Chương 144: Capítulo 144 - Leones en la Arena
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~47 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección I: El Llamado y la Preparación Final El pitido insistente del terminal de comunicaciones resonó en la quietud tensa de la Residencia 7-Alfa, una señal aguda que cortó de raíz las discusiones técnicas y las reflexiones silenciosas. En la pantalla, el sello de Valerius brillaba con autoridad fría. La espera había terminado. Un escalofrío recorrió a Martín, no de miedo exactamente, sino de la adrenalina cruda de la anticipación.
Intercambió una mirada con Althaea, cuyos ojos ambarinos reflejaban una calma depredadora lista para la acción. Vio a Thorian guardar sus herramientas con una precisión repentina y a Kora enderezarse en el sofá, su habitual expresión burlona reemplazada por una tensión alerta.
"Es la hora," dijo Martín simplemente, aunque su voz sonó más firme de lo que se sentía por dentro. Se acercó y aceptó la comunicación. Como esperaba, no era Valerius, sino la voz neutra de Kaelen.
"Consultor Vega, Equipo C-734," dijo el asistente sin preámbulos.
"Lord Valerius requiere su presencia inmediata en la Instalación Segura Número Siete para el Procedimiento de Análisis Especializado. Estaré en su punto de acceso designado en diez minutos estándar para escoltarlos. Estén listos." La comunicación se cortó antes de que Martín pudiera responder. Diez minutos. Apenas tiempo para respirar, y mucho menos para prepararse a fondo. Pero ya habían anticipado esto.
"De acuerdo, equipo," dijo Martín, volviéndose hacia los demás.
"Plan de acción. Thorian, lleva los prototipos de defensa psíquica –el amuleto y las placas– y el contenedor con el implante de Elmsworth. Prepara tu datapad con el análisis que hicimos, pero solo muestra los datos básicos de la misión si te lo piden." Thorian asintió, ya moviéndose hacia su taller improvisado con una eficiencia casi militar.
"Preparado. Protocolos de ocultación de datos sensibles activados."
"Althaea," continuó Martín, "lo de siempre. Ojos y oídos abiertos. Confío en tu instinto más que en cualquier sensor." Ella le devolvió un asentimiento corto y firme, su mano ya descansando cerca de sus cuchillas ocultas.
"Kora," se giró hacia la mestiza.
"Mantén un perfil bajo al principio. Observa, escucha. No provoques a nadie innecesariamente. Estaremos en una habitación con gente muy poderosa y probablemente muy irritable. Tu... energía caótica es útil en combate, pero aquí podría ser un problema." Kora hizo un mohín.
"¿Perfil bajo? ¿Yo? ¿Estás seguro de que no quieres que les cuente mi chiste favorito sobre el orco y el Gremio?" Pero al ver la seriedad en la mirada de Martín y Althaea, suspiró.
"Está bien, está bien. Haré de mueble con armas grandes. Pero si uno de esos estirados me mira mal, no respondo." Se aseguró de que su pistola de mano estuviera cargada y la guardó en su funda. Mientras los demás reunían lo esencial, Martín se tomó un segundo en su habitación. Se aseguró de que la esfera fusionada estuviera segura en la bolsa de su cinturón. Luego, dudó un instante antes de tomar el pesado guantelete interfaz del Proyecto Guardián Filtrado, el prototipo que apenas habían probado.
Era un riesgo llevarlo. Si lo descubrían, las preguntas serían incómodas. Pero la idea de entrar en una habitación con Valerius, Elmsworth y un grupo de Rango S sin tener algo, aunque fuera una opción desesperada y semi-funcional, le parecía aún más arriesgado. Lo deslizó bajo su túnica, asegurándolo contra su antebrazo. Un último recurso. Un pequeño secreto en medio de la tormenta que se avecinaba.
Mejor esconderlo por las dudas, pensó con un escalofrío, consciente de que esas decisiones a menudo tenían consecuencias imprevistas. Se reunieron de nuevo en el vestíbulo justo cuando Kaelen aparecía en la puerta, puntual como un reloj atómico. El grupo se preparó como si fuera para una operación quirúrgica delicada: cada pieza de equipo revisada, cada arma asegurada, cada mirada intercambiada confirmando la resolución silenciosa.
"¿Esto es un briefing o un entierro?" murmuró Kora mientras ajustaba una correa de su ballesta, rompiendo la tensión con su humor negro. Nadie rio.
"Vamos," dijo Martín. Salieron de la relativa seguridad de la residencia, siguiendo la figura impasible de Kaelen hacia lo desconocido, hacia la guarida de los leones. Sección II: Nivel Alfa El viaje a través de Lumina fue silencioso y extrañamente rápido. Kaelen no los condujo por las calles familiares ni por los niveles inferiores que conocían.
En su lugar, los guió a través de una serie de corredores de servicio anónimos, utilizando ascensores sin marcar y puertas que se abrían con códigos de acceso de alto nivel que Martín nunca había visto. Descendieron. Mucho. Más profundo de lo que Martín creía que se extendían las secciones habitadas o administrativas de la Torre del Sol. Los pasillos aquí carecían de cualquier adorno; eran túneles funcionales de metal pulido y hormigón reforzado, iluminados por tiras de luz fría incrustadas en el techo.
No había ventanas, y el aire tenía un olor peculiar, una mezcla de metal, ozono y un antiséptico potente que picaba ligeramente en la nariz.
"¿A dónde diablos nos lleva?" susurró Kora a Martín, su habitual bravuconería reemplazada por una visible incomodidad ante el entorno estéril y subterráneo.
"Esto parece el sótano donde guardan los experimentos fallidos... o los ingredientes de la comida de la cafetería del Gremio." Martín no respondió, demasiado concentrado en observar. La sensación de descender a las entrañas ocultas del poder del Gremio era opresiva. Este no era un lugar que apareciera en los mapas públicos. Finalmente, el ascensor se detuvo con un suave silbido neumático. Las puertas se abrieron a un corredor diferente.
Este era más ancho, las paredes revestidas de una aleación oscura que parecía absorber la luz. Y lo más notable: los guardias. No eran los soldados estándar del Gremio con sus armaduras grises y lanzas de energía. Estos eran diferentes. Más altos, más imponentes, enfundados en armaduras negras completas sin insignias visibles, sus rostros ocultos tras visores opacos que no reflejaban nada.
Portaban armas que Martín no reconoció: rifles pesados que zumbaban con una energía contenida y algún tipo de hoja larga y vibrante sujeta a sus espaldas. Se movían con una eficiencia silenciosa y letal. Uno de los guardias que flanqueaba la entrada del corredor tenía una intrincada cicatriz en forma de runa brillando débilmente en la placa de su cuello, visible bajo el borde del casco. Otro llevaba un rifle que parecía tener componentes orgánicos fusionados con el metal. Eran la élite.
Los guardianes de los secretos más profundos.
"¿Y estos payasos?" murmuró Kora de nuevo, esta vez más bajo, su mano instintivamente yendo hacia su pistola.
"No me gusta cómo caminan. Caminan como si ya te hubieran matado y solo estuvieran esperando a que te dieras cuenta." Althaea asintió imperceptiblemente, sus músculos tensos, sus ojos ambarinos barriendo cada detalle, cada sombra, cada posible amenaza. Incluso Thorian parecía impresionado, observando las armas y armaduras con una mezcla de interés técnico y cautela. Kaelen los guió por este corredor de alta seguridad, pasando por varias puertas blindadas que se abrían con escaneos biométricos y energéticos.
El silencio aquí era casi absoluto, solo roto por el zumbido bajo de los sistemas de energía y sus propios pasos apagados. Finalmente, se detuvieron ante un conjunto de puertas dobles hechas de la misma aleación oscura que las paredes, marcadas únicamente con un pequeño símbolo: una estrella de siete puntas dentro de un círculo.
"Instalación Segura Número Siete," anunció Kaelen, su voz tan neutra como siempre, aunque quizás un poco más baja.
"Nivel Alfa. Esperen aquí." Colocó su mano en un panel junto a la puerta, que brilló con luz verde antes de que las pesadas hojas se deslizaran hacia adentro sin hacer ruido, revelando la sala de reuniones donde los esperaban los leones. La atmósfera al otro lado parecía aún más densa, cargada de poder y expectación. Sección III: Los Leones Esperan Kaelen se hizo a un lado, indicándoles con un gesto que entraran.
Martín respiró hondo, intercambió una mirada rápida con Althaea –un acuerdo silencioso de vigilancia mutua– y dio el primer paso hacia la sala. Thorian, Kora y Althaea lo siguieron de cerca, formando un pequeño bloque defensivo instintivo al cruzar el umbral. La sala era espaciosa, pero no opulenta como la oficina de Valerius. Era funcional, casi militar en su diseño.
Paredes de la misma aleación oscura que el pasillo, una gran mesa central holográfica apagada por el momento, y varias sillas de aspecto robusto pero incómodo. La iluminación era indirecta, creando sombras largas. En un extremo de la sala, grandes ventanales blindados ofrecían una vista inesperada: no de la ciudad, sino de lo que parecía ser un vasto complejo subterráneo, lleno de estructuras y luces distantes cuya función era imposible de adivinar. Lord Valerius Veridian estaba de pie junto a la mesa, no sentado.
Su habitual calma parecía tensa, como un resorte a punto de saltar. Kaelen se situó discretamente a su lado. Pero no eran ellos quienes dominaban la sala. Eran los otros. Los Maestros de Rango S. Estaban distribuidos por la sala, algunos de pie, otros sentados, observando su entrada en silencio. Eran cinco. Cinco individuos que irradiaban un aura de poder y experiencia tan abrumadora que la propia atmósfera de la sala parecía vibrar a su alrededor.
El aire se sentía pesado, cargado, como antes de una tormenta de rayos. Martín sintió instintivamente la diferencia abismal de nivel, como si un grupo de lobos acabara de entrar en una jaula ocupada por dragones ancestrales que fingían dormir. Eran un grupo heterogéneo, un testimonio de que el poder en el Gremio no entendía de razas o apariencias convencionales: Una elfa de cabello plateado increíblemente alta y delgada, vestida con túnicas fluidas de seda oscura que parecían absorber la luz.
Sus ojos, de un violeta pálido y sin pupilas, los examinaron con una distancia glacial. Emanaba un aura de ilusiones y poder mental tan densa que a Martín le costaba enfocar la vista en ella. ¿Maestra Miriel Voidgazer, la Ilusionista? recordó de algún archivo. Un enano increíblemente viejo, con una barba blanca tan larga que casi barría el suelo, trenzada con oro y gemas que pulsaban con poder rúnico.
Estaba sentado en una de las sillas, sus ojos cerrados como si meditara, pero Martín sintió la vasta reserva de conocimiento arcano y energía telúrica que emanaba de él. ¿Ancestro Kael'Thar, Tejedor Rúnico? Un humano corpulento, con el rostro marcado por cicatrices y el pelo canoso rapado al estilo militar. Llevaba una armadura pesada y funcional, y sus brazos cruzados sobre el pecho eran tan gruesos como troncos de árbol.
Su mirada era dura, pragmática, evaluando al grupo C-734 con la frialdad de un estratega midiendo las debilidades de una fortificación. ¿Sargento Roric 'El Muro', el especialista en contención que Kora había mencionado? Este era el que Martín identificó instintivamente como el "Escéptico". Un hombre de rasgos afilados y túnica oscura, cuya raza era difícil de determinar –quizás semielfo, quizás algo más antiguo. Tenía una expresión seria, casi melancólica, y unos ojos profundos que parecían haber visto demasiado.
Había una quietud en él, pero también una sensación de juicio contenido, como la de un inquisidor acostumbrado a sondear las sombras del alma. Este fue el que miró a Kora con una intensidad particular, el "Reconocedor". ¿Inquisidor Silvanus? Y finalmente, la presencia más desconcertante: un joven, apenas aparentaba más de diecinueve o veinte años humanos, delgado, con el pelo oscuro revuelto y vestido con ropas sencillas de aprendiz. Pero sus ojos...
sus ojos eran antiguos, profundos como pozos sin fondo, llenos de una sabiduría y un cansancio que contradecían violentamente su apariencia juvenil. Sostenía una simple vara de madera nudosa y observaba al grupo con una curiosidad tranquila pero penetrante, como si viera no solo sus cuerpos físicos, sino los hilos de sus destinos. Cinco de los individuos más poderosos del Gremio, reunidos en una sala subterránea secreta para escuchar a un equipo de Rango B recién ascendido. La presión era inmensa.
Valerius hizo un gesto mínimo.
"Equipo C-734," dijo, su voz rompiendo el silencio tenso.
"Les presento a los Maestros convocados para esta consulta de emergencia. Confío en que comprenden la gravedad de la situación y la necesidad de absoluta discreción." Hizo una pausa, su mirada recorriéndolos.
"Ahora, preséntennos su informe completo sobre la Misión B-412 y los hallazgos que justificaron esta... inusual reunión." Reading on Amazon or a pirate site? This novel is from Royal Road. Support the author by reading it there. La arena estaba lista. Los leones esperaban. Sección IV: Dudas y Desdén Valerius hizo un gesto hacia la interfaz holográfica en el centro de la mesa, que cobró vida mostrando un mapa táctico de las Ciénagas Olvidadas.
"Procedan con su informe, Consultor Vega, Maestro Thorian. Los detalles son cruciales." Martín dio un paso al frente, sintiendo el peso colectivo de las miradas de los Rango S sobre él. Comenzó a relatar los eventos de la misión con una voz deliberadamente neutra, adhiriéndose a los hechos observables y a la versión que habían acordado.
Describió la llegada a las ruinas, la localización del sensor cerca del golem inerte –omitiendo tácticamente la breve confrontación con la criatura elemental–, y la recuperación del artefacto. Thorian intervino con precisión técnica, detallando el estado dañado pero funcional del sensor y las lecturas ambientales anómalas que habían registrado en la zona, sugiriendo una actividad energética inusual. Mientras hablaban, Martín era hiperconsciente de las reacciones de los Maestros.
Maestra Miriel Voidgazer lo observaba con una quietud élfica, sus ojos violetas parecían sondear más allá de sus palabras, buscando quizás inconsistencias en su aura o sus intenciones. El Ancestro Kael'Thar seguía con los ojos cerrados, pero Martín podía sentir la atención aguda de una mente ancestral analizando cada palabra. El joven de ojos viejos simplemente escuchaba, su expresión tranquila pero insondable. El Inquisidor Silvanus tomaba notas mentales, su rostro serio e inexpresivo.
Fue el Sargento Roric 'El Muro', el humano corpulento de aspecto militar, quien rompió la formalidad. Se había mantenido con los brazos cruzados, su rostro marcado por el escepticismo desde que entraron. Cuando Martín mencionó el análisis de los datos del sensor y el ataque sufrido por Elmsworth a manos de una criatura modificada, Roric soltó un bufido audible de incredulidad.
"Espere un momento, Consultor," interrumpió, su voz grave y áspera llenando la sala.
"¿Me está diciendo que un Maestro Erudito del calibre de Elmsworth, con acceso a equipo defensivo de primer nivel, fue incapacitado y 'posiblemente arrastrado' por una simple bestia del pantano, por muy 'modificada' que estuviera?" Su tono era abiertamente condescendiente.
"Suena... conveniente. Especialmente para un equipo cuya experiencia previa se limita a incidentes fortuitos y, si los informes de Karak Dhur son correctos, a causar casi tanto daño como el que evitaron." Martín sintió una punzada de ira ante la minimización de sus experiencias, pero mantuvo la compostura.
"Sargento, la criatura era significativamente más grande y resistente que la fauna nativa documentada. Las modificaciones eran extensas y claramente diseñadas para aumentar la agresividad. Y encontramos pruebas directas de los experimentos de Elmsworth en el sensor recuperado."
"¿Pruebas o interpretaciones?" replicó Roric, dando un paso adelante. Su presencia física era intimidante.
"Quizás la 'criatura modificada' fue simplemente el resultado de un encuentro desafortunado con un depredador local, y ustedes, al no poder asegurar al cliente, buscaron una narrativa más... elaborada para justificar el fracaso del objetivo secundario." Su mirada recorrió al grupo con desdén mal disimulado.
"Un equipo de Rango B enviado a una misión delicada... quizás las expectativas eran demasiado altas." Se detuvo, fijando su mirada en Kora, que se había tensado bajo el escrutinio.
"Especialmente considerando la... composición heterogénea de la unidad. Incluyendo activos de estabilidad cuestionable." Kora apretó los puños, su ojo rúnico brillando con más intensidad, pero se mordió la lengua, recordando quizás la advertencia de Martín o simplemente sintiendo el peso abrumador de la autoridad en la sala.
"Nuestras conclusiones se basan en la evidencia recogida y en el análisis técnico del Maestro Thorian," respondió Martín, su voz tensa pero controlada.
"Presentamos los hechos. La interpretación final..."
"La interpretación final," terció el Inquisidor Silvanus, sin mirar a Roric. Sus ojos profundos estaban fijos en Kora con una intensidad clínica, casi deshumanizante. Ignoró por completo la discusión sobre la misión y dijo en voz baja, como si pensara en voz alta: "Las fluctuaciones energéticas del sujeto mestizo... La resonancia rúnica residual en el implante ocular... Es consistente con los marcadores del extinto Proyecto Quimera." Hizo una pausa, su expresión volviéndose ligeramente perpleja.
"Pero los registros indicaban una tasa de fracaso del 100% en la Fase Gamma y la subsiguiente orden de desmantelamiento por violaciones éticas extremas. La reacción emocional actual del sujeto es... inesperada. ¿Autenticidad o un mimetismo defensivo aprendido para simular estabilidad?" El aire pareció helarse en la sala. La mención del "Proyecto Quimera", el "sujeto mestizo", la "orden de desmantelamiento"... cada palabra era un golpe para Kora.
Palideció visiblemente, sus ojos muy abiertos por el shock y el horror. El recuerdo de agujas, de dolor, de jaulas frías y miradas clínicas pareció abrumarla. Retrocedió instintivamente un paso, encogiéndose sobre sí misma, su habitual fachada de desafío hecha añicos, reemplazada por la pura vulnerabilidad de una víctima reconocida por sus torturadores.
Verla así, ver cómo las palabras clínicas de Silvanus la despojaban de su identidad y la reducían a un experimento fallido, hizo que algo dentro de Martín se rompiera. La ira fría que había sentido con Valerius se transformó en una furia protectora e incandescente. Olvidó la estrategia, olvidó la precaución. Se enderezó, ignorando la mano que Althaea posó discretamente en su brazo, y enfrentó a los Rango S, su voz temblando no de miedo, sino de rabia contenida.
Sección V: Experimento X El comentario clínico del Inquisidor Silvanus sobre el "Proyecto Quimera" y el "sujeto mestizo" aterrizó en la sala con el impacto silencioso de una daga envenenada. Kora se encogió visiblemente, su rostro perdiendo todo color, sus ojos (el normal y el rúnico) fijos en un punto invisible del suelo, reviviendo claramente un horror que había mantenido enterrado bajo capas de cinismo y furia.
Verla así, tan expuesta, tan despojada de sus defensas habituales por una frase lanzada con la indiferencia de un erudito clasificando un insecto, fue lo que finalmente rompió la presa en Martín. La ira que había estado conteniendo –una mezcla de la frustración por los muros del Gremio, el miedo existencial instilado por el Arquitecto, la preocupación constante por sus compañeros y la indignación por el desdén que acababan de mostrarles– surgió como una marea helada.
Se adelantó, su baja estatura irrelevante ante la intensidad que ahora emanaba de él, colocándose instintivamente entre Kora y la mirada analítica de Silvanus.
"¡¿Es esto?!" Su voz no fue un grito, pero cortó el silencio tenso de la sala como un látigo. Se giró, no hacia Silvanus ni Roric, sino directamente hacia Valerius, el único poder real en la habitación.
"¿Es este el propósito de esta 'consulta de emergencia', Lord Valerius? ¿Un espectáculo?" Sus ojos barrieron a los Rango S con una mirada que ya no era de respeto temeroso, sino de abierta acusación.
"Nos convocan con urgencia, nos arrastran a esta fortaleza subterránea... ¿para qué? ¿Para que el Sargento 'El Muro'," lanzó una mirada gélida a Roric, "pueda cuestionar nuestra competencia y burlarse de la composición de mi equipo basándose en informes superficiales y prejuicios evidentes?" Su atención se clavó en Silvanus.
"¿O para que el Inquisidor aquí presente pueda satisfacer su curiosidad académica desenterrando proyectos fallidos y experimentos prohibidos del Gremio, tratando a mi compañera," enfatizó la palabra, "como si fuera un error archivado, un 'sujeto desmantelado'?" Vio un parpadeo de sorpresa en los ojos profundos del Inquisidor, quizás no acostumbrado a ser confrontado tan directamente.
"Le aseguro, Inquisidor, que ella está muy lejos de estar 'desmantelada'." La furia de Martín creció, alimentada por la injusticia, por la arrogancia del poder frente a él.
"¡Mientras ustedes estaban sentados aquí, en sus torres de marfil y sus instalaciones seguras, nosotros estábamos ahí fuera! ¡En las Ciénagas Olvidadas, lidiando con las consecuencias directas de la negligencia o la malicia de uno de los suyos! ¡Nos enfrentamos a criaturas torturadas por la tecnología que ustedes mismos desarrollaron o permitieron que se desarrollara!" Su voz subió de volumen, resonando en la sala.
"¡Recuperamos la prueba de que Elmsworth estaba usando Astracita, la misma sustancia que casi destruye Karak Dhur, la misma que alimenta al Culto que amenaza con devorar este mundo! ¡Y lo hicimos mientras sus 'unidades de élite' tardaban casi un mes en localizar a un solo hombre herido en un pantano!" Se volvió de nuevo hacia Valerius, su mirada ardiendo.
"Creí que esta reunión era para abordar esa amenaza. Para compartir información vital. Para coordinar una respuesta. Pero parece que estaba equivocado. Parece que es solo otra oportunidad para que el Gremio mida, juzgue y menosprecie a aquellos que no encajan en sus moldes perfectos, mientras ignoran la podredumbre que crece en su propio jardín." Respiró hondo, su pecho agitado.
"Hemos perdido tiempo valioso aquí. Tiempo que podríamos haber empleado en reforzar nuestras defensas, en analizar el implante, en prepararnos para lo que sea que Elmsworth o sus asociados estén planeando. No estoy aquí para que la Historia nos juzgue por nuestros rangos o nuestros orígenes, Lord Valerius. Estoy aquí para que nos escuchen y actúen antes de que toda esta ciudad, con sus protocolos, sus secretos y sus malditos proyectos fallidos, colapse bajo el peso de la corrupción."
Su decisión fue instantánea, impulsada por la rabia y la desilusión.
"Así que, si esta reunión no va a centrarse inmediatamente en Elmsworth, en la Astracita y en la amenaza real que representan, entonces nos retiramos. Tenemos cosas más importantes que hacer que participar en este... circo de egos y prejuicios." Se giró con una brusquedad que desafiaba toda etiqueta, haciendo un gesto cortante a Althaea, Thorian y a una Kora aún aturdida pero que empezaba a levantar la cabeza con una nueva chispa en los ojos.
"Vamos." Estaba a punto de dar el primer paso hacia la puerta, ignorando las miradas atónitas y furiosas de los Rango S, rompiendo todas las reglas no escritas del poder en Lumina, cuando una mano pesada como una losa cayó sobre su hombro. Sección VI: La Mano en el Hombro La mano que se aferró al hombro de Martín era grande, callosa y poseía una fuerza implacable. Pertenecía, como era de esperar, al Sargento Roric 'El Muro'.
El corpulento Rango S se había movido con una rapidez sorprendente para su tamaño, interponiéndose entre Martín y la salida, su rostro marcado por las cicatrices contraído en una mueca de furia ofendida.
"Nadie," gruñó Roric, su voz baja y amenazante, apretando el agarre sobre el hombro de Martín hasta el punto de ser doloroso, "se retira de una convocatoria de Nivel Alfa hasta que Lord Valerius lo ordene, Consultor." Escupió el título como si fuera un insulto.
"Y nadie le habla así a los Maestros de este Gremio y se va de rositas." La amenaza ya no era implícita; era una promesa abierta de violencia contenida. Martín se detuvo en seco, no tanto por la fuerza del agarre, sino por la audacia del desafío. Sintió la mirada de todos en la sala clavada en ellos. Vio a Althaea tensarse como un resorte, su mano ya empuñando una de sus cuchillas ocultas. Vio a Thorian buscar discretamente algo en su cinturón de herramientas, probablemente un dispositivo defensivo.
Incluso Kora, a pesar de su propio shock reciente, adoptó una postura más agresiva, sus guanteletes chisporroteando débilmente. Pero Martín no reaccionó con pánico ni con sumisión. La furia que lo había impulsado a hablar seguía ardiendo, pero ahora era fría, concentrada. Lentamente, sin intentar zafarse del agarre, giró la cabeza hasta que sus ojos encontraron los del Sargento Roric. La diferencia de altura era considerable, pero en ese momento, no importó.
La intensidad en la mirada de Martín era la de una fragua helada.
"Tienes," dijo Martín, su voz peligrosamente tranquila, cada palabra articulada con precisión gélida, "exactamente un segundo estándar para quitar tu mano de mi hombro." No había amenaza en su tono, solo la simple enunciación de un hecho inevitable.
"Si no lo haces," continuó, su mirada bajando por un instante al brazo de Roric y volviendo a sus ojos, "te la corto. Aquí mismo." La temperatura en la sala pareció descender varios grados más. La audacia de la amenaza, proferida por alguien tan físicamente insignificante contra un Maestro de Rango S conocido por su fuerza bruta, era tan impactante que incluso los otros Maestros parecieron contener la respiración. Roric lo miró con incredulidad, luego con una furia creciente, su agarre apretándose aún más.
La violencia parecía a punto de estallar. Fue entonces cuando otra voz intervino, cortando la tensión como un cuchillo afilado.
"¡Sargento Roric! ¡Basta!" Era el Inquisidor Silvanus, el que había provocado involuntariamente la explosión inicial. Su rostro ya no mostraba curiosidad clínica, sino un genuino y profundo arrepentimiento. Dio un paso adelante, interponiéndose parcialmente entre Martín y Roric.
"Retírate, Sargento. Ahora." Su tono era tranquilo, pero llevaba una autoridad inesperada que hizo que Roric vacilara. Silvanus se volvió entonces hacia Kora, cuya expresión seguía siendo una mezcla de dolor y desafío aturdido. Hizo una inclinación de cabeza respetuosa, un gesto sorprendente viniendo de un Rango S hacia ella.
"Afiliada Kora," dijo, su voz sincera.
"Y a todo el Equipo C-734. Les ofrezco mis más profundas y sinceras disculpas." Miró directamente a Kora.
"Mi comentario anterior fue... inexcusablemente insensible y poco profesional. La mención del Proyecto Quimera me tomó por sorpresa; los archivos oficiales indicaban, como dije, que no hubo supervivientes conocidos. Reabrir esa herida, tratarla a usted como un mero 'sujeto'... fue un grave error de juicio por mi parte. No era mi intención causar ofensa ni dolor, solo expresar mi sorpresa académica. Lamento profundamente mi falta de tacto y la angustia que les he causado."
La disculpa era formal, pero parecía completamente genuina, nacida de una comprensión tardía del impacto de sus palabras. Roric, viendo la disculpa de su colega y quizás sintiendo la mirada desaprobadora de Valerius (que había permanecido en silencio pero observando todo con intensidad), finalmente soltó el hombro de Martín con un gruñido de mala gana, aunque su expresión seguía siendo hostil. Martín respiró hondo, relajando imperceptiblemente la tensión de sus hombros.
Miró a Silvanus y asintió rígidamente, aceptando la disculpa. Sabía que era importante para Kora escucharla. Luego, su mirada volvió a Roric, fría como el hielo.
"Y tú," dijo con la misma calma peligrosa de antes, "¿entendiste el concepto de quitar la mano cuando te lo piden?" No esperó respuesta. Simplemente mantuvo la mirada fija en el corpulento Sargento hasta que éste, visiblemente incómodo y furioso, apartó la vista. Fue Valerius quien finalmente rompió el tenso silencio que siguió. Una leve y seca sonrisa apareció en sus labios, una expresión que no llegaba a sus ojos fríos.
"Excelente," dijo, su tono cargado de una ironía glacial. Se apoyó de nuevo en la consola, ignorando los restos de su escritorio.
"Ahora que todos han tenido la oportunidad de... intercambiar impresiones constructivas y establecer una maravillosa relación de trabajo basada en el respeto mutuo," su mirada recorrió la sala, deteniéndose un instante en cada uno de los Rango S y luego en el grupo de Martín, "quizás podamos, por fin, proceder con el asunto de vital importancia que nos ocupa." Su intervención, tan inesperada y fuera de lugar después de la tensión casi violenta, tuvo el efecto de un cubo de agua fría.
Cortó el drama, restableció su autoridad y devolvió a todos, a regañadientes, al propósito original de la reunión. La confrontación había terminado, no con una explosión, sino con una disculpa inesperada y la intervención irónica del maestro manipulador. Pero las líneas se habían trazado, las personalidades se habían revelado, y la dinámica en la sala había cambiado para siempre. La tregua era frágil, y todos lo sabían.

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
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