Chương 139: Capítulo 139 - Planos Rotos, Ecos Estables
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~45 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección 1: La Calma Después del Laberinto Los días que siguieron a la inmersión mental en la mente de Martín se desarrollaron con una cualidad extraña y suspendida. La Residencia 7-Alfa, que ya había sido testigo de tensiones, enfrentamientos y treguas frágiles, ahora albergaba una nueva dinámica, más silenciosa pero no necesariamente menos compleja. El epicentro de este cambio sutil pero palpable era Kora. No era como si se hubiera transformado en otra persona.
Seguía siendo Kora: su rincón del área común seguía siendo un nido caótico de piezas de armas, trapos aceitosos y frascos vacíos (aunque ahora los mantenía ligeramente más contenidos, recordando la amenaza silenciosa de Althaea y la mirada fría de Martín). Su ropa seguía siendo un ensamblaje post-apocalíptico, y su humor aún tendía hacia lo ácido y lo inapropiado. Pero algo había cambiado en su forma de estar.
Hablaba menos, o al menos, parecía haber perdido el impulso de llenar cada silencio con una provocación o un chiste malo. A veces, la encontraban simplemente sentada, mirando al vacío, con una expresión pensativa que era completamente nueva en ella. Era como si la experiencia de "visitar" el laberinto mental de Martín la hubiera dejado con demasiado que procesar, demasiado que intentar encajar en su propia visión del mundo, ya de por sí fracturada.
Pensaba más antes de hablar, y aunque el sarcasmo seguía ahí, a veces había un matiz diferente, menos agresivo, casi... reflexivo. Los demás miembros del equipo notaron el cambio, cada uno a su manera. Thorian, mientras trabajaba en la estabilización de los guanteletes de Kora (una tarea que ahora abordaba con una mezcla de exasperación técnica y una nueva y reticente curiosidad), frunció el ceño un día.
"Extraño," murmuró, pasando un sensor sobre una de las matrices rúnicas del guantelete.
"La fluctuación parasitaria en la línea de conducción de energía... ha disminuido un 0. 8%. Es estadísticamente significativo. ¿Le has hecho algo, Afiliada Kora? ¿Alguna 'optimización' no autorizada?" Kora, que estaba observándolo trabajar, simplemente se encogió de hombros, aunque había un brillo extraño en su ojo normal.
"Quizás se está acostumbrando a mi encanto personal, Barbas. O quizás decidió que explotar hoy no estaba en su agenda." No ofreció más explicación, dejando a Thorian murmurando sobre "variables orgánicas impredecibles". La interacción más sorprendente, sin embargo, fue con Althaea. Una tarde, mientras Kora estaba sentada en el suelo, limpiando meticulosamente su pistola de mano con una concentración inusual, Althaea se acercó en silencio. Llevaba dos tazas humeantes de té de hierbas.
Sin decir una palabra, se sentó en el suelo junto a Kora, no demasiado cerca, pero tampoco a una distancia hostil, y le ofreció una de las tazas. Kora la miró con abierta sorpresa, su mano deteniéndose a medio limpiar el cañón del arma. Dudó un instante, sus defensas instintivas claramente en alerta. Luego, lentamente, aceptó la taza. Althaea simplemente asintió y comenzó a beber su propio té, mirando hacia el frente, hacia la pared lisa de la residencia.
Se quedaron así, en un silencio que no era tenso ni incómodo, simplemente... tranquilo. Por primera vez desde que Kora había irrumpido en sus vidas, no se movió, no hizo ningún comentario sarcástico, no intentó llenar el vacío. Simplemente bebió el té junto a la silenciosa guerrera Beastman. Martín también notó los cambios, y la interacción con Kora adquirió una nueva capa.
Un día, mientras revisaban juntos los planos holográficos de la ballesta (Martín intentando entender su funcionamiento interno, Kora explicando a regañadientes sus "mejoras" caseras), él preguntó casualmente: "¿Cómo va el guantelete que ajustamos? ¿Sigue dando problemas?" Kora levantó la vista de los planos, sus ojos encontrando los de él. Había una intensidad diferente en su mirada, menos desafiante, más... directa. Una sonrisa torcida, familiar pero distinta, apareció en sus labios.
"Me sigue dando descargas de vez en cuando," admitió, frotándose el antebrazo cubierto por el guantelete.
"Como un recordatorio de que juego con fuego." Hizo una pausa, su mirada volviéndose distante por un instante, como si recordara las sensaciones del laberinto mental.
"... pero ya no son lo peor que sentí esta semana." Le devolvió la mirada a Martín, y en ese cruce de ojos hubo una comprensión silenciosa, un reconocimiento mutuo de las cargas invisibles que ambos llevaban. No necesitaban decir más. En otros momentos, sin embargo, Martín la sorprendía observándolo desde la distancia, desde su rincón del sofá o al otro lado del taller improvisado.
Su expresión era indescifrable, una mezcla de la antigua suspicacia con algo nuevo: curiosidad, confusión, quizás incluso una pizca de miedo residual. Cuando sus miradas se cruzaban, ella apartaba la vista rápidamente, volviendo a su tarea con una concentración exagerada. Era evidente que la experiencia la había marcado profundamente, y aún estaba tratando de averiguar qué pensar, qué sentir, sobre el hombre que albergaba universos rotos y bestias furiosas detrás de una fachada tranquila.
La calma después del laberinto era solo superficial; las réplicas internas seguían resonando. Sección 2: Vigilancia y Explicaciones Mientras Kora navegaba por su propia y confusa adaptación a la nueva realidad que había vislumbrado, Althaea y Thorian no podían evitar notar los sutiles cambios en Martín.
Su calma exterior, esa fachada funcional que había adoptado desde Karak Dhur, seguía mayormente intacta, pero había algo diferente en la energía que emanaba de él, algo que sus compañeros más cercanos, sintonizados a sus fluctuaciones por meses de convivencia y peligro compartido, no podían ignorar. Althaea lo percibía en la quietud. En los largos momentos en que Martín se quedaba mirando al vacío, con una concentración que parecía dirigida hacia adentro.
En la forma en que a veces sus manos temblaban casi imperceptiblemente después de sus sesiones de meditación matutina. En la tensión que a veces sentía vibrar bajo su piel cuando Kora estaba cerca. Su energía, normalmente un complejo entramado de control y contención, ahora parecía más... errática, como arena fina suspendida en un campo magnético inestable, vibrando con ecos que ella no podía identificar del todo, pero que instintivamente le generaban inquietud.
Thorian, por su parte, lo detectaba con sus instrumentos y su aguda mente analítica. Aunque respetaba la privacidad de Martín dentro de la residencia, sus sensores pasivos ambientales, siempre activos ("¡Para monitorizar la integridad estructural y la calidad del aire, por supuesto!", había insistido), registraban micro-fluctuaciones energéticas inusuales centradas alrededor de Martín, especialmente después de la "conversación" que había tenido a solas con Kora.
Eran picos y valles sutiles, inconsistentes con su línea base energética establecida post-fusión. Además, había notado la palidez persistente de Martín, su ocasional falta de concentración durante las discusiones técnicas, signos que su pragmática mente enana interpretaba como posibles síntomas de desestabilización interna. Finalmente, tras intercambiar una mirada cargada de preocupación mutua durante una sesión de planificación sobre los textos de defensa psíquica, decidieron abordarlo.
Lo encontraron en el área común, revisando uno de los pesados tomos rúnicos que habían llegado del Gremio.
"Martín," comenzó Althaea, su voz baja y directa como siempre, sentándose frente a él mientras Thorian permanecía de pie, brazos cruzados.
"Tu energía... está inquieta. Diferente. Desde hace unos días." No era una acusación, sino una constatación, una invitación a compartir. Thorian asintió con gravedad.
"Concuerdo. Mis lecturas ambientales pasivas indican emisiones residuales anómalas e inconsistentes con tu firma energética habitual post-reconfiguración. Patrones erráticos, picos subarmónicos..." Se detuvo, buscando una forma menos técnica de expresarlo.
"¿Estás experimentando alguna... desestabilización interna? ¿Quizás relacionada con el reciente...
'intercambio de información' con la Afiliada Kora? ¿O con tus intentos de 'aclimatación'?" Martín levantó la vista del tomo, sorprendido por la confrontación directa, aunque quizás no del todo inesperada. Vio la genuina preocupación en los ojos de Althaea y la analítica pero real inquietud en los de Thorian. Una parte de él quiso contarles todo: la invitación a Kora, la inmersión mental, la intervención de Serena, el riesgo que había corrido.
Pero otra parte, la que siempre intentaba protegerlos, la que temía su reacción o su juicio, la que sabía que añadir más preocupaciones a su carga no ayudaría, se impuso. Además, la experiencia de Kora había sido intensamente personal; no se sentía con derecho a compartirla sin su permiso. Forzó una sonrisa tranquilizadora, aunque sabía que probablemente no engañaría a Althaea.
"Estoy bien," aseguró, intentando proyectar calma a pesar de la textura errática que sentía en su propia energía.
"De verdad. Solo estoy... procesando muchas cosas. Lo de las ciénagas, la conexión de Elmsworth con la Astracita... Y sí, el entrenamiento interno es... intenso." Hizo un gesto vago.
"Intento entender y controlar mejor lo que llevo dentro. A veces eso genera... fluctuaciones. Es parte del proceso. No hay nada de qué preocuparse." Althaea lo miró fijamente, sus ojos ambarinos buscando la verdad detrás de las palabras. Sabía que le estaba ocultando algo, o al menos, minimizando la situación. Thorian también parecía escéptico, ajustándose las gafas con un ligero fruncimiento de ceño.
Intercambiaron una mirada silenciosa entre ellos, una comunicación no verbal forjada en meses de peligro compartido. Finalmente, Althaea asintió lentamente, aceptando la respuesta de Martín por ahora, aunque era evidente que no estaba satisfecha.
"Si necesitas algo," dijo simplemente, su voz transmitiendo una oferta de apoyo incondicional, "o si la 'aclimatación' se vuelve demasiado... ruidosa... estamos aquí."
"Lo sé," respondió Martín, agradecido por su confianza, pero sintiendo también una punzada de culpa por su reticencia.
"Gracias." Thorian resopló, pero no presionó más.
"Solo asegúrate de que tus 'fluctuaciones' no interfieran con los campos de contención rúnica que estamos diseñando," advirtió con su pragmatismo habitual.
"La precisión es clave." La conversación terminó ahí, pero la preocupación persistió. Althaea y Thorian seguirían vigilando, conscientes de que su amigo y líder seguía navegando por aguas internas turbulentas y peligrosas, y que la calma que proyectaba era, en el mejor de los casos, una tregua frágil. Sección 3: Llegada de Herramientas La notificación en el terminal principal llegó dos días después de la tensa conversación con Martín sobre sus "fluctuaciones".
Anunciaba una entrega logística prioritaria autorizada directamente por la oficina de Lord Valerius. La anticipación llenó la residencia, una mezcla de curiosidad y la habitual sospecha que acompañaba cualquier interacción con la jerarquía del Gremio. Poco después, el suave zumbido de un carro flotador antigravitatorio se oyó en el pasillo exterior, seguido por el familiar sonido de la puerta de la residencia abriéndose.
Dos operarios uniformados de gris, con la expresión eficiente y despersonalizada de quienes han visto demasiadas cosas extrañas en Lumina como para sorprenderse por nada, maniobraron el carro cargado con varios contenedores metálicos de aspecto robusto y algunos cofres de madera oscura sellados con runas de preservación. Pero no eran los operarios ni la carga lo que captó la atención inmediata del grupo. Era la figura que los supervisaba: Kaelen.
El asistente personal de Valerius, siempre impecable, siempre impasible, rara vez descendía a los niveles de la logística mundana. Su presencia allí era una declaración en sí misma, una señal de la importancia (o del escrutinio) que Valerius otorgaba a esta entrega. Kaelen entró en la residencia, sus ojos grises barriendo el espacio y a sus ocupantes con una rapidez evaluadora.
Se detuvieron una fracción de segundo en Kora, quien le devolvió la mirada con un desafío silencioso y una sonrisa burlona, antes de pasar a Martín. Hizo una inclinación de cabeza tan leve que casi fue imperceptible.
"Entrega de recursos solicitados por el Consultor Vega," anunció Kaelen, su voz tan neutra como una superficie de metal pulido. Ignoró por completo a los operarios que comenzaban a descargar los pesados contenedores en el centro del área común.
"Con la autorización expresa de Lord Valerius Veridian." Comenzó a enumerar el contenido con precisión clínica.
"Compendio integral de textos arcanos y rúnicos relativos a la defensa y la disrupción psiónica, incluyendo tratados de niveles Alfa y Beta con acceso restringido." Señaló los cofres de madera oscura.
"Planos, esquemas técnicos y prototipos funcionales de dispositivos Magitek de blindaje mental y campos de interferencia, provenientes de los archivos de I+D del Gremio." Indicó los contenedores metálicos más grandes.
"Cristales de datos encriptados conteniendo investigaciones clasificadas sobre manifestaciones psiónicas hostiles, análisis de casos históricos y protocolos de contención." Señaló un contenedor más pequeño y una tablilla de datos que le entregó a Kora.
"Y una notificación de crédito de Nivel Gamma para la Afiliada Kora, destinada a la adquisición de materiales estándar para mantenimiento y munición personalizada, supervisada por el Maestro Thorian Ironfist, según lo acordado." If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement. Mientras Kaelen hablaba, una sección del muro en el pasillo principal, cerca de las otras habitaciones, comenzó a brillar con una luz azulada.
Líneas de energía trazaron el contorno de una puerta donde antes no había nada. Con un suave zumbido que hizo vibrar el aire, la pared se reconfiguró, la piedra y el metal fluyendo como líquido antes de solidificarse en un nuevo marco de puerta, idéntico a los demás.
"Adicionalmente," continuó Kaelen sin inmutarse por la demostración de tecnología arquitectónica avanzada, "la unidad residencial ha sido ampliada para incluir un cuarto dormitorio, según la directiva de Lord Valerius. Queda asignado a la Afiliada Kora." Kora, que había estado mirando la tablilla de datos con su crédito, levantó la vista con los ojos brillantes al ver la nueva puerta materializarse. Soltó un grito ahogado de pura alegría.
"¡Santa mierda con patas! ¡Mi propia cueva! ¡Y dinero para juguetes nuevos!" Abrazó la tablilla de datos como si fuera un tesoro perdido.
"¡Voy a comprar tantos pernos de plasma inestable que el Enano va a necesitar construir un búnker dentro de su habitación!" Thorian, por una vez, ignoró por completo la provocación de Kora. Ya se había abalanzado sobre uno de los contenedores metálicos, abriéndolo con manos temblorosas de excitación. Sacó un cristal de datos translúcido y lo conectó a su datapad personal. Sus ojos se abrieron de par en par.
"¡Los esquemas completos del Dispositivo de Amortiguación Psiónica 'Muro Silencioso'! ¡Y las notas originales de Maese Eldrin sobre la teoría de campos de contención etérea! ¡Esto es... esto es material de leyenda! ¡Pensé que se había perdido para siempre!" Estaba tan absorto que parecía haber olvidado por completo dónde estaba y con quién. Althaea se acercó con más cautela a los cofres de madera oscura. Abrió uno con cuidado, el olor a papel viejo y magia contenida flotando en el aire.
Dentro, apretujados, había tomos encuadernados en cuero agrietado por el tiempo y rollos de pergamino frágiles. Sacó uno de los rollos, desenrollándolo con delicadeza. Sus dedos trazaron las intrincadas runas dibujadas con una tinta que aún conservaba un leve brillo arcano. Una expresión de profundo reconocimiento cruzó su rostro normalmente estoico.
"Estas runas..." murmuró, casi para sí misma.
"Las conozco. Son las marcas de los Guardianes del Espíritu. Mi pueblo... mi linaje... las usaba para proteger la mente y el alma de influencias externas. Creí que este conocimiento se había perdido con... con la Dispersión." Un raro atisbo de su herencia ancestral, una conexión inesperada encontrada en el corazón de la tecnología de Lumina. Martín observó a sus compañeros, cada uno reaccionando a su manera ante la llegada de los recursos. Sintió el peso de la responsabilidad. Valerius había cumplido.
Les había dado las herramientas, un acceso sin precedentes para su rango. Era una inversión, una muestra de confianza calculada, pero también una soga invisible. La expectativa era clara: debían usar esto, debían prepararse, debían estar listos para cuando él los necesitara para analizar a Elmsworth. Y, por implicación, debían tener éxito. Kaelen, habiendo cumplido su tarea, observó la escena por un último instante con su mirada impasible.
"Lord Valerius espera ser informado puntualmente de cualquier avance significativo en el desarrollo de sus contramedidas defensivas," dijo, su voz devolviendo a todos a la realidad.
"Y les reitero la directiva de permanecer disponibles en Lumina hasta nuevo aviso." Hizo su casi imperceptible inclinación de cabeza y se retiró tan silenciosamente como había llegado, dejando al grupo con un tesoro de conocimiento prohibido, una nueva habitación, un crédito para explosivos y la creciente presión de las expectativas de un hombre muy poderoso y ahora muy interesado. La fase de espera había terminado. La fase de trabajo intensivo acababa de comenzar.
Sección 4: Pizarras y Prototipos La llegada de los recursos transformó el área común de la Residencia 7-Alfa. Lo que antes era un espacio funcional pero impersonal se convirtió en una caótica mezcla de sala de estudio arcano y taller de Magitek improvisado. Pergaminos antiguos con diagramas rúnicos complejos se extendían sobre la mesa baja junto a datapads que mostraban intrincados esquemas holográficos tridimensionales.
Cristales de datos parpadeaban en los terminales mientras se descargaban terabytes de investigaciones clasificadas. El olor a papel viejo y tinta arcana se mezclaba con el del ozono de las pruebas energéticas de Thorian y, ocasionalmente, con el olor acre de los solventes que Kora usaba para limpiar sus armas en su rincón. Martín y Thorian se sumergieron de cabeza en el material sobre defensas psíquicas. Pasaron horas, a veces días enteros, enfrascados en un intenso intercambio de ideas y análisis.
Thorian, con su profundo conocimiento de la ingeniería rúnica y Magitek, desglosaba los principios teóricos detrás de los campos de interferencia, los amuletos de disrupción y los cascos de blindaje mental. Calculaba requisitos energéticos, evaluaba la viabilidad de los materiales y adaptaba diseños antiguos a la tecnología actual. Creaba proyecciones holográficas de prototipos, girándolas, ampliando secciones, debatiendo sobre la eficiencia de diferentes matrices de cristales o aleaciones metálicas.
Martín, por su parte, aportaba su perspectiva única. Mientras Thorian se centraba en la estructura física y los cálculos energéticos, Martín usaba su visión de código para "ver" el flujo de la energía psiónica o arcana propuesta en los diseños.
Podía identificar puntos débiles en las barreras rúnicas que los diagramas no mostraban, "leer" la intención detrás de un encantamiento defensivo complejo, o sugerir modificaciones en el "código" subyacente de un glifo para hacerlo más resistente a ciertos tipos de ataques mentales.
"Esa matriz de dispersión," decía Martín, con los ojos cerrados mientras seguía las líneas de energía en un holograma proyectado por Thorian, "es elegante, pero el nodo central crea un armónico residual. Una sonda psiónica persistente podría encontrar esa frecuencia y usarla para atravesar la barrera."
"¡Imposible!" replicaba Thorian al principio, consultando sus propios cálculos. Pero luego, tras analizar los datos del flujo energético que Martín describía, asentía a regañadientes.
"Maldición... tienes razón. La resonancia de taquiones inversos... no la había considerado. Necesitaríamos un amortiguador de fase secundaria... quizás con una infusión de cuarzo ahumado..." Y volvía a sus diagramas, modificando el diseño basado en la percepción de Martín. Su colaboración era una sinergia extraña pero efectiva: la precisión técnica del enano complementada por la visión intuitiva del código del humano.
Llenaron pizarras improvisadas (paneles de pared reconfigurados) con diagramas, ecuaciones y runas, debatiendo acaloradamente sobre la eficacia de la Escuela de Pensamiento Eldrin contra la filosofía defensiva de los Magos de Guerra de Khez-Var. Althaea, aunque no participaba directamente en las complejidades técnicas, a menudo se sentaba cerca, observando en silencio mientras afilaba sus cuchillas o reparaba su equipo.
A veces, cuando la discusión se volvía demasiado abstracta, intervenía con una dosis de pragmatismo brutal.
"¿De qué sirve un escudo mental que requiere diez segundos de concentración para activarse si te atacan por sorpresa?" O, basándose en el conocimiento que había encontrado en los pergaminos antiguos que estudiaba por su cuenta, sugería enfoques diferentes: "¿Y las defensas basadas en el instinto? ¿En conectar con la energía vital para crear una... estática natural que confunda al atacante? Los antiguos Guardianes del Espíritu lo hacían."
Sus comentarios a menudo obligaban a Martín y Thorian a reconsiderar sus enfoques puramente técnicos. Incluso Kora, entre sus sesiones de mantenimiento de armas y sus exploraciones por la residencia (ahora con habitación propia, que probablemente ya estaba decorando con cartuchos vacíos y grafitis rúnicos), hacía aportaciones sorprendentes.
Un día, mientras Martín y Thorian debatían sobre cómo disipar una acumulación de energía psiónica negativa, ella soltó desde su rincón: "¿Y si simplemente le meten un pulso sónico de baja frecuencia? Ruido blanco arcano. A los telépatas de poca monta que conocía en los Bajos Fondos les jodía la concentración que daba gusto. Les hacía oír sus propios pensamientos demasiado alto." Thorian la miró con desdén inicial, pero luego se detuvo, pensativo.
"Una disrupción sónica... La teoría es... cruda. Pero la interferencia de ondas podría funcionar a nivel subconsciente..." Empezó a hacer cálculos en su datapad. Kora sonrió con suficiencia. En otra ocasión, Kora y Thorian tuvieron una de sus habituales discusiones sobre la "optimización" de la munición de la ballesta. Thorian insistía en la necesidad de estabilizadores rúnicos para evitar detonaciones prematuras, mientras Kora defendía su método de "sobrecarga controlada".
Discutieron acaloradamente sobre la proporción de polvo de ignición y cristal energético, sobre la trayectoria balística afectada por la inestabilidad rúnica, hasta que, para sorpresa de ambos, se dieron cuenta de que habían llegado, por vías completamente opuestas, a una solución muy similar que combinaba una carga inicial potente pero contenida con un estabilizador de campo mínimo activado justo antes del impacto.
Se miraron, desconcertados por haber coincidido en algo, y rápidamente desviaron la conversación con un gruñido mutuo, volviendo a su habitual antagonismo superficial, aunque quizás con una nueva y diminuta mota de respeto técnico enterrada muy, muy profundamente.
Así, entre debates técnicos, estudio arcano, comentarios pragmáticos y sugerencias caóticas, comenzaron a tomar forma los primeros prototipos: un amuleto que vibraba débilmente con runas de alerta temprana, un conjunto de placas para casco diseñadas para absorber o desviar energía psiónica, un diseño preliminar para un pequeño generador de campo de "ruido blanco" arcano. Eran pasos pequeños, pero eran progresos tangibles.
El equipo, a pesar de sus fracturas y tensiones, estaba encontrando una forma de trabajar juntos hacia un objetivo común. Pero la pregunta fundamental persistía: ¿serían suficientes estas defensas cuando llegara la verdadera prueba? Sección 5: Jugando con Fuego Frío Tras varios días de intenso trabajo colaborativo, tenían sobre la mesa de trabajo del área común una colección de primeros prototipos y conjuntos de runas prometedores.
Un amuleto de obsidiana grabado con glifos que, según los cálculos de Thorian y la percepción de Martín, debería vibrar sutilmente ante la proximidad de energía psiónica hostil. Unas placas metálicas delgadas, diseñadas para acoplarse a un casco, imbuidas con una compleja matriz rúnica destinada a dispersar ataques mentales directos.
Y el diseño más ambicioso: un pequeño generador de campo portátil, todavía en fase de diagrama holográfico, basado en la sugerencia de Kora y los cálculos de Thorian, que teóricamente emitiría "ruido blanco" arcano para dificultar la concentración telepática.
"Son... prometedores," admitió Thorian, examinando el amuleto con una lente de aumento.
"La teoría es sólida, la ejecución rúnica parece estable, dentro de los parámetros aceptables."
"Se sienten... correctos," añadió Martín, pasando los dedos sobre las runas del amuleto, sintiendo el débil zumbido de energía contenida.
"El código es limpio, la intención defensiva es clara." Pero la pregunta flotaba en el aire, tácita pero pesada. ¿Cómo saber si realmente funcionarían? Probarlos contra un ataque psiónico real era impensable sin un sujeto de pruebas dispuesto (y probablemente muy peligroso). Necesitaban una forma de simular una amenaza, de exponer los prototipos a una energía similar a la que podrían enfrentar, ya fuera la influencia insidiosa de la Astracita o un asalto mental directo como el de Karras.
"Necesitaríamos una fuente de emisión controlada," murmuró Thorian, más para sí mismo que para los demás, mientras jugueteaba con el proyector holográfico del generador de campo.
"Una firma energética que imite la resonancia disruptiva de un ataque psiónico, o incluso... la frecuencia residual que detecté en el implante de Elmsworth." Hizo una pausa, sacudiendo la cabeza.
"Pero generar eso de forma segura... requeriría un laboratorio de contención de Nivel Alfa y un fragmento de Astracita activa, lo cual es, por supuesto, imposible y altamente ilegal." Un silencio incómodo siguió a sus palabras. La mención de la Astracita trajo de vuelta la gravedad de su situación, la conexión con Elmsworth y el Culto. Fue entonces cuando Martín habló, su voz tranquila pero cargada de una intensidad que hizo que Thorian y Althaea (que observaba desde cerca) levantaran la vista.
Kora, que estaba cerca "probando" el peso de las placas del casco, también aguzó el oído.
"Quizás... quizás no necesitemos un fragmento físico," dijo Martín lentamente, sus ojos fijos en el prototipo del amuleto. Dudó un instante, consciente del riesgo inherente a lo que estaba a punto de sugerir.
"Quizás... yo pueda generar algo similar." Thorian lo miró con incredulidad.
"¿Tú? ¿Generar una firma de Astracita o energía psiónica hostil? ¿Cómo?" Martín respiró hondo.
"El Arquitecto," dijo, la palabra sonando extraña en voz alta.
"La entidad fría que... reside en mí. Su energía... resuena con ese tipo de vacío, con la lógica fría que a veces he sentido cerca de la Astracita. No es lo mismo, pero... es similar en su naturaleza 'anti-emocional', disruptiva." Miró a Thorian directamente.
"Quizás podría intentar... acceder a una fracción mínima de su energía. No canalizarla directamente, eso sería una locura. Pero sí... proyectar su firma, su resonancia, de forma muy controlada, solo por unos segundos, sobre los prototipos." La propuesta quedó flotando en el aire, cargada de peligro. Thorian se quedó boquiabierto, su mente científica luchando contra las implicaciones.
"¿Acceder deliberadamente a esa entidad? ¿Usarla como... como fuente de energía para una prueba?" Su voz era una mezcla de horror y una fascinación científica casi morbosa.
"¡Martín, los riesgos son exponenciales! ¡Podrías perder el control! ¡Podría intentar... aprovechar la conexión! ¡Podría dañar el cortafuegos!"
"Lo sé," admitió Martín, su rostro pálido pero su mirada firme.
"Pero ¿cómo si no vamos a saber si estas defensas funcionan de verdad? ¿Esperaremos a que Karras Vane tenga un reemplazo, o a que Elmsworth decida volver con más juguetes con Astracita? Necesitamos probarlos. Necesitamos estar preparados." Miró los prototipos sobre la mesa, luego a sus compañeros.
"Ya lo tengo contenido dentro de mí," dijo en voz baja, la lógica sonando casi como un susurro de horror disfrazado.
"¿Cuál es la diferencia real entre eso... y usarlo?" Un silencio pesado cayó sobre la sala. Althaea lo miraba con profunda preocupación en sus ojos ambarinos. Kora había dejado de jugar con las placas del casco, su expresión indescifrable. Thorian parecía estar librando una batalla interna entre la prudencia científica y la tentación de obtener datos únicos. La peligrosa propuesta de Martín quedó sin respuesta, suspendida en el aire como una carga explosiva a punto de ser detonada.
La decisión, y sus impredecibles consecuencias, marcarían el siguiente paso en su desesperada búsqueda de seguridad en un mundo empeñado en destruirlos.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
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