corrupción: una fascinación fanática con el Vacío, una adoración por la lógica fría que él identificó al instante como un eco distorsionado de la propia naturaleza del Arquitecto. If you spot this tale on Amazon, know that it has been stolen. Report the violation. El Arquitecto, a través de Martín, comenzó su trabajo.
No fue una lectura o un sondeo; fue un proceso de desmantelamiento. Martín vio, con una mezcla de horror y fascinación mórbida, cómo la entidad fría invadía la estructura mental de Elmsworth. Los recuerdos eran arrancados como páginas de un libro, analizados a velocidad inhumana, catalogados y clasificados según su relevancia para los parámetros de búsqueda (Astracita, Vorlag, Culto). Las emociones, las creencias, la propia identidad de Elmsworth...
eran tratadas como metadatos irrelevantes, ruido a ser filtrado, o como simples barreras estructurales a ser disueltas para acceder a la información pura debajo. Vio fragmentos clave surgir: un encuentro clandestino con una figura encapuchada que ofrecía esquirlas de Astracita (¿un agente de Vorlag?), diagramas de la red de suministro del material prohibido dentro de Lumina, referencias crípticas a un "Faro Silencioso" y a los objetivos del Culto de "preparar el camino para la Gran Quietud".
Vio el éxtasis demente de Elmsworth al sentir que su mente era "asimilada", confundiéndo la aniquilación con la trascendencia. Mientras esto ocurría en el plano mental, los efectos en el mundo físico eran dramáticos y aterradores. La temperatura en la sala de observación y en la celda cayó en picado. Una fina capa de escarcha comenzó a formarse sobre el cristal de contención, extendiéndose rápidamente por las paredes y el suelo cercanos.
Las luces de la instalación parpadearon erráticamente, algunas apagándose por completo, sumiendo partes de la sala en una oscuridad helada. Un zumbido bajo y disonante llenó el aire, una vibración que hacía doler los dientes y erizaba el vello. Martín, el conducto de este poder gélido, era el epicentro de la perturbación. Su cuerpo temblaba violentamente, pálido como la cera bajo la luz parpadeante.
La sangre goteaba espesa de su nariz y ahora también de sus oídos, evidencia del esfuerzo extremo al que estaba sometiendo su sistema nervioso. Su respiración era superficial, casi inexistente. Elmsworth, en la silla, reflejaba el proceso interno de una manera horrible. Sus ojos estaban completamente en blanco, girados hacia arriba. Una expresión de éxtasis puro y horror absoluto estaba congelada en su rostro.
Su cuerpo se arqueaba contra las restricciones, no en una lucha, sino en una especie de espasmo final, mientras una tenue energía oscura, casi como humo negro, parecía fluir de él, siendo absorbida a través de la barrera hacia Martín.
"¡Tres segundos!" La voz tensa de Thorian cortó el aire helado. Sus ojos estaban pegados a las lecturas de su datapad, su rostro una máscara de alarma científica.
"¡Cuatro! ¡Martín, las constantes vitales están en caída libre! ¡La emisión energética supera los límites seguros!" Martín apenas lo oyó. Estaba luchando por mantener el control, por aferrarse a su propia conciencia mientras sentía el frío del vacío amenazando con consumirlo junto con los datos de Elmsworth. Podía sentir al Arquitecto presionando, queriendo más tiempo, queriendo el procesamiento completo. «Datos críticos adquiridos. Proceso incompleto. Extensión requerida... » pensó el Arquitecto a través de él.
«¡NO! » gritó Martín mentalmente, reuniendo hasta la última pizca de su voluntad, quizás impulsado por un eco de la advertencia de Serena. «¡CINCO SEGUNDOS! ¡CORTA! » Con un esfuerzo final que sintió como si le desgarrara el alma, cerró la fisura mental, cortando abruptamente el flujo de energía fría. El efecto fue como apagar un interruptor maestro. El frío intenso retrocedió instantáneamente. Las luces volvieron a estabilizarse. El zumbido disonante cesó. Pero el coste para Martín fue inmediato y devastador.
Sección IV: El Colapso y la Amenaza Inmediata En el instante en que Martín cortó la conexión con el Arquitecto, la energía que lo había sostenido –la concentración férrea, la voluntad impuesta sobre el vacío– desapareció. Fue como si le hubieran quitado el suelo bajo los pies. Un grito ahogado escapó de sus labios, y sus ojos, que por un momento parecieron reflejar la negrura helada del Arquitecto, se pusieron en blanco. Se desplomó hacia atrás, sus piernas cediendo por completo.
Antes de que pudiera golpear el suelo, Althaea ya estaba allí, moviéndose con la velocidad de un rayo para atraparlo, amortiguando su caída. Kora llegó un segundo después, interponiéndose instintivamente entre Martín y los Rango S, su pistola de mano ahora firmemente empuñada, sus ojos (el normal y el rúnico) barriendo la sala en busca de amenazas. Martín quedó inerte en los brazos de Althaea, su cuerpo sacudido por violentos temblores, su respiración superficial y errática.
La sangre seguía goteando de su nariz y oídos, manchando su ropa y el suelo impoluto de la instalación. Estaba inconsciente, o al borde de ello, perdido en las secuelas de haber sido un conducto para un poder tan alienígena y consumidor. Una leve onda de choque psíquica, el eco final de la energía desconectada, se expandió silenciosamente por la sala, erizando el vello de todos los presentes y haciendo que los sensores de Thorian emitieran una serie de pitidos de alarma.
Dentro de la celda, Elmsworth permaneció inmóvil en la silla de contención. La expresión de éxtasis/horror seguía congelada en su rostro, pero sus ojos estaban ahora completamente vacíos, vidriosos, como los de una muñeca rota. Un fino hilo de baba escapaba de la comisura de sus labios. Fuera lo que fuera que el Arquitecto había hecho en esos cinco segundos, había dejado al erudito como poco más que una cáscara biológica. Quizás murmuraba algo en voz baja, una frase rota y repetitiva:"el faro no es un faro...
el faro...", un eco fantasmal de la información fragmentada que ahora residía en algún lugar de la mente de Martín o del Arquitecto. Thorian corrió hacia Martín, su rostro pálido de preocupación, activando un medidor de signos vitales.
"¡Está vivo!" anunció con alivio tenso.
"¡Pero sus constantes son críticamente bajas! ¡Agotamiento energético severo! ¡Necesita estabilización inmediata!" Fue en ese momento de vulnerabilidad, con Martín incapacitado y su equipo enfocado en protegerlo, que el Sargento Roric 'El Muro' vio su oportunidad. Su rostro era una máscara de miedo apenas disimulado y una hostilidad que ahora tenía una justificación (para él).
Había presenciado una fracción del poder que residía en Martín, y su instinto de soldado le gritaba que eliminara la amenaza mientras estaba débil.
"¡Ahora!" gruñó, su voz áspera rompiendo la tensión. Desenvainó parcialmente el arma pesada que llevaba al cinto, un brutal martillo de guerra con runas crepitantes.
"¡Mientras está indefenso! ¡Hay que neutralizar esta... abominación antes de que despierte y nos consuma a todos!" Dio un paso amenazador hacia el grupo que rodeaba a Martín. Antes de que pudiera completar el movimiento, o de que Althaea y Kora pudieran reaccionar con violencia letal, el Inquisidor Silvanus se interpuso con una rapidez sorprendente, bloqueando el camino de Roric.
"¡Detente, Roric! ¡No seas idiota!" La voz de Silvanus era tranquila pero cargada de una autoridad férrea que hizo que el corpulento Sargento vacilara.
"Primero, teníamos un acuerdo con Valerius, y romperlo ahora sería una estupidez política y probablemente suicida. Segundo," su mirada se desvió hacia Althaea y Kora, que ahora apuntaban directamente a Roric con una intención asesina evidente, "sus compañeras nos destrozarían antes de que pudiéramos tocarle un pelo en este estado. Y tercero, y más importante," su voz bajó, volviéndose casi un susurro de advertencia, "la cosa que acaba de usar, esa energía fría que heló la sala... sigue ahí dentro. Latente.
No sentimos su mirada hostil ahora, pero ¿realmente quiere provocarla atacando a su contenedor mientras está inconsciente? ¿Tiene alguna idea de lo que podría desatarse si lo hace?" La lógica fría de Silvanus, basada no en la ética sino en el miedo pragmático a un poder desconocido y mucho mayor, pareció calar en Roric. Miró a las figuras desafiantes de Althaea y Kora, sintió el frío residual en el aire, y lentamente, con un gruñido de frustración, volvió a enfundar el arma.
La amenaza inmediata había sido contenida, pero la hostilidad seguía flotando en el aire, tan espesa como el olor a ozono quemado. Sección V: Cumplimiento Amargo La tensa confrontación entre Roric y Silvanus fue interrumpida por la voz de acero de Valerius Veridian. Había observado todo –el aterrador despliegue de poder de Martín, su colapso, la reacción hostil de Roric, la intervención pragmática de Silvanus– con una intensidad calculadora, su rostro una máscara impenetrable.
"¡Suficiente!" La orden resonó en la sala, acallando cualquier murmullo o movimiento. Los Rango S presentes se volvieron hacia él, esperando instrucciones. Valerius miró al Sargento Roric con una frialdad que prometía futuras repercusiones.
"Sargento, enfundar el arma y controle sus impulsos. Teníamos un acuerdo explícito con el Consultor Vega, un acuerdo que pretendemos cumplir." Su mirada se dirigió entonces al Equipo C-734, que seguía formando un círculo protector alrededor de Martín, ahora semi-consciente pero claramente incapacitado. Althaea sostenía su cabeza, limpiando la sangre de su rostro con un trozo de tela, mientras Thorian le aplicaba un pequeño parche rúnico de estabilización energética en la sien.
Kora se mantenía en pie frente a ellos, su pistola aún en mano, su mirada desafiante barriendo a los Rango S.
"Maestro Thorian," dijo Valerius, su tono volviéndose práctico.
"¿Estado del Consultor?" Thorian levantó la vista de sus lecturas, su rostro preocupado.
"Severamente agotado. Agotamiento energético extremo, estrés neuronal agudo. Está... consciente, apenas. Necesita descanso y recuperación intensiva. Inmediatamente."
"¿Y la información?" presionó Valerius, sus ojos grises fijos en el enano.
"¿Obtuvo algo antes del... colapso?"
"Los datos están... fragmentados," admitió Thorian.
"El proceso se interrumpió abruptamente a los cinco segundos, según la orden. Percibí una transferencia masiva de datos justo antes del corte, pero parece... encriptada o almacenada a un nivel subconsciente en Martín. Necesitará recuperarse para poder acceder a ella y procesarla de forma coherente." Era una evaluación honesta, aunque Thorian omitió mencionar que probablemente solo el propio Martín (o el Arquitecto) podría descifrarla completamente.
Valerius procesó la información, su expresión endureciéndose ligeramente ante el retraso, pero sin mostrar sorpresa. Quizás había anticipado este resultado. Miró al equipo C-734, luego a Martín incapacitado. Su necesidad de esa información era palpable.
"Muy bien," dijo finalmente.
"Se cumplirá el acuerdo." Miró a Kaelen, que había reaparecido silenciosamente a su lado.
"Prepara un equipo médico y una unidad de transporte segura a la Residencia 7-Alfa. El Sanador Rylak," especificó, eligiendo un nombre que quizás era conocido por su discreción o habilidad, "acompañará al equipo y asistirá en la recuperación del Consultor Vega, bajo la supervisión directa del Maestro Thorian y la Afiliada Althaea." Se volvió hacia Althaea y Thorian.
"Confío en que nos notificarán de inmediato cualquier cambio o cualquier información que el Consultor pueda recordar." Su tono era una orden disfrazada de confianza.
"Y espero un informe completo de los datos extraídos en cuanto esté remotamente coherente." Althaea simplemente asintió, su mirada fría y protectora sin apartarse de Martín. Thorian murmuró un "Entendido, Lord Valerius". Valerius dirigió una última mirada al grupo, y luego a la figura vacía de Elmsworth en la silla de contención.
"En cuanto a nuestro traidor," dijo con desdén, "será procesado por el Inquisidor Silvanus una vez que hayamos obtenido y verificado la información del Consultor Vega." Se giró hacia la salida.
"Confío," añadió, deteniéndose en la puerta y mirando por encima del hombro al Equipo C-734, "en que esta... demostración de capacidades únicas no necesite repetirse sin mi autorización explícita y una evaluación de riesgos mucho más exhaustiva. Por el bien de la estabilidad... y de todos los implicados." La amenaza velada, la advertencia cortés, quedó flotando en el aire.
Y con eso, Valerius, Kaelen y los Rango S restantes (dejando quizás a Silvanus para supervisar la contención de Elmsworth) abandonaron la sala de observación, dejando al Equipo C-734 solos con su líder caído y la pesada carga de lo que acababan de presenciar y desatar. Althaea y Thorian se movieron rápidamente para estabilizar a Martín, preparándolo para el traslado.
Kora guardó su pistola, pero se mantuvo cerca, observando a Martín con una expresión extraña, una mezcla de miedo residual, respeto a regañadientes y una confusión que no sabía cómo procesar. Habían obtenido la información, o al menos, el acceso a ella. Habían sobrevivido a la confrontación. Habían forzado a Valerius a cumplir su palabra, por ahora. Pero el precio había sido alto.
Martín estaba incapacitado, el Arquitecto había sido desatado (aunque brevemente), y habían revelado una fracción aterradora de su poder ante los ojos más peligrosos de Lumina. Mientras preparaban cuidadosamente a Martín para sacarlo de esa fría instalación subterránea, una pregunta silenciosa flotaba entre ellos: ¿Qué habían obtenido realmente en esos cinco segundos de vacío? ¿Y qué les costaría descifrarlo? La misión había terminado, pero la verdadera prueba apenas comenzaba.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
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