Chương 153: Capítulo 153 - El Temblor Persiste
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~41 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección I: El Silencio Obediente El eco del último grito mental de Martín – «¡CON-VI-VAN-YA! » – se desvaneció lentamente en la quietud reconstruida de su taller falso. Lo que quedó no fue la paz artificial impuesta por el Arquitecto, ni el silencio opresivo del vacío inicial, sino algo nuevo: una tregua. Una quietud cargada de tensión, como el aire inmóvil antes de que se rompa una presa, pero una quietud donde, por primera vez, sentía que era él quien sostenía las riendas, por precarias que fueran.
Respiró hondo mentalmente, sintiendo el agotamiento absoluto que seguía a la explosión de voluntad y desesperación. Miró a su alrededor. El taller seguía allí, impecable y falso, un recordatorio de la manipulación sufrida, pero ahora se sentía menos como una jaula y más como… un espacio neutral. Un campo de batalla temporalmente silenciado. La presencia del Guardián estaba allí, a un lado de su percepción. Ya no enjaulado, pero tampoco descontrolado.
Era una masa concentrada de energía roja y oscura, vibrando con su furia inherente, pero contenida. Observaba a Martín, no con la hostilidad ciega de antes, sino con una especie de respeto salvaje y una impaciencia apenas reprimida. Como un lobo que ha aceptado a un nuevo líder de manada, pero que sigue siendo un lobo, listo para morder si se le provoca o se le muestra debilidad. No atacaba. Simplemente… esperaba. La presencia del Arquitecto también era palpable, pero diferente.
Ya no era la fuerza dominante que reescribía activamente su código interno. Se sentía… retraída. Como una supercomputadora que ha recibido una directiva inesperada y está recalculando todos sus parámetros operativos. Su frialdad seguía allí, vasta y analítica, pero ahora había una barrera perceptible, una distancia autoimpuesta o quizás impuesta por el propio ultimátum de Martín. Entonces, la voz del Arquitecto rompió el silencio expectante. No con análisis no solicitados ni con justificaciones lógicas.
Sino con una simple, fría y casi mecánica declaración de acatamiento. «Confirmada recepción y procesamiento de la directiva principal del huésped: 'Convivencia Forzada'. Protocolos de optimización activa y restricción mnemónica suspendidos. Protocolos de no interferencia directa con las entidades Empática y Caótica implementados. Tasa de error proyectada en la estabilidad sistémica: incrementada. Riesgo de comportamiento impredecible del huésped: incrementado.
Pendiente de especificaciones operativas detalladas para el paradigma de 'colaboración' solicitado. » No había disculpa. No había reconocimiento de error. Solo la constatación clínica de que había recibido una nueva orden y estaba ajustando sus algoritmos en consecuencia. Era exasperante, pero por ahora, era suficiente. Era una victoria, aunque fuera una nacida de la desesperación y asegurada por amenazas. En medio de esta nueva y tensa calma, la luz suave de Serena se intensificó ligeramente, acercándose a él.
No dijo nada, pero su presencia era un bálsamo, una afirmación silenciosa de que no estaba solo en esto, de que su elección de luchar había sido la correcta, por difícil que fuera. Su calidez contrastaba con la frialdad expectante del Arquitecto y la furia latente del Guardián. Ella era el equilibrio, o al menos, la búsqueda constante de él. Martín sintió una oleada de agotamiento tan profunda que casi lo hizo disolverse de nuevo. Pero junto al agotamiento, sintió algo más, algo que no había sentido desde…
bueno, desde nunca en este mundo, y quizás ni siquiera en el anterior. Una sensación de espacio. Una sensación de que, por primera vez, el interior de su propia cabeza le pertenecía, aunque estuviera en ruinas, aunque estuviera habitado por inquilinos increíblemente peligrosos y disfuncionales que acababan de firmar un armisticio bajo coacción extrema. Era un control precario, una paz frágil, pero era suya.
Y con esa pequeña pero fundamental victoria asegurada, su conciencia comenzó a sentir el tirón del mundo exterior, los ecos de las presencias que esperaban al otro lado del velo. Sección II: Ecos del Retorno Mientras la tregua forzada se asentaba precariamente en la mente de Martín, en la Residencia 7-Alfa, el tiempo seguía goteando con una lentitud agónica.
Althaea no se había movido de su posición de vigilia en el sofá, sus sentidos de Hombre Bestia extendidos en un círculo de percepción silenciosa alrededor de la habitación de Martín. Thorian seguía absorto en sus esquemas rúnicos, buscando orden técnico en medio del caos biológico y energético. Kora había terminado de limpiar su ballesta y ahora jugueteaba con un pequeño detonador desactivado, haciéndolo girar entre sus dedos con una energía nerviosa. Fue Althaea la primera en notar el cambio.
Fue increíblemente sutil. Un levísimo suspiro que escapó de los labios de Martín, tan bajo que casi podría haber sido una corriente de aire. Pero sus agudos oídos lo captaron. Se inclinó hacia adelante instintivamente, sus ojos ámbar fijos en la puerta. ¿Había sido real? ¿O solo el producto de su propia esperanza ansiosa?
Un momento después, apoyó una mano con extrema delicadeza sobre la frente de Martín (había entrado silenciosamente mientras los otros estaban distraídos o simplemente había estado allí todo el tiempo, cerca de la cama). La piel, antes fría y casi cerúlea, tenía ahora un atisbo de calor, una temperatura que se acercaba más a la normalidad humana. No era mucho, pero era algo. Una señal de vida más allá de la mera respiración automática.
Su propio corazón dio un vuelco esperanzado, aunque su rostro permaneció impasible. Casi al mismo tiempo, Thorian soltó un gruñido bajo en Khazalid. Dejó caer su estilete sobre los esquemas y miró fijamente uno de los discos de monitoreo que había colocado cerca de Martín. Las runas, que durante horas habían mostrado lecturas planas y mínimas, ahora parpadeaban con una secuencia errática. No era una señal de peligro inmediato, no un pico de energía descontrolada, sino… actividad.
Un patrón débil, caótico, pero innegablemente presente. Actividad neuronal. Actividad energética. Algo estaba cambiando dentro de la cabeza del muchacho. El enano se frotó la barba, una mezcla de alivio y profunda preocupación arrugando su frente. El silencio era malo, pero la actividad desconocida podía ser peor. Kora también lo sintió, aunque de una manera diferente.
Su ojo rúnico, que había estado emitiendo un brillo constante pero apagado, de repente pulsó con más intensidad, cambiando levemente de tonalidad, como si respondiera a una emisión energética cercana. Dejó caer el detonador con un pequeño ruido metálico. Se puso de pie de un salto, su actitud cambiando de la tensión contenida a una especie de irritación defensiva.
"¡Mierda, ya era hora!" masculló en voz baja, aunque el insulto carecía de su mordacidad habitual. Cruzó los brazos, mirando hacia la puerta de la habitación de Martín con el ceño fruncido.
"¿Va a despertarse o solo nos va a dar más sustos raros el maldito enano de jardín?" Había un matiz en su voz que no era solo fastidio; era el alivio disfrazado de impaciencia, la reacción incómoda de alguien que se ha preocupado más de lo que querría admitir. Mientras esto ocurría en el exterior, dentro de su taller mental recién reclamado, Martín comenzó a percibir estos eventos no como pensamientos coherentes, sino como flashes sensoriales fragmentados que perforaban la quietud interna.
Sintió el calor reconfortante y familiar de la mano de Althaea en su frente mental, un ancla física en medio de su deriva. Percibió el pitido agudo y persistente de las runas de Thorian, una señal externa de que algo estaba cambiando en su interior. Y escuchó el eco distorsionado de la voz de Kora, su insulto habitual llegando como una nota extrañamente familiar y casi bienvenida en el silencio. Eran fragmentos. Ecos débiles. Pero eran ecos del exterior.
Pruebas de que el mundo físico seguía allí, de que sus compañeros seguían allí, esperando. La conexión, aunque tenue y distorsionada, se estaba restableciendo. El umbral entre su mundo interior y el exterior comenzaba a hacerse más delgado. El regreso era inminente. Sección III: Despertar Fragmentado El regreso fue una colisión. Un instante era conciencia pura navegando por los restos de un paisaje mental bajo una tregua forzada, y al siguiente, la fisicalidad lo reclamó con una violencia sensorial brutal.
No fue un despertar suave, sino un tirón gravitacional que lo arrastró de vuelta a la carne y el hueso. Sus párpados se abrieron de golpe, y el mundo se precipitó sobre él. La luz de la habitación –luz artificial, filtrada, probablemente atenuada por sus compañeros– le pareció la de mil soles explotando en sus córneas. Un gemido involuntario escapó de sus labios resecos mientras sus pupilas intentaban contraerse dolorosamente.
El sonido lo siguió: el zumbido bajo y constante de la ventilación de la residencia, el lejano pero insistente tictac del reloj, el roce casi imperceptible de la tela de la manta contra su piel… todo amplificado a niveles cacofónicos, un asalto auditivo y táctil después del silencio absoluto de su mente. Intentó moverse, un instinto básico de orientarse, de escapar de la sobrecarga. Quiso incorporarse, sentarse.
Sus músculos recibieron la orden, pero la respuesta fue lenta, torpe, como si los cables entre su cerebro y sus extremidades estuvieran corroídos o mal conectados. Con un esfuerzo que lo dejó jadeando, logró apoyarse sobre un codo. El movimiento envió una oleada de náuseas a través de él, y el mundo visible se inclinó y giró como la cubierta de un barco en plena tormenta. El dolor no era agudo ni localizado. Era una queja sorda y persistente de cada fibra de su ser.
Sus músculos protestaban por la inmovilidad forzada y la tensión residual. Sus nervios gritaban por la abrupta reconexión con el mundo físico. Su cabeza palpitaba con un ritmo pesado y doloroso, un eco del reciente cataclismo psíquico.
"¡Martín!" La voz de Althaea. Cercana. Urgente. Ancló su percepción giratoria por un momento. Giró la cabeza hacia el sonido, parpadeando para aclarar su visión. Vio su silueta recortada contra la luz de la puerta, su rostro una mezcla de alivio y profunda ansiedad. Pero la imagen se superpuso momentáneamente con otra cosa: líneas de energía entrelazadas, un aura protectora de color verde bosque, lecturas fluctuantes de preocupación (87. 9%), alivio (66. 2%), tensión muscular defensiva (91. 5%).
Parpadeó de nuevo, y la visión "normal" regresó, pero la superposición lo dejó sintiéndose aún más mareado. ¿Era él quien veía? ¿O era el Arquitecto, catalogando automáticamente el estado emocional de Althaea? Un espasmo involuntario recorrió su mano izquierda, sus dedos flexionándose y crispándose por un instante, como si quisieran desgarrar algo. Sintió un eco lejano de furia roja, una impaciencia primigenia por la debilidad de este cuerpo.
El Guardián, aunque bajo la nueva "tregua", seguía presente, sus instintos filtrándose en su sistema nervioso. Forzó el espasmo a detenerse, pero el esfuerzo lo dejó temblando. Su mirada vagó por la habitación, deteniéndose en Thorian y Kora en el umbral. Por un segundo, su expresión se volvió completamente distante, sus ojos calculando ángulos, evaluando posturas, procesando datos con una frialdad inhumana.
Luego, la máscara cayó de nuevo, reemplazada por una confusión palpable, la lucha por integrar esas diferentes percepciones en una sola conciencia coherente.
"Duele…" logró murmurar, la palabra rascando su garganta seca. Cada sílaba era un esfuerzo consciente. Su propia voz le sonaba extraña, como si perteneciera a otra persona. Se llevó una mano temblorosa a la cabeza, presionando las sienes.
"Mierda… no… no recordaba que dolía tanto… tener… un cuerpo." La simple fisicalidad, algo que había dado por sentado toda su vida anterior, ahora se sentía como una carga pesada y desconocida. A case of theft: this story is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation. Althaea se acercó con cautela, resistiendo el impulso de tocarlo o ayudarlo a incorporarse más.
"¿Martín? ¿Estás… estás bien? ¿Puedes oírnos? ¿Nos reconoces?" Su voz era un susurro suave, tratando de no añadir más estímulos a su sistema sobrecargado. Él la miró, sus ojos luchando por mantener el enfoque. Vio su rostro preocupado, el ceño fruncido de Thorian, la máscara de desafío tenso de Kora. Los reconoció. Sí. Eran su ancla en este mundo exterior tan doloroso. Pero responder a su pregunta no era sencillo. ¿Estaba "bien"? La pregunta parecía absurda. ¿Los reconocía? Sí, pero ¿cómo respondería él?
¿Qué voz usaría? ¿La lógica fría? ¿La furia contenida? ¿La calma forzada? Pareció dudar, su mirada perdida por un instante mientras las "voces" internas quizás debatían la respuesta óptima o simplemente generaban ruido blanco. Finalmente, sus ojos volvieron a encontrarse con los de Althaea. La confusión había sido reemplazada por una claridad agotada pero feroz. Había una prioridad más importante que responder a preguntas sobre su bienestar. Una necesidad fundamental que debía ser expresada antes que nada.
"No…" Su voz era apenas audible, pero vibraba con una intensidad que hizo que todos se inclinaran instintivamente para escuchar.
"No me borren." Levantó una mano temblorosa, como para detener una amenaza invisible.
"Todavía no… no terminé… de arreglar esto." La declaración quedó suspendida en el aire denso de la habitación. No era una petición de ayuda médica. No era una pregunta sobre lo sucedido. Era una advertencia. Una declaración de intenciones dirigida a las fuerzas invisibles dentro y fuera de él. Una afirmación de que, a pesar del dolor, a pesar de la fractura, a pesar del caos, él seguía allí, y la lucha por su propia mente, por su propia existencia, acababa de entrar en una nueva y terrible fase.
El temblor de su cuerpo no era solo físico; era el temblor de un sistema inestable buscando un equilibrio imposible. Sección IV: Informe Bajo Amenaza Velada La frágil calma que siguió al despertar de Martín –una calma hecha de agotamiento, confusión y la tensión no resuelta de su extraña declaración– no duró mucho. Quizás solo unas pocas horas, o tal vez fue al día siguiente; el tiempo parecía haberse vuelto maleable y poco fiable desde su regreso a la conciencia.
Lo suficiente, en cualquier caso, para que Martín pudiera beber un poco de agua, comer algo insípido que Althaea le preparó, y empezar a lidiar con el doloroso proceso de rehabitar su propio cuerpo bajo la atenta y preocupada mirada de sus compañeros. Estaban en la sala común de la residencia. Martín estaba recostado en el sofá, todavía pálido y moviéndose con rigidez, pero consciente y alerta, aunque su mirada a veces se desviaba hacia un punto invisible, como si escuchara conversaciones que nadie más podía oír.
Althaea estaba sentada cerca, Thorian revisaba (o pretendía revisar) unos componentes rúnicos en la mesa, y Kora estaba apoyada en la pared, observando a Martín con una intensidad que era difícil de interpretar. Fue entonces cuando llegó la llamada a la puerta. No un golpe amistoso, sino el sonido formal y autoritario de los nudillos de un oficial del Gremio. Thorian intercambió una mirada rápida con Althaea antes de ir a abrir. Era Kaelen.
El asistente de rostro impasible de Lord Valerius, siempre eficiente, siempre transmitiendo la autoridad de su señor sin necesidad de levantar la voz. Entró con un asentimiento breve y formal hacia el grupo, sus ojos grises deteniéndose un instante más de lo necesario en Martín antes de dirigirse a él directamente.
"Consultor Vega," dijo Kaelen, su voz tan neutral como siempre, pero con un matiz de expectativa oficial.
"Lord Valerius me envía para transmitir sus… saludos y para informarle de los próximos pasos requeridos." Martín lo miró fijamente desde el sofá, sin intentar levantarse. La debilidad física era evidente, pero había una nueva dureza en su mirada, una resistencia fría que Kaelen, acostumbrado a leer las sutilezas del poder, notó de inmediato.
"Adelante," dijo Martín, su voz todavía algo ronca pero firme.
"Lord Valerius requiere un informe completo y detallado sobre la extracción de datos realizada al prisionero Elmsworth," continuó Kaelen, consultando una tablilla de datos delgada.
"Protocolos estándar dictan que dicho informe debe ser entregado dentro de las doce horas posteriores a la recuperación de la conciencia del agente involucrado." Hizo una pausa significativa.
"Además, dada la naturaleza… inusual de los eventos ocurridos durante el interrogatorio y su subsiguiente colapso, se ha ordenado una evaluación médica y psíquica completa para usted, Consultor." Hasta ahí, todo dentro de lo esperado, aunque desagradable. Pero Kaelen continuó, y fue aquí donde la verdadera intención se hizo clara.
"Dada la complejidad de su condición y la potencial inestabilidad energética detectada," dijo, sus ojos encontrando los de Martín, "algunos miembros del Consejo Superior," –evitó decir 'Rango S', pero la implicación era obvia– "han expresado su preocupación por su bienestar y por la seguridad de quienes lo rodean.
Se ha sugerido," –la palabra 'sugerido' sonaba más a orden velada– "que un entorno de observación más controlado, quizás dentro de las instalaciones médicas de nivel Alfa del Gremio, sería beneficioso para su recuperación y para un análisis más exhaustivo de su… situación única. Naturalmente, su equipo actual no podría acompañarlo en dichas instalaciones." Ahí estaba. La jugada del Gremio. Separarlo del equipo. Aislarlo. Estudiarlo. Controlarlo.
La misma estrategia que Valerius había empleado desde el principio, ahora justificada bajo el pretexto de preocupación médica y seguridad. Althaea se tensó visiblemente a su lado. Thorian dejó de manipular sus runas, su mano acercándose instintivamente a la bolsa de herramientas que siempre llevaba. Kora soltó un bufido bajo y dio un paso para alejarse de la pared, su postura volviéndose más desafiante. Martín, sin embargo, permaneció quieto en el sofá.
Escuchó a Kaelen terminar, su expresión tranquila, casi distante. Pero cuando habló, su voz era baja, precisa y cargada de una advertencia que heló el aire de la habitación.
"Kaelen," dijo, usando el nombre del asistente, una familiaridad calculada que rompía el protocolo.
"Transmita esto a Lord Valerius." Hizo una pausa, asegurándose de tener la atención completa del hombre.
"El informe sobre Elmsworth se entregará. Cuando esté listo. Y cuando yo considere que es completo y preciso, sin omisiones ni interpretaciones convenientes para el Gremio. Ni un minuto antes." Ignoró la ligera contracción en la mandíbula de Kaelen y continuó.
"En cuanto a la 'evaluación' y la generosa oferta de 'observación controlada'..." Una sonrisa sin alegría tocó sus labios.
"Aprecio la preocupación del Gremio por mi salud. Pero mi equipo," hizo un gesto leve abarcando a Althaea, Thorian y Kora, "es perfectamente capaz de proporcionar el monitoreo y el apoyo que necesito. De hecho, su presencia es fundamental para mi estabilidad actual." Su mirada se endureció, encontrando directamente los ojos grises de Kaelen.
"Cualquier intento de implementar esa 'sugerencia' de observación en nivel Alfa, cualquier intento de separarme de este equipo," su voz bajó aún más, volviéndose casi un susurro peligroso, "podría ser interpretado por… las otras partes de mi sistema… como una acción hostil." Hizo una pausa, dejando que la implicación calara.
"Y créame, Kaelen, las consecuencias energéticas de una respuesta hostil de esas 'otras partes' serían… imprevistas. Desagradables. Y muy, muy lamentables para todas las partes involucradas." Terminó con una calma escalofriante.
"Espero haber sido lo suficientemente claro. ¿Transmite eso el mensaje a Lord Valerius?" Kaelen se quedó inmóvil por un instante, procesando la amenaza apenas velada. No era el desafío abierto de la sala de observación, sino algo más sutil y quizás más peligroso: una advertencia fría y calculada, hecha desde una posición de aparente debilidad pero respaldada por el conocimiento de un poder incomprensible. Finalmente, Kaelen asintió rígidamente, una única vez.
"El mensaje será transmitido, Consultor Vega." Su tono era puramente formal, pero quizás había un nuevo matiz de cautela en sus ojos. Sin decir más, dio media vuelta y salió de la residencia, dejando tras de sí un silencio cargado y la certeza de que la relación entre Martín y el Gremio acababa de entrar en un territorio aún más complicado y peligroso. Martín había establecido un límite. Ahora quedaba por ver si el Gremio decidiría respetarlo, o intentar romperlo.
Sección V: La Conversación Incómoda La puerta se cerró tras Kaelen, dejando un silencio denso y cargado en la sala común. Los tres compañeros de Martín lo miraban fijamente, las preguntas no formuladas flotando pesadamente en el aire. La amenaza velada al Gremio, la firmeza a pesar de su debilidad... era evidente que algo fundamental había cambiado en él, más allá del simple colapso físico. Martín evitó sus miradas por un momento, pasándose una mano temblorosa por la cara. Explicar lo inexplicable. ¿Cómo empezar?
¿Cómo decirles que su cabeza ya no era solo suya, que era un campo de batalla bajo una tregua forzada, habitado por entidades que podían influenciar sus acciones, sus pensamientos, incluso su percepción? Finalmente, respiró hondo y levantó la vista, encontrando primero los ojos ámbar y preocupados de Althaea, luego la mirada escrutadora y técnica de Thorian, y por último, la expresión desafiante pero inusualmente atenta de Kora.
"Tenemos que hablar," dijo, su voz todavía ronca pero clara.
"Sobre... lo que pasó. Y sobre lo que... soy ahora." Se hizo un silencio expectante. Nadie lo presionó. Esperaron.
"Cuando... cuando estaba extrayendo la información de Elmsworth," comenzó, eligiendo sus palabras con cuidado, "algo salió mal. Hubo... una fusión. Una sobrecarga. Mi mente... se rompió." Hizo una pausa, buscando la forma de describir lo indescriptible.
"Las... presencias que llevo dentro... las que sintieron en Karak Dhur, las que Valerius quería estudiar... ya no están contenidas como antes." Vio la confusión y la alarma crecer en sus rostros.
"El... Arquitecto," continuó, sintiendo un escalofrío al nombrar a la entidad fría, "intentó 'arreglarme' a su manera. Reescribiendo cosas. Bloqueando recuerdos, emociones. Encerró al... Guardián," la palabra sonaba extraña en sus labios, "la furia roja, en una especie de celda mental." Los ojos de Althaea se abrieron con comprensión y horror al recordar la energía que casi la mata en Tarnak. Thorian frunció el ceño, probablemente intentando encajar eso en algún modelo rúnico o energético.
Kora simplemente lo miraba fijamente, su ojo rúnico brillando.
"Y Serena... la presencia calmante... estaba siendo... suprimida," añadió Martín, la voz cargada de la emoción de ese recuerdo.
"Estuve a punto de... dejarme llevar. Aceptar esa calma falsa." Se detuvo, sintiendo la dificultad de poner en palabras la guerra interna que había librado.
"Pero no lo hice. Luché. Confronté al Arquitecto. Al Guardián. Les... les di un ultimátum." Exhaló lentamente.
"Ya no hay un cortafuegos. Ya no están sellados en compartimentos separados. Están... aquí." Se tocó la sien.
"Conmigo. Todo el tiempo. Bajo una especie de... tregua forzada." En medio de su explicación, sintió una interrupción mental, la voz fría del Arquitecto: «Análisis fisiológico en tiempo real: El proceso de verbalización de experiencias internas traumáticas está induciendo un incremento del 17. 3% en la frecuencia cardíaca y un aumento de 8. 6% en los niveles de cortisol simulado. Recomiendo limitar las expresiones emocionales durante estados hipometabólicos para optimizar la recuperación física.
» Martín se detuvo abruptamente, su mandíbula apretándose, lanzando una mirada furiosa a un punto vacío a su derecha. El tic en su mano izquierda regresó por un instante.
"¿Martín?" preguntó Althaea suavemente, notando la interrupción invisible. Él sacudió la cabeza, forzándose a volver al presente, a la conversación.
"Lo siento. Es... parte de la nueva... normalidad," dijo con amargura.
"Él... el Arquitecto... sigue analizando. Comentando." Miró a sus compañeros, su expresión seria, vulnerable.
"No sé cómo va a funcionar esto. No sé si puedo controlarlos ahora que las barreras han caído. Voy a necesitar tiempo. Tiempo para... aclimatarme. Para encontrar un nuevo equilibrio." Su mirada pasó de Althaea a Thorian y a Kora, deteniéndose en cada uno.
"Probablemente... habrá efectos secundarios. Momentos en que me quede... ausente. Reacciones extrañas. Cosas que no parezcan... mías." Respiró hondo de nuevo.
"No necesito que entiendan cómo funciona todo esto en mi cabeza. Dudo que yo mismo lo entienda del todo." Hizo una pausa, su voz bajando, cargada de una petición implícita que le costaba horrores formular.
"Solo... necesito que recuerden que si alguna vez actúo raro, si digo o hago algo que no parece... yo... quizás no sea yo solo." Levantó la mirada, encontrando sus ojos de nuevo.
"Necesitaré... que confíen en mí. Incluso cuando sea difícil. O..." Su voz vaciló por un instante.
"... o que me detengan. Si alguna vez... si alguna vez pierdo el control de verdad. No lo sé todavía. No sé qué pedirles." La confesión quedó flotando en el aire, cruda, incompleta, llena de incertidumbre. Les había abierto una ventana a su caos interno, les había explicado la nueva y peligrosa dinámica bajo la que operaba, y les había pedido, a su manera torpe y rota, que siguieran a su lado a pesar de todo. La pelota estaba ahora en el tejado de ellos.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
Nhập môn