Chương 156: Capítulo 156 - Llamada Directa
404: Realidad no encontrada [Español] · nikcodra · 216 chương · ~37 phút đọc · Tạo 01/09/2026
Sección I: La Calma Relativa del Canal Habían pasado varios días desde la confrontación en el taller mental, desde que Martín había impuesto su desesperado ultimátum y establecido las reglas del "Canal". Y para su propia sorpresa, y quizás para la de las entidades también, el sistema… funcionaba. Más o menos. La diferencia más notable era el silencio. No un silencio absoluto y artificial como el del taller falso, sino un silencio ganado. La cacofonía constante que lo había llevado al borde del colapso había cesado.
Ya no era un bombardeo ininterrumpido de análisis, impulsos y consuelos. Ahora, la mayor parte del tiempo, su mente era suya. Podía pensar un pensamiento de principio a fin sin que fuera interceptado y diseccionado. Podía sentir una emoción sin que fuera inmediatamente magnificada o cuestionada. Por supuesto, no estaban ausentes. Podía sentir sus presencias latentes, como compañeros de habitación silenciosos al otro lado de una puerta muy fina.
Y ocasionalmente, esa puerta se abría, pero ahora, casi siempre, era con una solicitud previa. «Huésped, » la voz fría del Arquitecto interrumpía a veces sus lecturas. «Solicito acceso al canal visual por 3. 7 segundos. Detecto una anomalía estructural en el soporte de esa viga. Requiere análisis para calcular riesgo. » Martín suspiraba mentalmente, abría el canal el tiempo solicitado, recibía un informe de probabilidad de fallo innecesariamente detallado, y luego lo cerraba de nuevo. Era irritante, pero manejable.
Otras veces, era el Guardián. No con rugidos, sino con una proyección de impaciencia o disgusto. «Canal. Ahora. » La demanda era abrupta, pero era una demanda, no una invasión. Martín solía preguntar mentalmente qué quería. La respuesta solía ser una imagen mental: Kora haciendo algo particularmente ruidoso que irritaba al Guardián, o la visión de un guardia del Gremio pasando por el pasillo que despertaba su instinto territorial.
Martín evaluaba la "amenaza" y generalmente cerraba el canal con un seco: «No relevante. Silencio. » El Guardián protestaba con una vibración de furia contenida, pero obedecía. La amenaza del aislamiento total parecía ser, por ahora, un elemento disuasorio eficaz. Y estaba Serena. Ella era la más respetuosa, siempre pidiendo permiso con suavidad. «Corazón, ¿puedo usar el canal un momento? Percibo la frustración de Thorian con ese circuito. Quizás si le sugieres… » O: «Althaea parece preocupada por ti.
Una palabra tuya la calmaría. » Martín solía acceder a sus peticiones, apreciando su empatía, aunque a veces su constante preocupación también resultaba agotadora. Abría el canal, escuchaba, a veces seguía su consejo, y luego lo cerraba suavemente. Gestionar el Canal requería un esfuerzo constante. Era como ser el moderador de un foro online muy volátil, decidiendo quién podía hablar, cuándo y sobre qué.
Era agotador a su manera, una carga mental diferente al ruido blanco anterior, pero era un agotamiento controlado. Le permitía tener periodos de claridad, de funcionalidad. Había podido dormir mejor, comer sin sentir náuseas por el estrés interno, incluso había empezado a revisar sus notas sobre el código mágico con una concentración que no había tenido en mucho tiempo. Sus compañeros habían notado el cambio.
Seguía teniendo momentos de ausencia, miradas perdidas o tics nerviosos cuando gestionaba las interacciones internas, pero ya no tenía esa tensión de cuerda de violín a punto de romperse. Parecía más… presente. Más él mismo, aunque fuera una versión cansada y marcada. La atmósfera en la residencia se había relajado ligeramente, aunque la preocupación por su condición subyacente seguía allí. Era una calma relativa. Una funcionalidad recuperada a un alto precio y mantenida por un equilibrio precario.
Pero comparado con el infierno mental de los días anteriores, se sentía como una victoria. Una victoria frágil, pero una victoria al fin. Y era esa sensación de control recuperado, esa pequeña ventana de estabilidad, lo que lo impulsaría a tomar su siguiente y muy poco ortodoxa decisión. Sección II: La Solicitud y el Grito La relativa calma interna le permitió a Martín enfocar su atención en asuntos más prácticos, aunque no menos urgentes. El principal era el informe sobre la extracción de datos de Elmsworth.
Aunque la información recuperada era fragmentaria y confusa, contenía pistas vitales sobre la red de Astracita, las posibles conexiones de Vorlag y esas inquietantes referencias a "otros nexos". Era información que Valerius y los Rango S necesitaban desesperadamente, y Martín era consciente de que el Gremio no esperaría indefinidamente, por muchas amenazas veladas que él hubiera lanzado a través de Kaelen.
Se reunió con Thorian en la sala común, donde el enano ya había preparado una serie de cristales de datos y una interfaz rúnica para organizar los hallazgos. Althaea y Kora estaban presentes, la primera observando en silencio, la segunda desmontando (otra vez) alguna pieza de su equipo en un rincón.
"Bien," comenzó Thorian, con su habitual tono práctico y directo.
"He compilado los fragmentos más coherentes que logramos estabilizar. Hay referencias claras a rutas de suministro de Astracita, nombres en código de posibles colaboradores y… esto." Señaló una sección particularmente corrupta de la proyección rúnica.
"Las notas sobre el 'Sujeto K-7' y las 'resonancias fallidas'. Sigo pensando que es nuestra pista más importante, aunque no tenga sentido todavía." Martín asintió, repasando mentalmente los fragmentos que Serena le había ayudado a interpretar, las capas emocionales de miedo y obsesión de Elmsworth que el Arquitecto había descartado como "ruido".
"Estoy de acuerdo. Hay algo más grande detrás de Elmsworth. No era solo un erudito loco. Formaba parte de algo, o intentaba conectarse a algo."
"Sea lo que sea, debemos informar a Valerius," dijo Thorian, volviéndose hacia una consola de comunicación del Gremio.
"Prepararé una solicitud formal de audiencia. Con suerte, dada la urgencia, nos recibirán en… dos o tres ciclos." Murmuró algo en Khazalid sobre la lentitud de la burocracia humana y los protocolos innecesarios. Martín observó al enano comenzar a teclear códigos de acceso y formularios virtuales. Dos o tres ciclos. Días.
Días en los que Valerius podría estar enviando más "observadores", días en los que la red de Astracita podría estar moviendo sus piezas, días en los que él tendría que seguir manteniendo la precaria tregua interna bajo la presión de la espera. Y de repente, sintió una oleada de impaciencia, una chispa de la vieja frustración mezclada con su nueva y precaria sensación de control.
Había pasado días, semanas, luchando contra un infierno interno, había impuesto sus propias reglas a las fuerzas que lo habitaban, había establecido un límite claro con el Gremio a través de Kaelen… ¿y ahora iba a esperar días por una reunión formal como un solicitante cualquiera? No. Ya no.
"Espera, Thorian," dijo, su voz cortando las murmuraciones del enano. Thorian levantó la vista de la consola, arqueando una ceja poblada.
"¿Ocurre algo, muchacho? ¿Algún dato más que añadir a la solicitud?"
"No," dijo Martín, levantándose del sofá. Una sonrisa extraña, una mezcla de cansancio, desafío y una pizca de locura, apareció en sus labios.
"Olvida la solicitud. Hay una forma más… directa. Más eficiente." Antes de que Thorian o Althaea pudieran preguntar a qué se refería, Martín caminó hacia el centro de la sala común. Kora levantó la vista de su equipo, intrigada por el cambio repentino en su actitud. Martín respiró hondo, no para calmarse, sino para llenar sus pulmones.
Miró hacia el techo liso de la residencia, como si pudiera ver a través de la roca y el metal hasta la oficina de Kaelen, o quizás simplemente proyectando su intención hacia la omnipresente red de vigilancia del Gremio. Y entonces, gritó. No fue un grito de dolor o de furia como el de días atrás. Fue un grito claro, potente, que resonó en las paredes del apartamento, haciendo vibrar ligeramente los cristales de datos sobre la mesa.
"¡¡¡KAELEN!!!" El nombre del asistente de Valerius, pronunciado con una fuerza y una exigencia que contrastaba con su habitual tono contenido.
"¡¡NECESITAMOS HABLAR CON TU JEFE!!" Silencio atónito por parte de sus compañeros. Althaea parpadeó, Thorian se quedó con la boca ligeramente abierta, Kora soltó una risita ahogada. Martín inspiró de nuevo.
"¡¡AHORA!!" El último grito fue una orden, no una petición. Una demanda lanzada al sistema, utilizando la propia eficiencia paranoica del Gremio en su contra. Sabía que lo estaban escuchando. Siempre lo estaban escuchando. Ahora, simplemente, les estaba dando algo imposible de ignorar. Se quedó allí, en medio de la sala, respirando ligeramente agitado, esperando la respuesta inevitable, bajo las miradas estupefactas de su equipo. La calma relativa había terminado. Era hora de actuar, a su manera.
Sección III: El Recadero Eficiente El eco del último grito de Martín –"¡AHORA!" – todavía parecía vibrar débilmente en el aire de la sala común. Althaea, Thorian y Kora seguían mirándolo con una mezcla de asombro, incredulidad y, en el caso de Kora, una diversión mal disimulada. Thorian abrió la boca para decir algo, probablemente una reprimenda sobre protocolos o la estupidez de gritarle a la seguridad del Gremio, pero no tuvo tiempo.
Apenas habían pasado dos minutos –quizás ni eso– desde el último grito de Martín, cuando un sonido formal y preciso resonó en la puerta de la residencia. No un golpe apresurado ni alarmado, sino el llamado medido y eficiente de alguien que esperaba ser atendido. Se miraron entre ellos. Kora soltó otra risita, esta vez más audible.
"Bueno, al menos sabes hacerte oír, jefecito," dijo, dirigiéndose hacia la puerta con un contoneo burlón. Abrió la puerta para revelar, como era de esperar, a Kaelen. El asistente de Lord Valerius estaba allí, perfectamente compuesto, su túnica gris impecable, su rostro una máscara de neutralidad profesional. Si el método de convocatoria lo había sorprendido o irritado, no lo demostraba en lo más mínimo.
Solo quizás, un observador muy atento como Martín (o el Arquitecto a través de él) podría haber notado una tensión casi imperceptible en la línea de su mandíbula. This content has been unlawfully taken from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere.
"Consultor Vega," saludó Kaelen, su voz tan plana y controlada como siempre, sus ojos grises evaluando brevemente el interior de la sala y a sus ocupantes antes de fijarse en Martín, que seguía de pie en el centro de la habitación.
"He sido informado de su… solicitud vocal de una audiencia." Martín se cruzó de brazos, adoptando una postura casual que no lograba ocultar del todo la tensión subyacente.
"Me alegra comprobar que sus cuerdas vocales funcionan a pleno rendimiento," continuó Kaelen, con el más mínimo atisbo de ironía seca. Era lo más cercano a un comentario personal que Martín le había oído hacer jamás.
"Lord Valerius estaba, de hecho, preguntándose por el estado de su informe sobre el prisionero Elmsworth."
"Y yo me alegro de que la vigilancia del Gremio sea tan condenadamente eficiente," replicó Martín, devolviendo la ironía con un toque más amargo.
"Quizás si esa eficiencia se aplicara a responder solicitudes formales o a dejar de tratar a mi equipo como sospechosos bajo arresto domiciliario, no tendría que recurrir a métodos tan… directos." Dejó que la crítica flotara en el aire.
"Vaya manera de malgastar recursos en micrófonos ocultos cuando podrían simplemente llamar a la puerta." Kaelen ignoró elegantemente la pulla.
"¿Cuál es, entonces, el motivo de su urgencia, Consultor?" Martín no se anduvo con rodeos.
"Tenemos información preliminar del análisis de Elmsworth. Es fragmentaria, pero potencialmente crítica. Y tenemos avances en contramedidas para la Astracita. Necesitamos ver a Valerius para discutirlo. Ahora." Kaelen consultó su tablilla de datos por un instante.
"Lord Valerius tiene una agenda compleja. Puedo intentar programar una audiencia para…"
"No," lo cortó Martín firmemente.
"No vas a 'intentar programar'. Vas a confirmar una audiencia. En una hora. En su oficina habitual." Kaelen levantó la vista de la tablilla, sus ojos grises encontrando los de Martín sin pestañear.
"Y," añadió Martín, su voz bajando, volviéndose más dura, "solo iremos mi equipo y yo. Althaea, Thorian, Kora y yo. Nadie más. Sin escoltas adicionales del Gremio siguiéndonos a cada paso. Sin 'observadores' en la sala. Solo nosotros y Valerius." Era una demanda audaz, casi una insolencia dentro de la jerarquía estricta del Gremio. Kaelen permaneció en silencio por un momento, procesando las condiciones. Martín mantuvo la mirada, sin retroceder.
Sabía que estaba forzando la situación, aprovechando el interés (y quizás la preocupación) que el Gremio tenía en él y en la información que poseía. Finalmente, Kaelen asintió, una única inclinación de cabeza casi imperceptible.
"Las condiciones son… inusuales. Pero transmitiré su solicitud y sus términos a Lord Valerius." Hizo una pausa.
"Espere confirmación en los próximos treinta minutos."
"No," replicó Martín de nuevo, llevando la presión un paso más allá.
"No voy a esperar confirmación. Dile a Valerius que estaremos allí en una hora. Si decide no recibirnos bajo mis condiciones, entonces el informe y cualquier colaboración futura quedarán… indefinidamente pospuestos." Dejó la amenaza implícita colgando en el aire. Kaelen lo miró fijamente por otro largo segundo, sus ojos grises insondables. Luego, sin cambiar de expresión, dijo: "Entendido, Consultor Vega. Transmitiré su… mensaje."
Sin esperar respuesta, Kaelen dio media vuelta y se marchó tan silenciosamente como había llegado. Kora cerró la puerta tras él, esta vez sin risitas, sino con una mirada de asombro y quizás un nuevo respeto a regañadientes hacia Martín.
"Bueno," dijo Kora finalmente, rompiendo el silencio.
"Eso ha sido… algo. O te ganas una medalla o acabas en una celda de contención de nivel Omega, jefecito." Martín simplemente se encogió de hombros, aunque sintió un temblor interno. Había jugado fuerte. Ahora solo quedaba esperar y ver si Valerius aceptaba el órdago. Sección IV: Preparación y Justificación Post-Grito Una vez que la puerta se cerró tras Kaelen, el silencio en la sala común fue reemplazado por una mezcla de incredulidad y tensión expectante.
Thorian fue el primero en hablar, su voz un gruñido bajo y reprobatorio.
"¿Estás loco, muchacho?" dijo, girándose para encarar a Martín.
"¡Gritarle a la seguridad del Gremio! ¡Exigir una audiencia con Valerius como si fueras el rey de Karak Dhur! ¡Poner condiciones! ¿Tienes idea de los protocolos que acabas de pisotear? ¡Podrían arrestarte solo por insubordinación!" Althaea, aunque compartía parte de la preocupación del enano, intervino con más calma.
"¿Estás seguro de esto, Martín? Provocar a Valerius, forzar una reunión así… es arriesgado. Kaelen no parecía… complacido." Martín se pasó una mano por el pelo, soltando una risa corta y algo nerviosa que sonó extraña incluso para sus propios oídos. Se sentó de nuevo en el sofá, sintiendo cómo la adrenalina del desafío comenzaba a bajar, dejando paso al agotamiento subyacente.
"Probablemente," admitió, respondiendo a la pregunta de Thorian sobre su locura.
"Pero estoy harto de sus juegos, Thorian. Harto de esperar, de ser observado, de sentir que somos peones en su tablero." Miró a Althaea.
"Y sí, es arriesgado. Pero esperar también lo es. Necesitan la información de Elmsworth. Y nosotros necesitamos… bueno, necesitamos dejar de estar a la defensiva. Necesitamos mostrarles que no somos solo una anomalía que pueden estudiar o contener a su antojo." Una sonrisa genuina, aunque cansada, apareció en su rostro.
"Además," añadió, con un encogimiento de hombros casi despreocupado que contrastaba con la gravedad de la situación, "tengo que admitir que me sentó bien. He pasado los últimos días sintiéndome como una marioneta con demasiados titiriteros en mi cabeza. Gritar y que algo suceda, que Kaelen aparezca como si lo hubiera invocado… fue… liberador." Miró a sus compañeros.
"He estado bastante estable, ¿saben? Gracias al Canal. He podido dormir, comer, pensar casi con claridad. Quería celebrar esa pequeña victoria… a mi manera. Poniendo un poco de presión donde sé que duele: en su necesidad de control y en su miedo a lo que no entienden." Kora soltó una carcajada, esta vez genuina.
"¡Sí! ¡Así se habla, enano de jardín! ¡Hay que morder la mano que te da de comer de vez en cuando, sobre todo si la comida es una mierda!" Le dio una palmada resonante en la espalda que casi lo tira del sofá. Thorian seguía refunfuñando sobre la imprudencia y la falta de respeto a la jerarquía, pero había un brillo de aprobación reticente en sus ojos. Quizás una parte del viejo guerrero enano admiraba la audacia directa, aunque fuera una locura.
Althaea seguía preocupada, pero asintió levemente, aceptando la lógica (o la falta de ella) detrás de la acción de Martín.
"Bueno," dijo Martín, poniéndose serio de nuevo, el breve momento de ligereza desvaneciéndose.
"La locura ya está hecha. Ahora tenemos menos de una hora para prepararnos para enfrentar a Valerius. Y tenemos que ir con algo sólido." Se levantó, dirigiéndose a la mesa donde Thorian había dejado los cristales de datos.
"Repasemos el informe sobre Elmsworth una última vez. Aisleemos los puntos clave: referencias a la red, Sujeto K-7, la posible conexión entre la Astracita y… bueno, gente como yo." Su voz vaciló un poco en esa última parte.
"Thorian, trae esos planos de las herramientas anti-Astracita que estábamos diseñando. La sonda de resonancia, el campo de amortiguación… quiero mostrarle a Valerius que no solo traemos problemas, también proponemos soluciones tangibles. Que somos un activo, no solo un riesgo." El equipo se reunió alrededor de la mesa, la atmósfera cambiando de la sorpresa a una concentración tensa y profesional. Repasaron los datos fragmentados, discutieron las implicaciones, seleccionaron los esquemas más prometedores.
Trabajaron juntos, la dinámica del equipo reafirmándose en la tarea compartida, cada uno aportando su perspectiva: la lógica analítica de Martín (ahora más clara gracias al Canal), la experiencia técnica y rúnica de Thorian, la intuición estratégica de Althaea y hasta Kora ofreciendo comentarios sorprendentemente prácticos sobre la posible aplicación destructiva (o defensiva) de algunas de las ideas de Thorian.
Se estaban preparando para entrar en la guarida del león, no como corderos asustados, sino como un equipo. Un equipo extraño, fracturado y liderado por una anomalía, pero un equipo al fin y al cabo. Y Martín sabía que, para lo que venía, necesitaría cada pieza de esa extraña unidad, tanto fuera como dentro de su cabeza. Sección V: Briefing Interno - Probando el Canal Habían repasado los datos, seleccionado los planos y discutido la estrategia básica para la reunión con Valerius.
Quedaban pocos minutos antes de la hora autoimpuesta por Martín. Mientras Althaea, Thorian y Kora realizaban las últimas comprobaciones de su equipo personal, Martín se apartó un momento, buscando un rincón tranquilo de la sala común. Necesitaba hacer una última preparación, una que nadie más podía ver. Cerró los ojos, respirando hondo, y se sumergió en el taller mental. La calma relativa persistía, la tregua forzada se mantenía.
Sintió las tres presencias –Serena, Guardián, Arquitecto– esperando, conscientes de la inminente situación de estrés. Era hora de probar si el Canal podía ser algo más que un simple interruptor de silencio. «Atención los tres, » proyectó mentalmente, su tono no era el de una petición ni una negociación, sino el de un comandante dando órdenes antes de una operación crítica. «Vamos a entrar en territorio hostil. O, al menos, potencialmente hostil. Reunión con Valerius.
Espero información útil, pero también espero manipulación, pruebas sutiles y quizás amenazas veladas. Necesito que colaboren. Todos ustedes. Esta es la primera prueba real de si esta… convivencia forzada puede funcionar cuando realmente importa. » Se dirigió primero a las entidades de análisis y percepción. «Serena, Arquitecto: su función principal es la observación y el análisis en tiempo real. Quiero un flujo constante de datos discretos. » Visualizó la conexión del Canal abriéndose selectivamente para ellos.
«Arquitecto: analiza el lenguaje corporal de Valerius, microexpresiones, patrones de habla, busca inconsistencias lógicas, desviaciones de la línea base. Serena: sintoniza las emociones, el subtexto, las intenciones ocultas, cualquier fluctuación energética inusual en él o en la sala. Crucen información. Busquen patrones que individualmente podrían pasar por alto. Pero, » añadió con firmeza, «informen solo si detectan algo crítico. Una mentira directa, una amenaza inminente, una trampa obvia.
No quiero un flujo constante de análisis triviales. Discreción. » Sintió la fría confirmación del Arquitecto: «Confirmado. Parámetros de análisis establecidos. Protocolo de informe discreto activado. » Y la cálida determinación de Serena: «Entendido, corazón. Estaremos alerta. Tus ojos y tus oídos… y tu corazón. » Luego, se volvió hacia la presencia roja y vibrante del Guardián. La tarea para él era diferente, más cruda. «Guardián: tú eres el plan de contingencia. La opción nuclear.
Durante la reunión, quiero que te mantengas alerta, contenido, pero listo para actuar a mi señal, o si detectas una amenaza física directa e inminente hacia mí o el equipo que yo no vea venir. » Proyectó la imagen mental de la oficina de Valerius, visualizando un escenario de traición o ataque. «Si todo se va al infierno, si Valerius intenta una jugada sucia, si nos atacan… tu trabajo es uno solo: caos. Destrucción masiva.
Crea una distracción tan grande, tan violenta, que Althaea, Thorian y Kora tengan tiempo de sobra para salir de allí. En ese escenario específico, y solo en ese, tienes carta blanca. No te preocupes por los daños colaterales. Solo asegúrate de que ellos escapen. » Sintió la respuesta del Guardián: no palabras, sino una oleada de energía oscura y una vibración gutural de comprensión salvaje. Era una orden que entendía perfectamente, una que resonaba con su naturaleza fundamental.
Un asentimiento mental cargado de anticipación violenta. Martín respiró hondo de nuevo, sintiendo el peso de las instrucciones que había dado, la peligrosa confianza que estaba depositando en fuerzas que apenas comenzaba a entender y que aún temía. «Bien, » proyectó a los tres. «El Canal permanecerá abierto en modo de recepción de alertas para Serena y el Arquitecto, y en modo de espera activa para el Guardián. Esta es la primera prueba real de nuestra… tregua. Confío en que cada uno cumplirá su parte.
» Hizo una pausa, añadiendo una última advertencia. «No me hagan arrepentirme de no haberlos dejado sellados. » Cerró la conexión principal del Canal, dejando solo esos hilos mínimos de comunicación y alerta. Abrió los ojos físicos, encontrando las miradas expectantes de sus compañeros. Se sentía extrañamente calmado, pero era la calma del ojo de un huracán. Llevaba consigo un ejército interno, ahora bajo órdenes, listo para la batalla diplomática o, si era necesario, para algo mucho peor.
"Listos," dijo simplemente, su voz firme.
"Vamos a ver a Valerius."

Giữ khẩu khí thanh khiết — không văn tục, không phá chính trị.
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