Chương 135: Capítulo 135 - La Confianza del Traidor
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~50 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección 1: El Peso del Conocimiento El viaje de regreso desde las Ciénagas Olvidadas fue marcadamente diferente al de ida. La opresiva atmósfera del pantano seguía pegada a sus ropas y a sus mentes, pero ahora se le sumaba el peso de los descubrimientos realizados en el claro de las ruinas.
El cilindro metálico recuperado, el sensor de Elmsworth, descansaba seguro en una bolsa de estasis rúnica en posesión de Thorian, pero la información que contenía –la fría documentación de experimentos crueles y, sobre todo, la mención implícita de la Astracita– era una carga mucho más pesada y peligrosa. Avanzaban en silencio durante largos trechos, cada miembro del grupo perdido en sus propios pensamientos.
El paisaje cambiaba lentamente, la vegetación pútrida dando paso a bosques más sanos, el aire perdiendo gradualmente su hedor a descomposición, pero la tensión interna del grupo apenas disminuía. Sabían que la relativa simplicidad de la misión de recuperación había terminado en el momento en que Thorian pronunció la palabra "Astracita".
Fue durante una de las últimas noches de acampada antes de llegar a las tierras más civilizadas que rodeaban Lumina, sentados alrededor de una pequeña fogata cuyo humo luchaba por ascender en el aire todavía húmedo, cuando Martín finalmente abordó el tema que todos evitaban. Kora roncaba suavemente (y sorprendentemente) envuelta en su raída manta cerca del borde del campamento, agotada por el viaje y quizás por la tensión reprimida.
Althaea montaba guardia unos metros más allá, una silueta inmóvil contra la oscuridad, pero Martín sabía que sus agudos oídos no perderían detalle.
"Tenemos que decidir qué hacer," dijo Martín en voz baja, mirando las llamas danzantes. Se dirigía principalmente a Thorian, pero sabía que Althaea escuchaba.
"Con la información del sensor. Con... Elmsworth y la Astracita." Thorian asintió con gravedad, dejando a un lado el trozo de metal que estaba puliendo.
"La conexión es innegable. El uso de Astracita como catalizador en tecnología rúnica... ¡es una herejía técnica y una violación directa de los edictos más estrictos del Gremio y de los pactos antiguos! ¡Implica conocimiento y acceso que Elmsworth no debería poseer!"
"Implica que es un traidor," dijo Martín llanamente.
"O algo peor. ¿Está conectado al Culto? ¿A Morthos? ¿O simplemente tropezó con conocimiento prohibido y fue lo bastante estúpido o arrogante como para usarlo?"
"La pregunta relevante," intervino la voz tranquila de Althaea desde la oscuridad, sin volverse, "no es solo lo que él hizo, sino lo que el Gremio hará al respecto. ¿Es Elmsworth una manzana podrida aislada, o la punta de algo más profundo?" Su desconfianza hacia la institución era palpable.
"Informar de esto... es peligroso. Podrían silenciarnos para protegerse."
"Ocultarlo también es peligroso," replicó Martín.
"Si Elmsworth está usando Astracita, y Valerius no lo sabe, necesita saberlo. Si sí lo sabe..." Se detuvo, la implicación helándolo.
"... entonces necesitamos saber eso aún más urgentemente." Thorian acarició su barba, su rostro iluminado por el fuego.
"El procedimiento estándar sería presentar un informe detallado adjuntando los datos del sensor y dejar que la burocracia interna se encargue. Pero dada la naturaleza de la información y la identidad del implicado –un Maestro Erudito–, es probable que el informe sea enterrado o manipulado."
"Exacto," asintió Martín.
"Un informe formal no nos dará las respuestas que necesitamos. Necesitamos ver la reacción. Necesitamos saber de qué lado está Valerius." Se inclinó hacia adelante, su voz bajando aún más.
"Propongo algo... diferente. Algo arriesgado. Vamos a entregar el informe básico, tal como lo discutimos: sensor recuperado, Elmsworth desaparecido tras ataque. Pero luego... solicitaremos una audiencia privada con Valerius. Nosotros tres... y Kora." Thorian levantó una ceja.
"¿Incluyendo a la variable caótica?"
"Tiene que estar. Es parte del equipo ahora, le guste o no. Y si todo sale mal, necesitará saber por qué. En esa audiencia, le presentaremos el implante, le revelaremos lo de la Astracita, y veremos su reacción. Sin filtros, sin intermediarios."
"¡Eso es increíblemente arriesgado!" protestó Thorian.
"¡Si Valerius está implicado, nos estará entregando nuestra propia sentencia de muerte!"
"Lo sé," admitió Martín, sintiendo un nudo en el estómago.
"Es una apuesta. Pero seguir a ciegas, sin saber si nuestro 'aliado' en la Torre del Sol es realmente un aliado o parte del problema... es aún más peligroso a largo plazo. Necesitamos saber dónde estamos parados. Necesitamos ver su cara cuando le digamos que uno de sus Maestros Eruditos está jugando con Astracita." Hubo un largo silencio, solo roto por el crepitar del fuego y el ronquido ocasional de Kora.
Althaea se giró lentamente desde su puesto de guardia, sus ojos ambarinos fijos en Martín, evaluando su determinación. Thorian miraba fijamente las llamas, sopesando el riesgo contra la necesidad de información. Finalmente, Althaea asintió una sola vez.
"Es un riesgo," dijo simplemente.
"Pero la incertidumbre también lo es. Confío en tu juicio para leerlo, Martín." Thorian suspiró, un sonido áspero.
"Locura. Pura locura táctica. Pero..." Miró a Martín, luego a Althaea.
"... la lógica dicta que obtener datos cruciales justifica riesgos calculados. Y saber la posición de Valerius es... un dato crucial." Asintió de mala gana.
"De acuerdo. Pero si esto sale mal, que conste que lo advertí." El plan estaba trazado. Audaz, peligroso, quizás suicida. Pero era el único camino que veían para romper el muro de secretos y saber, de una vez por todas, si podían confiar en el hombre que controlaba su destino en Lumina. El peso del conocimiento que llevaban se sentía ahora aún más pesado, una bomba de relojería esperando el momento adecuado para ser activada.
Sección 2: El Momento de la Verdad El regreso a Lumina fue rápido y sin incidentes, pero cargado de una tensión silenciosa. Cada miembro del grupo estaba inmerso en sus propios pensamientos, preparándose mentalmente para la confrontación que se avecinaba. La imponente arquitectura blanca de la ciudad, que antes había parecido fría y alienante, ahora se sentía como la mandíbula de una trampa a punto de cerrarse. Evitaron la Residencia 7-Alfa por el momento.
Su primer destino fue el bullicioso y caótico Salón de Afiliados en uno de los niveles inferiores de la Torre del Sol. El contraste entre la quietud tensa del viaje y el estruendo de cientos de mercenarios, cazadores de recompensas, eruditos de bajo nivel y mensajeros del Gremio era discordante.
Se abrieron paso hasta uno de los mostradores de recepción de informes, donde un funcionario de rostro hastiado, que resultó ser el mismo Maelor que los había recibido en la residencia, los esperaba sin mostrar ninguna emoción.
"Equipo C-734 reportándose," anunció Martín, su voz firme a pesar del ruido ambiental. Colocó el datapad con el informe estándar sobre el mostrador.
"Misión B-412, Ciénagas Olvidadas. Objetivo primario, recuperación de sensor arcano, completado." Señaló la bolsa de estasis que llevaba Thorian.
"Sensor recuperado, aunque dañado." Maelor apenas miró el datapad.
"¿Objetivo secundario? ¿Extracción del cliente, Maestro Elmsworth?" preguntó con monotonía, como si leyera un guion.
"Negativo," respondió Martín, manteniendo su tono neutral.
"El cliente no se encontraba en la última ubicación conocida. La evidencia encontrada en el sitio –restos de un enfrentamiento, rastros de sangre no perteneciente a fauna local conocida y huellas humanas alejándose de la zona– sugiere que abandonó el área después de un encuentro hostil. Búsqueda adicional considerada de riesgo excesivo y baja probabilidad de éxito dadas las condiciones ambientales." Recitó la versión oficial que habían acordado, una verdad parcial y cuidadosamente redactada.
Maelor asintió lentamente, tecleando la información en su terminal sin hacer más preguntas. Su falta de interés era casi insultante, pero también un alivio. No parecía haber ninguna alerta especial asociada a Elmsworth... al menos no a este nivel.
"Informe recibido. Sensor para análisis en Laboratorio 7. Puntos de Prestigio y compensación monetaria estándar serán transferidos a su cuenta UTRAP en un ciclo." Hizo un gesto de despedida.
"Siguiente." Thorian entregó la bolsa con el sensor recuperado (no el implante extraído del lagarto, ese lo guardaba él celosamente) a otro funcionario que apareció para recogerlo. Mientras Maelor ya atendía al siguiente afiliado, Martín se inclinó de nuevo sobre el mostrador.
"Un momento más, Oficial Maelor," dijo, su voz bajando ligeramente pero con una autoridad que hizo que el funcionario levantara la vista con leve sorpresa.
"El Consultor Independiente Martín Vega, en nombre del Equipo C-734, solicita formalmente una audiencia privada y urgente con Lord Valerius Veridian." Invocó su título completo, la única palanca de influencia real que poseía dentro del sistema.
"Es un asunto de máxima prioridad relacionado con implicaciones de seguridad interna descubiertas durante la Misión B-412." Maelor parpadeó, su máscara de aburrimiento resquebrajándose por un instante. Una audiencia privada con el propio Lord Valerius no era algo que se solicitara (ni se concediera) a la ligera, especialmente por un equipo de Rango B recién ascendido y con una reputación... peculiar.
Miró a Martín, luego a la imponente figura silenciosa de Althaea a su lado, al ceñudo Thorian y a la caótica presencia de Kora, que observaba todo con una sonrisa burlona. Vaciló.
"Lord Valerius... está extremadamente ocupado," empezó a decir, recurriendo a la respuesta burocrática estándar.
"La información que poseemos afecta directamente a la seguridad del Gremio y potencialmente implica a personal de alto rango," insistió Martín, manteniendo la calma pero sin ceder terreno. Sabía que mencionar una amenaza interna era la forma más rápida de escalar la petición.
"Creemos que Lord Valerius querrá escuchar esto directamente y sin demora." Maelor tragó saliva, visiblemente incómodo. Tecleó algo rápidamente en su terminal, sus ojos moviéndose de un lado a otro de la pantalla. Esperó unos segundos que parecieron eternos. Entonces, asintió rígidamente.
"Su solicitud ha sido... recibida. Se les notificará la hora y el lugar." Su tono implicaba que la notificación probablemente nunca llegaría. Pero justo cuando se disponían a retirarse, el terminal de Maelor emitió un suave pitido. El funcionario miró la pantalla, sus ojos abriéndose con sorpresa genuina. Levantó la vista hacia Martín, su expresión ahora una mezcla de confusión y un nuevo respeto temerososo.
"Lord Valerius... acepta la audiencia," dijo, su voz apenas un susurro.
"De inmediato. En sus cámaras privadas. Kaelen los escoltará desde el Nivel de Comando." Martín sintió un escalofrío recorrerle la espalda, a pesar de que era lo que buscaba. La rapidez de la respuesta era alarmante. O Valerius ya sospechaba algo relacionado con Elmsworth, o la mención de una amenaza interna había tocado un nervio muy sensible. O quizás, simplemente, su "anomalía" personal seguía siendo de máximo interés para el Lord del Gremio. Intercambió una mirada con Althaea y Thorian. Kora silbó en voz baja.
El momento de la verdad había llegado mucho más rápido de lo esperado. La apuesta estaba sobre la mesa. Sección 3: La Oferta y el Pacto del Peligro La confirmación de la audiencia inmediata con Lord Valerius resonó en el bullicioso Salón de Afiliados, creando una pequeña burbuja de silencio tenso alrededor del Equipo C-734. Maelor se apresuró a atender a otros afiliados, claramente deseando distanciarse de ellos y de cualquier problema potencial que hubieran desencadenado.
Sabían que no tenían mucho tiempo; Kaelen, el eficiente y enigmático asistente de Valerius, no tardaría en aparecer para escoltarlos.
"Necesitamos hablar," dijo Martín en voz baja pero urgente.
"Ahora. Antes de subir." Miró a su alrededor, buscando un lugar con un mínimo de privacidad en medio del caos. Encontró un receso poco transitado cerca de unas escaleras de servicio. Hizo un gesto rápido al grupo y se dirigieron hacia allí, Kora siguiéndolos con una curiosidad cautelosa reemplazando su habitual burla. Una vez en el relativo aislamiento del receso, con el ruido del salón amortiguado, Martín se enfrentó a ellos, su expresión grave.
"Escuchen con atención," comenzó, su mirada pasando de Althaea a Thorian y finalmente a Kora.
"Lo que vamos a hacer ahora es extremadamente peligroso. Vamos a presentarle a Valerius la prueba de que Elmsworth, uno de sus Maestros Eruditos, estaba usando Astracita." Dejó que el peso de esa palabra flotara en el aire por un momento.
"Hay dos posibilidades principales: o Valerius es cómplice, parte de esto, y entonces estaremos firmando nuestra sentencia al revelarle que lo sabemos. O no lo es, y entonces su reacción podría ser... volátil, impredecible, pero nos dirá de qué lado está." Respiró hondo.
"Si resulta ser la primera opción, si veo cualquier señal de que Valerius está implicado o intenta encubrirlo, voy a crear una distracción. La más grande que pueda. Les daré una oportunidad para salir de aquí, para escapar de Lumina. Althaea, Thorian, ustedes saben qué hacer, a dónde ir si eso pasa." Se refería a planes de contingencia que habían discutido vagamente en el pasado, rutas de escape, puntos de encuentro fuera de la ciudad.
Althaea asintió una vez, su mano ya descansando sobre el mango de su cuchilla principal.
"Estaremos listos. Iremos contigo hasta el final, Martín." Thorian ajustó sus gafas, su rostro adusto.
"Es un riesgo calculado, como dije. Confío en tu percepción para detectar el engaño, Martín. Y si la situación se degrada... mis contramedidas ofensivas están preparadas." Aunque lo decía con su habitual tono técnico, había una determinación feroz en sus ojos. This tale has been unlawfully lifted without the author's consent. Report any appearances on Amazon. Entonces, Martín se giró hacia Kora. Ella los había estado escuchando en silencio, su expresión inusualmente seria, su ojo rúnico brillando débilmente.
"Kora," dijo Martín, su tono directo pero no hostil.
"Tú acabas de llegar. No sabes toda la historia detrás de la Astracita, de Morthos, del Culto... No entiendes completamente en qué nos estamos metiendo. Pero créeme, esto es jugar con fuego de dragón." Hizo una pausa, sacando la pequeña bolsa de créditos que contenía la parte de Kora de la recompensa de la misión.
"Esta es tu parte. Tómala." Se la ofreció.
"Tienes una opción, ahora mismo. Puedes tomar el dinero, dar media vuelta, salir de la Torre del Sol y desaparecer. Vuelve a la residencia si quieres, recoge tus cosas. Si en unas horas no hemos vuelto, considera todo lo de la residencia tuyo y lárgate de Lumina lo más rápido que puedas. Nadie te culpará. No nos debes nada." Kora miró la bolsa de créditos en la mano extendida de Martín, luego levantó la vista hacia su rostro serio, y después a las expresiones igualmente graves de Althaea y Thorian.
Podía no entender los detalles –Astracita, Morthos, Cultos–, pero entendía perfectamente el lenguaje universal del peligro mortal. Sintió la tensión eléctrica en el aire, la determinación sombría en sus ojos. Vio la lealtad silenciosa entre el humano bajo, la guerrera bestia y el enano gruñón. Vio a un grupo preparándose para enfrentar a un poder inmenso con pocas probabilidades de éxito. Una sonrisa torcida, diferente a las habituales, más cansada, más genuina, apareció en su rostro.
Empujó suavemente la bolsa de créditos de vuelta hacia Martín.
"Guárdate la limosna, Jefecito," dijo, su voz rasposa pero firme.
"Odio al maldito Gremio. Odio a los peces gordos como Valerius que juegan con vidas como si fueran fichas. No sé qué mierda específica van a remover ustedes ahora, pero por el tono," su ojo normal se entrecerró, "suena como el tipo de cosa que podría hacer que nos 'suicidaran' en alguna celda olvidada si sale mal." Suspiró, pasándose una mano por su rebelde pelo verde.
"Y odio correr. Ya corrí demasiado en mi puta vida." Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta remendada.
"Así que iré con ustedes. Si vamos a meternos en la boca del lobo, al menos que sea juntos. Pero," añadió, su sonrisa volviéndose más afilada, más familiar, "si esto sale mal y me muero, quiero que quede registrado oficialmente que fue por seguir al enano de jardín con complejo de héroe." Señaló a Martín con la barbilla. Martín la miró fijamente por un segundo, sorprendido por la decisión, pero viendo la resolución en sus ojos. Asintió lentamente.
"De acuerdo, Kora. Bienvenida al equipo... de verdad, supongo." Guardó los créditos.
"Pero que quede claro: si entras por esa puerta con nosotros, no hay vuelta atrás. Pase lo que pase."
"Esta bien," dijo Kora encogiéndose de hombros, aunque Martín notó que apretaba los puños dentro de sus bolsillos.
"Que empiece la fiesta." Justo en ese momento, una figura alta y vestida impecablemente apareció al final del receso. Kaelen. Su rostro era la misma máscara inexpresiva de siempre, pero sus ojos se detuvieron un instante en el inusual grupo de cuatro antes de hacer un gesto conciso.
"Lord Valerius los espera. Síganme." El momento de la verdad había llegado. Juntos. Sección 4: La Furia del Lord Seguir a Kaelen por los corredores silenciosos y opulentos del Nivel de Comando de la Torre del Sol fue una experiencia surrealista. El contraste entre la tensión interna del grupo, vibrando con la adrenalina de la decisión tomada y el peligro inminente, y la calma fría y ordenada del entorno era casi físico.
Alfombras gruesas ahogaban sus pasos, paneles de luz emitían un brillo suave y constante, y guardias con armaduras relucientes permanecían inmóviles en sus puestos, sus rostros ocultos tras visores impersonales. Era el corazón del poder del Gremio, un lugar diseñado para intimidar y controlar. Finalmente, llegaron a las familiares puertas dobles del despacho privado de Lord Valerius Veridian. Kaelen las abrió sin llamar y se hizo a un lado, indicándoles que entraran con un gesto mínimo.
La oficina era tan espaciosa e impecable como la recordaban. Grandes ventanales ofrecían una vista panorámica de Lumina, aunque ahora la luz del día comenzaba a declinar, tiñendo la ciudad de tonos anaranjados y púrpuras. Lord Valerius estaba sentado detrás de su enorme escritorio de madera pulida, revisando unos documentos holográficos con una expresión de tranquila concentración. Levantó la vista cuando entraron, sus ojos grises evaluándolos uno por uno con su habitual calma analítica.
Kaelen se posicionó silenciosamente cerca de la puerta, una sombra leal y vigilante.
"Equipo C-734," dijo Valerius, su voz suave pero resonante. Hizo un gesto hacia las sillas dispuestas frente a su escritorio.
"Y con un nuevo miembro, veo. Afiliada Kora, bienvenida a las asignaciones de Rango B. Espero que su... particular conjunto de habilidades resulte beneficioso." Hubo un ligero matiz en su tono que sugería que estaba perfectamente al tanto de la reputación de Kora.
"Maelor me informó de su solicitud de audiencia urgente. Algo sobre implicaciones de seguridad interna relacionadas con su reciente misión. Soy todo oídos." Martín respiró hondo, sintiendo las miradas de Althaea, Thorian y Kora sobre él. Dio un paso adelante, decidiendo prescindir de las sillas.
"Lord Valerius," comenzó, su voz firme, "agradecemos la rapidez de la audiencia. La información que traemos es... extremadamente delicada y requiere su atención directa." Hizo una pausa, eligiendo sus palabras con cuidado.
"Antes de continuar, debo advertirle: lo que vamos a revelar podría tener consecuencias impredecibles. Dependiendo de su respuesta, esta conversación podría terminar bien... o podría terminar muy mal para todos nosotros." Un silencio tenso llenó la oficina. Valerius arqueó una ceja, su calma inalterada, aunque Martín pudo percibir un ligero aumento en la intensidad de su mirada. Kaelen permaneció inmóvil.
"Una advertencia inusual, Consultor Vega," dijo Valerius lentamente.
"Pero intrigante. Proceda."
"Durante la Misión B-412," continuó Martín, "recuperamos el sensor arcano del Maestro Elmsworth." Señaló a Thorian, quien dio un paso adelante y colocó con cuidado el contenedor de estasis rúnica sobre el escritorio de Valerius.
"Pero descubrimos algo más. Encontramos a una criatura local, un Lagarto de Lodo, que había sido modificada experimentalmente de forma... brutal. Estaba sufriendo intensamente debido a un dispositivo implantado." Thorian tomó la palabra, su tono técnico pero cargado de indignación reprimida.
"Extraje el dispositivo, Lord Valerius. Un módulo rúnico de inducción de dolor de diseño... perverso. Y al analizarlo," hizo una pausa dramática, "detectamos trazas energéticas residuales inequívocas. Partículas de Astracita refinada, utilizadas como catalizador." La palabra "Astracita" pareció colgar en el aire, cargada de implicaciones. Martín activó discretamente su visión emocional, enfocándose en Valerius, preparándose para cualquier señal de engaño, complicidad o pánico.
La reacción de Valerius fue inmediata, pero no la que Martín esperaba del todo. Su calma se quebró, pero no fue por miedo o culpa. Fue una oleada de sorpresa genuina, seguida rápidamente por incredulidad y luego por una furia helada que irradió de él como un aura gélida. Martín fue golpeado por un torbellino caótico de emociones bajo la superficie: ira ardiente, preocupación profunda por la seguridad de algo, cálculo rápido de implicaciones, y una sensación abrumadora de... ¿traición?
Era demasiado, un ruido emocional tan intenso que lo obligó a cerrar los ojos y desactivar la visión, sintiéndose mareado por la sobrecarga. Pero una cosa estaba clara: Valerius no era cómplice de esto. Estaba furioso por esto. Cuando Martín volvió a abrir los ojos, Valerius miraba fijamente el contenedor sobre su escritorio, su rostro una máscara pálida y tensa, sus nudillos blancos donde apretaba los reposabrazos de su silla. El silencio en la oficina era ahora tan denso que parecía sólido. Entonces, ocurrió.
Con un movimiento repentino y violento que contrastaba brutalmente con su habitual compostura, Valerius se puso en pie de un salto y golpeó el escritorio con el puño cerrado. No fue un golpe de frustración, fue un golpe de furia pura y desatada. La madera maciza y pulida, reforzada con metal y probablemente runas, se partió con un crujido ensordecedor. Astillas volaron por el aire. El contenedor con el implante vibró peligrosamente. Kaelen dio un respingo visible, sus ojos muy abiertos por la sorpresa.
Althaea tensó los músculos, lista para saltar. Thorian retrocedió instintivamente un paso. Kora soltó un silbido ahogado de asombro. Valerius permaneció de pie, jadeando ligeramente, su pecho subiendo y bajando, su mirada fija en los restos de su escritorio. La máscara de Lord del Gremio se había hecho añicos, revelando al hombre debajo, un hombre capaz de una furia formidable. Respiró hondo una, dos veces, visiblemente luchando por recuperar el control. Ignoró por completo la destrucción que acababa de causar.
Se giró hacia Kaelen, su voz ahora un siseo bajo y cortante, más peligroso que cualquier grito.
"¡Kaelen!"
"¿Mi Lord?" respondió el asistente, recuperando rápidamente su compostura profesional, aunque su rostro seguía pálido.
"¡Convoca a todos los Maestros de Rango S disponibles! ¡Ahora mismo! Código de Emergencia Interna Alfa-Negro. ¡Quiero a todo maldito Maestro aquí en menos de una hora! ¡Que nadie falte, bajo pena de destitución inmediata! ¡YA!" Sin una palabra, Kaelen hizo una reverencia casi imperceptible y desapareció por una puerta lateral oculta con una rapidez fantasmal. La furia de Valerius, desatada por un instante, había puesto en marcha las ruedas más altas y peligrosas del Gremio.
La apuesta de Martín había tenido una respuesta. Inesperada, violenta, pero inequívoca. Sección 5: Reconfiguración y Recompensa Tras la súbita y silenciosa partida de Kaelen, un silencio cargado volvió a llenar la oficina, ahora dominada por la imponente figura de Valerius y los restos astillados de su escritorio.
El Lord del Gremio permaneció de pie por un momento, respirando profundamente, sus ojos grises fijos en algún punto lejano más allá de los ventanales panorámicos, como si contemplara las implicaciones de lo que acababa de escuchar. La furia seguía vibrando en él, pero ahora estaba siendo canalizada, reconducida hacia una fría determinación. Finalmente, se giró hacia el grupo, su compostura recuperada en gran medida, aunque sus ojos conservaban un brillo acerado.
Ignoró por completo la mesa rota, como si fuera un detalle insignificante. Se apoyó casualmente en el borde de una consola cercana, un gesto que pretendía ser relajado pero que no lograba ocultar la tensión subyacente.
"Así que... Elmsworth," dijo, su voz ahora controlada, pero con un filo peligroso.
"Siempre supe que su ambición superaba su prudencia, pero esto..." Sacudió la cabeza, una mueca de disgusto en sus labios.
"¿Astracita? ¿Aquí, en Lumina? Es impensable. O lo era." Murmuró algo para sí mismo, casi inaudible.
"... ahí es donde Vorlag conseguía sus suministros..." Levantó la vista, encontrando la mirada de Martín.
"He estado investigando los contactos de Vorlag Ojo Vacío desde que recibimos los informes fragmentarios de Karak Dhur," explicó, confirmando las sospechas de Martín sobre la conexión.
"Sabía que había una red interna, algún tipo de tráfico de artefactos o conocimientos prohibidos, pero las pistas eran débiles, los testimonios contradictorios. Algunos de sus asociados hablaron de un 'culto' que ofrecía poder, otros solo de negocios turbios." Su mirada se endureció.
"Nunca sospeché de Elmsworth directamente. Un erudito brillante, aunque arrogante y descuidado. Pero esto," señaló el contenedor de estasis con el implante, "esto lo cambia todo. Usar Astracita como catalizador... requiere un nivel de conocimiento y acceso que apunta directamente a esa red. ¡El maldito traidor!" La última palabra fue escupida con veneno.
"Hubiera preferido sacarle la información yo mismo, pedazo a pedazo, por las orejas si era necesario. Pero esto..." Su expresión cambió sutilmente, la ira dando paso a un pragmatismo frío y, por primera vez, a algo que se parecía remotamente a la gratitud.
"Esta prueba que han traído... es irrefutable. Y vital." Miró al grupo, su evaluación ahora diferente. Ya no eran solo anomalías o herramientas. Eran activos que habían destapado una traición interna grave.
"Han hecho un servicio incalculable al Gremio hoy. Y a mí personalmente," admitió, las palabras sonando casi forzadas por el hábito de ocultar cualquier vulnerabilidad.
"Esta información nos permite actuar con decisión." Hizo un gesto vago.
"Se les concederá un bono sustancial en créditos y Puntos de Prestigio por la recuperación del sensor y, más importante aún, por traer esta... evidencia a mi atención directa." Martín dio un paso adelante antes de que Kora pudiera empezar a calcular cuánto alcohol podía comprar con el bono.
"Agradecemos el reconocimiento, Lord Valerius," dijo con calma.
"Pero los créditos y los puntos no son nuestra prioridad ahora mismo." Vio la sorpresa en los ojos de Valerius y continuó.
"Necesitamos dos cosas. Primero, nuestra nueva compañera," hizo un gesto hacia Kora, quien intentó parecer respetable sin mucho éxito, "necesita un espacio propio en la Residencia 7-Alfa. Una habitación adicional."
"Y," intervino Kora rápidamente, "¡necesito acceso al taller de Magitek de Rango B! ¡Y un suministro regular de cristales de energía de tipo C y D, polvo de runa de ignición y...!"
"Kora," la interrumpió Martín con una mirada de advertencia. Se volvió hacia Valerius.
"Materiales básicos de mantenimiento para su equipo. Lo estándar para un especialista de su... tipo." Valerius asintió, una leve sonrisa divertida cruzando sus labios ante la interacción.
"Concedido. Una habitación adicional será habilitada en la Residencia 7-Alfa. Y se le otorgará a la Afiliada Kora un crédito para materiales básicos de mantenimiento, supervisado por el Maestro Thorian." Lanzó una mirada significativa al enano, que asintió rígidamente.
"Y lo segundo," continuó Martín, su tono volviéndose más serio, "necesitamos acceso. Acceso prioritario a textos, tratados y artefactos de alto nivel relacionados con defensas psíquicas. Teoría arcana, contramedidas rúnicas, tecnología Magitek de blindaje mental... todo lo que el Gremio posea sobre el tema." Valerius lo miró fijamente, comprendiendo al instante la razón detrás de la petición. El encuentro con Karras Vane no había pasado desapercibido. Asintió lentamente.
"Entiendo. Dada la creciente amenaza de habilidades psiónicas hostiles, como las demostradas por Karras y... otros," su mirada se ensombreció por un instante, "es una solicitud prudente. Se les concederá acceso de Nivel Beta a los archivos pertinentes de la Gran Biblioteca y a los laboratorios de desarrollo defensivo. Kaelen les proporcionará las autorizaciones." Era más de lo que Martín había esperado. Valerius estaba cooperando, reconociendo la amenaza que ellos también enfrentaban.
"Gracias, Lord Valerius," dijo Martín.
"No me den las gracias todavía," replicó Valerius, su tono volviéndose práctico de nuevo.
"Tengo una petición a cambio de esta... generosidad." Se inclinó ligeramente hacia adelante.
"Los Maestros de Rango S se encargarán de localizar y traer a Elmsworth. Vivo, si es posible. Muerto, si es necesario. Cuando lo tengamos, quiero que usted, Consultor Vega, esté presente durante el... interrogatorio o análisis post-mortem." Sus ojos grises se clavaron en los de Martín.
"Su percepción única, esa habilidad para ver más allá de la superficie que demostró en Karak Dhur y que sin duda le alertó sobre Karras... la necesito. Necesito que analice a Elmsworth, que detecte cualquier engaño, cualquier influencia externa, cualquier residuo energético de Astracita o del Culto que pueda haber quedado. ¿Entendido?" Era una orden, apenas disfrazada de petición. Martín sintió un escalofrío.
Estar presente en un interrogatorio (o autopsia) de Elmsworth, usando sus habilidades bajo la mirada de Valerius y los Rango S... era una perspectiva inquietante. Pero también era una oportunidad única para obtener respuestas. Y después de la cooperación de Valerius, negarse era imposible.
"Entendido, Lord Valerius," asintió Martín.
"Estaremos disponibles."
"Bien," concluyó Valerius.
"Entonces, por ahora, esperen. Estudien sus defensas psíquicas. Manténganse alerta. Les informaré cuando tengamos a Elmsworth." Hizo un gesto de despedida, su mente ya claramente en la inminente reunión con sus Rango S. El grupo entendió la señal.
Hicieron una inclinación respetuosa (incluso Kora logró una especie de saludo torpe) y salieron de la oficina, dejando atrás a un Lord del Gremio furioso pero extrañamente validado, y los restos de una mesa rota que simbolizaba la fractura que acababan de exponer en el corazón de Lumina. Mientras caminaban en silencio por los corredores, ahora bajo la mirada aún más intensa (o eso le pareció a Martín) de los guardias, el peso de lo sucedido se asentó sobre ellos. Habían jugado fuerte y, por ahora, habían ganado.
Pero también se habían involucrado más profundamente en las peligrosas intrigas del Gremio y en la guerra silenciosa contra la Sombra. La misión en las ciénagas había terminado, pero la verdadera prueba apenas comenzaba.

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